sábado, 14 de marzo de 2009

En la muerte de Blanca Varela

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----------"La muerte viste a la novia"
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el pulgar de hielo
levanta el párpado
y coloca una gota de oscuridad
....
se agranda la noche
y cada párpado
es una parda medialuna
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el aire vela
el hedor de la vida
deja intacto el perfil
...
brillan con otra luz
cabello y labio
calla el mar en su oído
....
y ahora el cuerpo entero
libre de viejas sombras
se alisa para el último amor
.....
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----------Malevitch en su ventana
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1
ah mon maitre
me has engañado como el sol a sus criaturas
prometiéndome un día eterno todos los días
...
de lo inexacto me alimento
y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar
esta ínfima y rebelde herida de tiempo que soy
..
polvo rebelde sí
con los cabellos de polvo desordenado
para siempre jamás por un peregrino pensamiento
persigo toda sagrada inexactitud
...
suave violencia del sueño
palabra escrita palabra borrada
palabra desterrada
voz arrojada del paraíso
catástrofe en el cielo de la página
hinchada de silencios
....
aquí el ojo comienza a desteñirse
a no ser
y la voz se quiebra inaudita
(alguien ha perdido definitivamente su balsa)
....
a la deriva sobre el océano
sopla el viento de la indiferencia
por la puerta entreabierta llega la aurora
más silenciosa y pálida que nunca
es el día sobreviviente con su carrera vacía
sigue brillando la lámpara penitente

pero no creo en su luz
ni compro la muerte con nombre de pez
ni es cierto que bajo su escama mortecina
dios nos contempla
.....
--------------------2
sí señores
éste es otro día inevitable
en que me alimento de lo inexacto
de la monstruosa fruta que aletea
de la huella en el aire
del recuerdo
del azogue perdido en alguna alcantarilla
de lo irrecuperable que se acumula y agiganta
en afiebrados cristales
y cruza el aire como una llama
recién nacida
.....
flamante cuerpo en pugna con el sol
....
la farsa diaria desaparece tras una mano
que enciende y apaga a voluntad
su propia luz
.....
penitente claridad
arde el oscuro aceite de la conciencia
sobre esta mesa que es todo el mundo
..
al otro lado de la ventana
alguien ha resuelto el enigma
para entrar en la vida basta una puerta
el otro lado sigue igual
nada que la luz no atraviese y oculte
nada que no sea la antigua y sagrada inexactitud
que golpea maderos bate alas
e incendia gargantas y corazones
..
--------------------3
hoy me despierta
con su delgado resplandor abstracto la esperanza
la oscuridad del naufragio
se escapa como un gato por la ventana
y alguien vuelve
alguien vuelve desvelado y sin prisa
con un pequeño rectángulo de eternidad entre las
manos.......
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Dicen las noticias que la poeta peruana Blanca Varela falleció el jueves a los 82 años de edad, de causas naturales. Entre otros galardones había obtenido el Premio Octavio Paz (2001), el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2006) y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2007). Hija de un popular compositor de valses criollos, estudió letras y educación en la limeña Universidad de San Marcos, años en los que conoció a su esposo, el pintor Fernando de Szyszlo, a quien le rindió tributo en una de sus novelas Mario Vargas Llosa. En 1949 viajó a París, donde Octavio Paz la puso en contacto con intelectuales latinoamericanos y franceses. Así, trató a Simone de Beauvoir, Jean-Paul Sartre, Henri Michaux, Alberto Giacometti, Rufino Tamayo y Carlos Martínez Rivas, entre otros. Después vivió en Florencia y Washington, donde realizó trabajos periodísticos y traducciones, hasta que en 1962 regresó definitivamente a Lima. Su primer libro data de 1959, Ese puerto existe. Su poesía la publicó Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, en edición de Adolfo Castañón, con el título Donde todo termina abre las alas (Poesía reunida, 1949-2000), que incluía el inédito Falso teclado y un epílogo de Antonio Gamoneda. En el 2002 fue coautora, junto a José Ángel Valente, Eduardo Milán y Andrés Sánchez Robayna, de la antología de la poesía española e hispanoamericana Las ínsulas extrañas, que tanto revuelo causó. Sus libros han sido traducidos al francés, alemán, portugués, italiano, inglés y ruso.
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* En la primera foto, Blanca Varela aparece con sus hijos, Vicente y Lorenzo, y en la tercera con los poetas Eduardo Milán y Andrés Sánchez Robayna, en la Residencia de Estudiantes.
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viernes, 13 de marzo de 2009

Ha muerto Ana María Navales

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La escritora Ana María Navales (Zaragoza, 1939) ha fallecido. Para mí era, sobre todo, una amiga querida, con la que había compartido ideas e inquietudes. Me ha dado la triste noticia Juan Eduardo Zúñiga, a quien ella tanto apreciaba y admiraba. Ana María estaba casada con Juan Domínguez Lasierra, periodista del Heraldo de Aragón. Fue, por encima de todo, y a ella le gustaba recordarlo, profesora y escritora. Durante un tiempo, dio clase de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Zaragoza y en el Colegio Alemán, donde ha dejado alumnos que la siguen recordando con cariño y respeto, como se vio ayer en diversas webs. Cultivó la poesía (en Travesía del viento, Calambur, Madrid, 2006, se recoge toda su obra poética), la novela (La amante del mandarín, Sial, Madrid, 2002, fue la última que publicó) y el ensayo (Cuatro novelistas españoles, Fundamentos, Madrid, 1974; y Mujeres de palabra: de Virginia Woolf a Nadine Gordimer, Sial/Trivium, Madrid, 2006). En el 2001 se le concedió el Premio del Día de las Letras Aragonesas, galardón que ella apreciaba mucho, al ser el máximo reconocimiento literario de su región.
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Pero, en especial, la recordaremos como la fundadora y codirectora de la excelente revista Turia, en la que tanta cuerda dio a escritores y ensayistas. Fue, además, una excelente narradora, sobre todo de relatos, destacando sus Cuentos de Bloomsbury (Edhasa, Barcelona, 1991), que reeditó y amplió en varias ocasiones. Su cuento "Walter no ha muerto", lo recogí en mi recopilación Son Cuentos. Antología del relato breve español, 1975-1993 (Espasa Calpe, Austral, Madrid, 1993), pero también José María Merino la acogió en su Cien años de cuentos (1898-1998) (Alfaguara, 1998), donde se codeaba de tú a tú con los mejores.
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Decía que Ana María fue durante muchos años una amiga querida. Creo que la conocí en 1990, en el jurado del Premio de la Crítica, de cuya organización solía encargarse como secretaría de la Asociación de Críticos Literarios. Eran los años que la comandaban Dámaso Santos y Rafael Conte. Por este motivo la traté con frecuencia. Cuando fundó la revista Turia, junto a Raúl Maicas, me invitó a colaborar, lo que durante años hice con una cierta frecuencia. Me invitó también a formar parte del jurado del Premio Teruel de Cuentos, el año que lo obtuvo Luis Leante. Y cuando le anuncié que estaba escribiendo la historia del Premio de la Crítica puso su nutrido archivo a mi disposición. Siempre se mostró sincera, generosa y amable, y aunque en estos últimos años charlamos menos, quizá por mis estancias en Berlín, las conversaciones teléfonicas durante mucho tiempo fueron tan frecuentes como dilatadas. Creo que la última vez que nos encontramos fue en Zaragoza, en el 2005, durante la presentación de la antología de microrrelatos de Antonio Fernández Molina, Las huellas del equilibrista. La noticia de su muerte me ha sorprendido e impresionado, como conmociona siempre la desaparición de aquellos con los que hemos compartido algún fragmento de nuestra existencia, con los que -por su generosidad- nos sentimos en deuda. Descansa en paz, querida amiga, te echaré de menos.
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* En la última foto aparece el jurado del Premio de la Crítica, el año que se falló en Córdoba, 1990. De izq. a dcha., J.A. Ugalde, F. Ortiz, E. Baena, A. Basanta, B. Losada. R. Conte, A. Broch, D. Santos, L.A. de Cuenca, Ana María Navales, F. Valls, A. Rodrígez Jiménez, el concejal de cultura del ayuntamiento de Córdoba, C. Galán, S. Alonso, M. García-Posada, J. Kortazar y Pedro Roso.
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jueves, 12 de marzo de 2009

