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jueves, 26 de noviembre de 2015

`Fumando con mis muertos´, de Álvaro Salvador


OCHO DE MARZO

Hace ahora la edad de una muchacha
que murió mi madre,
una muchacha adolescente, una muchacha rubia
como la nostalgia.
Hace una edad casi infantil,
una edad púber;
sin embargo, yo no soy ya como ese niño
que buscaba a su madre por entre las rocas.

Mi madre y yo nunca nos encontramos,
nunca nos pronunciamos palabras de amor,
nunca, hasta ahora, nos echamos de menos
como el agua y la tierra,
pero yo aún recuerdo a ese niño
que buscaba a su madre por entre las rocas,
y hace la edad de una muchacha,
una muchacha rubia, una muchacha adolescente,
una muchacha que nunca tuve,
que no nació de mi amor
y sin embargo hace ahora la edad
que se murió mi madre
y ella nunca existió.



* Este poema forma parte del libro Fumando con mis muertos, de Álvaro Salvador, que ha sido editado por la colección Vandalia, de la Fundación José Manuel Lara, en Sevilla, 2015.
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jueves, 29 de octubre de 2015

FRANCISCO JAVIER IRAZOKI

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BANDADA DE TIJERAS
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Fue a finales de los años cincuenta del siglo XX. Mi hermana, en medio de un paisaje verde, lloraba mientras recorría un camino de tierra. Enseguida me describió las burlas padecidas en el colegio. Ella se expresaba en el euskera que nuestros padres nos enseñaron, y sus compañeros se reían. Para que yo no sufriera, me hizo aprender sin ira el castellano y sentí que con cada nueva palabra recibía un escudo. Así construí el muro detrás del cual Jorge Luis Borges, César Vallejo o Luis Cernuda me regalaron libertades. Comprendí que aquel refugio significaba igualmente una apertura.
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Al poco tiempo, la democracia trajo deseos justos de recuperar los idiomas apartados por el franquismo. Entre algunos supuestos protectores del euskera no faltaron las desmesuras. Tachar los letreros viales escritos en español fue una de sus tristezas culturales preferidas. Con palabras borradas cerraron las mentes. Su desafecto hacia otras lenguas era la prueba de la insinceridad con que defendían la propia; vi que usaban esa aventura para llenar el vacío íntimo. Al cumplir años he perdido convicciones. Una de ellas sigue conmigo y sé que va a acompañarme hasta los últimos días: quien ama un idioma ama todos los idiomas.
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* Este texto forma parte del libro Orquesta de desaparecidos, Hiperión, Madrid, 2015.
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jueves, 15 de octubre de 2015

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO


SIN HACERSE NOTAR

Desde su día primero
nos parece el otoño el fin de algo,
no el comienzo de nada.
Se asienta entre nosotros con mucha lentitud,
ajeno al boato y a la altanería,
y aprendemos a amarlo
por el modo que tiene de no hacerse notar
con el ímpetu propio del que llega,
por las discretas formas que muestra al ofrecernos
sus dones empañados de rocío.
El adiós que aparenta decirnos se prolonga
en días aún dorados, llenos de golondrinas,
o en íntimas jornadas escritas por la lluvia,
borradas por la niebla.
Y cuando lo sentimos ya muy nuestro
y hasta pensamos que nos necesita,
se aleja sin ser visto.
En verdad no se acaba,
aunque desde el comienzo semejara un final.
Nadie lo ve marcharse;
se evapora, se esfuma
en su silencio y su melancolía.
Desaparece no sabemos cómo,
y el arrogante invierno, cuando irrumpe,
toma sin lucha posesión de todo.
 
(Quién lo diría, Tusquets, Barcelona, 2015)

lunes, 7 de septiembre de 2015

Homenaje al poeta Carlos Sahagún

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RENUNCIO A MORIR
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     Era el otoño y la hoja de aquel árbol
temblaba. También yo, también nosotros
teníamos un temblor nuevo, una nueva
y enfebrecida tarde. Como el mar
que rompe hacia las rocas y las vence
así eras tú, estudiante. Conocía
tu soledad, tu cuerpo, desde antes
de ver tu cuerpo y ver tu soledad.
"¿Estudias mucho?" "Estudio poco". "¿Vives
poco?" "No, vivo mucho". Parecía
que tus palabras me arrastraban, era
todo tan nuestro de verdad, tan bello
de verdad, tan sencillo. Me acordaba
de aquel niño lejano que aún creía
en Dios, en sus milagros. (Madre, madre,
un día vendrá Dios hasta los pobres
y hará justicia.) Mientras, era el campo,
fijamente mirábamos el campo
verde, universitario, lentamente
se humedecía la yerba. Era de oro
la hoja del árbol y temblaba, era
no sé de qué tu coraz6n y abría
sus puertas a la yerba verde y húmeda.
Náufragos del jardín, resucitábamos,
llegábamos a amarnos, me perdía,
me salvaba, dudé, toqué las llagas
de aquel paisaje con los dedos como
se toca un árbol, una flor, un cuerpo:
para creer. Olía a vida. Se
respiraba la vida. De repente
alguien, el viento, nos dejó sin libros,
nos hizo dioses. Y quedamos solos,
frente a frente, mirando aquellos campos
solitarios, y libres, y vencidos,
a nuestros pies. Podía renunciarse
a morir ante aquel milagro. "Pero
¿me escuchas, me comprendes, vas conmigo?"

