viernes, 23 de enero de 2009

Lo que NO es un microrrelato


Con la excusa de un apresurado comentario sobre Soplando vidrio, mi libro dedicado al microrrelato, el crítico José Luis García Martín nos regala doce piezas breves en prosa, en las que dice poner en práctica lo que ha aprendido en mi trabajo. A la vista de los resultados obtenidos, me temo que sus textos muestran escaso aprovechamiento, los reproduzco a continuación para que vosotros mismos los juzguéis, pues a mí me parecen un perfecto y claro ejemplo de lo que no puede ser un microrrelato, esto es: un chiste, una anécdota, una ocurrencia con paradoja o una mera frase ingeniosa. Todo esto se repite hasta la saciedad en Soplando vidrio, donde nunca se afirma, por cierto, como me atribuye García Martín, que el género se diferencie del cuento sólo por su extensión. Que el microrrelato sea, por sí mismo, un género nuevo y distinto (o no) es cuestión disputada, sobre la que los especialistas en la materia han barajado ya numerosos argumentos, pero que -me parece- no puede ser zanjada con premura, en unas pocas líneas de periódico. A no ser que el profesor de Universidad, como es su caso, haya acabado convirtiéndose en gacetillero. Lo cierto es que mi argumentación, en su conjunto, está plagada de matizaciones y dudas, que un crítico atento debería saber reconocer. Buena prueba del apresuramiento del director de Clarín se pone de manifiesto cuando afirma que "bastantes páginas del volumen no pasan de un recuento bibliográfico", cuando en realidad sólo son 7 de las 333 que componen el libro, presentadas como una guía posible de lecturas, en sustitución de los clásicos listados de bibliografía. Páginas que, además, bastantes lectores han elogiado ya por su utilidad. Los críticos tienen que intentar ser siempre ecuánimes y juzgar los libros, ya sean de ficción o de ensayo, en su conjunto. Pero éstas son obviedades que se supone que debería ya saber un crítico veterano, aunque lamentablemente no siempre se practiquen. Sólo los críticos efectistas y banales, como aquél que anduvo por El País de cuyo nombre prefiero no acordarme, escriben con el apresuramiento y la falta de respeto por el trabajo ajeno que muestra García Martín. Atendiendo a cuanto dice en su comentario, me temo que no ha entendido apenas nada, de ahí que prefiera pensar que, en realidad, no se ha leído el libro. Así, sale mejor parado.
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Su obsesión era convertirse en el autor del cuento más breve del mundo. Primero publicó un libro sólo de títulos, ya que un buen título encierra toda la historia; luego pensó que las buenas historias no necesitan título y publicó un volumen con todas las páginas en blanco.
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Un día, en el carnaval, quiso poner a prueba la fidelidad de su mujer y trató de seducirla; ella, también enmascarada, resistió todas las galanterías de aquel presunto desconocido. Cuando, orgulloso, se lo contó al día siguiente, se puso colorada y murmuró: «Entonces ¿no eras tú?».
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Cuando se abrió el testamento resultó que el padre había repartido todas sus posesiones entre sus dos hijos mayores y al tercero, al que más quería, no le había dejado nada. Al ir sus amigos a consolarle, este sonrío: «A mí me ha dejado lo mejor: su talento».
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Las dos amigas se enamoraron simultáneamente del mismo hombre, un capitán de artillería que no hacía caso a ninguna de las dos. Acabaron viviendo juntas y consolándose mutuamente de aquel fracaso.
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Un día, dando una vuelta por el paraíso, se encontró Dios con un santo que, desnudo de cintura para arriba, se golpeaba con aparente saña. «Pero ¿qué haces, buen hombre? Ahora estás en el cielo, ya no es necesario que te mortifiques». «Si no me mortifico?», respondió ruborizado.
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Buscaba mujer y no encontraba ninguna de su gusto. Ésta era un poco cejijunta, aquella estrecha de caderas, la otra demasiado habladora. Un día, cuando ya desesperaba, la encontró al mirarse casualmente en el espejo.
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Cada noche, cuando el pastor dormía, el lobo se llevaba una oveja. No había manera de evitarlo. Un día al despertarse el pastor se encontró al lobo que lo miraba fijamente. «¿Qué quieres?», preguntó, «Ya no me queda ninguna». «Quiero las ovejas que cuentas antes de dormirte».
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Para evitar desilusiones, antes de declararse a la mujer que amaba hacía cuidadosas averiguaciones sobre su pasado, su fortuna, sus costumbres. Contrataba detectives, preguntaba a familiares y amigos. Nunca se declaraba a ninguna mujer sin estar bien seguro de que iba a ser rechazado.
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Todo lo que hacía le salía bien, jamás estuvo enfermo, era el hombre más feliz del mundo. Había cumplido ya los noventa años cuando la muerte llamó a su puerta. Se asustó: «Ahora voy a pasar todas las angustias juntas». Pero la muerte sonreía: «Conoces todos los bienes de la tierra, pero te falta por conocer lo mejor, algo que hasta los dioses anhelan: la dulzura de la nada».
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Se pasó toda la vida viajando, estudiando, tratando de averiguar lo que era necesario para ser feliz. Cuando estaba a punto de averiguarlo, murió súbitamente. Nunca hubo hombre más feliz.
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A Oscar Wilde, poco después de su salida de la cárcel, le reconocieron unos viajeros ingleses en un café de Nápoles. Se quedaron parados, a cierta distancia, mirándole como se mira a un animal que causa a la vez pasmo, miedo y repugnancia. Pero una niña se soltó de la mano de la madre y, antes de que pudieran impedirlo, se acercó a él y le dio un beso. Oscar Wilde sonrió: «Dios os ha perdonado».
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Aquel gran pecador, cuando abrió los ojos, se sorprendió de encontrarse en un jardín con frutos de oro y ríos de leche y miel. «La verdad -le dijo al ángel que se acercaba con una botella de su whisky favorito y unos vasos- creí que el infierno sería un lugar menos agradable». El ángel sonrió: «Te han negado la entrada en el infierno porque cometiste todos los pecados, pero te olvidaste del único que de verdad importa: nunca hiciste mal a nadie».
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A la vista de estos textos, su autor convendrá conmigo en que ni él como director de Clarín, ni Gemma Pellicer y yo, como responsables de la sección de la revista dedicada al género, titulada "Liebre por gato", podríamos recogerlos allí. En cambio, sí los utilizaré a partir de ahora como claros ejemplos de lo que no debe ser nunca un microrrelato.
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P.S. No publicaré los comentarios, ni hoy ni nunca, de quien no se identifique. Puesto que los demás utilizamos un nombre y correo público, no me parece razonable mantener diálogo con anónimos o seudónimos ridículos (tipo Azarel Leví), pues suelen ampararse en ellos para criticar o, en los peores casos, insultar y amenazar. Si tengo que responder, quiero saber a quién.
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* El cartel es de Arnal Ballester.
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37 comentarios:

