viernes, 8 de agosto de 2008

Vila-Matas soluble

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Todavía no ha llegado a las librerías y ya se comenta en los blogs el nuevo libro de Enrique Vila-Matas, su Dietario voluble, publicado también por Anagrama. Se lo cuento en Barcelona a mi librera Marta R. y, como si extrajera un conejo de una chistera, saca un ejemplar de no sé dónde y me lo regala. En este sentido podría pensarse que, dado que el libro no parece haberse puesto a la venta, tal vez lo regalen los libreros como una inédita forma de promoción. Lo más sensato, sin embargo, es que la eficiente Marta, de la que me despedía, me lo obsequiase como una muestra de simpatía. Sea como fuere, Vila-Matas debe de estar encantado, hasta el punto de que este éxito precoz le haya provocado salivera... Es cierto, por otra parte, que el dietario ha venido publicándose los domingos, por entregas, en la edición catalana de El País, con ilustraciones de Perico Pastor, de ahí que haya podido seguirse, además, en la edición electrónica del periódico.
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Puesto que lo primero que me ha llamado la atención es la foto de la cubierta, de Olivier Roller, voy a detenerme en ella. No en vano, me parece que es la primera vez, en mucho tiempo, que no se ilustra un libro de Vila-Matas, en Anagrama, con una foto del alemán August Sander. Como ven, el autor aparece de espaldas, mirando a la pared, ¿castigado? ¿habrá hecho de veras algo malo?, con un atuendo oscuro, la camisa algo remangada, lo justo, y la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo. Pero, ¿qué hace con la mano, se sube los pantalones? Parecería que le están un poco holgados, pues eso nos hace pensar los pliegues que se le forman a la derecha. La correa negra del reloj, por su parte, destaca sobre la muñeca blanca, como si se tratara de una proyección, o una sombra, de la correa de los pantalones, donde refulge un punto de luz, semejante al brillo de una moneda. La palma de la mano destaca blanca sobre el oscuro atuendo, de modo que -en el supuesto de ser alguien ducho en esas artes- acaso podría leerse en ella el porvenir del autor. Pero, ¿adónde apunta el dedo?, o ¿es que se rasca con el pulgar la parte baja de la espalda? Aunque admitamos que, de ser así, se trataría de una manera un poco extraña de rascarse. Toda la figura se presenta, negra sobre blanco, junto a la palma de la mano abierta, de cara al objetivo, con el ya célebre dedo desplegado que apunta hacia la cabeza, y algunas canas y cabellos grises, en un pelo que clarea, ¿o se trata, más bien, de un efecto del flash?, estudiadamente desaliñado.
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El enigma se descifra, digámoslo así, en parte por tratarse del letraherido Vila-Matas, al abrir el volumen, en la foto de Mordzinski que figura en la solapa de la cubierta, donde el escritor se nos muestra, como no podía ser de otro modo, con las solapas del abrigo subidas, de perfil, y un pelo peinado hacia atrás que, de forma sorprendente, ha cambiado de color y empieza a clarear, del que sale una pequeña cola, que se superpone al abrigo. ¿Será el mismo abrigo, de corte británico, recién comprado, que Claudio Magris confundió en Madrid con el suyo, llevándoselo sin darse cuenta? Vila-Matas, a pesar de su querencia por los detectives privados a lo Mitchum, no es hombre de gabardina, ni siquiera Burberry, sino de abrigo. También en esta foto la cabeza aparece inclinada ligeramente hacia abajo, las gafas oscuras (cuando éramos niños las llamábamos gafas de vendedor de iguales), mientras que la nariz resalta picuda, como si se le hubiera afilado. Todo lo cual le otorga un aspecto más bien inquietante.
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Pero lo realmente curioso es que en ninguna de las dos fotos mire a la cámara. Entonces me acordé de lo que dice aquella canción de La Mala: "Si me vas a engañá, mírame con los ojos de engañá./ Si me vas a matá, mírame con los ojos de matá". En fin, si la literatura es un artificio evidente, quizás el arte de posar para la cámara tenga el suyo propio. A este respecto, en su dietario cita una frase de Adam Zagajewsky, de su libro Dos ciudades, según la cual "los retratos afianzan a los sedentarios en la convicción de que sólo si pueden ser vistos viven de verdad". Y para que nadie pueda acusarme de que no abuso de las citas ("Citar es respirar literatura", apunta Vila-Matas), de que no soy capaz de apropiarme de otras máscaras, de otras voces, allá va otra cita más, en este caso de Giorgio Agambem: "en las fotografías verdaderamente hermosas se cuela de rondón siempre una curiosa, honda exigencia: el sujeto o sujetos capturados en la foto exigen algo de nosotros". Pero ¿qué exige Enrique de nosotros, sus devotos lectores? ¿Qué querrá comunicarnos, pues, con estas imágenes?, ¿qué idea sobre su persona deseará transmitirnos? ¿No se tratará de una vía, ésta de espaldas y de perfil, para alcanzar la verdad, tema central en su obra? En fin, lo que esperamos es que no se tome tan en serio a sí mismo como hace Juan Goytisolo, aunque reconozco que alcanzar esos niveles sería complicado. A mí, no me desagradan en absoluto estas dos instantáneas escogidas. Me parece que hace bien presumiendo de delgado, aunque -si se me permite el consejo- tendría que cuidarse algo más la cabellera, si no quiere acabar pareciéndose a Artaud; en lo del pelo, no en el bastón, eje central -por lo visto- de la locura de Occidente. Y nada más, al menos, por ahora. ¡Ah sí!: no sean ustedes tan lerdos como un servidor, y vayan a quedarse sólo en las fotos...
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16 comentarios:

