miércoles, 25 de marzo de 2009

Aurora Egido, Premio Nacional de Investigación

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Tampoco las buenas noticias llegan solas. Así, tras la satisfacción producida por los recientes premios obtenidos por Roberto Bolaño, Isaac Rosa y Andrés Neuman, ha sido concedido el Premio Nacional de Investigación en Humanidades Ramón Menéndez Pidal a la profesora Aurora Egido, catedrática de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza, dotado con 100.000 euros, por su capacidad crítica y hermenéutica como historiadora de las humanidades y por representar -continúa diciendo la nota oficial- una de las máximas figuras para la comprensión de la literatura española de los Siglos de Oro.
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Cuando yo era un jovencísimo estudiante en la Universidad Autónoma de Barcelona, alentado por compañeros que se habían matriculado con ella (el fraterno Juan Ramón Torregrosa, sobre todo), me colé en alguna ocasión en el seminario que Aurora Egido impartía sobre Antonio Machado. Aquella joven profesora, con fama ya de sabia, andaba por los pasillos de la Facultad, atractiva y risueña, escoltada a menudo por Alberto Blecua, otro de nuestros ídolos, en un Departamento donde no escaseaban (José-Carlos Mainer, Francisco Rico y los juveniles Carme Riera, Manuel Aznar y Enric Sullà). Pero no tuvimos suerte y pronto nos dejó, recalando definitivamente en la Universidad de Zaragoza.
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Aurora Egido (Molina de Aragón, Guadalajara, 1946) realizó su tesis doctoral, dirigida por José Manuel Blecua, sobre La poesía aragonesa del siglo XVII y el culteranismo. Y a estos siglos de oro ha dedicado la mayor parte de su brillante investigación, trabajando sobre todos los géneros literarios y sus relaciones con otras artes y oficios (pintura, emblemática, arquitectura, urbanismo y jardinería), técnicas y disciplinas (retórica, poética, artes de la memoria, escenografía y música). Así, se ha ocupado en numerosos estudios de las principales figuras del Barroco, como son Cervantes, Góngora, Lope de Vega, Quevedo, Soto de Rojas, Tirso de Molina, Calderón y Gracián.
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A mí, me impresionan, sin embargo, los ensayos que le ha dedicado a autores que no son de su estricta especialidad, tales como Rosa Chacel, Rafael Alberti, Juan Goytisolo o Carmen Martín Gaite. Y recuerdo ahora que un día en la cafetería de la UIMP, en Las Llamas, cuando era vicerrectora de los Cursos de extranjeros, improvisó un brillante comentario sobre "El ángel", el extraordinario microrrelato de Juan Eduardo Zúñiga, que yo mismo luego he estudiado sin poder añadir apenas nada más a lo apuntado por ella en aquella tertulia.
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La semana pasada tuve la fortuna de coincidir con Aurora Egido en el Congreso de los Hispanistas alemanes en Tubinga. Siempre resulta agradable pasear por una ciudad cargada de historia junto a tan grata compañía, resistiendo la insistente tentación de un collar de coral, mientras nos acomodábamos en el acogedor Weinstube Forelle, de la Kronenstr.; conversar, en suma, treinta años después, con aquella joven profesora que tanto nos llamaba la atención cuando sólo éramos unos granujientos e imberbes estudiantes con ansias de saber que habían llegado a Barcelona desde la España profunda para intentar quitarse el pelo de la dehesa.
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* La segunda foto está hecha en Tubinga, junto al río Neckar, el domingo pasado, y en ella aparecen Fernando Doménech, Aurora Egido y FV. Es de Gemma Pellicer.
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4 comentarios:

Olga B. dijo...

Fue mi profesora de literatura del siglo XVII y aprendí muchísimo con ella. Da gusto leer noticias como ésta.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Como trabajo en pervivencia del mundo clásico en el Humanismo, conozco sus trabajos. A ella la conocí en un congreso en Alcañiz. Me alegro enormemente de que se le reconozca el esfuerzo de tantos años.

Pedro dijo...

Es una gran noticia, desde luego. Tuve la suerte de ser también alumno suyo pero,al igual que tú, coincidí con ella en aquellos fantásticos años de Las Llamas, en los que una cena, por ejemplo, se convertía en inusual ocasión de reflexión literaria (recuerdo una en concreto con mi querido Antonio y Carmen también del Departamento de Literatura de Zaragoza en la que disfrutamos una barbaridad). Confieso que la he admirado siempre por su rigor intelectual y, al mismo tiempo, por su trato cercano, su conversación brillante y su sentido del humor. La noticia de su premio me retrotrae a los años de facultad y a los de Santander. Qué suerte, Fernando, que coincidierais recientemente (por cierto, se te ve muy bien).
Desde Zaragoza. Un saludo.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Olga, Antonio y Pedro. Todos recordamos, Pedro, con nostalgia aquellos años de Las Llamas, claro que también éramos un poco más jóvenes, sólo un poco...