Antonio Serrano Cueto dijo...

Fernando, llevo la mitad de tu libro leído y si algo recuerdo especialmente es lo que dices al principio de esta entrada: que una anécdota, un aforismo o una frase ingeniosa no son un microrrelato. Yo tampoco sé muy bien cuáles son los márgenes de este género, pero algo voy aprendiendo de lo que no debe ser. Y estos ejemplos, sencillamente, se alejan de la idea que poco a poco me voy formando. Saludos.

Nací un 29 de febrero. dijo...

bueno, el primero no está mal...

"una frase ingeniosa no es un microrelato" entonces supongo que el dinosaurio tampoco lo es ¿no?

supongo que es cuestión de intención y de gustos

salu2

Fernando Valls dijo...

Martín, nunca le he visto la gracia a ese texto de Monterroso. Por otra parte, sobre gustos hay mucho escrito, y no se trata de apelar al "me gusta" o "no me gusta", que no tiene valor alguno, sino en razonarlo con criterio y conocimientos fundamentados.
Gracias, Antonio, por tu lectura.

Juan Carlos Márquez dijo...

A mí, en general, me seduce más Arreola que Monterroso, sobre todo el texto (ya no me atrevo a escribir microrrelato) titulado "Cuento de horror":

La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.

el pasado que me espera dijo...

A mí tampoco me parecen microrrelatos, más bien una burla a un género que yo diría que, guste o no guste, merece más respeto. No resulta fácil escribir un relato que a pesar de su brevedad tenga la contundencia de un puñetazo, que cree inquietud, que te deje pensando, que diga más con lo que oculta que con lo que dice, que admita numerosas relecturas y al que no le sobre ni le falte ni una palabra. Hay pocos autores que para mi gusto lo consiguen.El artículo de García Martín me ha recordado a los que delante de un Picasso o un Miró dicen aquello de: esto mi hijo pequeño también lo haría. Sigue soplando, Fernando. Ladran, luego cabalgamos.