     Era el otoño y la hoja de aquel árbol,
que era de oro de verdad, temblaba.

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* Carlos Sahagún (1938-2015) fue catedrático de Instituto de Lengua y Literatura Española, lector de español en la Universidad de Exeter (Inglaterra) y poeta de la generación del mediosiglo. Entre sus libros figuran Profecías del agua (1958), con el que obtuvo el Premio Adonais; Como si hubiera muerto un niño (1060), Premio Boscán; Estar contigo (1973), Premio Juan Ramón Jiménez; y Primer y último oficio (1979), con el que consiguió el Premio Nacional de Poesía.
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miércoles, 26 de agosto de 2015

Sobre `La voz en pie´, de Gracia Morales

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Qué poco poco: la voz en estado de gracia, por EMILIA OLIVA
(Sobre La voz en pie, de Gracia Morales, publicado por Ediciones Dauro, Granada, 2014)
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Romper el espejismo para hacer aflorar la verdadera dimensión del mundo y del hombre en el mundo. Usar las palabras y traerlas de nuevo a su ser con cuerpo. El cuerpo que alcanzan cuando nombran por primera vez. Oír de nuevo palabras viejas como la lengua que las vertebra y revelarlas despojadas, desnudas, prístinas. “Bienaventuranza”. Se eleva la palabra desde lo recóndito olvidado y regresa con su fulgor de incógnita. Visión y posesión de Dios. Prosperidad. Felicidad del hombre. Bienaventurada Gracia Morales que levanta la palabra, nos ofrece el milagro de la voz sin ruidos, despliega la visión certera del hombre de hoy -su infelicidad devastadora- y nos recuerda que hemos confundido los dones -la vida, los astros, la alegría- con un juego de espejos.
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Gracia Morales pone la “voz en pie”, la que corresponde al hombre que camina sobre la tierra desde que es hombre. Esa extraña condición que se pierde en el siglo XX con la shoá y las bombas de Hiroshima y Nagasaki y que sigue deteriorándose: comercio de órganos, secuestros de mujeres para esclavas sexuales de las ordas del mal llamado Estado Islámico, eliminación del otro que no identifico como mi semejante. La voz alienada ha de volver a caminar erguida. La voz erguida lo es sin artificios. En medio del ruido del mal llamado siglo de la comunicación, la austeridad de la palabra poética se manifiesta como gesto de subversión frente a la realidad. No es un problema de medios, la comunicación. Es un problema de perversión del lenguaje global que no dice, sino repite como eco. Volver al decir, es volver a la simplicidad del verbo.
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Morales se para y mira. Nos ofrece dos nudos que estructuran el libro: “Bienaventuranzas” y “La mirada alrededor”. Bienaventuranzas recuerda el marco ético, el suelo sobre el que hombre es hombre desde el origen, el mandato divino.
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Y para que alguien pueda
abrir ancha la boca y declarar
“este soy,
este mi nombre,
aquí están mis palabras
y aquí
mis gestos cotidianos”,
(…)
es necesario llevar dentro
la mirada y la voz de la gente querida
(…)
Sólo entonces puede alguien afirmar
que se mantiene vertical y útil,
con su nombre de cada día,
sus palabras, sus gestos,
puesto en pie sobre la tierra.
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La vida con y por el otro, el trabajo, el juego, la naturaleza, el tiempo, la mujer, la ley de Dios, la vida.
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La mirada alrededor repite en su interior la estructura binaria del libro y establece una frontera entre “el lado de acá” y “el lado de allá”. Del lado de acá cae el cansancio, la rutina, el miedo, la inseguridad, el hombre alienado por la publicidad, los medios de masas, el consumo. La ironía como única herramienta para hacer visible la paradoja se desliza como eficaz escalpelo que nos muestra las tripas del cuerpo social corrupto. Del lado de allá cae la violencia, la tortura, el desamparo, el arrepentimiento, la culpa, el abandono, la política, la falsedad, el engaño, la ruina, la guerra, la muerte, la rabia, la soledad.
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No hay esperanza sino en el decir lo que se nos niega, lo que se nos escamotea por los trileros, los tahúres de los medios de comunicación en pugna: lo real evidente.
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Qué poco necesita un niño
cualquiera para jugar al fútbol.
(…)
Rodillas,
ganas de abrirse
de par en par los pulmones,
qué poco poco,
cuatro cañaveras o un trozo de yeso
y algo que ruede favorablemente
de una esquina para otra.
(…)
Qué poco, en verdad,
qué poco necesita un niño
para vivir libre con todo el cuerpo,
a salvo, por unas horas,
del mundo que hemos creado para él
los adultos.
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“Qué poco necesita un poeta/ cualquiera para escribir un poema”, nos revelará más tarde. Porque, en definitiva, qué poco necesita un hombre para ser hombre: un poco de alimento, un poco de abrigo, un poco de tierra para habitar y todo el tiempo del mundo para ser consciente y dar gracias. No otra cosa fue el canto, la poesía, el arte. Conjurar el mal y exaltar la belleza del mundo.
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sábado, 11 de julio de 2015