MANUEL MOYANO

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-------"Progenie"
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Un viento helado asola las calles de Walterschlag. Johannes Hiedler sube a su dormitorio, se desnuda con cierta premura y se desliza bajo las sábanas en busca del contacto cálido de su esposa. La besa. La abraza. Han pasado apenas cinco minutos cuando se dispone a derramar su simiente –entre bramidos espasmódicos– en el vientre de Anna Maria Neugeschwandtner. Es marzo de 1762. Johannes Hiedler no tiene forma de saber que su inminente desahogo va a dar como resultado un hijo llamado Martin, el cual a su vez engendrará con el tiempo (fruto de una relación incestuosa) un varón bautizado Johann Nepomuk. El señor Hiedler tampoco puede saber que este Johann Nepomuk tendrá un bastardo de nombre Alois, quien, hacia 1885, hará germinar en el seno de Klara Pölzl un vástago llamado Adolf. Johannes Hiedler, por supuesto, ignora también que ese futuro tataranieto cambiará su apellido por el de Hitler y que, durante la primera mitad del siglo xx, acabará por desencadenar una hecatombe de dimensiones planetarias. Johannes Hiedler no puede saber nada de todo eso, claro, así que ahora regresemos a su confortable hogar en la ciudad austriaca de Walterschlag, a marzo de 1762, y dejémosle culminar esta sencilla noche de amor.
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-------"Chuan Tzu"
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Soñé que me convertía en una silla y que me veía obligado a soportar durante todo el día el peso de una enorme señora haciendo calceta. Cuando desperté me dolía muchísimo la espalda, y no hubiera sabido decir si era un hombre que había soñado ser una silla o, por el contrario, una silla que ahora soñaba ser un hombre.
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-------"Ucronía"

El hombre que, ahíto tras comerse un plato de cocido a orillas del Támesis, contempla distraídamente por televisión una corrida celebrada en el coso de Westminster, se pregunta qué hubiera sido de su bienamada Inglaterra de no haber sido conquistada tres siglos atrás por la Armada Invencible.

-------"El escapista"

Un mago no debería revelar sus trucos, pero te diré que no es tan difícil hacer surgir panes de un cesto si éste dispone de doble fondo, y que unos simples tablones, convenientemente situados bajo el agua, bastan para hacer creer a cualquier iluso que es posible caminar sobre la superficie de un lago. En cuanto a aquel hombre cuyos ojos sané, jamás en su miserable vida había estado ciego: se llamaba Hulellah y obtuvo una buena recompensa a cambio de hacer su papel... Ahora, escúchame bien: los soldados no van a clavarme al madero; en realidad, me amarrarán las muñecas con tendones de cerdo y untarán mis brazos con la sangre de algún animal: les he pagado veinte denarios a cada uno por participar en el engaño. Previamente, tú deberás haber depositado agua y víveres en el interior del sepulcro. Luego, una vez que me hayan dejado allí, harás rodar la piedra que cubre la entrada para que pueda escapar. Procura que nadie te vea. Y recuerda esto, José de Arimatea: deberás hacerlo antes del tercer día.
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* Manuel Moyano (Córdoba, 1963) reside en Molina de Segura (Murcia). Ha publicado tres libros de relatos: El amigo de Kafka, que obtuvo el Premio Tigre Juan 2002, El oro celeste (2003) y El experimento Wolberg (2008), así como la plaquette de microrrelatos El Imperio de Chu (2008). Es autor también de la novela La coartada del diablo (Premio Tristana 2006), y del libro misceláneo La memoria de la especie (2005). Asimismo es autor de títulos que participan de la narrativa, el ensayo antropológico y el libro de viajes, como Dietario mágico (2002), Galería de apátridas (2004) y El lobo de Periago (2005).
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* El cuadro es de Tarsila do Amaral.

miércoles, 11 de marzo de 2009

El Premio de la Crítica 2009

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El 18 de abril próximo se concederá el Premio de la Crítica en Santander. En la narrativa en castellano, este año el premio se presenta más abierto que nunca y me da en la nariz que se lo va a llevar un nombre nuevo. ¿David Trueba (Saber perder, Anagrama), Cristina Grande (Naturaleza infiel, RBA), Isaac Rosa (El país del miedo, Seix Barral) Ricardo Menéndez Salmón (Derrumbe, Seix Barral)? En cambio, apostar por unos títulos concretos en la poesía en castellano es siempre cuestión de alto riesgo. En este terreno los pronósticos son siempre más complicados, si cabe, pero quizá sea el año de Julia Barella (Aguas profundas, Huerga & Fierro), Eduardo García o Vicente Gallego (Si temierais morir, Tusquets). Según las normas del premio, puede ganarse en varias ocasiones, pero tengo la impresión de que el jurado -puesto que es un reconocimiento honorífico- prefiere que no se repita el ganador, a no ser que se trate de una obra indiscutible. .Según .

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El jurado, por si a alguien más astuto que yo le puede servir como pista, estará compuesto por Miguel García-Posada, Ángel Basanta, Santos Alonso, Julia Uceda, Juan Carlos Peinado, Carlos Galán, José Luis Martín Nogales, Javier Goñi, Araceli Iravedra, Fernando Valls, Enrique Turpin, Juana Vázquez, Israel Prados, Balbina Prior, José Enrique Martínez, Ramón Loureiro, Jon Kortazar, Olivia Rodríguez y Àlex Broch, en representación, los tres últimos, de los jurados de las literaturas vasca, gallega y catalana. Que el altísimo los ilumine.
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* La foto es de Francesca Woodman.
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martes, 10 de marzo de 2009

