domingo, 4 de marzo de 2012

MÓNICA LAVÍN

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Protesta
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Los padres hacen todo lo posible por envejecer. Merodean los ochenta y se empeñan en dejar de caminar, en ver muy mal, en escuchar poco. Su esfuerzo es grande: él simula aguantar el paso no más de una calle; ella finge que las letras se le empalman en la página. Quieren que sus hijos los visiten, los lleven, los escuchen, les lean, les descifren los letreros, los sonidos. Pero los hijos se han vuelto unos niños: se tropiezan y se rompen un pie; se esconden bajo las sábanas llenos de lágrimas; se deshacen del perro y la mujer. Quieren que sus padres les den la mano al caminar, que les adviertan de las esquinas de los muebles y los enchufes descubiertos, que los cobijen en las noches y que les den palmadas asegurándoles que todo está bien.
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* Mónica Lavín (México, D.F., 1955) es autora de varios libros de cuentos y novelas. Entre los primeros,  Nicolasa y los encajes,  Ruby Tuesday no ha muerto (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 1996),  Uno no sabe, La corredora de Cuemanco y el aficionado a Schubert, Pasarse de la raya (2011). Entre las novelas La más faulera, Café cortado (Premio Narrativa de Colima 2001), Despertar los apetitos, Hotel Limbo, Yo, la peor (2009) (Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska 2010), Las rebeldes (2011), y los libros de ensayos Leo luego escribo y Apuntes y errancias (2009). Sus cuentos aparecen en antologías nacionales e internacionales. Colabora en radio e impresos. Ha impartido conferencias y hecho lecturas en foros y universidades de México y del extranjero. Bióloga de formación (UAM), es profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México en la Academia de Creación Literaria. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores. Este microrrelato es inédito. www.monicalavin.com.
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15 comentarios:

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Felicitaciones para Mónica.
Este micro es uno de esos micros que merecen guardarse dentro del corazón.

Saludos.

Elena Rius dijo...

Precioso texto.

Pedro Herrero dijo...

Un texto breve presenta la historia de un vistazo, pero además muestra con la misma inmediatez el mecanismo que mueve las frases y las proyecta tan lejos como alcanza la imaginación del lector. En este caso, se aprecia la tensión con la que Mónica distancia a los personajes en el tiempo, llevándolos a ambos extremos de una relación familiar, en ese punto en el que las necesidades de cada cual, lejos de armonizar la convivencia, la convierten en una goma elástica a punto de superar su capacidad de resistencia.

Una vez más, Fernando, nos traes a una gran autora.

PEPA dijo...

Podría ser el esquema de un guión para una peli de Bergman. El análisis amarco, y bien certero, de lo bulnerables que somos todos a todas las edades y lo duro de relacionarse desde las carencias y no desde la plenitud. Muy actual. Me ha gustado mucho. Gracias por publicarlo.

Emilia Oliva dijo...

Preciso, certera y con ciertto efecto de chorro de agua fría o bofetón para despertar. Me ha encantado

julian bluff dijo...

No le pillo el punto a la historia ¿por qué se tropiezan los hijos y cómo es que se rompen un pie? ¿por qué quieren que sus ancianos padres los cobijen bajo las sábanas? Y eso de abandonar al perro y la mujer ¿a santo de qué viene?. Psss no sé, no sé... muy forzado me parece todo, pero vaya. saludos.

Susana Camps dijo...

Me parece conmovedor por el juego de tiempos y la vulnerabilidad de las edades.
Muy hermoso.
Abrazos

Fernando Valls dijo...

Mientras que los padres envejecen y se hacen torpes, los hijos no sólo no se han hecho maduros, como debían, sino que también se han convertido en niños que quieren seguir siendo protegidos por sus padres cuando estos ya no pueden ocuparse de ellos. Así, mientras que unos miembros de la sociedad han avanzado hacia la vejez que les correspondía, otros han pretendido echar marcha atrás, y desde Jardiel, al menos, sabemos que eso no funciona. Pero explicarlo así es empequeñecer la historia, vulgarizarla, porque tal y como la cuenta Mónica, de una manera tan hermosa como metafórica, nos gusta a casi todos mucho más.
Julian Bluff, te hubiera contestado con más gusto de haberte limitado a decir: "No entiendo nada. Por favor, ¿puede alguien explicármelo?".

Anónimo dijo...

Precioso y triste relato. Y fácil de entender, al menos para mí, y no tan fácil de explicar a quien no se enfrenta a la sensación agridulce que se siente nada más leerlo.
Gracias por tus recomendaciones, Fernando
Pilar

Luis Nieto del Valle dijo...

No sé si es un relato o es un pequeño ensayo. La verdad es que contiene intuición y carga psicológica, da en el clavo, es muy posible que esas relaciones padres/hijos sean así.

Isolda dijo...

Me ha parecido un micro precioso, tierno y diferente.
Besos, Mónica

arati dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
arati dijo...

Precioso y conmovedor. Me cayó en el momento justo y lo he tomado prestado como excusa para escribir un post que necesitaba: la edad sandwich .
Gracias por él y por tu blog, te leo aunque sea casi siempre en silencio.

Laura dijo...

Sé que han pasado muchos meses desde esta publicación, pero acabo de degustarlo gracias a que ha sido publicado en "Un cuento al día".

Me encanta la forma de plasmar una realidad tensa y que en muchísimas situaciones familiares sucede exactamente como se narra. Cuando los ancianos padres se vuelven necesitados de caricias y de justa recompensa a todos sus esfuerzos vitales, se encuentran con unos hijos que desean tener veinte años y que quieren deshacerse de toda carga familiar.

Lo guardo entre mis favoritos.
Un abrazo para Mónica y otro para el capitán de esta Nave.

Esteban dijo...

Realmente es un micro precioso. Un placer encontrar un breve de tanta carga humana. Felicitaciones.
Esteban