En la muerte del poeta Jesús Lizano

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MAMÍFEROS
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Yo veo mamíferos.
Mamíferos con nombres extrañísimos.
Han olvidado que son mamíferos
y se creen obispos, fontaneros,
lecheros, diputados. ¿Diputados?
Yo veo mamíferos.
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Policías, médicos, conserjes,
profesores, sastres, cantautores.
¿Cantautores?
Yo veo mamíferos…
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Alcaldes, camareros, oficinistas, aparejadores
¡Aparejadores!
¡Cómo puede creerse aparejador un mamífero!
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Miembros, sí, miembros, se creen miembros
del comité central, del colegio oficial de médicos…
académicos, reyes, coroneles.
Yo veo mamíferos.
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Actrices, putas, asistentas, secretarias,
directoras, lesbianas, puericultoras…
La verdad, yo veo mamíferos.
Nadie ve mamíferos,
nadie, al parecer, recuerda que es mamífero.
¿Seré yo el último mamífero?
Demócratas, comunistas, ajedrecistas,
periodistas, soldados, campesinos.
Yo veo mamíferos.
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Marqueses, ejecutivos, socios,
italianos, ingleses, catalanes.
¿Catalanes?
Yo veo mamíferos.
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Cristianos, musulmanes, coptos,
inspectores, técnicos, benedictinos,
empresarios, cajeros, cosmonautas…
Yo veo mamíferos.
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* El poeta y ensayista Jesús Lizano, nacido en Barcelona, ha muerto con 84 años. Su primer libro, Poemas de la tierra, data de 1955. Luego obtuvo el prestigioso premio Boscán, con Jardín botánico (1957). En los años 80 publicó varios libros a su costa y empezó a firmar como Colectivo Jesús Lizano, y más tarde como Lizano de Berceo o Lizanote de la Mancha. Frente a lo que he leído estos días, la Universidad sí se ocupó de su obra. Entre 1998 y el 2000 participó en los tres maratones de poesía que organizamos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Barcelona, en los que él fue siempre la estrella indiscutible, pues salmodiaba sus versos como nadie, fascinando a un auditorio siempre lleno. Ni en Cataluña, ni en el resto de España se le prestó apenas atención a este auténtico poeta ácrata. Sus últimos libros los publicó la editorial de la revista El Ciervo, pues Lorenzo Gomis fue uno de sus mayores valedores, y la Fundación Anselmo Lorenzo. Pero quizá la ed. más asequible sea la de Lumen, Lizania. Aventura poética 1945-2000. 
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jueves, 9 de julio de 2015

`Una conversación en la penumbra´, de Rafael Juárez

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Premonición
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Lo recuerdo sentado cerca de otra ventana
leyendo el ABC, hace cincuenta años,
como lo lee ahora mientras que la mañana
se nos va silenciosos, tan iguales y extraños.
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Mira de vez en cuando la iglesia clausurada
en la que entran y salen sus parientes difuntos,
con los que espera pronto hablar como si nada
fuese la muerte más que volver a estar juntos.
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Distraen su dolor, que ya no tendrá hechura,
el silencio diario, eco del infinito,
y el murmullo del coro cansado de esperar.
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Pronto serán leyenda su mansedumbre pura,
su tímida manera de ser el Señorito,
su paz ante el espejo, que no podré heredar.
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...........................................1 de marzo de 2012
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* Una conversación en la penumbra, de Rafael Juárez, acaba de aparecer publicado en la editorial Renacimiento de Sevilla, con prólogo de Pablo Jauralde Pou.
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martes, 16 de junio de 2015

