viernes, 9 de mayo de 2008

A vueltas con el bilingüismo


"Josep Pla escribió en castellano por necesidad, porque estaba prohibido hablar en catalán. El bilingüismo le hizo escribir un mal castellano".
Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña, declaraciones realizadas en una conferencia pronunciada en Madrid, CaixaForum, el pasado 9 de abril.



"Los niños bilingües tienen mejor desarrollo cognitivo: aprenden mejor (...) Muchos padres anglosajones envían a sus hijos a escuelas francesas (...) El gobierno canadiense invierte cantidades ingentes en que cada niño pueda mantener la lengua materna y estar orgulloso de ella: sea urdu o swahili (...) La preferieble es (...) una sociedad cohesionada donde todos interactúan sin renunciar a sus propias identidades, y así conviertes la diversidad en un valor y una oportunidad, y no en un problema".
Elisabeth Coelho, pedagoga especialista en educación multicultural y plurilingüe (La Vanguardia, entrevista de Lluís Amiguet, 4 de febrero del 2008).
......

20 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

El segundo comentario es un hecho que conoce cualquiera que haya cursado Filología. Tal vez si los políticos consultaran con los filólogos (que al fin y al cabo, son los expertos en estos asuntos) antes de hablar, no dirían tantas barbaridades.

Anónimo dijo...

Una lengua, una nación. Un estado plurilingüe, un grupo de tribus que se miran con recelo. Déjense de insensateces: Europa unida bajo una misma bandera, la del idioma común. Nos interesa estar unidos.

Por cierto, la señora Pilar Raola se quejaba amargamente ayer en la tertulia de Julia Otero. Según ella, los catalanes deberían mimar más "su" lengua y, esto es obvio, emplearla más. Ese mismo día yo había comprado LA VANGUARDIA antes de comer. Por lo del suplemento cultural, que aun no lo conocía. Y el periódico está escrito en castellano. Sólo se permiten escribir en catalán un par de páginas inciales del suplemento y las cartas al director (es sospechoso eso de que los lectores de LA VANGUARDIA lean el diario en castellano y luego se dirijan a su redacción en catalán...). En cualquier caso, entre los artículos de opinión del periódico, vi el de Pilar Raola. Por cierto, en español, es decir, en ese idioma que no es el suyo. ¿Por qué no escribe la señora Raola en catalán? Y el señor Adriansens, en el colmo de la hipocresía (últimamente insulta más que habla), pretendió establecer cierto paralelismo entre España, Bélgica y Suiza. ¡¡¡¡Puso a Bélgica y Suiza como modelos de estado plurilingües!!!! Y se atrevió a sentenciar que allí todo el mundo estudia los idiomas del país (y eso que antes había afirmado que en Amberes no se le ocurra a uno dirigirse a alguien en francés porque no te iba a contestar)... Lo mejor de todo es que Bélgica, debido al idioma, está a punto de separarse en dos. Lo mejor es que NADIE en Ginebra habla alemán, nadie en Lugano querrá hablarnos en alemán y dirigirse a un ciudadano de Zurich en francés no es la mejor forma de iniciar una conversación.

Probablemente haya en Islandia una localista que se queje de que el mundo no quiere estudiar islandés y, claro, entonces nadie puede leer sus artículos. Así que escribe en inglés. Claro, ella tiene que ser la comprensiva, el planeta Tierra no. Bueno, a lo mejor nadie la lee tampoco en inglés.

Un saludo para los que entienden que este idioma es el suyo i molts besets per la senyora Raola, a la que no voy a leer en catalán ni en español.

R. Hurtado.

Fernando Valls dijo...

