lunes, 23 de junio de 2008

Manuel Longares, Premio Mario Vargas Llosa NH

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Se acaba de fallar en el Casino de Madrid el XII Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, en sus diversas modalidades. En el apartado al Mejor libro de cuentos publicado en España en 2007, dotado con 10.000€, ha ganado La ciudad sentida (Alfaguara), de Manuel Longares, frente a libros de Gonzalo Calcedo, José María Merino, Antonio Pereira, Pablo Andrés Escapa y Enrique Vila-Matas. El conjunto ganador está compuesto por textos de difícil clasificación, entre la crónica y el relato, presentados en forma de cuentos completos. Entre sus piezas aparecen algunas tan sobresalientes como el retrato que traza de Juan Eduardo Zúñiga, así como varios ejemplos del mejor modo en que debe concluirse siempre un texto.
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El premio al Mejor libro de relatos inéditos ha sido para Aurelio Loureiro, quien se lleva los 20.000€. Y en la modalidad de Cuentos independientes, dotada con 10.000 euros, el ganador es “Todo lo demás”, de Felipe Benítez Reyes.
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El jurado estaba formado por los escritores Ángela Vallvey y Gustavo Martín Garzo, y por los críticos José María Pozuelo, Ángel Basanta y José Luis Martín Nogales.
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En la categoría on-line El relato más votado, se han presentado 410 cuentos que han recibido más de 200.000 votos en total. El premio ha sido para “Código de barras”, de Lourdes Aso Torralba, con un total de 1.260 votos de los lectores, con lo que se adjudica los 10.000€. Con los relatos ganadores y finalistas, NH Hoteles publica una colección de libros Noches de relatos en varios idiomas que distribuye gratuitamente en los más de 340 hoteles del grupo como una atención a los clientes. Así, se han editado ya 33 libros que contienen relatos de un centenar de autores. De todos ellos se han distribuido más de un millón de ejemplares en los establecimientos de la cadena en todo el mundo.
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6 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Tu rapidez es periodística: esta misma mañana leía en la prensa que hoy se fallaba este premio y ya has dado tú la noticia. No he leído a Manuel Longares y sí a Benítez Reyes, especialmente su poesía, que me parece espléndida. Con todo, en su modalidad vuelve a soprenderme que el premio no se lo lleve algún desconocido, en un certamen que, en teoría, también promueve nuevos valores. El problema de los premios literarios es que no son, ni mucho menos, plataformas para dar a conocer a escritores desconocidos; son, sin más, una forma que tienen los escritores consagrados de sacarse un dinero extra. Saludos.

Juan Carlos Márquez dijo...

Lo de Benítez Reyes estaba cantado desde que se hicieron públicos los finalistas. Por el bien del certamen, sería bueno que todos los participantes concursaran con pseudónimo, así se evitarían ciertas suspicacias. En cuanto al jurado, echo de menos algún cuentista de esos a los que los cuentistas tenemos en cuenta.

Fernando Valls dijo...

Antonio, a veces, ir por delante de los periodistas no tiene demasiado mérito.
Juan Carlos, yo he sido jurado de ese premio y te aseguro que actuamos con total independencia. Pero estoy de acuerdo contigo en que la presencia de algunos escritores en el jurado es difícil de entender, mientras que echamos de menos a otros, quizá menos conocidos, pero con una obra literaria de mayor entidad.
Gracias por vuestras opiniones.

Juan Carlos Márquez dijo...

No dudo de la limpieza del certamen, Fernando (por fortuna para mí, no soy de esos), pero lo de la ausencia de pseudónimo, el ir a pecho descubierto, genera suspicacias en ciertos foros de escritores; aunque, a decir verdad, en esos foros hasta respirar genera suspicacias. (Recuerdo que yo les dije con cierta ironía cuando se hicieron públicos los finalistas que sí, que era muy posible que ganara Felipe Benítez, pero que tuvieran en cuenta que no todos los días salen una docena de cuentistas mejores que Benítez.)

Fernando Valls dijo...

El año al que me refería, se presentó con su nombre Abilio Estévez, el excelente narrador cubano, y obtuvo el premio -sin apenas discusión- la muy poco conocida Olga Merino. O sea, Juan Carlos, que sí, que tienes en parte razón, pero que no siempre ocurre lo previsto, y eso por no insistir en la calidad de la literatura de Benítez Reyes.
Por otra parte, conociendo personalmente a todos los componentes del jurado (excepto a Ángela Vallvey), dudo mucho que se dejaran impresionar por el nombre. Con todos ellos he estado en jurados.
Pero también recuerdo que en una ocasión, en el jurado del Premio de la Crítica, un periodista tontorrón, de La Vanguardia, comentó durante las deliberaciones: si concursa una novela de Vargas Llosa, hay que darle el premio a él. Como la novela no era nada del otro mundo y había libros mejores, la eliminamos en la siguiente votación.

monzón dijo...

Hay un cuento de Bolaño, Sensini, se llama, que además de ser extraordinario, explica bastante bien la vida del escritor de concursos. Lo que yo sé, y sé poco, es que uno no debe hacerse ilusiones, ya lo dice Benet. A veces, mandas tu cuento sin seudónimo, pongamos, por ejemplo, al XII certámen NH Mario Vargas Llosa de relato, en la modalidad de relato inédito, y resulta que tienes la suerte de ser seleccionado entre los finalistas. Ves el título ahí, tu título, lo vuelves a mirar incrédulo, y lo que te extraña es que junto a él lees (seudónimo). Llamas por teléfono porque tú no pusiste seudónimo y llegas a pensar que tal vez no es tu cuento, tal vez haya otro tipo, un vecino de tu ciudad que le ha dado por titular su cuento igual que el tuyo. Dices, Creo que soy uno de los finalistas del certámen en curso, lo verifican, te felicitan incluso. Puede extrañarte que no esté tu nombre y sí el de otros en el listado siendo que no mandaste un seudónimo, pero eres finalista, lo pone ahí bien claro, "han sido seleccionados los finalistas..." Lo que no pone es que habrá, entre los doce cuentos, una última selección, algo cuanto menos sorprendente, una especie de finalistas de los finalistas, y tú no vas a estar entre ellos. Quedará tu título finalista como la obra de un fantasma, cosa que no está mal, puede incluso tener su gracia. Quedará eso sin tu nombre, unos días de vanidad moderada, un poco de cansancio y la certeza de que nunca llegarás a nada.
Yo, por si acaso, firmo ahora con seudónimo.