domingo, 4 de mayo de 2008

El Vázquez Montalbán de Xavier Albertí: Crónica sentimental de España

Para Georges Tyras


En 1969, Manuel Vázquez Montalbán publicó en la revista Triunfo una serie de reportajes que gozaron de gran aceptación, hasta el punto de que aumentaron las ventas del semanario. Me refiero a Crónica sentimental de España, que aparecerían en forma de libro dos años después, en la editorial Lumen. A la manera brechtiana, el autor pretendía hacer una contralectura de la cultura popular, de las canciones de moda durante las dos primeras décadas de la postguerra española.


El director, dramaturgo y actor Xavier Albertí, ha creado un paródico espectáculo de cabaret inspirado en aquel libro, pero valiéndose también de otros de autor, con excelentes resultados, debido al singular tratamiento que le da a cada uno de los números. Los cinco intérpretes, acompañados al piano por Albertí, que hace también de relator, están espléndidos, barajando humor, ironía y una cierta distancia crítica, por lo que cuesta trabajo destacar a ninguno de ellos. Me inclino, sin embargo, por la siempre maravillosa Lina Lambert, con su interpretación en árabe del pasadoble "¡Que viva España!", y por Xavier Pujolràs (por su trabajo en este espectáculo se le ha concedido el Premio Butaca al mejor actor de comedia musical), interpretando "Mi jaca", transformado en una folklórica enana, y haciendo de Raphael y de Michael Pffeifer sobre el piano. Pero, sobre todo, es una pieza coral, en la que el juego del relato, de la interpretación atípica de numerosas y muy conocidas canciones ("Rascayú", "La vaca lechera", "Mi casita de papel"), de la búsqueda de la complicidad y de la participación del público, es donde funciona este magnífico espectáculo, lo más parecido al cabaret literario que he visto en nuestro país en mucho tiempo. De la crítica no se libra apenas nadie, desde Aznar hasta la Banca Catalana, del señor Pujol, que Dios tenga en su gloria. Por aquí desfilan las sombras musicales de Concha Piquer, Raphael, Alaska, Joaquín Sabina ("Yo quiero ser una chica Almodóvar"), o el celebérrimo cantable de la zarzuela El niño judío, "De España vengo".



Lo que aquí se pone de manifiesto es cómo el poder se apropió de la música popular, de los sentimientos que propagaba, para crear una determinada moral, aquí completamente desactivada. Pero a estas alturas, se trata -ante todo- de entretener y emocionar al espectador, por encima de todo, sin olvidar aquella frase de Antonio Machado rememorada por Vázquez Montalbán, de que "todas las emociones están educadas". Sí, casi todas, y más en estos tiempos tan inocentes y tonrorrones que nos ha tocado vivir. El mayor elogio que podemos dedicarle a este espectáculo, estrenado en el 2006, es afirmar que nos supo a poco, por ello quizá se palpaba en el ambiente que los espectadores estaban disfrutando de lo lindo, hasta el punto de que me atrevo a afirmar que si hubiera podido verlo, le hubiera arrancado más de una sonrisa al poco expresivo pero entreñable Manolo.

1 comentario:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Tomo buena nota, Fernando, y haré lo posible por verlo en Madrid o Sevilla (si llega). Gracias.