domingo, 26 de octubre de 2008

GONZALO SUÁREZ, autor de microrrelatos

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La 53 Semana Internacional de Cine de Valladolid le ha rendido homenaje a Gonzalo Suárez, por cuarenta años de oficio, con lo que podrá verse un ciclo dedicado a sus películas. El director asturiano es conocido, primero por su cine, y después por su literatura, por sus libros narrativos y por sus crónicas deportivas, pero no se le ha prestado tanta atención a sus excelentes microrrelatos.
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“Enamorado”
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El otro día fui a la fuente donde nos besamos por primera vez. Seguía cayendo el agua. Naturalmente, tú no estabas. Y pensé que podías haber sido otra, o no haber existido nunca. De todas formas, sólo nos queda el recuerdo. Puede que, entre nosotros, nunca haya pasado nada. Es posible que todo se deba tan sólo a nuestra imaginación. Es decir, a la mía. Puesto que estoy solo, y de tu vida, desde entonces, no tengo constancia. ¿Has muerto o sigues viva? O quizás eres una simple y estúpida obsesión que exacerba mi melancolía. Una tonta elucubración literaria. Sin embargo, quiere la memoria, falsa o verdadera, jugarme una mala pasada. Hacía frío. Pero ninguno de los dos quería ir a otra parte, mientras caía el agua. Sabíamos, eso me parece, que cuando echáramos a andar, y volviéramos a nuestra casa, el tiempo aceleraría su curso, cumpliendo el sórdido cometido que le corresponde y acabaría separándonos definitivamente. Por eso seguimos abrazados, aferrados el uno al otro, sorbiendo el instante único en nuestros labios, desesperadamente. Así es como recreo nuestro hipotético encuentro en mi mente. Donde quiera que estés, mujer o fantasma, ven en mi ayuda. Tu ausencia no ha dejado de seguirme, como la sombra de mi sombra, y ha ensombrecido mi vida para siempre.
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En 1994 Gonzalo Suárez publicó El asesino triste (Alfaguara, Madrid), en el que recogía una novela corta, diversos cuentos y cinco microrrelatos. Uno de ellos, “Enamorado”, es el que ahora damos. La narración trata de la entidad de los recuerdos, sobre los mecanismos de la memoria y el componente de imaginación que siempre la acompaña. Se vale el autor también de dos motivos clásicos, paralelos, que provienen de Horacio y del De rosis nascentibus, atribuido a Ausonio, como son: el carpe diem y el collige, virgo rosas. S
e construye el relato alternando la evocación del pasado con la reflexión desde el presente. Así, un hombre regresa a la fuente (lugar de encuentro de los amantes desde la lírica tradicional) donde se besó por primera vez con su amada. A la par que se reavivan los recuerdos (los paseos, abrazos y besos), renacen las dudas sobre lo que hubo de cierto en aquellos encuentros, si incluso llegaron a producirse, si aquella mujer existió realmente y fue la misma que recuerda o, en realidad, fue otra mujer distinta. El paso del tiempo los ha desdibujado convirtiendo aquellos momentos felices en sombras. En la conclusión, a la vez que se dirige a ella pidiéndole ayuda, sea ahora mujer o fantasma, confiesa que su ausencia ha ensombrecido su vida para siempre. Éste es, en suma, un microrrelato sobre la carencia de certezas, pues el narrador protagonista duda no sólo de cuanto hay de verdad en su evocación, sino también de la existencia misma de aquella mujer que tanto amó, e incluso de hasta qué punto no han magnificado el recuerdo y la ausencia el verdadero alcance de dicho amor.
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* Susy Gómez, Sin título 223.
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2 comentarios:

Pedro Herrero dijo...

Si el relato gira en torno a la carencia de certezas (bella expresión), su título es de lo más rotundo y certero, dando a entender que el autor al menos no tiene la menor duda de cuáles son sus sentimientos. También eso me parece un acierto.

Raúl dijo...

Este autor, me gusta en sus dos dimensiones.