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Entre los tópicos que circulan hoy sobre la novela, uno de los más reiterados es afirmar que hay quienes creen que cuanto más se vende un libro, menos calidad literaria tiene. El caso es que, en los muchos años que llevo en esto, nunca he conocido a nadie que sostenga tal cosa, ni de forma oral, ni mucho menos por escrito. Lo que sí he oído y leído, en demasiadas ocasiones, es justo lo contrario: que los libros más vendidos son los que prefiere el público, y que eso merece un respeto, porque deben de ser buenos, ¡y ya envalentonados!, que algo tendrán cuando gustan a tantos lectores, y que si patatín, que si patatán...
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Si alguien afirmara que los libros por el mero hecho de venderse masivamente carecen de entidad literaria, me parecería un auténtico disparate. La literatura se calibra por otros procedimientos. Otra cosa es que pensemos que determinados autores han cedido en sus exigencias para llegar a un público lector más numeroso. En las últimas décadas, grandes novelas se han vendido generosamente, dentro y fuera de España, como Corazón tan blanco de Javier Marías, por no recurrir una vez más a Cien años de soledad. ¿Por qué las novelas de Rafael Chirbes se venden mucho mejor en Alemania que en España? Y el hecho de que Soldados de Salamina, de Javier Cercas, se vendiera muchísimo, frente a las previsiones más optimistas del autor, los editores y los que acudimos a la presentación de la novela, no la convierte ni en mejor ni en peor. En fin, todo esto son obviedades que da vergüenza repetir.
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Quizá más sorprendente aún si cabe haya sido el éxito de Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. Pero siempre me ha quedado la duda de por qué este libro se ha vendido tanto, ha superado los ¡cien mil ejemplares!, un auténtico record para un libro de cuentos. Lo que desmiente otro tópico, que el cuento no se vende. En cambio, no ha ocurrido lo mismo con los libros de Juan Eduardo Zúñiga, con los que tantas semejanzas comparte, en temática, ambición y calidad.
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Sabemos que lo de las ventas no es una ciencia exacta, no se olviden que La sombra del viento ni siquiera ganó el Premio Fernando Lara, al que había concurrido. O lo que es lo mismo, los expertos de Planeta no consiguieron detectar el valor comercial de esta vendidísima novela, sobre cuyo interés les llamó la atención, con insistencia, Terenci Moix, quien formaba parte del jurado. .
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Sí se ha afirmado, en cambio, la existencia de libros que se venden mucho, pero que por su simplismo, por cuanto tienen de productos prefabricados, así como por la inconsistencia de la historia y de sus personajes, poco o nada tienen que ver con lo que algunos seguimos entendiendo por literatura. En suma, por ser demasiado previsibles, por su lenguaje pobre y funcional y por su escasa complejidad. Y en ese saco entrarían, acepto que en diversos grados, Carlos Ruiz Zafón, Javier Sierra, Ildefonso Falcones, Julia Navarro, etc.
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Lo evidente es que muchas publicaciones, periódicos y revistas (más o menos literarias), apoyan estos libros de los grandes grupos editoriales porque, de no hacerlo, se les racanearía la publicidad. En realidad, se trata de una estafa a sus lectores. Esto es algo sabido, pero callamos y nos preguntamos por qué las secciones de cultura de los periódicos sólo se ocupan de los libros de las grandes editoriales. Y así sigue girando la rueda de la farsa, a trompicones, como si del carnaval se tratara, quitándonos y poniéndonos las caretas, fingiendo todos -unos más y otros menos- que eso es lo normal, cuando también sabemos que no debería serlo... Mientras tanto, los escritores nos cuentan que se han presentado a tal premio para ganar lectores; el mismo argumento, en suma, que utilizaban las folklóricas cuando nos confesaban que se debían a su público. Pero a qué público, me pregunto, ¿se refieren, acaso, al público lector? Vaya, no lo creo.
* Joan Brossa, "El intelectual".
* Con esta entrada empiezo una serie que llevará el título general y la etiqueta de Grandes éxitos.