`Mediodía en Kensington Park´, de Javier Sánchez Menéndez

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LA PALABRA JUSTA
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Es la palabra justa la que conduce al poeta por el camino de la esencia. Desde el centro del parque aprendemos a respirar. Un pájaro sonríe cuando no sabes dónde dirigir la mirada y, acaso, si agachas la cabeza todo es mediterráneo. En un banco de piedra las sombras de los árboles hablan siempre en silencio. Te susurran palabras que debes construir, se tienen que ordenar. Primero la semántica, después los signos y todas sus combinaciones.
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En el centro del parque debes buscar un ritmo. Una fórmula mágica que agregue al ritmo el tono. La llaman armonía. Dicen que es un tratado. Me gusta que la noche interrumpa en silencio. Las sombras se confunden con el sentido extraño. Sentido inesperado que nos va suicidando.
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Por miedo a las manías debo ser muy sincero.
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Este cansancio es un estado civil como la soltería, el matrimonio o la viudez. Lo llevo ya conmigo. He perdido el anillo. El aro de metal, la joya de la vida. Lo he perdido en el parque. En el centro del parque. Y no lo encuentra nadie.
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Tengo a todos los pájaros buscándome el adorno. Algunos ya de vuelta me dicen que se marchan. Junto a la fuente mágica, la que chorrea palabras, una estrella refleja lo justo y necesario. No aparece el anillo. Debo vivir sin él. He lavado mis manos. He sacudido el agua en las plumas de aves que nunca me abandonan.
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Vuelvo al banco de piedra. Allí descansa el aire. Descubro en la poesía la maravilla y un puñado de esencia. La que uno necesita para escribir un verso.
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Amanece en el parque. Libre de la tormenta que dijo Garcilaso. Libre de todo rostro que recuerde un poema. En el centro del parque estos rayos de luz hacen nacer las sombras. Los árboles sonríen. Los pájaros prosiguen y buscan un anillo que me devuelva el tono. Y un cansancio se lleva la palma de todos los recuerdos.
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* Este texto de Javier Sánchez Menéndez forma parte de su libro Mediodía en Kensintong Park, La Isla de Siltolá, Sevilla, 2015. 
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sábado, 6 de junio de 2015