La señora Rahola, Rafael, se ha moderado mucho, con respecto a las cosas que decía cuando estaba en ERC. Lo más grave, de todas formas, es lo que afirma sobre la lengua de los catalanes. Los nacionalistas no van a acabar de enterarse nunca de que unos catalanes tienen como lengua propia (por usar su misma terminología) el catalán y otros el castellano.
Respecto a Suiza, país que conozco bien, los suizos de lengua alemana suelen hablar francés, pero en la vida cotidiana no suelen utiliarlo; los suizos franceses, en cambio, no suelen hablar alemán. O sea, que el señor Adriansens habla por hablar, como los tertulianos de la radio, en general.

Julia dijo...

¿Quiso decir en señor Pujol que Josep Pla fue un mal catalán y un cobarde por no haber escrito en su propio idioma, el catalán? ¿Qué le habría pasado si lo hubiera hecho? ¿Cömo sabe Pujol que el castellano de Pla era malo?
Da la impresión de que no sabe muy bien cómo pueden interpretarse sus palabras.

Humanoide dijo...

Propongo el jeringoso como idioma universal

Juan Carlos Márquez dijo...

Yo prefiero la segunda receta:
A mi hijo Beñat, que acaba de cumplir diez meses, su madre le habla en euskera y yo en castellano, y estamos decididos a que estudie en un colegio bilingüe de español e inglés. A mí no saber idiomas me ha limitado mucho personal y profesionalmente, aparte de que saber idiomas le agranda a uno el mundo, y no quiero que a mi hijo le ocurra lo mismo.

Anónimo dijo...

Rahola y no Raola. Perdón.

Hola, Fernando:

Llevas razón en todo.

La lengua y la religión han sido dos fuentes históricas de conflicto. Ahora que DIE ZEIT alerta a sus lectores de que el fantasma del nazismo vuelve a resurgir en el corazón de Europa por enésima vez, recuerdo una portada del semanario alemán de hace unos pocos años acerca de la conveniencia (o del riesgo) de aceptar a Turquía como miembro de la U.E. Podía leerse, si la memoria no me falla, el reproche de un intelectual turco que se preguntaba en la primera página: "¿La U.E. es un club exclusivo para socios cristianos?"

La xenofobia y la religión han sido primos hermanos tantas veces... Lo que parece ignorar mucha gente es que a Hitler le provocaba úlcera de estómago la religión católica, pero creía ver en el musulmán una mezcla perfecta (la buena religión musulmana...) de creyente puro, hombre aguerrido y (ya en el delirio patológico) descendiente ario. Es más, entre los planes de Hitler estaba, una vez se acabara la guerra y se hubiera asesinado al último judío, convertir a la Humanidad a la fe islámica. Muchos miembros del partido nazi que salvaron la vida tras la derrota del 45 viajaron hasta Oriente Medio para vivir bajo otra identidad hasta su muerte. Entre tanto, se habrían convertido en musulmanes y conspirarían contra los intereses del Occidente cristiano. Suena a chifle, okey, pero es que lo que sucedió en Europa durante el siglo XX cuesta creerlo. Cuesta creer que hoy en día haya personas que nieguen el Holocausto y cuesta creer que la U.E. subvencione a Palestina para que, con ese dinero, los fanáticos islamistas compren armas a Rusia con las que pretendan intimidar a... ¡¡la U.E. y sus socios!! Me produce perplejidad ver tanta manifestación neonazi de la mano de una derecha conservadora y católica que debería posicionarse lejos de ese ideario.

Al margen de eso y volviendo a la España de nuestros días, creo que el problema lingüístico representa uno de los mayores desafíos sociales a los que se enfrenta la nación (España es uno de esos pocos países a los que se les puede llamar nación, mérito (o no) que, sin embargo, parecemos despreciar). Pero, en vez de volar alto, convendría fijarse en lo que este impuesto bilingüísmo conlleva cotidianamente. Por ejemplo, que un profesor de lengua y literatura españolas que pretenda aspirar a un puesto como profesor funcionario en un I.E.S. de Cataluña (y de otras regiones bilingües) debe saber catalán. ¿En qué idioma se lee EL QUIJOTE en Cataluña? ¿En qué idioma se imparte la gramática española?

