miércoles, 20 de mayo de 2009

Literatura de mujeres

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La escritora Laura Freixas acaba de publicar Cuentos de amigas (Anagrama), una compilación de relatos que tienen en común la amistad femenina, considerada como vivencia crucial. En el volumen se recogen piezas de Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Esther Tusquets, Cristina Peri Rossi, Cristina Fernández Cubas, Soledad Puértolas, Nuria Amat, Paloma Díaz-Mas, Clara Sánchez, Juana Salabert, Flavia Company, Luisa Castro, Espido Freire y Lucía Etxebarria. Tanto en el prólogo, más reivindicativo que histórico o literario, como en las declaraciones que la autora del volumen ha hecho a los medios, afirma que la crítica literaria ha considerado que a los hombres "se les juzga por su obra y su trayectoria, mientras que las mujeres son más juzgadas por su imagen". Al respecto, cabría cuestionarse: ¿también lo hace la crítica femenina o sólo la masculina; todos los críticos o sólo unos pocos? Además, prosigue, "los hombres cuentan con una mayor red de protección por el poder que tienen y meterse con ellos no sale gratis". Al preguntársele, entonces, sobre qué tres autoras de su antología podrían pertenecer a la Real Academia Española, Laura Freixas ha señalado que Cristina Peri Rossi, Soledad Puértolas y Esther Tusquets.
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Las dos primeras afirmaciones de Laura Freixas me parecen gratuitas y los ejemplos que viene aduciendo, al respecto, una y otra vez, resultan anecdóticos y muy poco representativos del conjunto. Pero lo que me parece más aleccionador es que no conozco a ni una sola escritora importante que haya respaldado las opiniones que viene defendiendo Laura Freixas. Respecto a la Academia, me decantaría, a diferencia de ella, por Cristina Fernández Cubas, Esther Tusquets y Paloma Díaz-Mas, ya que sólo pueden elegirse tres nombres.
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Me consta que esta bitácora la siguen escritoras maduras y jóvenes, algunas consagradas, pero también otras que están iniciando su trayectoria, y me gustaría saber qué opinión les merece estas afirmaciones, como tampoco me disgustaría conocer qué les parece a los demás lectores.
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28 comentarios:

Hiperbreves S.A. dijo...

Creo que no se debería confundir el feminismo con el victimismo. Como lector y espectador de la vida cultural de este país, sinceramente, no aprecio ningún tipo de discriminación entre los escritores machos y hembras, es más, considero que los libros, como la literatura, no tienen sexo. Otra cosa son las academias y otros templos, donde la modernidad entra poco a poco. El camino de la igualdad no creo que lo construyan libros de cuentos o poemas sólo de mujeres, quizá habría sido mejor hacer un libro de historias de mujeres obra de escritores y escritoras. Eso sí sería un canto a la no discriminación.

Juan Carlos Márquez dijo...

Cristina Peri Rossi ha hecho méritos de sobra para obtener un sillón en la Academia, sobre todo con su último poemario, si no que le pregunten a Juan Bonilla.

Eureka dijo...

Hola Fernando:

Yo no soy escritora, pero tiendo a estar más de acuerdo con tu opinión en este caso. Y diría incluso que en estos momentos las mujeres parten con cierta ventaja porque al parecer ser mujer "vende" más, y se fomenta en realidad ese sentimiento de comunión femenina, que intuyo a las editoriales les viene muy bien para sus cifras de venta. ¿Tal vez porque el público lector es mayoritariamente femenino?

Yo creo que los críticos literarios no se dejan influir por el físico de una mujer en absoluto, aunque puede que alguno de los compradores sí lo haga, y acabe gastando su dinero en un libro en función de lo atractiva que le resulte la foto de una solapa. Contra eso poco se puede hacer.

Aún así, hay muchas escritoras consagradas y respetadas, que no se caracterizan por una enorme belleza, y todos lo sabemos. El victimismo-corporativismo de género a mí me aburre y además acaba por desvirtuar la verdad que pueda haber en el feminismo.