Julia dijo...

Fernando, tu comentario es buenísimo.

Apostillas literarias dijo...

Afortunadamente en México, Dietario voluble ya está en todas las librerías, pero en septiembre estará en España. Es un excelente libro, me ha gustado mucho.

Sonic Reducer dijo...

Acá estuvo hace siete días Vila-matas para presentar su Dietario... lo acomapañaron en la mesa dos autores mexicanos que editan en Anagrama (Nettel y Gonzàlez Rodríguez) y cuyos textos carecieron de gracia. Vila-Matas sólo leyó tres fragmentos de su libro y después dio autógrafos con una rigidez intimidante. ¿Por qué serán acá esos actos tan aburridos? Es increíble que los organizadores aún persistan en su mesa larga (una vil tabla, la mayoría de las veces) con un mantel de paño, las botellas con agua y lecturas con anestesia.

A lo que voy es que la portada es inusual, además, porque es de las muy escasas, en Anagrama, que presenta al autor, aunque sea de espaldas, en ella. Creo que sólo Paul Auster ha tenido el privilegio.

En días próximos espero contar, en mi blog, las extrañas conexiones que comenzaron a darse en mi vida con la lectura del Dietario.

Saludos.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Julia.
Magda, como sabes, en México, Vila-Matas tiene mucho tirón. Está muy bien que el libro haya aparecido allí primero. La última recopilación de artículos sobre su obra la hicieron Margarita y Juan Villoro, aunque para Candaya, una editorial de Barcelona.
Sonic Reducer, lo que apuntas sobre las cubiertas de Anagrama está muy bien observado. En efecto, muy raramente aparecen los autores. Esperamos el relato que nos anuncias de esas extrañas conexiones.

Paseante dijo...

Tu minucioso análisis de la foto de portada me ha hecho pensar en las descripciones que John Ashbery lleva a cabo sobre temas pictóricos. Recuerdo concretamente una sobre un lienzo de Kitaj, en la que también se detiene en la mano del personaje masculino. Si las citas respiran literatura, las buenas críticas crean una corriente de aire capaz de pasar ella sola las páginas del libro comentado. No esperaré a que me regalen ese dietario. Me lo regalaré yo mismo. Gracias, Fernando.