No recuerdo ahora qué nivel de valenciano exigían para presentarse en la Comunidad Valenciana, pero, por lo visto, era de académico de la lengua en adelante (vamos, que no lo conseguiría ni un propio valenciano al que, casualmente, se le da "por supuesto" ya que ha cursado la educación obligatoria en el sistema de educación bilingüe). Me gustaría saber cuántos valencianos superarían la prueba...

Y qué decir del País Vasco... Si uno aspira a trabajar allí como médico ya sabe cuál es el criterio de selección: el doctorado vale 4 puntos y el conocimiento de euskera batúa, 16. No me extraña que luego algún viejo lendakari de esos que no sabían ni decir agur se fuera de operaciones a terra incognita, al sur, donde los barbudos imperialistas. Por cierto, que lo del euskera batúa da para una entrada en el futuro DSM V.

Gracias a esas políticas de bilingüismo se favorece siempre a los paisanos y se perjudica al que viene de otra región. Llega hasta tal extremo de insolidaridad que, siguiendo con el asunto de las oposiciones, cuando se convocan a los opositores a las pruebas de acceso cada dos años, en las regiones bilingües o no coinciden las fechas con el resto de España o directamente hay exámenes cada año. De ese modo, valiéndose del idioma, un catalán pudo opositar en 2007 en Cataluña. Si no logró la plaza, puede intentarlo ahora, por ejemplo, en Zaragoza. No así un pobre aragonés en Cataluña. ¿Es esto justo?

Un saludo,
R. Hurtado.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Hay dos tipos de bilingüismo: el de las personas y el de los países o regiones. Y no se es bilingüe simplemente por vivir en estos. En cuanto a Bélgica, país citado por Anónimo y en el que he vivido algún tiempo, hay varias lenguas oficiales (hasta tres: neerlandés, francés y alemán), pero hay ciudadanos flamencos, por ejemplo, que se niegan a hablar en otra lengua que no sea el neerlandés. Se ha llegado a tal extremo de politización de las lenguas, que en la parte flamenca prefieren el inglés (lengua no oficial y ajena a su historia) al francés (no sólo oficial, sino vinculada a su historia, mal que a muchos les pese). Hay una defensa política de las lenguas que las convierte en el ombligo del mundo, privándolas muchas veces de su ventaja primordial: la comunicación con el mayor número de personas posible. Un ejemplo: desde Amsterdam se está coordinando a un equipo internacional de expertos en la obra de Erasmo de Rotterdam, para publicar su obra completa en latín. Es un gran proyecto de calado internacional. Pues bien, no se les ha ocurrido otra cosa que hacer las introducciones y las notas al texto latino en neerlandés, lengua endiabladamente compleja que domina un reducidísimo número de personas en el mundo. Un proyecto carísimo, importantísimo, pero sólo legible en su integridad por unos pocos.
Como en tantos otros aspectos, el nacionalismo cercena, mutila y simplifica en aras de supuestas reivindicaciones legítimas.

Fernando Valls dijo...

No sé si entiendo bien lo que quieres decir, Rafael. El bilingüismo responde a la realidad de los ciudadanos de Cataluña, donde una mayoría son ya realmente bilingües; otros son bilingües pasivamente (hablan una lengua y entienden la otra); mientras que otros, quizá una minoría, son monolingües, en una u otra lengua.

En los últimos años se ha invertido la situación y son los jóvenes catalanohablantes, aquellos que proceden de zonas en las que casi sólo se habla el catalán, los que empiezan a tener problemas con el castellano. En mis clases ya he tenido alumnos que no hablan castellano con fluidez, lo que es buena prueba del fracaso de la política lingüística catalana.

El bilingüísmo siempre es un bien, y no digamos dominar tres lenguas, o más, eso ya es un lujo, al que habría que tender, pero olvidamos que todos estos jóvenes deberían antes dominar a la perfección ambas lenguas: castellano y catalán.

Mega dijo...