Anónimo dijo...

Como profesor de Lengua en Secundaria, y, por tanto, lector y espectador de la literatura, estoy también un poco cansado de que se enarbole la bandera de la discriminación, del techo de cristal, y de la persecución. El arte es talento, creatividad, despertar la conciencia o, simplemente, entretenimiento. Y el tufillo de la corrección política es ya insoportable.
A este respecto, permíteme Fernando, que haga una recomendación: el magnífico ensayo de Edurne Uriarte titulado Contra el feminismo. Aire fresco.
Desde Zaragoza. Un saludo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Fernando,acerco una humilde opinión al respecto.
Creo en el brillo innato de las personas.
Todo lo demás, son excusas para solazar la propia naturaleza, incluidas las discusiones sobre la mayor o menor valía de los géneros, en todos los aspectos….
Saludos cordiales.

X dijo...

Como mujer más que como escritora, en términos generales sí estoy de acuerdo con la primera afirmación de Freixas: "mientras que las mujeres son más juzgadas por su imagen". Más que juzgadas diría prejuzgadas. Dos ejemplos: Clarice Lispector y Carson McCullers. De ambas se dice que son excelentes escritoras (más allá de los gustos), pero lo primero que ve un hombre es la belleza de la primera y la no belleza de la segunda. La mirada masculina sobre la mujer -como objeto de atractivo sexual- es el pensamiento hegémonico. Tanto así que hasta las propias mujeres -algunas- lo asumen y lo ejercen sobre otras mujeres.
Pero no pienso que esto tenga peso a la hora de juzgar la obra de una escritora, no al menos en un crítico o crítica que se tome en serio su trabajo. Como lectora, suelo evitar los libros con títulos como éste. Son productos de marketing. Tampoco creo que haya una "Literatura de mujeres".

Silvia Plath dijo...

Estimado Fernando:

Soy mujer, escritora y nada victimista, pese a defender los derechos de las de mi género con uñas y dientes. Como no me gusta ningún tipo de discriminación, tampoco me acojo a la positiva, y jamás participaré en ningún certamen al que no puedan presentarse hombres. Si lo hiciera estaría dándoles la razón a quienes opinan que existe una literatura masculina y una femenina, y que la primera es considerablemente superior a la segunda.
Creo que ni a Virginia Woolf, ni a Clarice Lispector, ni a tanta escritora íntegra (autoras que no toman el pelo al público y hacen gran literatura) que he leído y leo se las considere por debajo de sus colegas varones.
Ahora, te aseguro que sí existe cierto machismo en el mundillo literario, supongo que como en el resto de la sociedad, porque los energúmenos andan por todas partes.
En presentaciones, actos y demás eventos literarios, he tenido que soportar al mediocre de turno diciendo que tal escritora le había arrebatado un premio (de cuentos, en concreto) porque era mujer, y algunos miran con cierta displicencia los libros de sus compañeras (de nuevo, los más mediocres). Si encima la autora es guapa y joven... Pobrecita, porque únicamente las personas muy honestas reconocerán que no publica gracias a lo agradable que resulta su contemplación.
Con respecto a Laura Freixas, para empezar, menuda selección de autoras representativas de la Literatura española ha realizado la buena señora. A excepción de dos o tres nombres, todas escriben de una forma sensiblera y ñoña que es la que hace que a las mujeres que escribimos se nos meta a todas en el mismo saco.
Desde luego, la inclusión de Espido Freire y Lucía Etxebarría como representantes de la sangre joven me parece un soberano insulto.
Menuda manera de cubrirse de gloria la señora antóloga.

Un abrazo, don Fernando

José Cruz Cabrerizo dijo...