Nací un 29 de febrero. dijo...

El tema de los "gustos" es un poco más complejo, muchas veces hacemos exégesis de algo que simplemente “nos ha gustado” (se han escrito varias páginas justificando el dinosaurio, analizando cada palabra) y es difícil hacer esto con algo que “no te guste” a pesar de que lo encuentres válido.
Siempre he querido pensar que en el arte y la literatura hay bases objetivas en las que nos apoyamos para dar valoraciones pero me temo que en el 80% de los casos nos es genéticamente imposible dar un 10 a algo que a primera lectura no nos emocione o nos enganche (y eso sin contar con las rencillas personales que nos nublan la vista aun más cuando hacemos critica con los contemporáneos. A pesar de que queramos ser imparciales solemos ser benévolos con los amigos y no perdonar una coma a quien no lo es.)
Por cierto, siempre he sospechado que el dinosaurio es una broma de amiguetes, yo tampoco le veo la gracia pero ellos se deben estar riendo con la que han liao.

Herman dijo...

Como apasionado lector de brevedades, también opino que el ingenio nunca basta por sí solo para componer una pieza literariamente valiosa. A mi juicio, todo microrrelato que se precie debe albergar un cierto grado de tensión narrativa o de fuerza poética, inexistente en los ejemplos que nos brindas.
Un saludo cordial.

Pedro Herrero dijo...

Mirando el lado bueno de las cosas, los ejemplos que propone el autor de esta entrada sirven para buscar argumentos que los justifiquen como microrrelatos. La verdad es que a mí me cuesta hallar esos argumentos en este caso, pese a que algunos textos podrían trabajarse un poco más porque la idea de partida tiene posibilidades. Pero en conjunto me transmiten esa misma sensación de apresuramiento, de conformarse con poco, que el autor afirma haber aplicado al análisis del libro de Fernando. Tu libro, Fernando, lo llevo por la página 154, así que no he sacado una conclusión global. Confieso que en algunos fragmentos me quedo con las ganas de preguntar cosas para salir de dudas, pero admiro el inmenso trabajo y la honestidad de criterio con la que abordas el tema. Yo sería incapaz de emitir un juicio apresurado sobre un estudio de tal magnitud. Además es una falta de respeto. Pero si alguna vez impartes un seminario sobre el tema, avisa con tiempo para que vuelva a leer aquellos fragmentos en los que me hubiera interesado profundizar.

M dijo...

Fernando, ¿se ha traspapelado mi comentario?

Jo, a ver si me acuerdo de lo que dije esta mañana. Me ha resultado raro no verlo.

Fernando Valls dijo...

Pedro, en público, o en privado, si lo prefieres, puedes preguntar lo que te parezca oportuno, y si puedo te responderé. Es más, te agradeceré que me obligues a pensar sobre asuntos acerca de los que, posiblemente, he pasado con demasiada ligereza. A mí también, escribiendo esos trabajos, me han surgido dudas, perplejidades. Ahora, precisamente, estoy intentando aclarar algunas de ellas, como la diferencia entre el cuento y el microrrelato, aquellos rasgos que pudieran precisamente convertirlo en un género autónomo distinto.
Pero, en efecto, como apuntas, lo que no se puede es comentar tan a la ligera, como hace García Martín, un libro donde creo que salta a la vista que hay mucho trabajo. Puede criticarse, ni que decir tiene, pero primero hay que leerlo con detenimiento, cosa que no ha hecho y, después, fundamentar la crítica. Y a partir de entonces, podremos iniciar un diálogo provechoso.
Araceli ha captado muy bien la intención de García Martín. En efecto, de eso se trataba, de hacerle un desprecio al género. Lo que no entiendo es por qué mantiene entonces, en la revista que dirige, una sección dedicada al microrrelato.
Martín, claro que el tema es mucho más complejo. Yo también soy de los que cree que tenemos elementos de juicio suficientes para valorar con una cierta objetividad, ecuanimidad me gusta más, las producciones artísticas, pero que a veces influyen otros factores en nuestro juicio.
La anécdota que propició el microrrelato de Monterroso la ha contado él mismo. Otro día la relataré, para no prolongar más esta larguísima contestación.
Muchas gracias a todos, por vuestra buena intención, ahora que parece escasear tanto.

sergio astorga dijo...