Diálogo de sombras, por Emilia Oliva

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Dos escritores de larga y rica trayectoria: Elías Moro y José Luis Bernal acaban de publicar sendos libros en la colección la Luna de Poniente (Editorial De la luna Libros). Elías Moro es autor de obras de géneros diversos: relatos, aforismos, microrrelatos, poesía; se encuentra en plena vorágine de presentación de dos libros recién horneados y sostiene un blog, El juego de la taba, del que ha salido su último libro de aforismos Algo que perder (Editorial La isla de sistolá).  José Luis Bernal es autor de múltiples ensayos, artículos de investigación y tres libros de poemas Primavera invertida (Editorial ERE) El alba de las rosas (ERE). Dos poetas: Moro cerrando esta maravillosa colección de la Luna de Poniente. Bernal  con un libro de poemas después de un largo silencio. Dos hombres: Moro sigue las huellas: hay un rastro; y Bernal dice no saber: tratado de ignorancia. Es decir, que avanzaremos a tientas, terreno por el que la buena poesía gusta de adentrarse para trazar mapas que sirvan de aviso para navegantes.
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Bernal nos propone un periplo al modo de un Ulises con alzheimer o de un Orfeo que regresa con las manos vacías y las preguntas sin respuesta. Moro nos ofrece un caleidoscopio para mirar el mundo como lo haría una cámara cinematográfica con perspectivas múltiples. Hechos simultáneos en el tiempo son abordados como a través de un prisma, pero no hay refracción de luz, ni arco iris. Es una película en blanco y negro, con una amplia gama de grises tachonada a trechos de manchas cárdenas.
Ambos han decidido invitar a su mesa a algunos fantasmas y se han puesto a dialogar con ellos. Diálogo de sombras son sus versos. Los poetas muertos son convocados por Bernal que interroga su obra y se aventura hacia un nuevo ángulo de visión. Las secuencias de la barbarie –casi cinematográficas-  y los hombres que las sufrieron invaden el texto de Moro. Si Bernal se asoma al hombre como uno, como individuo; Moro ha de batirse con el anonimato, la masa, la muchedumbre para traernos lo concreto de los cuerpos de las víctimas que se pudren en el olvido.
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Ninguno de los dos libros es de lectura amable. Moro utiliza un registro de lenguaje descarnado, seco. Bernal se adentra a encontrar sentido a la vida, que es tan incomprensible a veces.
La dualidad recorre ambos libros. En Bernal se trata de un desdoblamiento: de un lado, el investigador y erudito; del otro, el poeta. El erudito proyecta la trama y organiza la materia que va pacientemente tejiendo el otro, el poeta; el investigador aporta el poso de lecturas y el poeta hace florecer sobre ese lecho sus versos.
La dualidad en Moro es de otra índole. Tiene que ver también con la trayectoria de escritura. El plano secuencia cinematográfico está presente en la organización del poema y del libro. El Moro narrador impulsa en este libro la creación poética.
Si reconstruir lo acaecido frente al olvido es la tarea de Moro. Bernal nos conduce al derrumbe absoluto del ser, a la erosión sin pausa del olvido.
Ambos se adentran por los caminos poéticos bien definidos por la tradición: amor, muerte, memoria, olvido… Bernal, aupándose sobre los hombros de poetas que ama y lee: Luis Cernuda, omnipresente, Antonio Machado, Jorge Luis Borges, Rubén Darío....  Moro quedándose suspendido en el tiempo, en una brizna de historia, convierte al sujeto poético en testigo que recuerda la voz  que ve, que indaga en ese ver, arranca en cierto modo como Chantal Maillard en Matar a Platón. Ambos, Bernal y Moro, se adentran a tientas, por caminos de sombra, y revelan ángulos muertos, hacia donde no vamos, o no miramos, o no queremos ver.
Si Moro estructura su libro en 6 partes que reconstruyen un relato de hechos y lo hacen avanzar del paisaje y lo animal, al entramado social, para acabar en el hombre y el yo poético acaba dando voz a los muertos; Bernal no nos da sino un esbozo de trama a través de tres citas literarias que funcionan como obertura y cierre, con un epílogo.
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Los referentes de Moro son históricos. Recrea situaciones que pudieron suceder así como nos las presenta e indaga en ellas: muertos en las cunetas, cadáveres a cielo abierto, guerra, ejecuciones, derrota, hambre, trenes de la muerte, exilio, genocidio, desolación, miseria.  Los referentes de Bernal son poéticos, literarios: preceptiva barroca de Baltasar Gracián, Donde habite el olvido de Luis Cernuda, Juan de Mairena de Antonio Machado… y  vivencias personales: encuentros, ausencias,  instantes, emociones, olvidos, balance, ajuste de cuentas con la vida.
Intento establecer los puntos de intersección y de alejamiento entre ambos libros puesto que ambos abordan el olvido como eje de coordenadas de sus poemas.
Moro nos enfrenta a un problema ético, y nos ofrece una perspectiva múltiple desde el ángulo de la reivindicación y la justicia: no hay que olvidar a las víctimas.  Bernal nos enfrenta a las vivencias, a la erosión a la que nos somete el olvido en tanto que hombres. Lo que no quiere decir que la plasticidad pictórica, cinematográfica, que he referido como elemento característico de los poemas de Moro, esté ausente de los de Bernal. No lo está. O que los referentes literarios estén ausentes de los poemas de Moro.
La muerte, presente en ambos libros, es física, corporal en Moro; es terreno de exploración del ser en Bernal y está impregnada de trascendencia.
El amor que es un apunte metafórico en el libro de Moro: “No son promesas de amor / grabadas a cuchillo en su corteza”. En el libro de Bernal es pura médula.  “El color del amor / es el olvido. El color de la muerte / la memoria”
En ambos, está presente, omnipresente, la batalla del tiempo. Desde dos perspectivas diferentes: en Bernal, la batalla perdida del hombre que envejece: “Decirles que nos queda poco tiempo y maltrecho / para dar las respuestas a todas las preguntas / que la edad nos escupe con obstinada furia”. En Moro, la batalla perdida de la víctima: “los superviviente envejecen / más deprisa de lo que es necesario”
Las trayectorias paralelas de ambos libros se tocan en un punto, dos poemas: “ARBEIT MACHT FREI”, el trabajo os hará libres, (Moro) y "Auschwitz” (Bernal); o lo que es lo mismo, ese punto en el que el hombre abandona su estatus de hombre en aras del amanecer de un hombre nuevo; ese momento en el que ya no sabemos qué es un hombre, que nos conduce a la barbarie, que sigue siendo actual, reiterativa y burda, y que no cesa. El punto de inflexión entre civilización y barbarie.
No es posible mirar la muerte, el derrumbamiento del ser, la devastación o el horror de la barbarie, y salir indemnes. Hacerlo a través de la palabra decantada poéticamente es recibir el fulgor del hallazgo que nos hace temblar, como el relámpago, a la vez que nos dejamos impresionar por su belleza. Así van decantados los poemas de ambos libros. Y si no encontramos en ellos explicación a la muerte inútil de las guerras (Moro) o al sinsentido de la existencia (Bernal) al menos nos ayudan a descubrir en su justa medida lo que es ser hombre y a encontrar el camino para alejarnos de la cómoda irresponsabilidad de quien vive en un mundo feliz.
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José Luis Bernal
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BREVE TRATADO DE IGNORANCIA
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He destinado algunos de mis trabajos al juicio.
Este se lo dedico a la ignorancia.
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Todo comenzó con el olvido,
con el olvido mismo,
no con su habitación.
con esa niebla
que congela las rosas,
que confunde herbolarios
con prados de azucenas
y enhebra primaveras
en el cordel del día.
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El olvido me trajo a la ignorancia,
la acomodó en mi casa
como una gran señora,
que leía mis libros
engullendo su sangre.
toda una biblioteca hecha mortaja,
sin pulso ni melindres,
como piedra entre ortigas.
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El amor cabizbajo
era un valle de lágrimas
y la esperanza un verde
regado por el llanto.
Los dones se esquinaban
y el aire los batía
como bate el deseo
los corazones tiernos.
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Desánimo de altura,
tan profundo,
que yo mismo ignoraba su estatura.
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Ni el tiempo ni la vida sosegada
me explican el derrumbe.
mis sentidos expiran
sin perder la sonrisa
y el olvido me duele
como el primer día
que el tiempo ha desahuciado en el recuerdo
para no hacer mudanza en su costumbre.
......
He olvidado estos versos
al final del poema
como expósitos trastos
del que ha mudado el alma.
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Elías Moro
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No son promesas de amor
grabadas a cuchillo en su corteza,
no el susurro del viento
bailando por entre las hojas,
no esa leve humedad
-niebla en gestación,
suspendido rocío-
que se avecina dulzona
desde el riachuelo más próximo
lo que guarda entre sus pliegues,
sino salpicaduras cárdenas,
rastros y heridas de plomo,
llanto reseco e infértil
en las angosturas del tronco
......
Un miedo,
impalpable y cierto,
de la raíz a las yemas.
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lunes, 11 de mayo de 2015

