jueves, 4 de julio de 2013

IVÁN TERUEL

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DESCUBRIMIENTO
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La perra se caga en el pasillo de abajo. Mi mujer grita desquiciada. Y el niño hace rato que berrea. Yo empiezo a sentir un picor agudo en el ojo izquierdo. Baja hijo de puta, baja o coge a tu hijo. El picor se intensifica. Te juro que subo a por el niño y me largo. Me rasco con insistencia. Te vas a quedar ahí pudriéndote con tus historias. El picor se expande. Oigo portazos y voces como en letanía. Comienzo a hurgar con ímpetu. Imagino mi mano como la pala de una excavadora. Las voces vuelven. Me arranco el ojo. El picor no desaparece. Percibo unos pasos subiendo las escaleras. Meto el índice y el anular en mi nueva oquedad. El niño parece que ya no llora. Tanteo con las yemas pero no sé qué busco. Los pasos ahora bajan las escaleras. El picor es terco. Una puerta se abre. Palpo una orografía de recovecos húmedos. La misma puerta se cierra. Llego a una región blanda y viscosa. Un motor arranca. Toco una pequeña protuberancia. El picor desaparece. Y por fin irrumpe el silencio. Creo que descubro algo maravilloso.
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HERMANASTROS
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Contemplo el pulso firme de sus manos de niño: con una sujeta el gorrión y con la otra sostiene el alfiler con el que atraviesa sus ojos. Esa es la primera escena que parpadea en mi cerebro agónico. Se diluye. Siento mis ojos a punto de reventar. Se desliza otro recuerdo. Este sin dibujo. Solo un olor y un sabor acres, el de su entrepierna adolescente. Y el apremio de su mano en mi nuca. Y la náusea incontenible después. El contorno de otra imagen barre ese recuerdo ciego: es un envase envuelto en llamas. Hay una rana viva dentro. Volvemos a ser pequeños.
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Ahora irrumpen algunas palabras suyas, inestables y rendidas, ya adultas, con un murmullo de fondo. Estamos en un bar. Y la voz traza una herida que supura: me habla de un tío suyo, de su primera niñez y de un dolor puntiagudo en el culo. Mi dolor, el de ahora, el de mis ojos, es esférico. Pienso: hay una geometría del dolor. Ya no pienso. Solo veo un relampagueo nervioso y fulminante: su mano derecha sacándome de un canal; su puño izquierdo crujiendo contra un pómulo; sus nudillos tocando tantas veces mi puerta; las yemas de sus dedos demorándose en mi cuerpo. Sus manos, siempre sus manos. Las mismas que me han acariciado antes. Las mismas que se han abalanzado sobre mi cuello después, tras mis palabras. Las mismas que ahora acaban con mi vida de la única forma en que podían hacerlo. Aplastándola.

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* Iván Teruel (Gerona, 1980) es licenciado en Filología Hispánica y trabaja como profesor de Enseñanza Secundaria en un Instituto público. Con su estudio El Perú escindido: antagonismo estético e ideológico entre Vargas Llosa y Arguedas, publicado en el 2012, ha obtenido el Premio Rara Avis. En la actualidad está preparando su primer libro de microrrelatos. Es autor del blog http://latijeradelish.blogspot.com.
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* La foto de los leones es de Nick Brand.
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15 comentarios:

CECILIA GUILLEN PEREZ dijo...

Dolor agudo pero indefinido, sin palabras, dolor que se apacigua en el silencio, porque entre las muchas cosas intransferibles de un ser a otro, se encuentra el dolor, frío, seco, despiadado, pasado, presente y quizás futuro.
Muy bonitos los dos relatos.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Brillante trabajo de Iván, a quién no me canso de elogiar.

Un abrazo,

Susana Camps dijo...

De una intensidad brutal, pero no 'desquiciada' como aparentan, los dos relatos me parecen un gran ejemplo de minuciosidad en la elección de las imágenes, el ritmo y las palabras. Extraordinariamente bien cincelados. Me gusta mucho cómo escribe Iván y ha sido un placer encontrarlo hoy aquí.
Abrazos a ambos.

Francesc Cornadó dijo...

Magníficos textos, hurga en las oquedades, expresa el dolor utilizando el adjetivo de forma muy precisa. Felicitaciones a Ivan Teruel.
Salud
Francesc Cornadó

Rosita Fraguel dijo...

Lo de Iván me parece un oasis: alguien que huye de lo manido tanto en forma como en fondo, alguien que explora el lenguaje y nos regala hallazgos deliciosos. Enhorabuena por adentrarte en caminos inexplorados Iván. Espero que ese libro llegue pronto porque yo quiero un ejemplar para leer, releer y subrayar.

Manuel Rebollar Barro dijo...

Iván tiene un uso del lenguaje bastante descarnado, que impacta. No sólo narra, sino que deja pequeñas palabras llenas de connotaciones que estallan según el relato avanza.

Fue un descubrimiento su blog hace un año.

Felicitaciones a ambos

AGUS dijo...

En los dos textos coincide el afán por contar desde la forma, una particularidad común en las piezas de Iván. También, un pulso febril que violenta, incomoda, y que causa cierto desasosiego, incluso aversión. Y al mismo tiempo, se intuye una sutil destreza en el uso de la luz, ya sea en el exceso o en la carencia, en la pretensión por desvelar la historia, o en el empeño por cegar parte de la misma.

