domingo, 24 de mayo de 2009

¿Normas, géneros? ¿Hubo vida en la literatura antes de nosotros?

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A veces, leyendo las declaraciones que hacen los escritores, los más ingenuos y adanistas, tengo la impresión de que creen que todo ha surgido de la nada, que ellos son los pioneros... Para algunos autores, cada vez para más, no existen los géneros, ni las normas, ni apenas nada, ni siquiera una historia literaria previa, unas tradiciones (el plural es obligado). Y quizá todo ello sea producto de un deconocimiento profundo, del que resulta un cansino bla, bla, bla, que ya no sólo invade la prensa del corazón. Siempre hemos pensado que no se puede ser escritor sin ser lector; pero no parece necesario que el autor exigente tenga que ser siempre consciente de todos los mecanismos de los que se vale su escritura. Aunque si algo caracteriza a la literatura contemporánea, del XX, es el hecho de que casi todos los grandes autores hayan sido también brillantes críticos. El casi deja la puerta abierta a las excepciones.
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De la misma forma que los artistas parten de la tradición, de los géneros, para transformarlos y trastocarlos, como es su obligación; los escritores parten siempre de unas normas, de una retórica establecida que deberían, si su obra es lo suficientemente ambiciosa, intentar transgredir. Pero, al fin y a la postre, lo que cuenta siempre son los resultados, las obras, no los manifiestos, ni las afirmaciones que se hacen en las entrevistas, aunque todo pesa y debe tenerse en cuenta, a la hora de entender una obra literaria ambiciosa.
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Estos días pasados, preparando una conferencia que daré en Madrid sobre el cuento español actual, he leído con gusto y placer un par de libros de cuentos recientes, premiados, que les aconsejo mucho. Se trata de La marca de Creta (Ediciones del Viento, 2008), de Óscar Esquivias, y Mirar el agua (Páginas de espuma, 2009), de Javier Sáez de Ibarra. Volveré a ocuparme de ellos pronto, y con mucho más detenimiento, claro.
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* El cuadro es de Vilhelm Hammershoi.
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7 comentarios:

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Me comentaron que una poeta muy joven y muy reconocida, afirmaba sin pudor en una charla con una especialista que "me han dicho que Gil de Biedma es bueno, pero no lo he leído nunca". Si reconocemos el valor de la transgresión, el tour de force sobre la tradición, necesario para alcanzar un resultado valioso; si consideramos que no sirve repetir lo ya dicho (generalmente, mejor), ¿cómo no aceptar la necesidad del conocimiento de la tradición, el valor de la lectura en todo escritor que se precie?
Me sumo, pues, a tu parecer. Un abrazo.

Isabel dijo...

Los resultados, eso es lo que cuenta: cierto. En ellos se nota el bagaje que tiene una persona sobre lo que intenta hacer o hace.
Sin embargo, no todas las personas han tenido la oportunidad de formarse como es debido o, quizás, están en ello y, puede que, tal vez sin terminar su formación, se arriesguen con algún género en el que resulten ser originales y lo consigan, ¿por qué no?

Margot dijo...

Y uno siempre piensa que ningún tiempo fue más descabalado que el suyo o, como en mi caso, que nunca la humildad desapareció tan rauda del mapa.

Pero digamos que la arrogancia va en el paquete de la juventud y a medida que uno aprende con traspiés y lecturas, deja de creerse el "más mejor, innovador y rompedor". Y descubre que poco nuevo hay bajo el sol. A no ser el poder de la soberbia, tan baldía ella.

Aprender y a ser posible superar, les diría yo. Pero yo ya ando caduca, seguro. Ni caso pues.

Saludos.

eva- lazarzamora dijo...

Yo también me sumo a tu parecer. Lo que no se ha leido, se lee, y se dice que no se ha leido, y ya. Nadie lo ha leido todo ni mucho menos. Y lo que se ha leido, si gusta, se profundiza y se vuelve a leer si es necesario.
Los hay incluso que comenten errores y te comentan que como son escritores hacen lo que quieren.. y eso ya es "consternant", el colmo de los colmos.

Un abrazo

María dijo...

No es sólo que se "deba" leer o conocer, en el fondo se trata de lo que se pierden. De lo que mucho que se disfruta con esas obras, de todo lo que siguen diciendo. El placer de la lectura.

Anónimo dijo...

Creo que era Bacon quien decía que cada vez que pintaba sentía sobre su muñeca todo el peso de la tradición pictórica, desde las Cuevas de Altamira hasta Picasso... Es una buena imagen de la responsabilidad del artista, aunque algunos colegas cuando escriben sólo sienten el peso de su (liviana) pluma.
Juan Gracia Armendáriz

Juan Carlos Márquez dijo...

Juan ha estado atinadísimo. Prevalece en ciertos autores contemporáneos españoles una necesidad de pasar página, de ir más allá, de descubrir no se qué nuevos caminos, de ser más, en definitiva. Cuando lo importante no es ser más, sino SER.