Yo cuando reseño un libro no pienso en si es autor o autora. Si es autora, tampoco pienso en cómo es de "jóvena" ni en cómo de grandes tiene las tetas. ¡Uy!, perdón, es el efecto de la testosterona.
Tiene su miga lo de las redes de poder masculinas.La autora de tan sesudo prólogo o introducción tendría que darse una vuelta por los vestuarios masculinos de una piscina o centro deportivo cualquiera. Verá que las únicas redes de poder de los presuntos "machitos" son de tipo informativo: qué crema depilatoria es la más efectiva, cómo de marcados tengo los abdominales, qué tragedia la de no poder salir en bicicleta a lucir mis culotte nuevo y mis gemelos morenazos de rayos UVA...
Siempre hay un amargado/a dispuesto a echarle a culpa a los demás de algo.

Fernando Valls dijo...

Silvia Plath, en fin, a mí, para empezar, me parece que tu comentario sería más creíble y efectivo, si firmaras con tu nombre o te identificaras. Resulta un poco incómodo dialogar con una difunta, aunque sea tan ilustre como la escritora norteamericana.

Juan Carlos Márquez dijo...

Espido Freire y Lucía Etxebarria, hay que joderse. ¿Por qué no Cristina Cerrada, Belen Gopegui, Esther García LLovet, Mercedes Cebrián, etcétera, etcétera? No hace falta que nadie me contesté. Me hago una idea.

Fernando Valls dijo...

Juan Carlos, voy contestarte, con mucho gusto: por desconocimiento y mala cabeza. Si en vez de perder el tiempo haciendo demagogia y estadísticas en periódicos y suplementos, sobre si aparecen más o menos mujeres, aquí allá, se hubiera dedicado a leer, a lo mejor hubiera incluído a las autoras que citas; o a Patricia Esteban Erlés, Pilar Adón, Cristina Grande, Irene Jiménez o Lara Moreno. Pero todos estos nombres deben sonarle a música celestial. A lo mejor se cree que son seudónimos masculinos.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Creo, sencillamente, que es su forma de publicitar el libro. Sus palabras contarán, sin duda, con el respaldo y eco de la Ministra de Igualdad y de asociaciones varias de la cosa paritaria. Pero la literatura o es buena o mediocre o mala de solemnidad, y las obras que perduran lo hacen por su calidad, no porque vayan firmadas por un sexo. A X le diría que, cuando voy a comprar un libro, no miro la imagen del autor/a; sencillamente me importa un bledo. Las generalizaciones de este tipo nos equiparan a los lectores en la memez. Me gustaría saber qué opina Freixat de los cupos femeninos que imponen los ministerios por decreto (por ejemplo, cátedras universitarias, equipos de gobierno, etc.) en ámbitos en los que sólo el talento y la capacidad deberían tenerse en cuenta. Esa otra cara de "la igualdad" se silencia a menudo intencionadamente. Un abrazo, Fernando.

Jesús Ortega dijo...

Hola, Fernando.

De acuerdo en general con lo que decís.

"Los hombres cuentan con una mayor red de protección por el poder que tienen y meterse con ellos no sale gratis".

("...meterse con ellos...")

(entonces me acuerdo de "La cultura de la queja" de Robert Hughes)

Parece que sigue saliendo rentable hacer este tipo de operaciones comerciales. El título de la antología me parece en ese sentido un acierto: apela a una complicidad especial por parte de los/las lectores/as. Una complicidad "de amigas".

Si fuera una antología algo más seria, echaría de menos a Ana María Matute, a Cristina Grande y a las escritoras que citáis. Y ya puestos, a la más grande escritora de cuentos de este país, Mercè Rodoreda (aunque no escribiera en castellano).

Hay una sección en "El Cultural" de "El Mundo" dedicada a los recuerdos del primer libro publicado. Le tocó a Laura Freixas el 13 de febrero pasado. Entre otras cosas decía:

"...Ahora, cuando veo a una jovencita exitosa que se ríe de verse tan bella en el espejo y echa a su alrededor miradas condescendientes, convencida de que ella tiene éxito porque es buena y las demás fracasaron por no serlo, me pasan varias cosas: siento retorcérseme el colmillo..."

y

"...es más fácil (aunque esté de moda decir lo contrario) escribir cuentos que novelas..."