"El bilingüismo le hizo escribir un mal castellano", afirma Pujol. Y yo me preguntó: ¿en tan mal concepto tiene el bilingüismo? ¿No será que, en el fondo, anhela que en Cataluña sólo se hable catalán? Y de ser así, ¿le importa algo a Pujol el pensamiento ajeno, el respeto al otro que tanto reclaman los nacionalistas para sí?

Que conste que soy una catalanohablante licenciada en Filología Española que habla, si se tercia, inglés y alemán. (Y disculpad que, al final, me ponga pedante.)

Un saludo

Anónimo dijo...

Hola, Fernando:

Creo que es un problema político. A mí me gustaría que en España sólo se hablara español, de igual forma que en Francia, Inglaterra o Alemania sólo se hablan francés, inglés y alemán respectivamente.

En tal caso, el bilingüismo serviría al ciudadano español para hacerse entender fuera del país en esa segunda lengua, que podría ser, por ejemplo, el inglés, mayoritariamente aceptado hoy en día como el idioma internacional.

La condición de políglota ayudaría al ciudadano español no sólo a hacerse entender en inglés, sino en una tercera o cuarta lengua. Ahí podría escoger cada español la que más le gustase. Si siente interés por Alemania, el alemán; si por China, el chino, etc.

Saber siempre es positivo y suma. Nadie en su sano juicio rechazaría el conocimiento de un idioma, así que cuantos más se hablen tanto mejor. El problema de España es que hay zonas en las que, debido al bilingüismo, uno se siente como si estuviera en el extranjero y, si aspira a vivir y trabajar en esa zona, se ve forzado a aprender el otro idioma. Pero, claro, es muy extraño que, viviendo en tu propio país, pudiéndote entender con tus nuevos vecinos en español, tengas que aprender otra forzosamente y que debas hacerlo en detrimento, por ejemplo, del estudio de una lengua de mayor peso y cuyo conocimiento sería imprescindible para entenderte con los ciudadanos del país donde se habla ese idioma y sólo ése. En tal caso, la diferencia entre un bilingüe catalán y un bilingüe madrileño será que el catalán habla español y catalán, y el madrileño español y probablemente inglés. ¿Le servirá el idioma catalán al ciudadano de Cataluña para hacerse entender con él fuera de Cataluña?

Ahí viene el problema político: para trabajar en Cataluña se ha fijado la necesidad absolutamente innecesaria y ficticia de hablar catalán. Nos podríamos entender en español, que es lo práctico, lo que une a los españoles. En lugar de eso, se obliga a conocer el catalán. Es decir, en vez de mimar el catalán como una lengua que los ciudadanos pueden hablar, se ha impuesto la cooficialidad, de modo que es un idioma que se tiene que hablar. ¿Resultado? Que o pasas por el aro o te vas a otra región. En cambio, el catalán sí podrá ir a las zonas que no son bilingües para trabajar y establecerse allí porque nadie le pedirá otra lengua que el español. Y eso es terriblemente injusto. Es injusto crear una frontera, un muro lingüistico entre ciudadanos de un mismo país.

No me parece mal que de forma espontánea un grupo de amigos, un matrimonio o quien sea hable esa sengunda lengua que se habla allí y punto. Pero el carácter cooficial... ah, ése es el problema. Que alguien te diga: "Aquí vale lo mismo catalán que castellano. O hablas catalán o te vas". ¿Que me voy? ¿Cómo que me voy? Si YA estoy. O, por lo menos, aún. Llegará el día en que la cooficialidad levante definitivamente la frontera entre Cataluña y el resto de España y entonces ya hablemos de dos países independientes. Por eso el fervor político de los nacionalistas por imponer su idioma: porque así se consigue la independencia.

Un país, una lengua. Está más claro que el agua. El problema es la miopía atroz del nacionalista. ¿Vivirán mejor los catalanes bajo la bandera de Catalunya o bajo la bandera española? Ahí lo dejo.

Un saludo,
R. Hurtado.

