lunes, 19 de octubre de 2009

JUAN ARMANDO EPPLE

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5 microQuijotes
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"Razones son amores"
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Alonso Quijano, rechazado por la molinera de la aldea, decidió terminar sus días lanzándose contra el molino de viento. Al verlo tan maltrecho el bueno de Sancho, que algo sabía de amores, le puso unas compresas al destartalado hidalgo, inventó la aventura de los gigantes y lo demás es historia conocida.
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"Nombres propios"

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Influido por la lejanía o la nostalgia, Sancho le describía a su amo las bondades de una molinera del pueblo, pensando en Teresa. Don Quijote, que bien recordaba a Teresa desde aquella cena de despedida, cuando el bueno de Sancho se quedó dormido abrazado a la armadura que había prometido limpiar, se dedicó a describirle las bondades de Dulcinea del Toboso, esperando que Sancho la identificara con la molinera.
Teresa se extrañaba después cuando, en la efusión amorosa, don Alonso Quijano la llamaba Aldonza, pero entendía que los hombres, cuando viajan muy lejos, no sólo extravían la ruta, sino también los nombres.
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"Don Aldonzo"
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Cuando don Quijote supo que Aldonza Lorenzo venía a visitarlo, se fingió cuerdo y anunció que desde hoy en adelante se llamaba Alonso Quijano. En los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño, dijo. Sancho anunció alarmado que su amo se negaba a salir a correr nuevas aventuras. Pero Aldonza entendió otra cosa.
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"El arte del realismo"
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Dos hombres descomunales les cerraron el paso, blandiendo sus lanzas como aspas de molino. Sancho se escabulló entre las piernas de uno de los gigantes, pero su amo recibió un golpe de refilón que lo lanzó por los aires. Después decidió cambiar la versión de los hechos. Si no lo hago, se dijo precavido, van a pensar que el loco soy yo.
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"Por unos dólares más"
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Cervantes cuenta que el viejo hidalgo era asistido por “un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera”. Marco Denevi reparó en que este personaje nunca más se menciona en la novela. Algún lector del siglo XIX sugirió que el hidalgo había sorprendido al mozo con la sobrina y lo expulsó de la casa. Pero la explicación verdadera ya la conocía Cide Hamete, quien decidió eliminarlo del libro por una razón valedera: don Alonso Quijano le había ofrecido al mozo el puesto de escudero, pero este rechazó la oferta porque no incluía paga extra. El mozo perdió una oportunidad de ser conocido por los siglos venideros porque no sabía que la fama puede atraer dinero a veces, pero no a la inversa.
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* Juan Armando Epple (Osorno, Chile, 1946) es profesor en la Universidad de Oregón (Estados Unidos) y uno de los mejores conocedores del microrrelato hispanoamericano, y en especial del chileno, materias a las que le ha dedicado varias antologías, como Brevísima relación. Nueva antología del microcuento hispanoamericano (Mosquito, Santiago de Chile, 1999) y Cien microrrelatos chilenos (Cuarto propio, Santiago de Chile, 2002). Es autor, además, de una recopilación de MicroQuijotes (Thule, Barcelona, 2005) y de un excelente libro de microrrelatos, Con tinta sangre (Thule, 2004). De estas cinco piezas que ahora publicamos, los dos últimas son inéditas y forman parte de su nuevo libro, Para leerte mejor y otros prodigios, todavía sin editor.
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* Los cuadros son de Salvador Dalí.
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4 comentarios:

Javier Navarro dijo...

Excelentes estos microrrelatos, y muy originales en su temática. Me ha gustado esto de escribir historias paralelas a la de la obra de Cervantes. Me encantó el de "El arte del realismo".

Gracias Fernando!

Hiperbreves S.A. dijo...

La verdad es que, casualmente, estos ideas intentaba escribir un microrrelato inspirado en El Quijote y ¡no sabía que había todo un libro dedicado a microquijotes! En fin. Lindo ejercicio literario.

Fernando Valls dijo...

Raúl, creo que no se pueden escribir buenos microrrelatos sin haber leído, al menos, a los clásicos del género.

Hiperbreves S.A. dijo...

En eso estamos, devorando antologías de aquí y de allá, fantásticos libros de cabecera como tu "Soplando vidrio" y clásicos de Max Aub, Mateo Díez, De la Serna, Matute, Merino, Monterroso... Poco a poco vamos sumando voces y experiencias a un género al que, en mi caso, llegué por necesidad creativa sin nada más que vagas referencias, cual descubridor de Las Américas. Y en eso estamos. Aprendiendo con la fórmula del ensayo-error.