JUAN FILLOY, y 2

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Breve noticia sobre Juan Filloy (1894-2000) y su obra, por Stella Maris Colombo
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El escritor argentino es el artífice de un vasto y variado universo escriturario, urdido desde una posición deliberadamente excéntrica en relación con los centros culturales hegemónicos. La decisión de hacer circular su obra en los márgenes del sistema (sólo a partir de 1967 publicó bajo sellos de circulación masiva) le permitió desarrollar desde sus inicios en la década del 30 una textualidad libre de sujeciones de cualquier índole: modas literarias, censura, apremios editoriales, etc., si bien limitó el campo de recepción de su escritura ya que durante mucho tiempo sus libros resultaron inhallables. Mayor difusión que éstos tuvieron, en cambio, una serie de datos curiosos entre los que se cuentan su afición por los títulos de siete letras, su autoproclamación como campeón mundial de palindromía, ser el autor de más de novecientos sonetos, haber cumplido su aspiración de ser un hombre de tres siglos, etc. Es de esperar que el proyecto de reedición de gran parte de sus libros puesto en marcha después de su muerte ayude a revertir esta situación, posibilitando el postergado encuentro de esta obra con el público lector.
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El reconocimiento crítico también tardó en llegar y puede decirse que todavía no resulta acorde a la magnitud del legado filloyano: se han publicado muchísimos artículos periodísticos y entrevistas pero escasean las investigaciones sistemáticas sobre su voluminosa obra. Juan Filloy: libertad de palabra (Fundación Ross, Rosario, 2000), volumen cuya autoría comparto con Graciela Tomassini, fue proyectado como una aportación en tal sentido. Allí reunimos un conjunto de estudios que tratan sobre los libros de Filloy publicados en la década del 30, una entrevista realizada poco antes de su muerte y una antología de textos del genial escritor cordobés. Precisamente en ese tramo de su obra se concentran señeras innovaciones temáticas, expresivas y compositivas; de allí que tanto su libro inicial Periplo (1931), al cual computo como una experiencia precursora en el horizonte de la ficción brevísima, como sus novelas ¡Estafen! (1932), Op Oloop (1934) y Caterva 1937) resulten de lectura imprescindible para quienes deseen comenzar a explorar los textos de Filloy.
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Son rasgos distintivos de la poética filloyana la prodigalidad de datos eruditos, el desdén por el eufemismo, el diestro manejo de la parodia, la ironía y el humor, así como también una singular mezcla de recursos adscriptos a paradigmas estéticos diversos, cuyo resultado es una escritura productivamente tensionada entre el apego a la tradición y el afán de transgresión.
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La obra de Filloy está compuesta por varias de decenas de libros, muchos de ellos inéditos, e incluye, además de los textos mencionados, volúmenes de cuentos, nouvelles, poemarios, monodiálogos, ensayos, numerosas novelas, una obra de teatro y un raro libro titulado Karcino, del cual proceden los textos que hoy compartimos.
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Karcino
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Este extraño volumen, cuya materia textual se despliega calculadamente al abrigo del rostro bifronte de Jano, fue publicado en Río Cuarto (Provincia de Córdoba, Argentina), en 1988. La impresión se realizó en los talleres gráficos Blanco y Barchiesi, con el auspicio del Fondo Nacional de las Artes y la Sociedad Argentina de Escritores. Dadas las dificultades para acceder a esa edición, durante muchos años fue un libro más mentado que leído (como ha ocurrido con la mayoría de sus textos); felizmente, en el 2005, la editorial El Cuenco de Plata, de Buenos Aires, volvió a ponerlo al alcance de los lectores. Gracias a la amabilidad de Filloy, nuestro equipo de investigación cuenta con un ejemplar de la primera edición, a partir de la cual cito.
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Dispuesto a reivindicar una práctica que percibía huérfana de atención, Filloy abre su libro con una constelación de reflexiones que aspiran a constituir un “Tratado de palindromía”. Tal es el título de la primera sección; allí repasa la variada nomenclatura existente para dar cuenta de los textos que admiten ser leídos tanto de izquierda a derecha como de derecha a izquierda y señala las pautas que, a su juicio, rigen este insólito quehacer. Asimismo expresa su particular valoración: la palindromía es “aventura y epopeya intelectual”, comparable con la “morosa delectatio de labrar sonetos” (p. 8); “noble entretenimiento (…) sublime por su irrefragable inutilidad” (p. 16); ejercicio que reclama rigor e ingenio y que es capaz de producir asombro y “placer estético” (p. 16). Señala la “primacía del español como idioma palindrómico” (p. 9) y encarece el goce proporcionado por el descubrimiento de la “duplicidad lúdica”, reputada como la “esencia de la palindromía” (p. 10).
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En la sección siguiente, “Precisiones preliminares”, Filloy se aboca a la historización de esta práctica: tras señalar su origen helénico (el poeta Sotades, siglo III a. C., sería el primer palindromista) pasa revista a testimonios relevados en griego, latín, inglés, francés, italiano, portugués, húngaro. También se permite conjeturar que la palindromía podría hundir sus raíces en los tiempos genésicos: a partir del conocido palíndromo MADAM, I’M ADAM, Filloy recrea el relato bíblico acerca de la pareja fundacional y su expulsión del Paraíso. Enhebrando frases palindrómicas de variada extensión compone un texto que bien podría pasar a engrosar las pletóricas arcas del microrrelato hispanoamericano contemporáneo.
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“Ejemplario” es el título de la tercera sección, donde Filloy reúne unos dos mil palíndromos de su propia cosecha, a los que denomina “fillogramas”. El extenso repertorio exhibe ejemplos conformados por diferente número de palabras: desde un mínimo de 2 hasta un máximo de 17, con muestras de todas las posibilidades intermedias. Seguidamente, en la sección “Arteletra”, Filloy presenta una muestra de frases palindrómicas asociadas entre sí. Y, como cierre, invita a los lectores –desde su posición de “magister ludi de este inédito juego de abalorios mentales”- a emular sus ejemplos, prometiéndoles “estupendos réditos de sagacidad y de íntima satisfacción” (“Sugerencia”, p. 159).
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La difusión de noticias tales como la pervivencia del Club Palindrómico Internacional fundado en 1987 por Joseph M. Albaigés, así como la del Boletín mediante el cual se difunde su actividad; la reciente aparición de la antología de palíndromos Sé verla al revés, elaborada por los palindromistas Jesús Lladó y Pedro Ruiz (Ed. Praxis y Club Palindrómico Internacional, México D.F., 2008); el reconocimiento de su estatuto como género literario por parte de Ruiz, autor del Catálogo del palíndromo casi perfecto, hablan de la vitalidad de esta desinteresada y asombrosa práctica de agudeza mental a la que Filloy se enorgullecía de haber dedicado más de medio siglo de su existencia.
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Lo que sigue son algunos pasajes relevantes de las reflexiones filloyanas acerca de la palindromía, desplegadas en Karcino:
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EN PURIDAD ¿qué es la palindromía sino la resurrección de la misma frase de su tumba de letras? (p. 10).
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EN EL ESCENARIO del idioma, un duende apuntador impulsa a las palabras a expedirse en un orden y sentido determinados. Así aparecen ante los ojos del lector; más, desde bambalinas, un duende más duende, repite lo dictado. El rol es doble. Si en verdad se escucha la voz del actor, es porque la voz del segundo es opaca. Esa duplicidad lúdica es la esencia de la palindromía (p. 10).
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GALA DE MUCHOS YERMOS DE HASTIO, la palindromía perfuma sus horas muertas. Hace nacer en cada frase una flor que antes no existía. El placer de recogerlas corresponde a quienes afrontan el aburrimiento como una travesía ineludible. Los que conocen superficialmente el tedio de vivir jamás computarán la hazaña. Seguirán aburriéndose sin alcanzar la meta sublime que jerarquiza metafísicamente nuestro fastidio fundamental (p. 12).
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CADA PALABRA ES UN ENVASE. Pero hay envases y envases. Algunos son toscos, formados con letras ásperas, díscolas, con diptongos y triptongos abusivos y texturas de adecuación imposible y huraña. Otros son suaves, de amables aliteraciones, que sinfonizan la euritmia y la eufonía en su propia literalidad. Es el caso de NEUQUEN, ANILINA, RECONOCER. En estas palabras ejemplares, un azogue mágico devuelve el encanto de su unicidad (p. 13).
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La palindromía es un saludable quehacer lúdico. Su falta de obligatoriedad, su carencia de beneficios inmediatos o aleatorios ennoblecen su perfecta nadería. Su nadería absolutamente fáustica, de regocijo incoercible. (p. 56)
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Con toda la modestia compatible a la magnitud de la hazaña, declaro que soy el primer palindromista del mundo. -¡Qué?- El primer palindromista del mundo, a través de todas sus épocas, de todos los idiomas y de todas las latitudes del espíritu. Mi performance supera miles de veces a los récords que registran gramáticas, perceptivas y diccionarios. Y por lo menos en diez mil frases a una proeza que asombró a la antigüedad clásica: La del Emperador León VI, el Filósofo, que sólo alcanzó a componer veintiséis frases palíndromas… (p. 25)
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Para finalizar, transcribo el delicioso relato mediante el cual Filloy conjetura sobre el origen de la palindromía:
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Adán y Eva no eran mudos. Hablaba hasta la Serpiente. Obviamente hablaron. La Biblia no registra su conversación, un grabador mágico sí. Se sabe de tal modo que, al presentarse el varón, lo hizo en inglés y, al contestarle la mujer, con gracia latina y castellana:
-MADAM, I’M ADAM
-AVE! YO SOY EVA
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Fue un encuentro feliz. Todo es puro, virginal. Charlan descosidamente. Tras de recorrer el Edén, ambos coinciden que tanta perfección los aburre. Se quejan a dúo:
-SOLO
SOMOS
SERES
SOSOS
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A poco, escuchan que algo repta entre las plantas: la Serpiente. Y al captar la desazón de ambos, insidiosa los
ADUNA Y ANUDA
AL RUBOR AVARO BURLA
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y luego de tentarlos
ADOBA LA BODA
ANULA LA LUNA…
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Caen en el pecado
EVA USA SUAVE
AMOR AROMA…
AMAR DE DRAMA
AZORADA ROZA
¡AH CARA VIVARACHA!
ALLA CEDE, CALLA…
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entonces él su
ANIMO DOMINA
SE TROCO CORTES
¡AY, LE AMA EL YA!
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y en fin
ADAM LA CALMA DA
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Saboreando el fruto prohibido, pérfida la serpiente que
ALEVE VELA
A FE BEFA
AMOR BANAL, PLANA BROMA…
A LA
AMADA DAMA
ACURRUCA
EL ARROBO BORRALE
Y
A DUELO LEUDA
RARO LLORAR
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Espantados, ateridos por la maldición de Dios, Adán y Eva acaban de inventar el trabajo. Y están cosiendo hojas sueltas con espinas y bejucos para su primer vestido… (pp. 32-34).
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* En la primera foto aparece Juan Filloy con Stella Maris Colombo, autora de este trabajo y profesora en la Universidad de Rosario (Argentina) . Es también una de las mayores expertas en la historia del microrrelato hispanoamericana.
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lunes, 9 de marzo de 2009

