viernes, 20 de junio de 2008

JUAN MANUEL GONZÁLEZ, en el recuerdo

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Una mujer se separa de su marido, éste no consigue superarlo, la amenaza, y acaba cayendo en una profunda depresión. Hace unos pocos días, se presentó en la casa familiar, por fortuna no estaba la mujer, pero sí los hijos, se encierra en un cuarto y se dispara un tiro.
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Mientras estaba de viaje, junto a otros compañeros del gremio, nos llegó la noticia de la muerte del periodista, escritor y crítico literario Juan Manuel González (Madrid, 1954), de quien todos sabíamos que no estaba bien, que pasaba por malos momentos, de los que no conseguía salir.
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Los datos fríos, digamos objetivos, son que desde 1980 Juan Manuel González estaba vinculado a la Agencia Efe, y que en la actualidad era miembro de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y profesor de Literatura en Segovia, en un campus dependiente de la Universidad de Valladolid. Como poeta obtuvo, entre otros, el Premio Jaime Gil de Biedma con Tras la luz de poniente (2007), y reunió su lírica bajo el título de Hacia el alba de nieve (2004). Antes aun, había sido galardonado con el Premio Ojo Crítico de Narrativa por Cuaderno de combate azul (1993). En su faceta de crítico literario, había llegado a colaborar en los suplementos de los diarios El Mundo y El Sol, entre otros. Su último libro se titula Vírgenes, masones y visionarios. Rutas iniciáticas y ocultistas (2008).
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Por el momento he leído ocho o diez obituarios, en diarios y blogs, y en ninguno de ellos se cuenta cómo murió. No todas las versiones que me han llegado hasta ahora coinciden, se ha tendido a novelizar la situación final, pero nadie se ha sentido con ganas de poner por escrito cómo se produjo la muerte. Parece comprensible, no es plato de gusto. Ahora bien ¿por qué nadie lo ha contado? ¿Acaso no se fían de las fuentes; no están seguros de que puedan ser ciertos los hechos? ¿Pero, no es peor, a fin de cuentas, todo ese misterio, todas esas sospechas, incluso el morbo que se le suscita a cualquier lector mínimamente avezado? Muchos de nosotros conocíamos al periodista, pero en esta historia existen también una mujer y unos hijos, cuyo papel de víctimas no es justo ignorar. Por eso, tras grandes dudas, me he atrevido a contar esta desagradable historia.
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Coincidí con Juan Manuel González en varias ocasiones, aunque nunca llegamos a cruzar otra cosa que no fueran unas pocas frases, más o menos convencionales. El pasado mes de abril lo esperábamos en Huelva, en el jurado del Premio de la Crítica, pero no se presentó, ni siquiera avisó de que no vendría. Aun así, comprendo a todos aquellos que no han podido o querido contar esta historia, quizá por discreción y respeto, en un momento doloroso para su familia y sus amigos, para todos aquellos que lo habíamos leído y lo respetábamos como compañero. Descansa en paz, Juan Manuel.
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9 comentarios:

Armando Trieste dijo...

Creo que a nadie le importa saber cómo murió, esto es morbo.

Lo que si sería conveniente, es reflexionar en que si sabían que no estaba bien, que pasaba por malos momentos, de los que no conseguía salir ¿por qué no hicieron nada para ayudarlo?

Fernando Valls dijo...

"No he querido saber, pero he sabido...". Con esta frase empieza una célebre novela actual, que no he podido dejar de recordar. En el correo privado, Armando, una amiga me comenta a propósito de tu intervención, "sí, las cosas que suceden, importan". Y si los hechos se cuentan, y hay víctimas, como ha ocurrido en esta ocasión, no se las puede ignorar. Para mí, junto a la muerte de Juan Manuel, esa es la cuestión principal.

Armando Trieste dijo...

No se puede ignorar la muerte, obviamente, pero no contar en un blog cómo murió, eso es lo que a nadie importa. Hay diferencia.

Sí, hay víctimas, pero el morbo de decir cómo murió no las hace menos víctimas. Y mucho menos eres juez para saber cosas que solo les conciernen a ellos. Las víctimas son todos, y nadie sabe realmente la realidad más que ellos.

Si yo fuera hijo y leyera esto, te odiaria.

Además, hablar de una persona que ya no está...

Fernando Valls dijo...

Me temo y me consta, Armando, que el odio de los hijos estaba dirigido hacia otro objetivo. Pero si tuviera la mínima sospecha de que las cosas fueran como tú dices, borraría la entrada al instante y pediría disculpas.
Y si quieres que sigamos con este diálogo, lo menos que puedes hacer es abandonar el seudónimo, dar la cara y evitar supuestos imposibles de comprobar, del tipo, "si yo fuera...".

