miércoles, 7 de octubre de 2009

Autorretrato de JUAN ANTONIO MASOLIVER RÓDENAS

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_____"El espejo y la memoria"
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Cuando nos escuchamos en una grabadora, nos cuesta aceptar que aquella voz atiplada y temblorosa no se corresponda con la profunda y llena de registros que llega a nuestro oídos cuando hablamos. No sabemos dónde está el engaño ni cuál es la verdadera voz que escuchan los demás, si la nuestra o la de la grabadora. Del mismo modo, la imagen que contemplamos en el espejo no es la misma que la que vemos en las decepcionantes fotografías. Y algo más se superpone o, mejor dicho, se niega a darnos un rostro definitivo: la memoria. Cuando nos miramos en el espejo no vemos solamente el rostro del presente (arrugas, canas, pelos en la punta de la nariz o que salen de las orejas y de los orificios nasales, bolsas amoratadas en los ojos), sino el rostro terso, juvenil y atractivo que tal vez tuvimos en el pasado.
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No podemos vernos como somos ni tampoco los demás nos ven unánimemente de la misma forma, lo que nos permite sospechar que nuestro aspecto no es real sino una apariencia, y que varía constantemente. Pero, ¿qué es más importante, creer en la imagen del espejo –todos ofrecen invariablemente la misma– o en la que necesitamos creernos nosotros? Hay unos datos objetivos. Sigo midiendo el metro ochenta y tres de siempre, y a pesar de que, al dejar de beber y de fumar, he pasado de los 65 a los ochenta kilos, me considero una persona delgada, ahora con una ligera barriga que disimulo respirando hondo. No soy exactamente guapo, pero sí puedo creer que soy interesante. Mi nariz está a punto de ser, de tan larga, ridícula, pero no llega a serlo. La frente despejada me da un cerebro orteguiano. Mis ojos son más expresivos y más temidos que mis palabras. Tengo una personalidad para unos atractiva y para otros irritante y muchos, yo entre ellos, confunden mi inteligencia con mi arrogancia. Mis manos tienen una oratoria gesticulante muy eficaz. Camino desgarbado tal vez por la longitud desproporcionada de mis piernas o porque el tamaño de mis pies nos se corresponde con el del cuerpo. Cuerpo y cara están equilibrados, pero tienen escaso contacto. Mi cuerpo es muy vital y sensual, basta verlo al caminar. Mi cabeza razona y rechaza. Se hablan poco porque desconfían el uno del otro. Pero ya en la cama, duermen abrazados, reconciliados. Se ve a simple vista que me llamo Masoliver, no podría llamarme de otro modo. Y el niño que fui me mira como al ancianísimo hombre que todavía no soy. O eso me digo, sin esperanza, con convencimiento.
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* Juan Antonio Masoliver Ródenas (Barcelona, España, 1939) ha sido catedrático de literatura española y latinoamericana de la Universidad de Westminster, Londres. En la actualidad vive en El Masnou (Barcelona). Es crítico literario del suplemento Cultura/s del diario La Vanguardia, sin duda, uno de los más prestigiosos y respetados, tanto en el ámbito español como en el hispanoamericano. En México es o ha sido colaborador, entre otras publicaciones, de Vuelta, La Jornada Semanal, Letras Libres, Fractal y Crítica. Una amplia recopilación de artículos y ensayos sobre literatura española y mexicana ha sido recogida en Voces contemporáneas (Acantilado, 2004) y Las libertades enlazadas (2000), respectivamente. Es autor de dos antologías de cuentos españoles contemporáneos, The Voices of Desire (1993) y, en colaboración con Fernando Valls, Los cuentos que cuentan (Anagrama, 1998). Como narrador ha publicado los libros de relatos La sombra del triángulo (1996) La noche de la conspiración de la pólvora (2006) y La felicidad/El jardín de las jaulas (2009), y las novelas Retiro lo escrito (1988), Beatriz Miami (1991) y La puerta del inglés (2001). Ha traducido, entre otros, a Cesare Pavese, Carson McCullers, Djuna Barnes y Vladimir Nabokov. Su obra poética ha sido recogida en Poesía reunida (1999). Posteriormente, ha publicado La memoria sin tregua (2002), Sònia (2008) y el libro de poemas en catalán, El laberint del cos (2008).
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La foto de Juan Antonio Masoliver Ródenas, "de mis escasos años de pseudopureza", como él mismo la define, la hizo Eugeen Haas, colaborador de la revista Il Mare (1932-1933), de Ezra Pound, publicada en Rapallo (Italia), de cuya redacción también formó parte Juan Ramón Masoliver, tío de nuestro autor y uno de los grandes periodistas culturales de la postguerra española. Haas era un fotógrafo profesional, aunque en Il Mare ejercía de comentarista literario de la actualidad alemana. Juan Antonio, los amigos le llamamos siempre Tono, tendría unos doce años. Está hecha en la galería de la casa de Rambla de Cataluña donde vivía con su hermano, su padre, los abuelos y su tío Juan Ramón, cuando no estaba de viaje, ejerciendo de corresponsal de La Vanguardia. Haas solía quedarse en la casa cuando pasaba por Barcelona. Pero lo que más me impresiona de la foto es que en ese niño, tanto en su leve sonrisa, como en la mirada y en el gesto, están ya el Masoliver que yo he conocido y tratado.
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* Las obras son de R.B. Kitaj, su "Autorretrato" y un retrato de Ezra Pound.
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5 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Leyendo este estupendo e irónico autorretrato he reconocido al Masoliver que conocí en Montcada. Desde tu nave le mando un saludo afectuoso.

Alfredo J. Ramos dijo...

Excelente retrato, lleno de inteligencia y, supongo, de ironía. Que la frente despejada le proporcione a uno un cerebro orteguiano tiene su miga. Una entrada muy interesante.

Javier Quiñones dijo...

Sugestivo y muy bien escrito este autorretrato. No reconocer nuestra propia imagen, tener dudas acerca de cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos ven los demás, extraviarnos en el laberinto de los espejos que caprichosos nos dan siempre una imagen distinta de quienes somos, aunque sea siempre la misma imagen... Muy bien.
Un abrazo y enhorabuena por el texto a su autor. Javier.

Pedro Herrero dijo...

No podemos vernos como somos, dice el autor. Pero los buenos escritores tienen la potestad de describir lo que ocurre a ambos lados del espejo. Con ello enriquecen al lector, que en este caso puede aprender por igual del anciano que será y del niño que, pese a haber sido, aún sigue mirando con la misma curiosidad.

Isabel dijo...

Buena pregunta la que nos hace hacia la mitad de este magnífico autorretrato. ESA ES LA CUESTIÓN.
Y de como nos contestemos ¿depende cómo vivir nuestra vida...?

Pienso que sí.

Saludos