La poeta Clara Janés en la Academia

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La noticia no es que otra mujer haya entrado en la Academia, aunque siguen siendo pocas en la institución, sino que debería personalizarse y explicar que la poeta, ensayista y traductora Clara Janés (Barcelona, 1940) ha sido elegida como miembro de la Academia de la Lengua por el valor de su obra literaria, y no en calidad de mujer, para completar una cuota. Y desde luego los periodistas deberían explicarnos en qué estriba ese interés de su poesía, cuál ha sido su aportación al conjunto de la lírica española e hispánica. El resto me parece una falta de respeto, centrarse en lo accesorio, en lo escandaloso que puede llamar la atención, y no en lo sustancial que son sus merecimientos literarios. Alumna de Martín de Riquer y de Blecua, padre, en la Universidad de Barcelona, donde estudió, ha declarado que le parece insuficiente la definición de poesía que aparece en el diccionario académico ("Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa"), que en ella falta lo que la lírica tiene de enigma, de ritmo, de intuición e inspiración. ¿Qué están  esperando los periodistas para pedirle un artículo ampliando, con esos matices, dicha definición? ¿Tratará su discurso de entrada sobre qué es y en qué consiste la poesía? Sería de máximo interés.     
Pero mientras, la pregunta que me hago es: ¿que están esperando los señores académicos para elegir a Cristina Fernández Cubas? Los rumores dicen que la próxima elección puede recaer en Rosa Montero. Me parece una buena opción, aunque les pediría que no se olvidaran de la gran escritora de cuentos.
P.S. Como nadie es perfecto, también ha declarado que le gusta la palabra poetisa, pero ahí ya resulta imposible seguirla. Para mí, poetisa es poeta cursi, y está más cerca de poetrastro que de poeta. 
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viernes, 8 de mayo de 2015

`Tácticas de payaso´, de Manolo Marcos

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TRATADO RIDÍCULO DE ANTROPOLOGÍA 
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El hombre meteorito, el hombre acémila,

con su pulga mayúscula deambula

hecho de firmamento y suela de zapato
por enteros océanos, no va
a ningún desierto sin paraguas.