JUAN FILLOY, 1

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"Fillogramas" (Selección), por Stella Maris Colombo
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El genial y prolífico escritor argentino Juan Filloy ha dado forma a una vastísima obra, plasmada en variedad de géneros. Además de haber realizado una insoslayable aportación en el ámbito de la narrativa, escribió ensayos, baladas, infinidad de sonetos, algunos textos de atípico perfil y varios miles de palíndromos.
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Juan Filloy estaba orgulloso de su performance como palindromista; durante más de medio siglo se dedicó a la elaboración (o descubrimiento) de frases palindrómicas, a las que denominó “fillogramas”. Unas dos mil aparecen reunidas en su libro Karcino, de donde proceden los siguientes ejemplos, escogidos entre muchísimos otros igualmente caracterizados por su ingenio, corrección gramatical, concisión y capacidad para hacer sentido –muchas veces, mediante el recurso al absurdo. (Los textos provienen de la primera edición, Río Cuarto, Blanco y Barchiesi, 1988. Conservo las variantes tipográficas que Juan Filloy alterna en ese volumen).
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SEVERO REVES

AMAR: DRAMA

OIGOLE ESE ELOGIO

Sé lograr goles

¡SOMETAMOS O MATEMOS!

Olaf usa su falo

¡ASIRNOS A LA SONRISA!

¿Acaso citan a fanáticos acá?

¡Y EL ALABABA LA LEY!

ATEO POR ARABIA IBA RARO POETA

LE VINO DOTE DE TODO NIVEL

A DIVA RETRAIDA DI ARTERA VIDA

Votó lo mejor. No se sonroje, Molotov

Arena mala me daba de mala manera…

Raigal propinará sopapos a Rani por plagiar

Sarita Sosa es idónea en odiseas o sátiras

Allí toca Pedro Netoxas, saxo-tenor de pacotilla

¿Vio ir a ramera a remar a Río IV?

A Cesarino casi le mata Melisa con ira seca

A Macala, la erótica, citó Real a la cama

¡Ojo Cresa! Ese perro corre pese a ser cojo

No donaire, sí miseria: no donaire, sí miseria; no don…

El rióse de Judas. (Ergo, yo, Goyo Gres, aduje desoírle)

La Diva Amaya muere de reuma…¡Y ama a Vidal!

¡Abur Ruba! Eso lo dirá mi marido, lo sé. ¡Abur Ruba!

Elbo Red Amaro jabona mimoso mi mano bajo rama de roble…

Le di farol a Camila, luz azul a Lima, calor a Fidel…

Yo soy oreja, no sonajero; yo soy oreja, no sonajero; yo soy…

Amor baladí, paradojal; Evelina ya ni le ve… La joda rápida, la broma

Eh, Cony: Aída su luto (so ropa vedada de vaporoso tul) usa día y noche
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domingo, 8 de marzo de 2009

La mató porque no era suya

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En mi barrio, casi en mi misma calle, han asesinado a una camarera. Había trabajado en el bar que hay en los bajos de mi casa. El local se llama El ángel azul y ella Elena. Se había separado de un marido que la maltrataba, por lo que el caballero tenía una orden de alejamiento. Apenas la conocía, pero cuando entraba en el edificio, a veces me la encontraba limpiando las mesas de la terraza o sirviendo a un cliente. Siempre me saludaba con una media sonrisa discreta. En los últimos tiempos había cambiado de establecimiento y trabajaba en un bar gallego cercano, situado a unos cincuenta metros del anterior. Una noche, mientras bajaba la puerta metálica para cerrar el local, un hombre la apuñaló en repetidas ocasiones. La prensa dio la noticia, se hicieron los funerales de Elena, pero no sé si la policía ha logrado dar con el asesino.
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"Un hombre estrangula a su mujer y después se arroja por el balcón", leo en el titular de una noticia que trae el ABC de ayer sábado. Recordando a Elena, pero también a Max Aub, no he podido dejar de pensar que hubiera sido mucho mejor para todos, incluido él mismo, que primero se hubiera arrojado por el balcón y después...
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¿Por qué no tiene el hombre el orden certero de sus actos?
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* La obra es de Esther Ferrer.
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sábado, 7 de marzo de 2009