Fernando, es evidente -no se necesita tener doctoraminto- que aquí hay "mala leche" y cuando esto sucede no hay jucio de valor que pueda ser comentado.
Si me permites,me parece que el microrelato está más próximo ha ser un género que un subgénero.
Y como en el Arte, es más fácil danrnos cuenta de lo que no es, a tratar de explicar lo que es.
La brevedad no se refiere a la extensión; sí a la síntesis; no es cuestión de economía, es cuestión de capacidad simbólica o de significados.
Cuando menos ya tenemos un buen ejemplo: no por se preofesor se tiene talento literario.
Un micro- abrazo.
Sergio Astorga

Antonio Serrano Cueto dijo...

Por cierto, Fernando, has leído el "Decálogo del microrrelato" que tiene colgada la web Escritores.org. Te dejo el enlace por si no lo tienes. Ya nos dirás:

www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser#decalogo

Marta María López dijo...

Fernando, tu libro me parece trabajadísismo y profundo, lleno de información valiosa. A mí me ha aportado mucha luz y lo tengo subrayado y lleno de anotaciones en los márgenes. Me parece un trabajo mayúsculo.

García Martín simplemente da su opinión, más o menos acertada, más o menos respetuosa con tu trabajo, más o menos documentada y profunda, pero una opinión.

Un saludo.

Fernando Valls dijo...

Gracias a Sergio y a Marta.
Antonio, ya he visto el decálogo, pero hoy es mejor no abrir más frentes y el pobre Francino bastante tiene con la denuncia de su valla. ¿No te parece?.
Saludos a todos y buenas noches.

Julia Otxoa dijo...

Como autora de microrrelatos tengo a Fernando Valls como uno de los estudiosos que con más profundidad,rigor y pasión ha dedicado su investigación al cuento y al microrrelato contemporáneo, prueba de ello y para quien quiera constatarlo ahí está su amplísima bibliografía sobre el género,su intervención en encuentros,congresos,su publicación de decenas de artículos,antologías, su paso por la dirección de la revista Quimera, etapa en la que dedicó en la revista una sección al microrrelato etc.

La bibliografía de Fernando Valls, es hoy clara referencia para todo aquel que esté interesado en el género del cuento y el microrrelato, tanto en España como en Latinoamércia.

Enhorabuena por tu libro "Soplando el vidrio" porque si ya te dije en su día, cuando me lo leí, que me gustaba la profundidad,rigor y al mismo tiempo apertura de tu estudio hacia otras visiones, otras interrelaciones,otras dudas, ahora lo reitero.Enhorabuena Fernando.Porque no solo has ayudado a profundizar mas en este apasionante mundo del microrrelato sino que con tu investigación has ayudado a proyectar un género injustamente arrinconado en España durante demasiado tiempo.

un abrazo
Julia Otxoa

Isabel dijo...

La verdad, no he podido terminar de leer los ¿micros? de la lista.
Para mí sí es un género que me merece mucho respeto, así como quien se dedica a estudiarlo y divulgarlo.
Lograr un fragmento que muestre una realidad más amplia además de crear preguntas en el lector, la sugerencia, el misterio... eso no lo hace cualquiera.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Fernando, créeme que siento llegar tarde a este baile. He estado un par de días sin conexión, vete a saber sin por culpa del viento que tanto ha azotado a esta ciudad -vaya mi recuerdo y mi afecto hacia las familias de esos cuatro chicos que perdieron la vida mientras entrenaban en un polideportivo (mi hijo también estaba entrenando a esa hora en otro polideportivo)- o por qué otra razón inexplicable. He leído los comentarios anteriores y ahora quisiera dar el mío. A mí hay ciertas cosas que ya no me sorprenden. Eso de no leer libros a la hora de hacer las críticas, o más aún, de rechazarlos así por las buenas, sin más ni más, es ya un viejo cuento en España. Acuérdate, tú que lo sabes tan bien, que a Aub Benjamín Jarnés le rechazó su "Fábula verde" con un "demasiados vegetales" que se le atragantó durante años y además ni siquiera fue capaz de decírselo en persona y tuvo que utilizar como intermediario a Fernando Vela. Pues bien, sólo dos años y algo después, el propio Jarnés escribió una elogiosa reseña del libro. ¡A buenas horas mangas verdes, cuando le había vedado el paso al lugar de los elegidos del momento! Así que nada debe extrañarte, querido Fernando, acerca de "comentarios apresurados". ¿Acaso tienes dudas, Fernando, de que has hecho un trabajo muy, pero que muy sólido con respecto al microrrelato? Ay!, hombre de poca fe, déjate de comentaristas abstrusos -¡que me cuelguen si he acabado de entender el que ha publicado este sábado en "ABCD" ¿está a favor o en contra de la dictadura argentina de los años setenta? ¿Sabe el crítico el abecé de los textos: la adecuación, la coherencia y la cohesión? Albergo serias dudas-. No recuerdo quién lo dice, pero en lo de los textos hay "mala leche", de acuerdo con él, ganas de decir: "Ven ustedes, en un momentín he sido capaz de largarme una docenita de estos textos como quien no quiere la cosa". Allá cada cual con sus faltas de respeto y con sus ganas de burla. Pero que nadie olvide aquel título de no recuerdo quien: "Quien tal hace, que tal pague" (ahora mismo ni siquiera estoy seguro de que se trate de un título de alguna obra o de un dicho, pero al caso es lo mismo). Un abrazo, Javier.

