sábado, 10 de mayo de 2008

10 de mayo de 1933: la quema de libros en la Opernplatz de Berlín

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Hoy se cumplen 75 años de la quema de libros por los nazis en la Opernplatz de Berlín, símbolo de la muerte de la razón. Voluntarios de la S.A. (los camisas pardas) y de las Juventudes Hitlerianas, pero también ciudadanos corrientes, destruyeron 20.000 publicaciones de filósofos, científicos, poetas y escritores, considerados peligrosos y antigermánicos. La simbólica operación fue dirigida por Goebbels, ministro de propaganda, mientras proclamaba que "Alemania había comenzado a limpiarse interna y externamente". Muchos de estos autores fueron asesinados, arrestados o tuvieron que exiliarse, como les ocurrió a los 24 premios Nobel de Alemania y Austria que se refugiaron en Estados Unidos. Se cuenta que Sigmund Freud comentó al enterarse: "es un gran progreso con respecto a la Edad Media; ahora queman mis libros, y entonces me hubieran quemado a mí".



El Consejo de Cultura alemán ha decidido dedicar el aniversario al recuerdo de toda una serie de autores que padecieron dicha purga, rescatados por Volker Weidermann, autor de El libro de los libros quemados, quien ha desenterrado a 131 de estos escritores, entre los que aparecen Lion Feuchtwanger, Emil Ludwig, Heinrich Mann, Theodor Plevier, Erich Maria Remarque, Arnold Zweig…, por no recordar a los celebérrimos Heine, Marx, Thomas Mann, Freud o Brecht.



Los motivos para verse incluidos en la lista negra elaborada por el bibliotecario Wolfgang Hermann fueron diversos. Algunos como Zweig fueron condenados por promover el pacifismo; otros por sus tendencias comunistas o socialistas; otros aún, simplemente por cultivar un modernismo revolucionario y librepensador que irritaba a los nazis. Aunque el pecado mayor para acabar en la hoguera consistía en ser judío. Es lo que le sucedió, por ejemplo, a Arthur Holitscher, un modesto escritor de principios de siglo que pasó a la posteridad como el modelo en el que se basó Thomas Mann para componer el grotesco Detlev Spinell, personaje de Tristán.
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Como escribió Philip Roth, todos los escritores cuyos libros fueron quemados por el III Reich fueron dignificados por las llamas. Pero no olvidemos tampoco que, en algunas ciudades españolas, se produjeron actos similares tras la guerra civil, quemas públicas de libros, como en Almería, mi ciudad natal.
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Hoy, la plaza lleva el nombre del líder socialdemócrata August Bebel. La Bebelplatz, junto a la Unter den Linden, ha vuelto a convertirse en uno de los espacios más céntricos y transitados de la ciudad. En ella se encuentra nada menos que la Staatsoper (la Opera estatal, a la izqda. de la foto), la Universidad Humboldt (a la dcha.), la catedral católica, dedicada a Santa Eudivigis (al fondo, a la izqda.), y el elegante Hotel Roma (junto a la catedral). En el centro de la plaza, para que sirva de recuerdo permanente, se halla el monumento a la quema de libros, una losa de cristal a través de la cual es posible apreciar unas estanterías vacías, de un blanco clamoroso; así como una frase premonitoria de 1817 del poeta Heine (cuyo monumento se encuentra muy cerca, junto al edificio de la Humboldt, al otro lado de la avenida) que reza así: "Eso sólo fue el preludio; ahí donde se queman libros, se termina quemando también a las pesonas".
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10 comentarios:

Freia dijo...

Hay ciertas fechas y ciertos hechos históricos que no se deben olvidar nunca, para vergüenza de quienes nos consideramos animales racionales y dotados de inteligencia. Ojalá saquemos provecho de aquellos errores.
P.D. Aunque las circunstancias, evidentemente, no son las mismas... ¡qué pena que 75 años después un sesudo jerifalte de la ¡¡¡UNESCO!!! hayan repetido tan lamentable y bochornoso espectáculo!

Antonio Serrano Cueto dijo...

Inquietante amor el del fuego por los libros. Y magnífica la sorna de Freud, que, sin embargo, contradice la célebre frase de Heinrich Heine: "Allí donde queman libros, acaban quemando hombres". Como lector de tu blog, te agradezco la abundancia de detalles sobre aquel triste Fahrenheit 451.

Julia dijo...

Fernando, gracias por recordar esta fecha.

TOMÁS dijo...

"Los libros arden mal", diría Rivas y creo que el "Bibliocausto" nazi ardió demasiado. Es de recordar que en el mismo mes de mayo, el día 2, ya empezó Goebbels su tremebunda hoguera en Leipzig; el 5 del mismo mes en la Universidad de Colonia; el 6 en el Instituto de Investigación Sexual de Berlín, que provocó las famosas palabras de Freud que has citado;y el 10 culmina todo en la quema a la que te has referido.El mismo 10 se quemaron libros en más ciudades alemanas, a saber: Bonn, Bremen, Braunschweig, Breslau, Dortmund, Dresden, Frankfuert, Main, Kiel, Münster, Nürenberg, Rostock, Worms y Würzburg. La cosa no quedó ahí, durante el 17 y el 20 prosiguió la frebil intención de Goebbels de hacer renacer el verdadero espíritu alemán de aquellas llamas que fogueaban las plazas de las ciudades.Hitler, el mismo 10 de mayo, mientras cenaba y le comunicaban las andanzas de Goebbels, declamó en público: "Cree en lo que hace".
Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Joaquín dijo...

Y también da que pensar que los libros queman mal, y no son buena leña para una hoguera...

Fernando Valls dijo...

Gracias a todos por los comentarios, y a Tomás por proporcionarnos más datos.
A ver si alguien se anima a darnos información sobre la quema de libros en España, que parece que hubo bastantes durante los primeros años de la postguerra.

Fernando Valls dijo...

Freia, a qué te refieres con lo de la UNESCO. ¿Podrías explicárnoslo?

Humanoide dijo...

Excelente post.
Me viene a la mente "una soledad demasiado ruidosa".
A los que les haya interesado el post... pueden curiosear ahí. Excelente libro de un escritor monumental.
Saludos, camarada

Antonio Serrano Cueto dijo...

Aunque supongo que tú lo conocerás, dejo aquí los datos de este libro para el lector interesado:

Fernando Báez, Historia universal de la destrucción de libros. De las tablillas sumerias a la guerra de Irak, Barcelona, Destino, 2004.

Báez dedica un capítulo a la Guerra Civil (de la Posguerra española no habla).

Freia dijo...

Fernando, te remito a dos entradas que escribió un gran amigo de la blogosfera. La primera da la noticia; la segunda remite, por razones obvias a la película de Truffaut.
Parece que la noticia fue publicada por EL MUNDO, pero el artículo no tiene acceso libre en la red, así que te dejo este enlace por si te resulta útil.
Evidentemente los motivos no son los mismos, pero la UNESCO, por ser precisamente la UNESCO, debería tener un poco más de tacto; amén de que destruir buena parte de una enciclopedia, volviéndola así irrecuperable, no es la mejor tarjeta de presentación para nadie, por mucho que se alegue falta de espacio.