Saludos

Ana Rodríguez Fischer dijo...

Lo peor de esa antología es que de Rosa Chacel la antóloga no eligió el único de los relatos que se ajusta a la temática que anuncia el título: "Juego de las dos esquinas", publicado en Revista de Occidente, en 1929. Rosa Chacel lo estimaba lo suficiente como para permitir su traducción al italiano en un reciente volumen antológico de sus cuentos...
Pero claro...
Abrir un volumen con "Vi lapidar a una mujer" (pese al poderío del título, extirpado de un libro tan peculiar es un despropósito.

zbelnu dijo...

Depende de la crítica o de los críticos. Yo sí creo que muchos críticos (y editores) olvidan a las escritoras mujeres, no tantos que las juzguen por su imagen, que también, pero sí las olvidan, es un hecho que he venido observando y contra el que me resisto, rescatando "olvidadas" y proponiéndolas para reseñar. No ocurre lo mismo con otros (aquí, por ejemplo, se habla muy a menudo de escritoras, tanto como de escritores, y obviamente se las juzga por lo que escriben, como a los escritores, pero no es tan común). Sí creo que la crítica misógina es femenina como masculina. Hay casi tantas mujeres misóginas como hombres, porque la desvalorización del género es cultural y afecta a todo el mundo. En el suplemento donde suelo colaborar hay una reseñista en particular que siempre juzga distinto a las escritoras mujeres, les da lecciones morales (como hacen algunos críticos hombres) confundiendo su escritura con su vida, etc, y se me ocurren otros ejemplos...

zbelnu dijo...

En lo que disiento de LF es en las autoras que elige, siempre incluye algunas que yo nunca consideraría...

Bohemia dijo...

Querido Fernando: llevo tiempo trabajando en un doctorado que tiene como centro a Virginia Woolf y a Esther Tusquets, autora, esta última por quien comparto la admiración que tú sientes por ella y por su trabajo. En el curso de mi investigación he tenido que leer muchas reivindicaciones feministas, recopilaciones de textos de mujeres y he leído muchas opiniones parecidas a las que, de Laura Freixas, tú destacas. ¿ qué ha cambiado en todos estas décadas? A veces me da la sensación de que, desgraciadamente, no ha cambiado nada porque seguimos en pleno siglo XXI instalados en las mismas posturas y preguntándonos lo mismo. Que hace décadas se hicieran estas recopilaciones bajo el título "literatura femenina" o "literatura escrita por mujeres" me parecía una manera de hacer visibles y conocidas a muchas escritoras que, de otro modo,nunca hubieran podido tener la posibilidad de publicar o, léanse autoras de siglos anteriores, lo hubieran tenido que hacer bajo seudónimo masculino( pero esto nos llevaría a sí existe una escritura femenina y otra masculina y no toca hoy). Hoy en día o estoy tan de acuerdo con semejantes recopilaciones bajo títulos como el de "amigas". Admiro y leo a unas cuantas de las autoras incluídas en la recopilación, y compraré el libro. No obstante, mal que nos pese y deje de gustar a algunos, si se sigue juzgando a las mujeres escritoras tanto por su calidad literaria como por su imagen.No me extiendo más. un saludo

zbelnu dijo...