Minoría descomunal
este hombre compuesto
de horizonte desnudo que pierde la memoria.
Tanta altura brillante
o

lágrima de arena
se acabará algún día,

y fijaremos nuestra residencia
en la primera duna que veamos
por riguroso orden de resurrección.
Amo por tanto su neurona triste.
......
......
* Manuel Marcos (Rotterdam, 1968) es licenciado en Educación musical por la Universidad de Córdoba, músico y cultivador de la poesía y del relato corto.  Mantiene el blog Plus ultra, ínsula literaria. Sus influencias literarias, confiesa, son eclécticas y van desde Dante a Cortázar, pasando por Cervantes y el Siglo de Oro, Borges y los poetas de la generación del 27, pero también ha pesado en él -reconoce- la huella surrealista de Max Ernst y Marcel Duchamp.
.......
* Tácticas de payaso ha aparecido publicado en la editorial Tigres de papel, en el 2015, con  prólogo de Rafael Escobar.
......

martes, 5 de mayo de 2015

`Llueve horizontal´, de Miguel Ángel Arcas


Vacaciones

En el cielo una nube se revuelve y cambia de sentido,]
nerviosa como un sonajero.
Las aguas en el mar apoyan su cabeza contra las rocas. Parecen dormir,]

pero tan solo se protegen del trasiego salvaje y espumante de los hombres.]
La luz, fuertemente indeterminada, tiene el aspecto borroso]
de algunos rostros en un sueño. No ayuda a ver lo que ocurre.]

El viento, que parece de segunda mano, mustio, gastado, sopla]
con la fuerza de un viejo exangüe.
Barcos y veleros pasean en silla de ruedas

a la entrada de la bahía. Quieren tomar posiciones.
Las gaviotas chillan y rechillan, ríen, devoran todo a su paso]
Nada se mueve.
Nada osa existir.
......
El yate del rey de España sale muy despacio del puerto de Palma.]
 
...
Determinaciones

Olvidar lo que debe olvidarse para seguir vivos, lo que no es tuyo y no te mejora.]

....
Olvidar la limosna del tiempo, el cansancio, el hollín de la tristeza que atasca el]
engranaje, el hierro dulce de la lengua roja.

Olvidar las ideas que perdimos, los fantasmas, los sueños, .............. las fieras que]

te gritan en el pecho y no te dejan.

Olvidar como quien se traga una llave.

Inventarse la nada
como quien sopla un fósforo en el tiempo.
....
Quien sabe soñar sabrá despertarse
......
Una mujer camina por una carretera. Camina y no sabe cuál es su destino. Mira hacia]
atrás. Su pelo suelto es una liebre que huye. Va descalza, aunque eso no impide su paso.]
A pesar del viento sigue mirando hacia el lugar de donde viene. La carretera parece]
interminable. A su alrededor hay pájaros que hablan unos con otros, y uno de ellos se]
posa en el hombro y bebe el agua de sus ojos.

Amo a esa mujer. Pero ella no me ve, no se ve, no tiene mis ojos, su miedo no es mi]

miedo, y yo no camino por esa carretera, yo no sueño el mundo como ella, no despierto]
como ella.

Donde yo vivo no hay pájaros.

...
...
.......

lunes, 13 de abril de 2015

Los `Cuadernos del orate´, de Cecilia Domínguez Luis


Poemas de Cuaderno del orate (Cuatro meses y un día), publicado por Ediciones La Palma.
Premio Canarias de Literatura 2015 que se concede al conjunto de una obra.



SEGUNDO MES
Día 16
Todo consiste en admirar su poder contra el delirio y las serpientes pitón.]
Cabalgar junto a él por los corredores es también una buena estrategia,]
siempre que no lo hagamos a la grupa de un pez.
Decirle que no tenemos oro ni plata para pagar sus diarios desvelos:]
ese poner a prueba nuestra tangible transparencia
mirándonos fijamente a los ojos, y hacernos danzar en corro]
a golpe de su bello tambor, mientras tensa el sedal,
y la caña se convierte en una rama de agridulces frutos.
Si es el mar quien nos llama, ocultarnos bajo el ala de algún ibis perdido,]
y no hacer caso de los hilos que trenza la luna para atrapar nuestros fantasmas.]
Creer en la muerte de los unicornios;
negar que en los ojos de los búhos se manifiestan los oráculos]
y que pasten bueyes junto a las aves del paraíso.
Así llegará la duda y el descuido para el guardián que nos acecha.]


Pero sé que vas a traicionarme cuando niegue
el acontecer de las sirenas en los estuarios,
con hombres diminutos posados en sus hombros.