Hiperbreves S.A. dijo...

Fernando, lo primero que quería hacer es saludarte y pedirte las señas de tu libro, ya que me interesaría mucho leerlo.

Respecto a estos microrrelatos o no microrrelatos, creo que hay algunos aprovechables y otros son sencillamente malos para mi gusto. Soy periodista y desde hace unos años me dedico a escribir lo que yo llamo hiperbreves, que se publican semanalmente en el diario que trabajo y en un blog creado para difundirlos ( http://www.hiperbreve.blogspot.com ). Da miedo poner en enlace ante tanto lector experimentado, pero ahí está mi blog, abierto a todo tipo de comentarios, críticas y despellejamientos.

Yo no me atrevería a decir qué es y qué no es un microrrelato, pero está claro que alguien debe romperse la cabeza para definir, delimitar y teorizar al respecto. Eso es muy positivo y hará crecer lo que para mí es el género del futuro. Sin embargo, en el arte, en la literatura y en todo trabajo creativo, los límites, los decálogos y las recetas milimetradas pueden y deben saltarse y destruirse. ¿Qué es un chiste? Yo diría que todo lo gracioso o humorístico podría alguien llamarlo chiste. Es la dictadura de la subjetividad. Quizá por eso no creo en los moldes literarios. Si un microrrelato me atrapa, me sorprende y me hace reflexionar, para mí es bueno.

Dicho esto, ahí tienen Hiperbreves S.A. (abierto 24 horas al día) con microrrelatos buenos, malos, regulares y peores, pero microrrelatos todos, al menos para su padre literario, que soy yo. En todos quise relatar algo, quise contar una historia, quise atrapar a un lector.

Fernando Valls dijo...

Muchas gracias a Julia, Isabel y Javier, por sus comentarios.
Raúl, no se trata de hacer de guardia de la porra, diciendo qué es y qué no es un microrrelato. Lo que juzga el crítico es la calidad literaria, denomine el autor a sus piezas como las denomine.
Pero, en un momento dado, la profesora Dolores Koch, autora de la primera investigación que conozco sobre la materia, sobre textos de autores mexicanos, en 1981, cuando pensó en un nombre para denominar este tipo de textos, los llamó con fortuna microrrelatos. En suma, a los textos narrativos brevísimos que cuentan una historia los llamamos microrrelatos, que parece ser el nombre que se está imponiendo finalmente en el mundo hispano.
Mi libro se titula `Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelatro español´, y lo acaba de publicar Páginas de Espuma.
Visitaré tu blog. Gracias por la curiosidad y el interés.

Hiperbreves S.A. dijo...

Gracias, Fernando, por tu rápida y argumentada respuesta. Es verdad que microrrelato es el término más aceptado y que, probablemente, terminará imponiéndose. Sin embargo, yo los llamo hiperbreves y así bauticé mi columna semanal en el periódico EL DÍA y mi blog... ¿un poco tarde para cambiar, no te parece?

Buscaré, encontraré y leeré tu libro con gran interés.

Por cierto... Dos preguntas:
1) ¿Crees que los microrrelatos se aliarán con las nuevas tecnologías y los tiempos de escasez de tiempo para popularizarse más? En otras palabras, ¿puede ayudar a los microrrelatos que la gente lea poco y a través de dispositivos que no soportan lecturas prolongadas (móviles, por ejemplo)?
2) ¿Se venden menos libros de cuentos y microrrelatos porque las editoriales no apuestan por ellos o se venden menos libros de cuentos y microrrelatos y por eso las editoriales no apuestan por ellos?

