viernes, 2 de octubre de 2009

Pro acercanza, 19

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"Acercanza del azufaifo"
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Septiembre es el mes del azufaifo y el suelo está ya sembrado de esas raras cerezas toscas, entre las colillas y otras basuras que tiran a su jardín los vándalos de esta calle. El árbol se yergue y desmadeja, gigante y generoso, entrecruzando las puntas de una rama con el pequeño limonero rebrotado, haciendo cosquillas con otra rama al arbusto sin nombre de la esquina, cruzando la calzada con otras extremidades hojosas e incubando con su sombra china, desgarbada y materna un discreto bosquecillo de azufaifos enanos que crecen a su alrededor, inadvertidamente.
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Doblo la esquina de la calle Arimón y al verlo no puedo evitar sonreír, secretamente feliz de haber impedido que lo talasen los energúmenos constructores. Voy andando hacia él, camino de casa. Me gustaría entrar en el jardín, recoger esos botellones de xibeca que arrojaron hace dos noches unos mutantes locales (los contenedores de basuras están enfrente, a unos veinte metros, pero esta gente ruidosa y zafia prefiere mostrar su desprecio por el verde a modo de rebeldía, coincidiendo extrañamente con malos arquitectos, constructores y políticos del cemento), tocar otra vez ese tronco de doscientos años, imaginar que me transmite su magnetismo ese cuerpo rugoso y negro, pero la verja municipal me impide toda acercanza.
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* Isabel Núñez (Figueres, 1957) estudió Ciencias de la Educación en la Universidad Autónoma de Barcelona y es profesora de Traducción Literaria en la Universitat Pompeu Fabra. Entre otros autores, ha traducido a Patricia Highsmith, Richard Ford, Dorothy Parker y Andy Warhol. Tiene en su haber un conjunto de relatos, Crucigrama (2006), y un par de libros que han tenido una excelente acogida: Si un árbol cae. Conversaciones en torno a la guerra de los Balcanes (2009) y La plaza del azufaifo (2008), con prólogo de Enrique Vila-Matas. Junto a Rauda Jamís es coautora de Du fond des mères (1988). Es colaboradora del suplemento Cultura/s de La Vanguardia y ha escrito en Letras Libres, Quimera y Vasos comunicantes. Mantiene activo un blog literario titulado Crucigrama, http://isabelnunez-zbelnu.blogspot.com/ Está a punto de aparecer, en la editorial Menoscuarto, su libro de cuentos Algunos hombres... y otras mujeres.
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* Ambas fotografías están hechas en Rosas (Gerona). En la de color, Isabel tenía 2 años, y en la foto en blanco y negro, en la que aparece en brazos de Concha, su niñera, tenía 1 año.
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8 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, soy Isabel Mallen del blog:
http://www.elcosturerodeisabel.blogspot.com/

No puedo acceder a mi cuenta, pero quería decir que me ha gustado mucho esta acercanza por lo natural, visual y también sonora.

Seguiré a la autora, felicidades y gracias a ti Fernando por traerla.

Pedro Herrero dijo...

En la primera parte del relato, la voz narradora ha necesitado hasta siete tiempos verbales para explicar el alcance de la generosa anatomía del árbol. Todo un lujo. En la segunda parte, la admiración del personaje se ve obligada a convivir con el desprecio de sus semejantes y la hostilidad del entorno. Yo creo, no obstante, que la balanza se inclina del lado de la naturaleza, tanto por su belleza intrínseca como por esa pasión que despierta en el/la protagonista. Todo un placer, Isabel.

Anónimo dijo...

Me gustan dos cosas de este micro:

El lenguaje tan rico de la autora, delicado y muy visual. Y el tema porque yo también prefiero lo verde, vivo y luminoso a lo gris,inerte y opaco.

Un saludo

R.A.

Belnu dijo...

Gracias, Fernando. Qué sobresalto al ver mi foto asomando, aunque nadie pueda reconocerme!
Me alegro de haber podido contribuir a esta campaña pro acercanza.

Ephemeralthing dijo...

Que pequeña, pero realista descripción de lo que son tantas esquinas y rincones barceloneses, uno diría desoladores en apariencia pero que a veces contiene esos secretos que dan cierta dignidad y felicidad a las personas. A pesar de todo.

Bel M. dijo...

Bueno, ya lo he dicho allá, en el blog de Bel Nu, para mí es inconfundiblemente la misma, por lo menos en las fotos. Me ha gustado este texto y me ha hecho sonreír. Me ha recordado la primera vez que llamó mi atención el azufaifo, allí abandonado entre basura. Ahora, gracias a Isabel Núñez, ya sé toda su historia.
Saludos.

Fernando Valls dijo...

Os ruego que me perdonéis por dar tan tarde vuestro comentarios, pero estoy de viaje y no siempre puedo acceder al correo. Gracias y saludos.

Belnu dijo...

Creo que lo que más me gusta de la acrecanza es su halo latino o italianizante, que le da un matiz más genuino a mis ojos, como de toda la vida. Y es que parece hermana de tantas palabras italianas: existenza, importanza, abbastanza, todas esas que en castellano perdieron su antigua terminación musical y la cambiaron por un prosaico-industrial cia.