sábado, 2 de agosto de 2008

Luis Mateo Díez en Santander

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A lo largo de los cinco días que ha durado el curso sobre las Fábulas de la memoria y el sentimiento, en los que Luis Mateo Díez hizo una minuciosa reflexión sobre el origen, las peculiaridades y el sentido de su obra, comentó también, con un cierto detenimiento, sus proyectos literarios. El resultado más inmediato es la aparición en otoño de Los frutos de la niebla (Alfaguara), volumen con el que se completan las llamadas Fábulas del sentimiento, compuestas por doce novelas cortas, distribuidas en cuatro volúmenes, de los que ya conocíamos El diablo meridiano, El eco de las bodas y El fulgor de la pobreza. En estos volúmenes, la primera pieza da título al conjunto y todas ellas pueden leerse de manera independiente. Está previsto que más adelante aparezcan reunidas en un único tomo. A su autor le gusta definirlas como una mirada moral sobre el comportamiento humano.
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Pero también habló de otros libros, meros proyectos aún, como el llamado Viaje a Celama; la novela rusa, como él la denomina, titulada Pájaro sin vuelo, homenaje a Oblomov, de Goncharov, sobre el personaje indolente, el inútil. Sí ha aparecido ya algún anticipo, en cambio, en un opúsculo con tres textos que publicó el Centro de Estudios de la Generación del 27, de un libro que podría llamarse Voces del espejo, cuyo origen es un microrrelato en el que un personaje, tras mirarse al espejo, ve unas palabras, las palabras de su vida. Como podéis apreciar, el curso fue más que provechoso, y para celebrarlo -dejadme que os dé un poco de envidia-, el jueves nos fuimos a cenar al Riojano, en el Río de la Pila, en compañía de Aurora y Carlos Galán, los mejores anfitriones posibles en Santander, y despedimos el curso con una comidita en el Marucho, cerca del viejo mercado de la ciudad, con rabas, bocartes, pastel de cabracho y bonito a la plancha, regado con unas cervezas y un vino de Rueda, y de postre, un helado casero de higos..........Como
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4 comentarios:

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Conozco la hospitalidad santanderina, que alguna vez he compartido con el propio Luis Mateo y los anfitriones que nombras, así que la envidia, en este caso, es más bien añoranza de algunos buenos ratos.
Saludos.

Ida Lupita dijo...

Mucha envidia, sobre todo por la idea del relato de las las palabras escritas en el espejo.¡Menudo hallazgo! Por esa mina literaria regalaría el pastel de cabracho y el helado de higos.

Anónimo dijo...

¡Ay, El Riojano! ¿Existirá todavía El Pil?
Abrazos desde Málaga. FRN

Fernando Valls dijo...

No sé si existirá el Pil, querido Paco, la juerga nocturna se me hace algo más cuesta arriba, pero te aseguro que siempre que paso por Santander os recuerdo, a Eduard, a Marina, a ti, e incluso a Yolanda. En fin, a tantos buenos amigos de aquellos años.
Espero que nos veamos en noviembre en Málaga, en el congreso sobre el microrrelato. Mientras te mando un abrazo.