Algunos ejemplos que a mí me desconciertan (y perdonad la insistencia), los primeros que se me ocurren:
En El País, Justo Navarro elogia el trabajo de Slavenka Drakulic pero le critica que lleve, según él, un exceso de carmín. Nadie suele meterse con el aspecto de los escritores hombres.
En la elección de los libros del año de un suplemento literario, sólo salen escritores hombres, en el mismo año en que se han publicado Alice Munro, Paula Fox, Dubravka Ugresic o Disección de una tormenta de Menchu Gutiérrez, entre otras, pero ninguno de los críticos que participan las recuerda.
En un programa de la tv (hace años) Félix de Azúa y Jesús Ferrero dicen que no hay ninguna novelista femenina que no haya fracasado y que sus personajes masculinos son siempre ridículos. Vázquez Montalbán interviene tímidamente para decir que a él le gusta Carson McCullers.
En una entrevista a Joan Didion, la entrevistadora le pregunta cosas como "¿Se puede ser feminista y casarse y tener hijos?", "¿Cuál es la influencia de su marido en su escritura?" La Didion responde que por supuesto, y que otros escritores le han influido más.
En una biografía de Susan Sontag, los biógrafos (hombre y mujer) se dedican sobre todo a demostrar lo mala madre que fue.
En los prólogos a las obras de Dorothy Parker se la suele compadecer por sus fracasos amorosos; esto es un hecho muy frecuente en críticas a escritoras, pero no para los escritores.
Etcétera...

Anónimo dijo...

Y ..qué más dará?
Jo lo que quiero es leer una novela, novela. Agradable, pero inteligente. Necesito aislarme de todo. Quiero una Novela!! Hace un montón de tiempo que no encuentro nada nuevo que no sea tormentoso, o apocalíptico o esté en crisis, o sea un metaensayo. Los ensayos, los leo especializados y me parecen muy atractivos . Pero lo que necesito es una novela para aislarme del momento y reflexionar sobre cosas que me son ajenas, que no sabía, que descubro. Necesito distraerme: Socorro!!

Sergi Bellver dijo...

A mí lo que me "preocupa" (sin sorpresa, no obstante) de todo esto son dos cosas:

- Como bien dice Fernando, que la antóloga no se haya tomado un trabajo serio y demorado de lectura e investigación, y que esté más pendiente de la etiqueta político-social del "tema femenino" (si lo hay, a estas alturas) que de la calidad literaria de los textos.

- Que Jorge Herralde haya publicado precisamente este libro, después de responder que "no quiere más cuentos" (sic) a nuevas propuestas de libros de relatos para Anagrama (cuando, si quisiera, esa editorial podría recoger todo lo sembrado en favor del cuento español, con Tizón, Tomeo, Monzó... pero con nuevas voces). La frase de marras la ha pronunciado Herralde en diversas ocasiones y, que yo sepa, en al menos dos de ellas, literalmente y a autores (varones, por cierto) de contrastada trayectoria literaria.

Luego, parece que todo esto tiene más que ver con una operación comercial y, de paso, con tintes de "discriminación positiva", que con la buena literatura realizada por mujeres.

Triste, literariamente. Lo de todos los días, literalmente.

Abrazos desde la serena y luminosa Almería.

pd: abogo por el cese de la discriminación hacia los escritores con perilla...

Javier Quiñones dijo...

Esto no es un comentario, sino una consideración. Para esta entrada se desborban los comentarios, largos, por cierto, pero buenos. Para la anterior, que califiqué de soberbia, solo dos. Y para al anterior que era también curiosa y buena, un solo comentarista. En fin, benditas sean esas declaraciones tan extemporáneas, que tratan, como muy bien dice Antonio, de vender el producto. ¡Siempre estamos vendiéndonos!
Un abrazo, Javier.

X dijo...

Antes que nada, quería aclarar que nunca insinué lo que me atribuye Antonio Serrano Cueto (si me expresé mal lo lamento.)

Me pareció oportuno este extracto de una entrevista realizada a Joyce Carol Oates por Margaret Averbach:

P: A veces, la voz narradora de sus libros mira a través de ojos masculinos. ¿Cómo construye esas voces? ¿Pregunta a los hombres, lee libros escritos por hombres?
R: No, no, yo me siento totalmente cómoda con las voces de los hombres. Crecí muy cerca de mi padre y mi abuelo, tuve un hermano menor maravilloso, hace cuarentiocho años que estoy casada con mi "mejor amigo"; los hombres nunca me parecieron extraños o distantes, mucho menos "otros". Es difícil crear una voz masculina singular y conmovedora pero es igualmente difícil crear una femenina.