Un placer leer a Iván.
Gracias, Fernando.

Abrazos.

Miguelángel Flores dijo...

Iván escribe con mayúsculas en letra minúscula. Es visceral sin perder elegancia en su prosa. Es también de los que escriben con las tripas. Y bien. Me gusta mucho Iván Teruel.
Abrazos

Patricia Nasello dijo...

Ferocidad en claroscuro.
El extraordinario uso que Iván tiene de la luz hecha palabra, profundiza la oquedad, la orfandad de estos micros descarnados.

Un fuerte abrazo,Iván.

Gracias por compartirlo, Feranando.

Pedro Herrero dijo...

"Descubrimiento" propone dos escenarios por donde transita un mismo afán de cruzar una frontera. Hay voces, pasos y portazos que irrumpen en el escenario exterior con aires de ultimátum, mientras un dedo asume sin complejos la demolición que entraña todo intento de explorar aquello que se desconoce. En cierto sentido, el picor es la excusa, el detonante o simplemente el puente entre ambos universos. Un puente que se destruye cuando el personaje pasa al otro lado y convierte un drama doméstico en algo maravilloso.

Surrealista, Iván, en plena forma y con ese libro en ciernes, que esperamos ver pronto.

Rubén Rojas Yedra dijo...

Nunca deja de sorprenderme el pulso y la meticulosidad en la disección del dolor y del horror que mantienes, Iván. Un talento inmenso sin parafernalias ni pedanterías, justo lo que se echa en falta entre tanta estrella estrellada. Un abrazo, Iván.

manuespada dijo...

Iván hace unas radiografías sobre el dolor humano descarnadas y elegantes al mismo tiempo, un terreno oscuro en el que se mueve como nadie. Además es un gran comentarista de textos. Un abrazo.

hugo dijo...

Hola Fernando:

Llego tarde, pero hoy laLaNave ha traído a cubierta a un gran galeote, de aquellos incansables con el remo y la vista.

Los micros.
"Descubrimiento". Más allá del riesgo que significa poner en valor una situación cotidiana y pedestre y salir ileso de esa apuesta, pienso que la piedra de toque del relato estriba en la simultaneidad. Simultaneidad en la historia que se cuenta (perro-niño- gritos de otra persona mientras tiene lugar el descubrimiento). Simultaneidad en la percepción: primero es visual y, después, auditiva, cuando el descubrimiento ya es efectivo (los pasos arriba y abajo de las escaleras, el motor que arranca, el niño que no llora).

La historia avanza en el terreno de lo cotidiano hasta precipitarse y, al mismo tiempo, el narrador descubre la forma de negar aquello que ocurre ante sí. Dicho de otra manera, no por quitarse un ojo de la cara se detiene la existencia. Es interesante observar como el otro personaje -la mujer, la madre del niño- percibe correctamente lo que sucede. En ningún momento aparece la réplica que haga referencia al horror de alguien que se está quitando un ojo. El otro personaje facilita una pauta real : el narrador se desentiende de lo que sucede a su alrededor. Desde Edipo, pasando por el avestruz y siguiendo con los monos de Gibraltar, el recurso continúa su vana fortuna.
La narración cierra en el plano simbólico, lo que el narrador deja abierto en la historia concreta.

Sí Iván, un verdadero "micrazo", usté ya me entiende.

"Hermanastros" cuenta con un evidente sesgo Dostoievsky: dos vidas más o menos paralelas que se relacionan entre sí a través de la humillación. El dolor que se ve lleva a imaginar el dolor de quien lo padece. El cuerpo y el sexo no como encuentro del placer, sino como ofensa y escarnio del cuerpo y el sexo. Quién narra no ha conocido el placer, pero el otro tampoco o no ha pasado más allá de la más inmediata genitalidad.

La última palabra puede dar para muchas interpretaciones, yo, desde el primer momento, pensé en una imagen muy similar a FRanz Samsa, aquella cucaracha que al final alguien barre y le da sepultura.

("Pienso: hay una geometría del dolor. Ya no pienso" ¡grande Iván!)

company, una inmensa alegria veure't a bord de LaNave i amb aquest micros, com per deixar el rem i llegir escoltant el mar.

Fernando, aunque tarde, no puedo menos que agradecerte que hoy hayas traído a LaNave, al company Iván.

salut,
hugo



Iván Teruel dijo...

Con un día de retraso. Muchas gracias a todos por vuestras palabras: Cecilia, Pedro, Susana, Francesc, Rosa, Manuel, Agus, Miguelángel, Patricia, Pedro, Rubén, Manu y Hugo. Aunque no sé si leer tanto halago es bueno. En todo caso, me hace muy feliz que os gusten los micros.

Un abrazo grande a todos, incluido el capitán.

Rosana Alonso dijo...

Me gusta mucho Descubrimiento, sin desmerecer a Hermanasros. El choque y a la vez superposición de lo cotdiano y exasperante con ese descubrimiento interior del protagonista(escritor como es o como se deja adivinar) , esa comezón que deviene física, que anda a la busca de otra realidad, de la captura de algo que la rutina diaria impide atrapar.