La Universidad en tiempos de crisis (y 2), por Juan José Lanz

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Para muchas de las instituciones políticas que la sufragan, y de los núcleos económicos que la sustentan, la Universidad se ha convertido en una institución “sospechosa”. Y cautamente, buena parte de nuestros poderes políticos y económicos, han transferido esa sospecha a la sociedad a la que la Universidad sirve. ¿Para qué sirve la Universidad? ¿Qué rendimientos sociales otorga? ¿Merece la pena sostener una institución con tan alto coste económico? Son preguntas que vuelven a hacerse treinta años después para responderse de modo inverso a como se hizo en el período de la Transición. Son preguntas que tratan de desviar otras cuestiones quizás más profundas que podrían derivarse hacia la inoperancia de una parte de la clase política o hacia los detentadores ocultos de un poder económico esquivo pero omnipresente.
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Insisto en que la función principal del Sistema de Educación Superior (y aquí debería incluirse el Sistema Europeo) no ha de ser tanto la “preparación para el ejercicio de actividades profesionales”, sino la formación de espíritus críticos, de ciudadanos conscientes y libres capaces de construir una verdadera sociedad democrática que avance hacia la resolución de las desigualdades sociales y que profundice en la solidaridad, y que ha de hacerlo contribuyendo al desarrollo y difusión de la ciencia, la técnica y la cultura en aras de una mayor calidad de vida, que sólo puede concebirse en un mundo más igualitario y en una sociedad en constante construcción y transformación en la que esos ciudadanos son elementos indispensables. En una sociedad tan fuertemente tecnificada y capitalizada como la de nuestro entorno tal vez resulte más cómodo hablar de la formación de futuros trabajadores de nuestros universitarios, transfiriendo a la Universidad una responsabilidad (y los costes económicos que ello conlleva) que tradicionalmente desempeñaban y deberían seguir desempeñando las empresas que contratan a esos trabajadores. Como en otras facetas de nuestra economía de capitalismo avanzado, los costes empresariales se distribuyen entre el cuerpo social, mientras que los beneficios se capitalizan en unas pocas manos. Así, la acusación al sistema universitario aparece diáfana: la Universidad no cubre las necesidades que le demanda la sociedad, vistas éstas, desde una óptica netamente economicista, como la aportación de trabajadores técnicamente cualificados para lograr un mayor desarrollo cuyo beneficio recaiga básicamente en las manos de los que administran dicho desarrollo. Hace más de setenta años Ortega y Gasset se preguntaba si la formación científica y técnica debería integrarse dentro de las funciones que debería desarrollar la Universidad.
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Pero lo que resulta paradójico es que quienes escenifican ese aparente divorcio entre la Universidad y la sociedad, entre la institución universitaria y los beneficios económicos que ha de traer una sociedad más tecnificada, son precisamente aquellos que han apartado espacial e intelectualmente a la Universidad de los centros de decisión del poder político y social; los que temerosos de que pudieran reproducirse las revueltas estudiantiles de hace cuarenta años, comenzaron a construir los centros universitarios lejos de los núcleos sociales, apartados e incluso incomunicados (o mal comunicados) con el ágora, con los centros de convivencia cívica. Es un rasgo más de la geografía urbana posmoderna al que nos hemos acostumbrado, pero que no deja de ser llamativo. Frente al elitismo que esa dislocación de las sedes universitarias tenía para el modelo del humanismo tradicional, esa nueva desubicación o deslocalización (por utilizar un léxico que participa del sistema que critica) de los núcleos universitarios, característica de los años setenta y ochenta, ha hecho de ellos una especie de nuevos no-lugares, como los definió Marc Augé, espacios de tránsito donde se cultiva el anonimato, lugares que no pueden definirse ni como espacio de identidad, ni como relacional, ni como histórico. Los modernos núcleos universitarios participan de esas características del no-lugar, y su esencia se define, no por su ser relacional o por su historicidad, que contribuirían a la definición de su identidad, sino por su sentido de tránsito, tal como lo quiere el sistema económico, del mismo modo que los aeropuertos o los grandes centros comerciales, en que los ciudadanos se transforman en futura masa trabajadora tecnificada, se forman como futuros trabajadores especializados y contribuyen al sostenimiento del propio sistema. Los no-lugares universitarios eximen de toda responsabilidad a sus usuarios; son lugares de tránsito que no fuerzan la conciencia crítica ni el compromiso. Las modernas universidades no forman parte ya del perfil visual de la ciudad, porque han sido cuidadosamente apartadas del perfil social de la comunidad que en esas ciudades habita; son lugares de paso para futuros productores-consumidores y, no lo olvidemos, colchones de protección social frente al fracaso del propio sistema económico, manifiesto en las crecientes cifras de desempleo. En un no-lugar así definido no cabe lógicamente ni la formación de un pensamiento “crítico”, ni el desarrollo de la ciencia, ni la difusión de la cultura, ni, por supuesto, la mejora de la calidad de vida. Porque evidentemente tampoco la Universidad, en ese estado actual, ha contribuido a la permeabilidad social deseable en una sociedad democrática, en la que supuestamente ha de valorarse no tanto la posesión del conocimiento, sino la posibilidad de transformarlo y difundirlo. En este sentido, también se muestra indiferente, desposeída de toda operatividad social, y buena parte de los centros universitarios privados que proliferaron a lo largo de los años noventa y primeros años de este siglo, han venido a certificar la negación de ese papel discriminatorio que venía ejerciendo la Universidad pública en las sociedades democráticas.
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Zygmunt Bauman, el filósofo de la modernidad líquida, recordaba una idea de Claus Offe donde apuntaba que las sociedades complejas “se han vuelto tan rígidas que el mero intento de renovar o pensar normativamente su orden […] está virtualmente obturado en función de su futilidad práctica y, por lo tanto, de su inutilidad esencial”. Efectivamente, el mero hecho de pensar desde un espacio teórico el papel de la Universidad en una sociedad altamente tecnificada es rechazado por su “inutilidad esencial”, y sin embargo dicho pensamiento supone una profunda crítica contra la practicidad de dicha sociedad tecnificada. Se pregunta ahora una y otra vez, qué respuesta da la Universidad ante la crisis del sistema social y económico que estamos viviendo, cuál es el papel de la Universidad en tiempos de crisis como los que nos toca vivir (sin tener en cuenta que la crisis, concebida como cambio continuo, es el estado en que se desarrolla nuestra existencia). La Universidad lleva enunciando su respuesta de modo machacón desde hace por lo menos medio siglo, si no mucho más, pero la sociedad tecnocrática del capitalismo avanzado ha preferido borrar los espacios teóricos desde donde esa respuesta se enunciaba, por su “futilidad práctica”, mediante un progresivo desarme ideológico (la Universidad está habitada por utopistas que muerden la mano que los alimenta), un desarme social (no cumple el papel social para la que se formó) y económico (sus enseñanzas no son rentables económicamente). Frente al rodillo de los beneficios económicos a corto plazo, en un sistema que está demostrando a las claras que resulta insolvente para manejarse con el mundo contemporáneo, para construir un mundo más justo y solidario, la Universidad lleva años clamando en el desierto con un pensamiento crítico, con un constante “no, no era esto”, que reivindica el lugar y la importancia de los espacios teóricos, de los espacios de reflexión teórica, frente a la supuesta practicidad de un mundo altamente tecnificado, que no trata de formar ciudadanos sino de instruir a trabajadores alienados, productores-consumidores con una conciencia acrítica, que inmolar, como en Metrópolis, la película de Fritz Lang, al gran dios Moloch, al gran dios de la productividad y el consumo, que sustenta su propio sistema. A la Universidad se la ha recluido tácticamente al margen de la sociedad, y se la ha acusado del escaso rendimiento social de los saberes que impartía. Quizás haya llegado ya la hora de demostrar el verdadero rendimiento social de ese conocimiento, que el valor del espacio teórico que construye la Universidad consiste en intentar no participar directamente de la dinámica mercantilista que sustenta una sociedad tecnocrática basada en el beneficio económico cortoplacista, que olvida la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, los valores de solidaridad e igualdad en que ha de construirse una verdadera sociedad democrática; definir el saber desde perspectivas que no se pliegan a esos valores económicos, sino que invocan otros: los de la posesión democrática del saber y de la cultura; los del derecho a participar en las redes de desarrollo, transformación y transferencia del conocimiento; los del derecho democrático a definir el saber desde otros lugares. Marcel Gauchet se quejaba hace unas semanas de la vacuidad de una reforma universitaria, como la emprendida en Francia por Sarkozy, que no atiende a las verdaderas cuestiones de fondo. Quizás sea hora, como planteaba Gauchet en sus palabras, de cuestionar la redefinición del saber que se lleva a cabo desde el neo-liberalismo. El saber no debería definirse en términos de desarrollo y beneficio económico, de productividad social medida en términos dinerarios, puesto que ya hemos visto el fracaso del sistema que sustenta dicha definición del saber; el saber debería definirse en términos de construcción de una sociedad verdaderamente democrática, donde la productividad económica no sea un valor absoluto, sino un elemento más para la integración social. El saber no debería entonces vincularse a la generación de empleo y a la productividad económica, sino al reparto más equitativo de la riqueza, a la racionalización de los medios de producción en un sistema de desarrollo sostenible y ecológico, al reparto del ocio, a la responsabilización colectiva en la construcción de un modelo social equilibrado y no al reparto de sus despojos y a la culpabilización colectiva de un desastre cuyos responsables exportan el modelo de explotación a otros lugares, más allá del brazo de la justicia. No deberíamos plantearnos si la Universidad está pensando en la nueva sociedad, sino el modo en que contribuye a construirla y transformarla, no sólo con la formación técnica y científica de sus alumnos, sino con la generación de ideas, de espacios teóricos resistentes, de un pensamiento crítico. Las ideas de Marx o de Adam Smith han contribuido a transformar nuestro mundo tanto como los descubrimientos de Marie Curie o Albert Einstein.
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Hace más de sesenta años, se quejaba Pedro Salinas, en el contexto de la II Guerra Mundial, del estado de desdén y menosprecio hacia los fines de conservación, transmisión y creación del saber que caracterizan a la institución universitaria, que se había instaurado en la sociedad de la época, para llegar, según indicaba, “a una perversión de conceptos, que yo llamaría satánica”. Y concluía señalando: “Porque se ha introducido en la Universidad el principio de destrucción de la misma: la indiferencia o la falta de respeto al saber puro y a la cultura desinteresada”. Esa indiferencia y esa falta de respeto siguen siendo hoy en día los elementos que marcan el principio de destrucción de la institución universitaria.
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* Los chistes son de El Roto y Forges, y la foto de Luis Matilla.
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viernes, 6 de marzo de 2009