Fernando Valls dijo...

Te olvidas, Rafael, de los derechos de los catalano, vasco y gallegohablantes, que tienen los mismos que tú y que yo a poder vivir en su lengua, con normalidad absoluta. Tienes razón en que se cometen atropellos, pero no sólo en la periferia con el castellano.
Y tampoco estoy de acuerdo en que sea mejor tener una única lengua, creo que un país que tiene cuatro lenguas oficiales debe vivirlo como una riqueza que debe fomentar y apoyar; aunque, eso sí, impidiendo que los más radicales e intoleranes cometan atropellos.

Anónimo dijo...

De acuerdo, Fernando: sólo un apunte. Cuando dije que me gustaría que en España sólo se hablase una lengua quise decir de modo oficial. Así las personas que llegasen a Cataluña querrían de un modo natural aprender el idioma que sus colegas a veces usan y que ellos no entienden. La cooficialidad, la imposición de ese idioma (su burocratización), es lo que no me gusta. Un idioma, además, no entiende de leyes: se las salta a la torera. Un idioma es por naturaleza un fenómeno dinámico. Es como querer ponerle fronteras al aire y acotarlo en departamentos.

Que la gente aprenda el catalán, el gallego o el idioma que quiera, pero no por ley. Creo que la única lengua que debería estar en la Constitución es la castellana, pero ésa es mi opinión. Fuera de la Constitución habría incluso más vida para las lenguas cooficiales y muchos españoles simpatizarían con ellas y querrían conocerlas. Al final, lo de siempre: la política lo pudre todo.

Un día deberíamos hablar del euskera batúa.

Un saludo y gracias, Fernando, por tus comentarios y actualizaciones constantes.

Rafael.

Juan Carlos Márquez dijo...

El señor Hurtado podría dedicar no sólo un día a hablar del euskera batua (sin tilde, por favor) sino dos o tres décadas porque la ignorancia no conoce límites.

Fernando Valls dijo...

Bueno, Juan Carlos, tampoco es eso...

Anónimo dijo...

No he entendido el comentario de don Juan Carlos Márquez. Me ha parecido fuera de tono y bastante agresivo. Y euskera batúa se puede escribir con tilde. Igual que España con 'h' inicial. Todo depende del enfoque. En cualquier caso, debería referirme al eusquera unificado o vascuence fantástico. Ése que se inventó un perturbado mental llamado Sabino Arana y que le tuvieron que poner gramática varias décadas después porque el pobre imbécil no sabía si la palabra que se había inventado para el País Vasco que quería vender al mejor postor extranjero se escribía Euskadi o Euzkadi. Y si tiene el señor Márquez algún problema, viendo que vive en Madrid, le invito a quedar conmigo y que me lo desmienta en persona, pero insultos no se los consiento a nadie. Y menos que un desconocido me llame ignorante.

R. Hurtado.

Fernando Valls dijo...

Bueno, bueno..., Rafael y Juan Carlos, estoy seguro de que si os sentáis a charlar un rato sobre el asunto, ¿en la Librería las Tres Rosas?, os ponéis de acuerdo.

Juan Carlos Márquez dijo...

Creo que mi respuesta anterior está fuera de lugar y le pido disculpas por ello, señor Hurtado, pero todos los nacionalismos son inventados, el de Sabino Arana y el de los Reyes Católicos, en el principio de todas las naciones siempre hay una invención y una ambición. Usted puede criticar a los nacionalismos y su manera de gestionar sus lenguas, pero yo pienso que usted es tan nacionalista como ellos.

Anónimo dijo...

De acuerdo, señor Márquez. Acepto sus disculpas y espero que podamos coincidir en futuros temas que don Fernando nos proponga en su excelente bitácora.

Un saludo y suerte con sus próximas publicaciones literarias.

R. Hurtado.

Juan Carlos Márquez dijo...

Suerte y salud para usted, señor Hurtado. Seguro que coincidimos en futuros temas, claro que sí.