Parece como si los periodistas de nuestro país tuvieran acciones en las empresas que comercializan los libros electrónicos, dado el sospechoso y desmedido entusiasmo con que nos hablan de ellos. De un largo reportaje que el diario La Vanguardia (25 de diciembre del 2009) le dedicó a la candente materia, con varios artículos y voces opinando, se deduce que lo mejor que podemos hacer es esperar a ver si perfeccionan el funcionamiento del aparato. Lo que supondrá un verdadero disgusto para los consumistas más frenéticos y modernos de guardia. Dos cosas me han llamado la atención, sobre todo: la impresión de que más tarde o más temprano las librerías tengan que convertirse en tiendas de electrodomésticos para vender libros electrónicos, y la opinión a contracorriente de Antonio Cerrillo, quien afirma lo siguiente:.......
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"En el e-book de primera generación no se pueden subrayar frases o palabras, o hacer anotaciones. La pantalla es nítida y de visión relajada, pero cada vez que se pasa la página de un documento word (haciendo un clic hacia la derecha o hacia abajo), un miniparpadeo luminoso distrae la atención, mientras que los sucesivos pases de página se van haciendo lentos y perezosos. Los botones laterales y frontales crean cierta distorsión al tener que apretar en sentido diferente. Cuando se baja un libro de la red, no siempre es perfecto su encaje en pantalla. Y la lectura aún se complica más si el documento está organizado en columnas de texto porque, al ampliarse el zoom, la vista se convierte en un tobogán y el parpadeo aparece como una molesta miniinterrupción que se repite al pasar las pantallas sobre la misma página". En fin, si hay que hacerle caso a Cerrillo, hasta las escopetas de feria funcionan mejor...
.......Un escritor catalán, ya crecidito, intentaba convencer a los lectores de que se compraran un libro electrónico explicando su propia experiencia. Decía que así no tendría que llevar en la mochila diez libros. Ante un argumento tan concluyente, uno tímidamente se pregunta: ¿quién le obliga a llevar algo tan antiestético como una mochila? ¿Y por qué acarreaba 1o libros nada menos?, ¿acaso se iba a una isla desierta, abandonando el mundo para siempre?
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A ver si alguien que utilice el libro electrónico cuenta su experiencia y nos saca de dudas. Pero sin anonimatos, por favor, a pecho descubierto, como si se lo contáseis a la Guardia Civil, que dice Cela en el Viaje a la Alcarria.
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* El cuadro es de Jean-Michel Basquiat.
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