La Universidad en tiempos de crisis (1), por Juan José Lanz

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Leo con cierta preocupación el artículo de Don Juan Carlos Rodríguez Ibarra titulado “La crisis y la Universidad”, publicado el pasado 21 de febrero en El País. El planteamiento fundamental del señor Rodríguez Ibarra es si la Universidad, en su actual situación, “tiene fórmulas que vayan más allá de la coyuntura y si está pensando en la nueva sociedad y en la formación de sus alumnos para la era digital”. “Lo que se espera de la Universidad –señala el señor Rodríguez Ibarra– es que la persona preparada académicamente no pida, sino que ofrezca. Que ofrezca su capacidad de contribuir a una economía más competitiva y productiva, que añada valor y genere empleo”. Es decir, según añade el ex­-presidente de la Junta de Extremadura, “el universitario no puede limitarse a cambiar fuerza de trabajo manual por capacidad intelectual”.
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En el fondo, lo que subyace en la reflexión del señor Rodríguez Ibarra, positiva y de enorme valor en muchas de las cuestiones que plantea, es una pregunta que se hacen muchos de nuestros ciudadanos en estos momentos: ¿cuál es la respuesta de la Universidad a esta crisis?, ¿qué soluciones propone la institución? Y más aún, y ésa es la pregunta que late en las palabras del citado articulista: ¿cuál debe ser la función de la Universidad?
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Tal como plantea la Ley Orgánica de Universidades de 2001, en el artículo 1 de su “Título preliminar”, las funciones de la Universidad “al servicio de la sociedad”, más allá de realizar “el servicio público de la educación superior”, son cuatro: “a) La creación, desarrollo, transmisión y crítica de la ciencia, de la técnica y de la cultura. b) La preparación para el ejercicio de actividades profesionales que exijan la aplicación de conocimientos y métodos científicos y para la creación artística. c) El desarrollo de la ciencia y de la tecnología, así como la difusión, la valoración y la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida y del desarrollo económico. d) La difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria a lo largo de toda la vida”. En fin, la Universidad atiende, tal como la define la LOU, a dos presupuestos básicos: 1.º) a la formación y preparación de los estudiantes para las futuras actividades profesionales que desempeñen al final de sus estudios universitarios; 2.º) a la formación de investigadores y al apoyo al desarrollo científico y técnico. La pregunta sobre la función de la Universidad debería pasar, por lo tanto, por la pregunta subsidiaria de si la Universidad actualmente cumple con las funciones que la LOU le otorgó, y, si no lo hace, cuáles son las causas de esa dejación de funciones.
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Efectivamente, una de las funciones principales de la Universidad es la “preparación para el ejercicio de actividades profesionales”, pero no ha de olvidarse que entre las funciones que se definen para la institución universitaria se encuentran también “la difusión del conocimiento y la cultura”, “el desarrollo de la ciencia […] así como […] la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida” y la formación de una actitud “crítica”. Sin duda, la pregunta sobre el fracaso de la función de la Universidad en cuanto al primer aspecto, que se da por sentado en buena parte de las reflexiones actuales de nuestros políticos y en una buena parte de nuestra sociedad, impulsada en muchos casos por aquéllos, debería llevar a cuestionarnos si el resto de funciones tampoco se han cumplido y cuáles son los motivos. ¿Cumple la Universidad actualmente su función de transferencia y difusión del conocimiento y la cultura? ¿Qué “conocimiento” y qué “cultura” difunde? ¿Contribuye al “desarrollo de la ciencia” puesta al servicio de la cultura y de una mayor calidad de vida? ¿Forma la Universidad verdaderas conciencias críticas? Me temo que muchos nos planteamos serias dudas ante estas cuestiones, por lo que deberíamos preguntarnos por las causas últimas que las motivan.
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En primer lugar, la institución universitaria, bastante debilitada ya tras los cuarenta años de dictadura, ha sufrido en los últimos veinticinco o treinta años un progresivo y constante desarme ideológico, social, político y económico. A las primeras alegrías del nacimiento de las diversas universidades autónomas, que sirvió para contemplar un cierto florecimiento intelectual y cultural en los centros universitarios, ha seguido una decepción más o menos grande. Es evidente que, haciendo caso a esa determinación, plasmada en la LOU pero latente en la LRU, de que la Universidad debe estar “al servicio de la sociedad”, entendida ésta, como quería Aristóteles, como una comunidad civil, se ha entendido que las instituciones universitarias deberían estar al servicio de las comunidades en que se encontraban instaladas y esto, que ha provocado indudables beneficios en el desarrollo social y cultural de dichas comunidades en su especificidad, también ha causado un perjuicio casi irreparable, por un efecto sinecdóquico: el servicio a las comunidades se ha entendido muchas veces como el servicio a los poderes públicos que las representaban. Estos males no se derivan exclusivamente, por supuesto, del sistema de la autonomía universitaria (bajo la dictadura, la Universidad centralista y autocrática, fiel reflejo del régimen que la sustentaba, sólo pudo sobrevivir intelectualmente en los márgenes), sino de su empleo perverso en algunos casos. La dependencia económica de las diversas instituciones universitarias de las instituciones políticas que las gobiernan en última instancia, no cabe duda de que ha restado radicalmente independencia a la propia Universidad como institución. El control económico, lógicamente, se ha transformado en una forma de control político e ideológico, que ha hecho que vaya aumentando la tensión a medida que las diferencias aumentaban. Porque no hay que olvidar que si, y de nuevo evoco las palabras de Aristóteles, el fin último de toda comunidad es actuar “mirando a lo que les parece bueno”, parece lógico que la clase política y la universitaria no siempre coinciden en aquello que “parece bueno” para la comunidad. Los rendimientos de la clase política han de sentenciarse a más corto plazo que los de la comunidad universitaria; o, al menos, así se entendía hasta hace unos años. Lo cierto es que, si una de las principales funciones de la Universidad es la formación de una conciencia “crítica”, ésta no puede sino referirse al poder y sus formas de instauración en una comunidad; se trata de crear y fomentar una conciencia alerta, vigilante con respecto a lo que las instituciones (y la propia institución universitaria) desarrollan a fin de lograr el “bien común” de la comunidad en que se inserta, “bien” que evidentemente no puede definirse en valores absolutos, sino en términos históricos, sociales e ideológicos, y se redefine, como el saber, desde distintas posiciones. Poca labor crítica puede desarrollar una institución que depende de aquella a la que debe vigilar. El resultado, todos lo conocemos, consiste en la retirada de ayudas y el progresivo ahogamiento económico de la institución universitaria en aquellas facetas en las que el rendimiento político (bajo la máscara del rendimiento social) no resulta adecuado. La autonomía universitaria raramente ha repercutido en una verdadera autonomía económica de la Universidad, que ha dependido de la aprobación anual de los presupuestos económicos, más o menos flexibles según la ideología de los respectivos gobiernos políticos y universitarios.
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Evidentemente, mucho menos puede desarrollar esa función crítica una Universidad dependiente del patrocinio de los poderes económicos, de las empresas e industrias, que les suministran un aporte dinerario a cambio de la formación de trabajadores. La “preparación para el ejercicio de actividades profesionales” es, no lo olvidemos, una de las funciones de la Universidad, pero no la única, y me atrevería a decir, que ni tan siquiera la más importante. No debe olvidarse que la Universidad debe contribuir al “desarrollo de la ciencia” y a la “difusión del conocimiento” todo ello puesto “al servicio de la sociedad” y a la consecución de una “mayor calidad de la vida” de sus ciudadanos, que la LOU vincula, erróneamente desde mi punto de vista, al “desarrollo económico” (Continuará).
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* Juan José Lanz es profesor de Literatura Española Contemporánea en la Universidad del País Vasco y uno de los mejores especialistas en la poesía española de las últimas décadas, tema al que ha dedicado numerosos estudios y ediciones....
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jueves, 5 de marzo de 2009

El libro electrónico

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Siento una infinita curiosidad por saber cuántos periodistas de esos que nos venden con tanto fervor el Kindle, e-book de Amazon, o cualquiera de sus competidores, han leído un solo libro en su versión electrónica, completo...
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miércoles, 4 de marzo de 2009