Fernando Valls dijo...

Paseante, creo recordar que Ashbery aparece citado en algún momento, aunque mi memoria ya no es lo que era. Y Kitaj es un pintor que me gusta mucho; más desde el libro de Julián Ríos.
Gracias por el comentario.

el llibreter dijo...

Algunas editoriales nos suelen obsequiar a los libreros con algún título semanas antes de que salga a la venta, ya sea un ejemplar de la edición definitiva, un ejemplar de cortesía —en edición no venal— o unas galeradas. No se trata, por tanto, de una inédita forma de promoción: es una práctica habitual que yo agradezco mucho.

Respecto al abrigo de Vila-Matas, recuerdo haber visto a Juan Villoro con uno que entonces me pareció idéntico.

Saludos cordiales.

Fernando Valls dijo...

La verdad es que lo sabía, Llibreter, era una manera de contarlo, medio en broma. También lo hacen con algunos críticos.
Y respecto al abrigo de Villoro, ahora que lo pienso, puede ser que le quitara a Magris el abrigo de Vila-Matas que el italiano se llevó sin darse cuenta.
Gràcies, de totes maneres, per l´aclaració.

Isabel dijo...

Pues yo lo veo más bien como jugando al escondite y contando con la mano los minutos que le faltan para aparecer ocultándose detrás de las gafas.
La caricatura es muy buena.
Seguro será una lectura inteligente la que nos ofrece en este nuevo libro.

Fernando Valls dijo...

Isabel, ¿jugando al escondite? Pero, con quién jugará. Bueno, seguro que con Pitol, Magris, Villoro, Pisón, Mercedes Monmany, Llovet, Alan Pauls, Piglia, Joan de Sagarra...
Bolaño, donde quiera que esté, debe morirse de risa, confiando en que no consiga encontrar a ninguno.

Isabel dijo...

Claro, con todos ellos, con todos los que cita en sus libros para que juguemos a leerlos las personas que, como yo, no tenemos esa vasta cultura literaria.
La verdad es que no conozco si será esa su intención pero puestos a imaginar...

TOMÁS dijo...

Fíjate, Fernando, tus dos últimas entradas se refieren a los dos talentos literarios que, al menos en principio, jalonan la literatura de este país. Dos propuestas bien distintas, pero que confluyen en la forma literaria. Un discurso estilístico qur roza lo bíblico, la singladura sintáctica que anestesia con su lectura y una propuesta socarrona repleta de ironía y refrentes que flotan por las páginas. Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

hombredebarro dijo...

Bueno, no deja de tener cierta coña tu comentario. He leído a Vila-Matas y me han interesado algunas cosas concretas. Para nada el lugar desde el que se siente escritor. Pero no deja de parecerme un personaje un poco cómico sin quererlo, como bien demuestran estas fotos.

oriol dijo...

La sangre es más dulce que la miel.

Fernando Valls dijo...

"Nada existe más dulce que la miel, excepto el dinero", le dice el Hombre Bajo al Hombre Alto en una de las `Historias mínimas´, de Javier Tomeo, la que lleva el número XXXVII, en la edición de Anagrama.
Saludos, Oriol.

Francisco Casoledo dijo...

Excelente la descripción de la portada. A muchos lectores nos ha llamado la atención y hemos participado del juego de descubrir su sentido como una más de las referencias literarias del territorio Vila-Matas.

Hace poco, sin embargo, dejó un comentario en mi blog, en respuesta a una pregunta que previamente le había realizado, en el sentido de que no existe enigma alguno en la fotografía:

http://franciscocasoledo.blogspot.com/2008/09/dietario-voluble-vila-matas-dentro-del.html

Lo cual no me creo, claro, aunque sólo sea mediante la apelación a la famosa autonomía de la obra con respecto a su autor.Y artículos como el suyo, señor Valls, me lo confirman. Un saludo.