Citopensis dijo...

Me equivoqué pensando que al leer uno sólo debe tener en cuenta las palabras...

Margot dijo...

Ummm hablamos de lecturas o de ventas?

Parafernalias del mundo editorial que explotan lo que quieren, lo que se lleva, y en este caso es la literatura femenina como podrían regalar un croasan con el libro, o una caja de tampax, visto lo visto. Me gustan las cuentistas femeninas (y los masculinos, eim? no empecemos) pero leyendo las antologadas escogidas -salvaría unas cuantas pero reunirlas con otras desluce el conjunto; como algunas no incluidas y ya comentadas: Cerrada, Matute, Rodoreda, Abad...-, me temo que nunca lo leeré. Así que no creo que Laura Freixas esté hablando de literatura, creo que habla de otras cosas, o se confunde mucho. Que también.

Aunque sí opino que queda mucho por hacer en esto de la naturalidad a la hora de observar al otro sexo y todo se ve emborronado por este tipo de operaciones de marketin que no conducen más que a resolver el problema con completa superficialidad.Y el machismo soterrado es como las meigas... haberlo haylo, no?

Aunque como conclusión, y en general, me parece a mí que ellas tragan pareciendo pizpiretas y monas y ellos lamiendo la mano de quien da de comer... la igualdad está pues conseguida. Lástima que sea la literatura quien pierde en todo esto.

Tusquest for president! eso sí.

Saludos.

Olga B. dijo...

A cuadros me quedo. Afortunadamente, no somos ángeles y el sexo sigue dando de sí, para bien y para mal.
Se mezclan temas que no emulsionan bien: igualdad y arte.

Isabel González dijo...

La mujeres escritoras no están discriminadas.
Es mentira que en todas las editoriales haya más hombres que mujeres. Es mentira que a un hombre le cueste asumir el género femenino como universal. Es mentira que incluso las mujeres nos juzguemos a nosotras mismas con más dureza. Es mentira que a las mujeres se les critique por su aspecto físico o por sus cualidades maternales.
Todo es mentira. Lo único que es verdad es que hemos logrado acceder al mundo laboral sin delegar nuestras responsabilidades familiares. ¿Cuándo podremos abandonar ambos para dedicarnos a quehaceres más abstractos y excelsos que hacer una paella o cuadrar un balance? Cuándo podremos equivocarnos y aislarnos. Enloquecer sin que nos llamen locas.

Isabel González dijo...

Por cierto, al hilo de este tema, escribí hace tiempo algo. Ahí va:

Estrategias de seducción

Están las que escriben para ocultar su prominente busto. Están las que rellenan con palabras su breve sostén. Y están las otras, carentes de talento las pobres, que se operan los adjetivos.

María dijo...

El "mundillo" literario, gobernado la mayoría de las veces por intereses extraliterarios, es extraño e injusto, tanto para hombres como para mujeres. Ejemplo reciente, el libro:
"100 escritores del siglo XX", en el que faltan A.S Byatt y Luis Landero y aparecen otros nombres más que dudosos. Conocer las razones de muchas de estas decisiones es algo que, para los lectores, resulta excesivamente aburrido y agotador. Siempre confía uno en que el tiempo es el verdadero juez.
Me sorprende el comentario de Azúa (que señala Zbelnu), porque le he escuchado varias veces defender Middelmarch como una de sus grandes novelas favoritas.
La desigualdad está en la sociedad y en las dificultades que una mujer puede tener para desarrollar su trabajo, para disponer de "un cuarto propio". La pobreza, la raza, la falta de libertad... también marcaron y marcan a otros. Para hacer literatura hay que sobreponerse a eso y a todo.