Fernando Valls dijo...

A ver si consigo responderte, Raúl.
1) Me parece que uno de los géneros literarios que más se han beneficiado ya, si no el que más, con la difusión de las nuevas tecnologías, ha sido el microrrelato. Con relación a los móviles, no creo que valgan para eso, aunque te lo dice alguien que no sólo no tiene móvil, ni lo ha tenido nunca, sino que tampoco lo echa de menos. En cualquier caso, entiendo que sólo los multimillonarios podemos permitirnos esos lujos de ir sin móvil, para lo que hay que ser crítico literario y profesor de Universidad en España.
2) Me parece que se venden menos libros de cuentos (recuerda a Alberto Méndez, excepción que confirma la regla) y de microrrelatos porque cuesta más leerlos que una novela. Y los críticos se ocupan menos de ellos por la misma razón, creo yo.
y 3) No, no me parece tarde para cambiar el concepto. De hecho, nadie utiliza el término hiperbreves, ni en España ni en América, al menos nadie que pinte realmente algo en ese todavía pequeño mundo. O sea, que a no ser que tengas vocación de lobo solitario... Por ponerte un ejemplo, si a mí como editor, me llegara un libro bajo el epígrafe de "hiperbreves", te aseguro que me costararía el doble ponerme a leerlo... Y te ruego que me disculpes si te parece brusca mi respuesta, no deseo molestarte, pero sí ser realista.

Hiperbreves S.A. dijo...

Fernando, agradezco tu claridad y tu sinceridad. Me parece muy interesante la idea que apuntas del esfuerzo, del desgaste mayor que implica la lectura de un libro de cuentos. Lo de las nuevas tecnologías es un misterio, todavía andan por ahí tratando de jubilar al libro con el libro electrónico... ¿qué pasará? Imposible saberlo.

Respecto a lo de hiperbreves, respeto y entiendo tu postura. Cuando hablo del asunto utilizo el término microrrelato, pero Hiperbreves S.A. es el nombre de mi columna en el periódico y el nombre del blog, algo así como una marca de la que, de momento, no puedo desprenderme sin causar un gran estropicio... Visto lo visto, espero no encontrarte como editor... como crítico ya me imagino por donde lanzarás tu primer golpe si ese libro sale algún día y llega a tus manos... jejeje... Lo siento, pero se llamará Hiperbreves S.A., es algo irremediable.

Auuuuuuuuuu (aulló el lobo solitario)

Un afectuoso saludo.

Fernando Valls dijo...

Raúl, que no te quepa la menor duda de que si la piezas son buenas serán elogiadas, se llamen como se llamen. La denominación, en el fondo, es pecata minuta.

manuespada dijo...

Una puntuazlización: No estoy de acuerdo con que nadie utiliza el tétmino hiperbreves, de hecho cada vez se utiliza más en multitud de concursos, sin ir más lejos, el concurso de hiperbreves del Círculo Faroni, todo un clásico, por mencionar tan sólo uno.

Anónimo dijo...

Bien interesante el debate. Álguna vez he echado ya mi cuarto a espadas en este asunto, aunque fuese de modo un tanto superficial. Y tengo todavía por leer el libro de Fernando Valls, así que no me atrevo a engolar mucho la voz, porque seguro que meto la pata... Pero sigo sin ver nada claros los límites entre lo que sí y lo que no es microrrelato. De hecho, muchos, pero muchos chistes también --y a veces ante todo-- relatan hechos. O sea, que no creo se deba quitar de enmedio el humor como si se tratase de un estorbo para el microrrelato dichoso, entiendo yo. Más aún cuando tan próximos se encuentran humor e ingenio...

Por otra parte, a este género (o lo que sea) me temo que hoy por hoy le acecha ya, seriamente, el riesgo de volverse muy repetitivo.

Quizás por ahí quepa entender las ostentaciones (pues creo que no lo ha hecho una sola vez) de García Martín. Algunos de cuyos mínimos textos sí parecen ser microrrelatos... A mí, por lo menos, me lo parecen. En fin. Tras la lectura de "Soplando vidrio" reopinaré.

Saludos a todos.

Niggerman

José Ángel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Fernando Valls dijo...