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Por terciar en la polémica, y tomar partido, diré que a mí me ha servido la nota de Fernando. Me hice eco en mi blog de la muerte de Juan Manuel González, reproduciendo la reseña de un libro suyo, sin saber nada de cómo murió. Luego, por Antón Castro supe lo del suicidio, sin más. Las circunstancias exactas las he sabido por Fernando, y me parece que tienen su importancia y no le restan nada a su poesía, que es lo que importa. No veo intención de hacer daño por parte del autor de este blog y le agradezco a información. Los datos biográficos importan, y mucho.

hombredebarro dijo...

El morbo no está en saber las cosas, en este caso cómo murió, y dentro de qué marco de circunstancias, una persona. El morbo está en cómo manejamos esa información, no ya con los demás, sino con nosotros mismos. El morbo es cuestión subjetiva y no hay en la vida cosa más morbosa que la literatura. En el caso de familiares o allegados a la persona, el dolor que les puedan causar comentarios o informaciones, es digno de respeto. No hacerlos no significa una señal de respeto mayor. Sobre todo por una cosa, porque el autor de la entrada declara que era conocido, no amigo, de la persona de la que está hablando. Y esa distancia le permite dar la información.

Juanma hijo dijo...

En primer lugar, permitanme que me presente. Soy Juan Manuel González Prada,y sí , soy su hijo, pero también soy el hermano de Guiomar , su hija, y el nieto de Dolores, su madre.

Hechas debidamente las presentaciones, permitanme decirles que como hijo no me preocupa lo que se ha escrito en este blog. No porque no me recuerde momentos, y sobre todo imagenes y olores, que sé que jamas voy a olvidar, sino porque al contrario que muchos de los que demuestran su valor detras de seudonimos, falsas amistades o "fidedignas fuentes", la verdad ya no le puede hacer mas daño a mi padre.

Sin embargo como nieto y hermano mayor no he podido mas que rabiar cuando Guiomar ha venido corriendo a enseñarme "esto", y no solo por el contenido del mismo, pués como ya he dicho anteriormente, es por desgracia totalmente cierto, sino también por los comentarios posteriores, mas tipicos de barra de bar que de personas que se consideran asimismas sensibles.


Señor Armando Trieste ¿Quiere saber donde he estado el ultimo año de mi vida desde que mi padre se divorcio?. AYUDANDO A MI PADRE A SALIR DEL INFIERNO EN EL QUE HABÍA CONVERTIDO SU VIDA. Yo lo acompañaba al medico, yo cursaba sus bajas medicas, yo me sentaba con el horas y horas teniendo la misma charla sin sentido puesto que el se empeñaba en reconstruir algo que hacía años que ya no existía y yo intentaba que el siguira hacia adelante, yo le interné en un hospital, Yo convencí a mi madre para que le dejara pasar por su casa para recoger el correo y estar con nosotros, con la esperanza de que le ayudara a salir adelante, aunque al final usó mi ayuda para hacer algo de cuya imagen jamas me poder olvidar, visión que gracias a dios evite que nadie mas de mi familia viera.

Frente a esto, ahora tengo que escuchar casi a diario comentarios de gente que "quería " mucho a mi padre y que hace delante de mi cara la misma pregunta que ha hecho Vd.

Por ultimo, Don Fernando, yo no he tenido el placer de conocerle pero permitame decirle que la alusión a la vida desenfadada de mi padre, podía cuanto menos haberse ahorrado, porque poco o ningún valor biografico tiene, y sin embargo denota una cierta critica hacía la persona de mi padre que a estas alturas es inecesaria. Puesto que ni mi hermana ni mi abuela necesitan conocerla, le ruego encarecidamente que la omita. También le ruego que me aclare hacia que o quien esta dirigido mi odio y mi rabia o hacía quien o que lo debo dirigir para satisfación suya.

Sin otro particular. Juan Manuel González Prada.

Anónimo dijo...

A Juanma le conocí la primera vez que se separó de su mujer.Los sentimientos forman parte de nosotros mismos y nadie debería atreverse a valorarlos. Le vi en la Puerta del Sol, visiblemente deteriorado y el corazón me lo dijo antes de que él me dijera "ahora sí que no lo supero" con la mirada del poeta. Mientras viva estará el recuerdo del lobo y el mastín en mi memoria. Por ti, lobezno, por la vida del hombre y el poeta.

María dijo...

No sabía nada de su vida personal, lo veía muy de vez en cuando , pero era una persona especial y lo echo de menos