jueves, 29 de marzo de 2012

Vuelve la quema de libros

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Una de las librerías que suelo visitar cuando estoy en Madrid es la Antonio Machado, situada en los bajos del Círculo de Bellas Artes. Siempre encuentro algo que me interese, e incluso a veces me encuentro con algún viejo amigo, como Jon Juaristi, con quien me topé en febrero pasado. Dice una noticia de agencia que un hombre ha intentado quemar sin éxito la entrada de esta librería. Parece ser que a primera hora de la mañana se sentó en la terraza situada en la calle Marqués de Casa Riera y en un momento determinado les prendió fuego a varias sillas, alcanzando con ello la entrada del establecimiento. Por fortuna, el fuego fue extinguido rápidamente por los trabajadores de la empresa, alertados por la alarma contra incendios, sin que hubiera daños personales ni materiales.
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En un clima social tan enrarecido como el actual, con la grave crisis económica que padecemos, la quema de libros suele ser siempre el primer paso frente a aberraciones todavía mayores. No puedo dejar de pensar en Alemania, en la España de la Victoria o, más recientemente, en Chile y Argentina. Esperemos que, por una vez, los síntomas sean engañosos. Y, sin embargo, causa desazón leer en la prensa que determinados políticos corruptos, militantes de un partido nacionalista y católico catalán, hayan obtenido el indulto; o que los miembros de Consejo General Poder Judicial tengan como norma la práctica de la llamada semana caribeña, consistente en trabajar de martes a jueves, cargando sus viajes privados, en primera, claro, al erario público. No son más que síntomas de que el huevo de la serpiente parece seguir empollándose.
Hoy jueves, día 29, pese a encontrarme a casi 2.000 kilómetros de mi puesto de trabajo cotidiano, me he sumado a la Huelga general, aunque solo sea para poder gritar a gusto: ¡Viva la Pepa!      
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* El cuadro es de Max Beckmann.
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7 comentarios:

Manuel Marcos dijo...

Seguramente el pirómano pasará por ser una especie de tonto motivado, como diría un uruguayo. Yo me he sumado también, porque son tiempos de resta y división, sobre todo. Saludos.

manuespada dijo...

Hoy he hecho huelga, y acabo de volver de la manifestación de Madrid, que ha sido multitudinaria. A ver si conseguimos algo, a ver si no te echan por estar de baja justificada, por ejemplo, como contempla la nueva Ley. Veremos. Tiempos oscuros se avecinan. Quizá esto se note en la Literatura de esta generación. Un abrazo.

Manuel Rebollar Barro dijo...

Es un sinsentido todo lo que está sucediendo. A veces tengo la sensación de estar en una broma de esas de cámara oculta o en una especie de "show de Truman" para intentar encontrarle un significado. Lo único que nos queda es la lucha dentro de los canales de la democracia y un saber que todo pasa (sí, y que todo queda, auqnue a veces creo que actuamos como si fuera la primera vez) y que vendrán tiempos mejores.
Saludotes

Jesus Esnaola dijo...

Me has hecho recordar, Fernando, aquellos años no tan lejanos en que la librería Lagun de Donosti, se convirtió en objetivo de la kale borroka. Con frecuencia, los libros de Lagun sufrían baños de pintura y quemas cuya justificación nunca me importó un pimiento, convencido de que nunca hay justificación para ciertas cosas. Aún conservo alguno de aquellos libros chamuscados o cubiertos de pintura que compraba al día siguiente con la intención de darles apoyo, de pedirles que aguantaran, que no podían ganarnos aquella batalla.
Lagun, que se encontraba en la plaza de la Constitución, pleno corazón de la Parte Vieja, se trasladó finalmente a una zona más céntrica y menos conflictiva.
Vaya desde aquí mi pequeño homenaje a aquellos libreros que tuvieron que soportar algo que a veces pensamos que sólo sucede en las películas.

Un abrazo

Paloma Hidalgo dijo...

Puestos a quemar, se me ocurren otras cosas mucho más nocivas que los libros.
El futuro se presenta teñido de pasado en ciertas aspectos, los mismos que motivaron la huelga de ayer. Eso me hace pensar que vamos a presenciar muchas más barbaridades.

Un saludo.

Miguel A. Zapata dijo...

Bueno, yo intento conformarme con la idea de que aún le tienen miedo a los libros. Eso significará al menos que siguen considerándolos un arma peligrosa y cargada de futuro.
Quizá debamos preocuparnos cuando deje de haber índices de libros prohibidos, cruzadas contra Alonsos Quijanos o retiradas del mercado de obras incómodas.
Quizá eso significaría que ya nada les importa, o que nada tiene fuerza para seguir alentando la disidencia.
No sé, tal vez es que a uno le da por pensar que hasta lo infame es rescoldo de que sigue habiendo alguna luz a la que dar noche.
Abrazos ignífugos.

Julia Otxoa dijo...

Lo peligroso de la quema de libros, es que lamentablemente suele ser antesala o seña de indentidad de toda clase de totalitarismos, léase fascismos de todo color, fanatismos...ya sean éstos incívicos o religiosos etc Demasiado cerca tenemos en nuestra reciente historia todo eso para no tenerlo en cuenta!!!

saludos
Julia Otxoa