José Ángel, el asunto es peliagudo y los límites, como dices, a veces son difusos. Pero no más que entre la novela, la novela corta (nouvelle) y el cuento. La condición ineludible del microrrealto es que cuente una historia. El problema de los textos de García Martín no estriba en que sean o no microrrealtos, que también, es que son de escaso vuelo, los llames como los llames.
El humor, el ingenio, pueden ser componentes importantes, y de hecho lo son con una cierta frecuencia.
Los género, en sí, no son repetitivos, pueden serlo las piezas concretas. Mírate, si no lo has hecho, los libros recientes de Merino, Julia Otxoa, Ángel Olgoso, Rubén Abella y Juan Gracia Arméndariz, por no salir de España, y ya verás que los textos tienen mucho interés y calidad. O échale un vistazo al blog del canario Juan Yanes, que da siempre buenos micros acompañados por fotos excelentes.
José Ángel, en suma, espero que no seas más chinche que yo...

Juan Romagnoli dijo...

Querido Fernando:
Muy cierto y típico que muchos críticos (no todos) opinan sin haber leído atentamente, cuando de un crítico se espera todo lo contrario. Sostengo que en éstos casos se trata de críticos que no aman su profesión, se la toman con irresponsabilidad y en definitiva,la menosprecian... ¿qué esperar que hagan en ese caso con el microrrelato? No coincido con quien dice por ahí que es "una opinión" y está en su derecho... eso vale para cualquier hijo de vecino, pero no para quien es profesional de la crítica, y por ello no se justifica la descalificación, la liviandad, el irrespeto y menosprecio. Esto lo digo en general, ya que no he leído aún tu libro (no sé si llegará a Buenos Aires, pero ya lo conseguiré de algún modo). Lo que no me cierra, no logro entender, es que sea quien dirige la revista donde vos tenés la sección de microrrelato... siento como si me perdiera de algo, pero en fin. Fuerte abrazo, amigo, y mis saludos a Gemma. Juan.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Juan.
Y Juan Rogmanoli es, lo recuerdo, uno de los muchos buenos autores de microrrelatos que ha dado Argentina en los últimos años, cuyas piezas han aparecido en este blog.
Seguro que el libro llegará a la Argentina, donde la editorial tiene distribución.

Francisco Rodríguez Criado dijo...

Fernando, citas a Dolores Koch como impulsora del término "microrrelato", allá en 1981, aunque tú mismo escribes en "Soplando vidrio" (página 17) que fue José Emilio Pacheco el primero en utilizar ese término, en 1977. ¿Hemos de entender que Koch lo tomó de Pacheco o acaso, cosas del azar, llegaron al mismo punto por caminos diferentes?
Por otra parte, ¿cómo se llama ese estudio de Dolores Koch?
Saludos
Francisco Rodríguez Criado

Fernando Valls dijo...

Javier Perucho, uno de los mejores especialistas en el microrrelato mexicano, ha investigado el asunto y afirma que fue J.E. Pacheco el primero que uso el término. D. Koch, profesora en Nueva York, ha contado que fue ella quien pensó en el concepto cuando empezó a estudiar las piezas breves. Y ambas cosas deben ser verdad. Lo cierto es que fue la primera investigadora del género, y es muy probable que no conociera lo que había dicho Pacheco. Su primer trabajo se titula “El microrrelato en México”, Revista Hispamérica, 1983, y estudia la obra de Julio Torri, Juan José Arreola, Augusto Monterroso y René Avilés Fabila. Su tesis, leída en la Universidad de Nueva York, en enero de 1986, y todavía inédita, se titula `El micro-relato en México: Julio Torri, Juan José Arreola y Augusto Monterroso´.
Piensa que, hasta hace unos pocos años, hemos trabajado en el género casi aislados, sin apenas información, sin conocer lo que se hacía en otros países.

Francisco Javier Torres dijo...

Minificciones tampoco está mal como etiqueta para el género, me parece. Por cierto, te dejaste atrás, Fernando, lo de contar la anécdota del origen del famosísimo y requeteverbalizado y referido micro de Monterroso, la del amigo borracho, etc., cuéntala tu. Una variación de este zenit es la de mi amigo Diego Muñoz Valenzuela: "Cuando despertó el dinosaurio de peluche todavía estaba allí. Lo abrazó, sonrió y siguió durmiendo."
Diego es un renombrado cultivador del género en Chile, su país. Y recientemente ha publicado aquí en España su novela Flores para un cyborg, cuya lectura me permito recomendaros a todos.
Disculpa, pero no he leído tu ensayo sobre el tema, tal vez lo resuelvas ahí, pero una cuestión que yo me planteo, es por qué esta manifestación se da de inciio y con tanta fuerza en Hispanoamérica. ¿Razones antropológicas, literarias, sociales? No sé, ya digo, si lo planteas en el libro, tal vez puedas aclarar algo.
Gracias y un saludo

Fernando Valls dijo...