Con las Filologías amenazadas de la Universidad del País Vasco

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La Universidad suele proporcionarnos pocas alegrías, de ella sólo nos llegan malas noticias. Cuando no son los políticos, son los propios gestores universitarios quienes se extralimitan en sus atribuciones, o los alumnos más radicales en el abuso de sus derechos. Los profesores de a pie, los que se dedican a dar sus clases e investigar, o llevar a cabo una gestión eficaz y discreta, reciben por todos los frentes. Ahora, la Universidad del País Vasco, acatando un decreto del Gobierno autónomico, publicado el pasado 29 de enero, ha decidido eliminar las licenciaturas de Filología Hispánica, Alemana, Francesa y Clásicas, porque tienen menos de 30 alumnos en el primer curso, aunque los políticos y los rectores académicos no paran de decirnos que la Universidad no va a regirse por las normas del mercado. Los alumnos más sensatos, siempre la mayoría, quienes a la hora de la verdad suelen ser más valientes y menos demagogos que las autoridades académicas y políticas, se han movilizado y protestado enérgicamente en contra de la supresión de estas titulaciones, dejando claro que a lo que aspiran es a una enseñanza de calidad, más que a las estadísticas y al dinero que dejan en las matrículas. Por lo que respecta a Filología Española, la materia que yo conozo, en la UPV enseñaron nada menos que Carlos Blanco Aguinaga y Paloma Díaz-Mas, excelente narradora y experta en el Romancero y en la literatura sefardí, y siguen siendo profesores de la casa Rita Gnutzmann, de Literatura Hispanoamericana, María Eugenia Lacarra y Carlos Mota, reconocidos expertos en la literatura española medieval y del Siglo de Oro, Juan José Lanz, uno de los mejores conocedores de la poesía española de las últimas décadas, y la joven pero brillante Natalia Vara, por sólo recordar unos pocos nombres. Pero, por lo visto, a los políticos vascos sólo les preocupa la rentabilidad ecónomica, ya que tanto desdén muestran por la incidencia social y cultural de estos estudios.
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Reproducimos a continuación el Manifiesto de la Plataforma de Defensa de las Letras.
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Ante los rumores aparecidos en prensa sobre la desaparición de las titulaciones de Filología Hispánica, Francesa, Clásica y Alemana en la Universidad del País Vasco (UPV), los alumnos y profesores de la Facultad de Letras manifestamos lo siguiente:
1) La eliminación de estas cuatro filologías supone la amputación de una parte fundamental del patrimonio cultural de la Comunidad Autónoma Vasca, con la disminución del capital intelectual y simbólico que ello supone y el coste social que implica en el marco europeo en que nos ubicamos.
2) La L.O.U. y los Estatutos de la UPV definen como uno de los objetivos principales de la Universidad la “preparación para el ejercicio de actividades profesionales”, pero, según recogen la ley y los citados estatutos, es también tarea primordial de la Universidad garantizar “la difusión del conocimiento y la cultura”, “el desarrollo de la ciencia […] así como […] la transferencia del conocimiento al servicio de la cultura, de la calidad de la vida” y la formación de una actitud “crítica”.
3) No se puede estructurar la enseñanza superior atendiendo exclusivamente a las necesidades mercantiles de un sistema económico y social que proyecta su rentabilidad económica a corto plazo. Los beneficios sociales de los estudios humanísticos, y de las filologías en particular, son mucho mayores que las ganancias económicas directas que se producen en un sistema de mercado como el que soportamos.
4) El papel de la investigación y de la transferencia de conocimientos en Filología es quizá más difuso que en los dominios de las ciencias duras, pero su impacto social y cultural es tan profundo y duradero como el de aquellas.
5) La eliminación de las cuatro titulaciones de Filología en la UPV plantea dos problemas fundamentales: la redefinición del saber en el estadio actual y el papel que la enseñanza superior, pública y de calidad, desempeña en nuestra sociedad.
6) La supresión de estas cuatro titulaciones de la Universidad pública abre el debate sobre la implantación de un modelo privatizado en la enseñanza oficial.
7) A su vez, la extinción de estas cuatro titulaciones cuestiona y desarticula el futuro de la enseñanza secundaria en la Comunidad Autónoma Vasca y su valor como servicio público obligatorio e indispensable para la formación de los ciudadanos. ¿Qué sucederá cuando la demanda de nuevos filólogos en secundaria no pueda ser satisfecha? ¿Quién va a desempeñar esa labor?
8) Es necesario repensar el papel de la investigación y de la transmisión del conocimiento en la UPV y en la propia sociedad vasca, y el papel esencial que en ésta desempeñan los estudios de Filología.
9) El estudio de las filologías no es sólo un modo de erudición, sino una forma de profundización en la cultura y de construcción de una identidad histórica y social, tanto en nuestra comunidad como en el contexto europeo.
10) La Universidad debe desempeñar el papel de garante de una conciencia crítica en la sociedad, a la que sirva como espacio de reflexión y de defensa rigurosa de los valores de un sistema plural.
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Os invito a que déis vuestra opinión sobre la supresión de estos estudios en la Universidad del País Vasco. Por mi parte, me sumo al Manifiesto y añado mi protesta contra una medida que me parece utilitarista, demagógica y arbitraria. Espero que los nuevos gobernantes de la Comunidad Autónoma, los políticos del Partido Socialista, rectifiquen el grave error cometido por los del PNV, de los que nada sensato podía esperarse.
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* Las esculturas son de Oteiza.
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martes, 3 de marzo de 2009

MIGUEL Á. CÁLIZ

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-------"Café en la ventana"
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Era noche aún, pero me echaron de la cama las sábanas arrugadas y cierto resabio de angustia. Mi sueño debía haber sido monótono y vagamente amenazador. Tal vez por eso no lo recordaba. Encendí la luz y los muebles se extrañaron de verme.
Me había acostado apenas dos horas antes, bebido, cansado de discutir con mis camaradas. Y ahora, zapatillas perdidas, piernas vacilantes y el despropósito de irrumpir en el silencio de la casa.
Caí en la tentación de convertir la noche en vigilia, y caminé por el pasillo como quien no sabe cuánto tiempo lleva caminando. La luz blancuzca de la cocina me dio una ducha de realidad. Cargué la cafetera de café amargo y descansé en una silla mientras hervía el agua. Bostecé con toda mi alma, y fue quizás el primer momento dulce. Recordé la discusión que unas horas antes había mantenido con mis camaradas. Era más o menos así: existen dos posibilidades, o bien el tiempo transcurre en una dirección única e inalterable; o bien el tiempo tiene infinitas direcciones que permiten todos los sucesos y agotan todas las posibilidades imaginables.
Ambas hipótesis poseen igual verosimilitud, pero ambas resultan igualmente indemostrables.
Con la taza de café amargo en la mano y moviendo lentamente la cucharilla, fui hasta el salón. Los muebles, acostumbrados a la oscuridad, se inquietaron al verme. Desde la ventana contemplé el desolado paisaje nocturno. Las calles soportaban enormes losas de sombra y las farolas dormían un sueño amarillo y acuoso. Los sonidos no obstante parecían más puros. Logré no pensar en nada, pero lógicamente sólo me di cuenta de ello unos segundos más tarde.
Agitar una cucharilla tiene en mi ánimo el mismo efecto que un mantra. Y volvió el recuerdo de la discusión con mis camaradas: con un tiempo único todos los sucesos son irrepetibles y por tanto merecen veneración; con infinitos tiempos los acontecimientos podrían sucederse con mínimas variantes, y la conciencia del hombre sería entonces lo único inmutable.
Abajo en la calle, los letreros luminosos parloteaban entre sí; en cambio los coches huían igual que bestias avergonzadas. Todo parecía posible. Y entonces le vi, estaba en el bloque de enfrente y la luz de la habitación remarcaba su figura: otro noctámbulo que como yo miraba por la ventana, otro ser desvelado que se dejaba atrapar por la fascinación de la noche. Me fijé bien en él: inmóvil, con la mirada perdida y gesto de desconcierto, movía la cucharilla de su café muy lentamente, con un movimiento que retumbaba en mi alma.
Estuve así durante un par de minutos, hasta que nuestros pensamientos se cruzaron y él me miró. Quiso decirme algo, tal vez esa advertencia o confesión que los dos estábamos necesitando. Entonces supuse que todo aquello podía ser sólo un sueño, y que acabaría con él si hacía un esfuerzo por despertarme.
Pero, si lo hacía ¿me esperaría otra vez el café amargo y la ventana?
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* Miguel A. Cáliz nació en Granada. Ha publicado el libro de relatos, Inventario, y ha sido incluido en diversas antologías de cuentistas andaluces. Ha impartido los talleres sobre relato de la Universidad de Granada, y en la actualidad dirige las colecciones de narrativa de Ediciones Traspiés. Asimismo, coordina la revista SPJismos.com, dedicada a los géneros breves.
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Luis Mateo Díez, Premio de la Crítica de Castilla y León