Día 21
No sé por qué se desborda este río,
si hemos sobornado a los guardianes del jardín y burlado la vigilancia de los astros.]
Fue la tarde que el viento trajo tu perfume,
cuando oí resonar las aguas que se precipitaban y rompían sus límites.]
Todo estaba hecho de miel y especias, y en el cauce,
el relámpago se liberaba de sus plumas y dormían en tus ojos.
Sobre la mesa volvieron los peces circulares, lamidos por las llamas del aire]
y ofreciéndose entre flores de arcilla.
Rompí la fuente con un malvado pensamiento
y rodaron los peces como aros de niño, ante el júbilo de los comensales.]
Y ocurrió que el agua del océano recogió los labios perdidos de las rosas]
y el río escuchó el canto, fue a su encuentro
y, en su asombro, se abrieron las compuertas.
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sábado, 21 de marzo de 2015

JULIO CÉSAR GALÁN


Después del cisne
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En la biblioteca del bosque
olvidamos el rostro por otros rostros
                                [más aniñados,
por la estrella escuchada entramos    
de puntillas en la claridad;

escuchamos el zig-zag de los azores
aún por nacer, las moras aún
                                [por enrojer el aire,
las moras que cada       noviembre llenan los versos.

   Converger es abrir el día desde
la llanura. Los muertos que arrastramos,
           [aquellos que tuvieron nuestra voz
y aquellos que confundimos             
con nuestra máscara,
comprenden nuestra inclinación
                                                      al envés20, 
nuestro gusto por saborear márgenes,
nuestra nube solar sin tiempo.

Ojeo cómo atardece el río,    

si es que un río puede salir  de un cisne
y por los ojos cruza la noche de verano              
                          [con sus promesas juveniles,
la imagen del primer hombre
sorprendiendo su imagen en la corriente,
los años luz de las luciérnagas,
el anonimato de los desaparecidos
           y los lenguajes olvidados,
           la agonía de los hospitales
               [y el polen luminoso de los niños,
los libros que no abandonan
             y las conversaciones amicales
            aupadas por la dicha y la palabra,
la rueca de los siglos y sus civilizaciones
      y el big bang y las galaxias en anillos
y las estrellas enanas emblanquecidas 
        [por un superviento estelar
y el agua de nuevos muertos y la muerte
                          ya  no importa tanto,
después de haber visto cómo sale el río
        desde un cisne.
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20. César Nicolás aclara lo de "nuestra inclinación al envés" con la siguiente nota: “Este lugar central donde redobla el título es un punto de fuga y reverberación. Mise en abyme que nos incluye y rompe definitivamente los límites entre el afuera y el adentro del texto. Merece que la saboreemos al margen.
“El lector se convirtió en el libro” -escribe Wallace Stevens. En El mal de Montano Vila-Matas juega con esta idea y nos presenta a un crítico en trance de convertirse en protagonista del relato escrito por su hijo una vez que lo ha leído.
Parece una locura, pero en mi caso ocurrió así.
Fue ayer. Estaba leyendo este libro y de pronto reparé en que me había convertido efectivamente en él. ¿Daré mis datos? Soy Inclinación al envés, libro de poesía que gira en torno a lo invisible y trata de hacerlo visible. Que expresa -por decirlo rápido- la forma del vacío, que es indecible, y nos la devuelve convertida en ruptura e imprevisibilidad.
Soy por tanto un texto tan transparente como opaco. Tan expresivo como deconstruido y obtuso (Barthes). Puro golpe de alas (pues aunque salgan aves hablo de… -no sé: quizás también de mí; sorprenden las mismas hojas abiertas de lo que soy: un libro) volando hacia la luz.
Las manos de mi autor, que ha muerto (si no es que han sido varios mis escribanos; ¿quién puso por ejemplo lo de Al aire de tu vuelo? La verdad es que ya ni los recuerdo; son demasiados los que me leen, anotan, modifican: Oiseaux, escribió aquí Saint-John Perse y eso, que va formando teselas, ha sido cambiado luego por este o aquel otro...), las manos de quienes me han escrito -insisto- se han transformado en alas y echado en mí plumas, yemas que me sostienen y me leen. De modo que su rostro (ahora de lector) se refleja en mí como si fuera un cristal. Y sale un lector convertido a su vez en crítico; un crítico con gafas y unos ojos vivos y divertidos que me contemplan.
Crítico que me tacha y hace anotaciones al margen y corrige y pone notas a pie de página pensando en reeditarme, modificarme, hacer que me convierta en un libro distinto cada vez que alguien me abra y se refleje en mí, no sé ya decir si como autor y lector al mismo tiempo. Y es que padezco __¿no lo he dicho?__ de una otredad incurable. Ayer mismo estaba leyendo a Julio César Galán y me he transformado en su libro: soy un libro desusado y crítico; aleteo, apunto a un más allá metafísico, unido a la creación. Trato de vencer cuando menos esa pesada ley de la gravedad que suponen toda clase de estereotipos. Y adolezco, como digo, de una irreprimible inclinación al envés”.
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