Francisco Javier, el término minificción me parece muy poco apropiado, y artificial, porque también sería minificción -por ejemplo- la poesía, y ningún poeta, ni estudioso del género, la llama así. Curiosamente, si te fijas, en las antologías que se denominan de minificción sólo suele haber microrrelatos. Y en los llamados congresos de minificción, casi sólo se habla de microrrelatos. ¿Por qué usar, entonces, un concepto tan general y nada utilizado por los otros cultivadores de esas ficciones mínimas?
Diego Muñoz Valenzuela es un excelente narrador chileno, como novelista (espero que su `Flores para un cyborg´, ¿no eres tú el editor?, sea aquí bien recibida), autor de cuentos y microrrelatos, que los lectores de este blog conocen porque aquí se ha recogido su obra y tengo enlazado su blog.
En Hispanoamérica no arrancó el género antes que en España, donde lo cultivaron, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez y Ramón Gómez de la Serna (puedes ver las dos antologías de Menoscuarto), no más tarde que Julio Torri, Lugones o Huidobro.
Prometo contar algún día esa anécdota de Monterroso, en una entrada independiente.
Saludos y gracias a todos por vuestros comentarios.

Francisco Javier Torres dijo...

Desde luego a mí lo de microrrelato me parace cojonudo, la verdad. No había que darle más vueltas, pero como vi que alguien por aquí lo cuestionaba. Sólo era eso, otra opción que conozco, espurea, puesto que la criatura está ya requetebien nominada.
Y de lo de Diego Muñoz Valenzuela que preguntas, mea culpa, en efecto. Ahora anda por esta zona y hemos hablado de ti, no sabía que lo conocías. Para mí ha sido un magnífico hallazgo. Y su novela es estupenda, sugerente, divertida. No es amor familiar, te lo aseguro. Si no la tienes, dime adónde y te la mando.
Y ya por último, la cuestión del "sexo" del microrrelato. Lo único que constato es mi percepción (tal vez equivocada, no lo niego) de que el modelo está mucho más arraigado, tiene mayor fortaleza y entidad ahora mismo en la otra orilla del océano, y eso me llama poderosamente la atención. Aun admitiendo a los buenos cultivadores que tenemos por aquí. De nuevo gracias, Fernando. Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

Gracias, Francisco Javier, por tu amable ofrecimiento. Espero ver a Diego pronto en Barcelona y que él mismo me de un ejemplar de su novela. Por cierto, ¿por qué no editas sus microrrelatos completos, sus dos libros?
La verdad es que el género se ha desarrollado hasta ahora mucho más en Argentina o México que en España, pero en estos últimos años nos hemos puesto al día, sin que todo esto tenga nada que ver con tontos patriotismos que nada tienen que ver con la literatura.
No me he olvidado de la promesa que te hice sobre Monterroso, y espero poder cumplirla muy pronto.

Francisco Javier Torres dijo...

Pues si lo ves a él, tal vez me veas a mí. Presentamos la novela el próximo jueves 19 en la Librería Laie de Barcelona. Sería esupendo, desde luego.
Y tontos, sí, tontos los patriotismos, qué duda cabe. Pero no iba por ahí la cuestión, como imaginarás.

DANIEL SÁNCHEZ BONET dijo...

Yo también soy escritor de microrrelatos, pero empecé a seguirte desde finales de 2009, por ello, no había leído antes este post.

Estoy totalmente de acuerdo contigo, y creo que el único que podría ser un microrrelato es el siguiente:

Se pasó toda la vida viajando, estudiando, tratando de averiguar lo que era necesario para ser feliz. Cuando estaba a punto de averiguarlo, murió súbitamente. Nunca hubo hombre más feliz.

El problema es que es un tema demasiado trillado y usado, casi desgastado, por lo que no provocará nada de nada en el lector.

Y aunque a veces también entra la cuestión de los gustos, para que haya microrrelato el lector debe percibir el arte en ellos, es decir, un trabajo detrás, un talento desde la primera hasta la última palabra.