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Luis Mateo Díez ha ganado el Premio de la Crítica de Castilla y León por Los frutos de la niebla (Alfagurara), compuesto por tres fábulas, "Príncipes del olvido", "La escoba de la bruja" y la que da título al conjunto, que tienen la dimensión e intensidad propias de la novela corta. Con este volumen concluye un ciclo que lleva como título general Las fábulas del sentimiento, del que también forman parte El diablo meridiano, El eco de las bodas y El fulgor de la pobreza, hasta un total de doce novelas cortas, culminando un ambicioso proyecto que no tiene par en nuestra historia narrativa.
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* La acuarela es de Lola Valls.
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lunes, 2 de marzo de 2009

Cristina Fernández Cubas gana el Premio Salambó

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El volumen titulado Todos los cuentos (Tusquets), de Cristina Fernández Cubas, ha resultado ganador del premio Salambó 2008. Este afortunado libro ya había obtenido el premio de la Librería Cálamo, de Zaragoza, y el Ciudad de Barcelona. Formaban parte del jurado, compuesto sólo por escritores, Laura Freixas, Ángeles Caso, Fernando Aramburu, Jorge Martínez Reverte, Suso de Toro, Rafael Argullol, Rodrigo Fresán, José Carlos Llop, Alan Pauls, Marcos Giralt Torrente y Antonio Orejudo.
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* La acuarela es de Lola Valls.

Pepe Rubianes en el recuerdo

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El actor gallego afincado en Cataluña Pepe Rubianes ha muerto víctima de un cáncer de pulmón a los 61 años, sin conseguir dejar de fumar, algo semejante a lo que le ocurrió a José Hierro. Su penúltima obra, Lorca eran todos, coincidió con unas desafortunadas declaraciones del actor sobre España, por lo que fue boicoteada, ¡valiente disparate!, por los ayuntamientos del PP.

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Lo vi actuar por primera vez en No hablaré en clase (1977), dirigida por mi entonces compañero de curso Joan Ollé. Después fue el Dapacarelli de la maravillosa Antaviana (1978), basada en textos de Pere Calders, de la compañía Dagoll Dagom. Y estuvo en la Operació Ubú de Boadella. En 1981 se independizó, tras volver de una larga estancia en Cuba, e inició su carrera en solitario, con espectáculos como Pay-Pay, Ño (1984), Sin palabras (1987), el antológico En resumidas cuentas (1978), Por el amor de Dios (1991), Ssscum! (1992), nadie le ha sacado tanto partido en el teatro a las onomatopeyas y exclamaciones, de ¡ostras! a ¡ondia!, convirtiéndose en uno de los actores de monólogos más versátiles, divertidos y críticos del país. Los que entonces eran mis alumnos de `Teoría e historia de la representación teatral´, en la Universidad Autónoma de Barcelona, recordarán que siempre escogíamos sus espectáculos para comentarlos en clase.

Coincidí con él en dos ocasiones. En la primera ocasión, durante los primeros noventa, lo entrevisté para los estudiantes de la Facultad de Traducción de la Universidad Pompeu Fabra, y estuvo divertido, inteligente y tan ameno y socarrón como siempre. Entonces su representante era Carles Flavià, quien luego triunfaría también como actor y monologuista cómico. Pero recuerdo que antes de empezar el acto, pasamos un buen rato con ambos, en un café de las Ramblas, entre risas e historias, y el nerviosismo que mostraba -más fingido que verdadero- por su inmediata intervención académica.
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En el 2006, tras la citada polémica, como un acto de desagravio, los Amigos de la Universidad Autónoma de Barcelona, lo invitaron a presentar en la Facultad de Letras su espectáculo Lorca eran todos. Para ello necesitaban a alguien que moderara la intervención y hablara del escritor granadino. ¿A quiénes creéis que recurrieron los citados caballeros? Pues al Departamento de Catalán, como es lógico y natural... Los sensatos profesores de catalán los remitieron a Filología Española, donde era más probable que hubiera algún entendido en Lorca. Sin embargo, los Amigos no se arredraron ante semejante inconveniente e insistieron en que el experto en Lorca hablara en catalán. Pero a veces la realidad es tozuda y el supuesto especialista no estaba por la labor, ni le pareció lógico, ni natural, ni hablaba bien catalán, y el diálogo con Rubianes se hizo en castellano, lengua -por otra parte- de Lorca, Rubianes y el profesor chinche, sin que por ello se cayera el Paraninfo de la Facultad de Letras, lleno a rebosar, ni a nadie le pareciera extraño, salvo a los fanáticos Amigos. Aquel día, aunque su intervención fue afortunada, como la de las dos actrices que lo acampañaban, se mostraba nervioso y preocupado porque sabía que había metido la pata, con lo que se quedaba preso de los nacionalistas catalanes y acosado por los furibundos nacionalistas españoles. En una conversación que tuvimos en privado, intenté comentar con él el asunto, por si salía en el coloquio, saber mejor qué pensaba, pero le resultaba muy incómodo hablar del incidente.
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En el 2008 dirigió La sonrisa etíope, sin pena ni gloria, a pesar de las bailarinas etíopes que lo acompañaban. El teatro de verdad, el que tantas veces había armado él, era otra cosa. El caso es que en las ocasiones que charlamos, me pareció un tipo campechano y afable, con un humor sutil e inteligente, y poco pagado de sí mismo. Desde luego, lo que no olvidaré es que con pocos actores me he reído tanto en un teatro como oyéndolo contar su viaje a Cuba, su fascinación por la tremendas mulatas, o el prendimiento y crucifixión de Jesús, el Mesías (él le ponía un acento en la e), en el huerto de los Olivos. Gran contador de historias e imitador de voces, socarrón, se valía de las manos y los ojos como pocos. También lo recordaremos como el inolvidable Makinavaja de la televisión. Tenía el don de los grandes, la capacidad de llenar él sólo el escenario con su presencia y su voz. Donde quiera que estés, entrañable Pepe, espero que no tengas que seguir padeciendo el fanatismo nacionalista, hoy que -por fortuna- anda de capa caída.
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domingo, 1 de marzo de 2009

RUBÉN ABELLA

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--------"Ficciones"
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Alguien se sentó junto a él en el autobús y abrió una novela.
En sus páginas pudo leer cómo un hombre en gabardina se acercaba a una mujer en una esquina de luz macilenta. No llegó a saber qué le dijo, pues tuvo que levantarse a toda prisa para no pasarse de parada.
Caminó un trecho por la acera desierta, envuelto en el eco nocturno de sus propios pasos. En la esquina de las calles Bravo Murillo y Naranjo vislumbró a una mujer que esperaba bajo una farola enferma. Se acercó a ella con las manos hundidas en los bolsillos de la gabardina. Quiso hablarle, pero no le salieron las palabras. Ella lo miró con tristeza y dijo:
—Deberías haberte bajado en la siguiente, cariño.
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--------"Revelación"
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Por casualidad ella entra en la cafetería Riofrío y ve a su amante en una mesa del fondo, charlando con unos amigos. Lo conoce desde hace dos meses y está muy ilusionada, pues intuye que por fin ha encontrado al hombre de su vida, alguien que la entiende y la respeta, que colma sus anhelos más íntimos, dentro y fuera del lecho. Pide un cortado en la barra. Saca del bolso el teléfono móvil y, con la piel sublevada, viéndolo sin que él la vea, lo llama para darle una sorpresa y, por qué no, proponer una cita rápida en el cercano hotel NH. En la cafetería empieza a sonar una insulsa melodía electrónica. Él mira la pantalla del teléfono, pero en vez de contestar se la muestra a sus amigos y, con un gesto burlón, corta la llamada. Ella, desconcertada, llama de nuevo. Vuelve a llenar el aire el soniquete machacón y sin matices. Él corta otra vez la llamada. A continuación teclea un mensaje y, antes de enviarlo, lo hace circular por la mesa para que todos lo lean. Ella lo recibe unos segundos más tarde: “Estoy reunido, amor. Luego te llamo”. En la mesa no paran de reírse. Llega el cortado. Presa de un temblor repentino, ella deja unas monedas sobre la barra y se va sin probarlo.
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* Rubén Abella ha sido finalista del último Premio Nadal con su novela El libro del amor esquivo. Estos microrrelatos forman parte del libro inédito Los ojos de los peces.
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