martes, 20 de enero de 2009

Autorretrato de JOSÉ LUIS MUÑOZ

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Siempre quise ser mayor, y ahora que lo he conseguido ya no tiene remedio y no puedo volver atrás. De pequeño me disfrazaba para aparentar más edad: me pintaba barba y bigote con corcho quemado, me liaba una toalla de baño a la cabeza a modo de turbante. Querer siempre ser otro, una obsesión que imagino fue la que me llevó a la literatura. Ahora me dejo barba, bigote, me corto el pelo, me dejo coleta, me afeito el cráneo, y nunca me gusta mi aspecto, me cansa.
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Querer ser otro. Ése es el drama. Y por eso me he pasado toda la vida escribiendo, primero para mí, luego para los demás cuando alguien tuvo la osadía de publicarme. Ser otro. Un tipo duro de novela negra, un aventurero que se fue en las naos de Colón, alguien cansado de la vida que coquetea con el suicidio, Vlad Dracul, un oficial de las SS…
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Pero realmente en nada me parezco a los desalmados que habitan mis novelas y soy un tipo tierno, atento y simpático, de estatura media, tímido hasta anteayer, con pelo y barba canas que no me he molestado nunca en teñir, fuerte físicamente gracias a las largas sesiones de bicicleta de montaña, sentimental a ratos. En el colegio unos amigos que me querían bien me decían que me parecía a Gregory Peck; a los veinte años mi rostro y expresión eran muy similares a los de Stevenson, uno de mis iconos literarios; ahora hay días que veo a Robert de Niro en el espejo.
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La insatisfacción permanente me ha hecho evolucionar. Cuando paseo por la montaña añoro el mar; cuando estoy tumbado en una playa deseo el aroma de los pinos. Soy tozudo y obsesivo, una hormiga que sube una y otra vez una pared de cristal sin desaliento y finalmente consigue rebasar el obstáculo. A veces creo que eso es malo.
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A mi padre le debo escribir. A sus miles de libros, que entraba en casa escondidos bajo el abrigo, y a su bibliofilia, esa devoción por la obra impresa que me lleva a acariciarla y olisquearla en las librerías antes de comprarla compulsivamente. Eso es lo primero que hago cuando compro un libro: oler su papel. A mi madre, la fuerza para seguir viviendo. A mi hermana, la pasión por el cine inoculada cuando hacíamos novillos y nos perdíamos en cines de programación doble. A mi hermano, mi afán de conocimiento. A mi paso fugaz por la universidad, mi espíritu libertario que sigue en pie.
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Me gusta viajar. Quizá porque viajar siempre es una huida, no estar nunca en ningún sitio, fluir como un río corriente abajo. A veces tengo ganas de no tener casa ─ ahora casi no tengo ─ ni nada que me ate, ni libros, ni recuerdos, ir de hotel en hotel, de habitación en habitación, ser un nómada perfecto que, en cada paraje, emprenda una nueva vida.
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A la literatura debo mis mejores momentos, los más álgidos, pero también los más espantosos desengaños, y de ella he recibido golpes que me han noqueado. Considero escribir una actividad de alto riesgo, para la que no todo el mundo está preparado, sumamente nociva, adictiva, un veneno que lentamente te emponzoña las venas y sin el que no puedo vivir. Hay veces que confundo mi realidad con la ficción, que me creo mis propias ficciones e intento literaturalizar mi vida con el peligro que eso conlleva. El día que no escriba, me digo, es que habré muerto.
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Durante muchos años, más de treinta, fui una persona sedentaria, con un hogar, un trabajo regular, una bonita casa con jardín, una enorme biblioteca, una familia… hasta que me ahogué de felicidad.
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Me gusta la música del viento pasando entre las ramas de los árboles, y el del oleaje furioso batiendo contras las rocas, y el silencio de las montañas nevadas.
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A medida que me hago mayor ─ya no hay sutilezas posibles; cada arruga, cada nueva cana me lo dice a gritos─ voy adquiriendo manías, como esta nueva de escribir con un sombrero puesto, un hermoso panamá que me regaló una mujer a la que quise con toda mi alma.
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Muchas veces tengo la sensación de que soy un impostor.
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* José Luis Muñoz (Salamanca, 1951) es narrador. Ha publicado novelas, cultivado diversos géneros literarios, y tres libros de relatos. Ha sido galardonado con los premios Azorín, Tigre Juan, La Sonrisa Vertical y el Café Gijón, entre otros. Entre sus obras destacan Barcelona negra, Pubis de vello rojo, Lifting, Lluvia de níquel, La caraqueña del Maní y la trilogía sobre el descubrimiento de América La pérdida del paraíso. Su última novela publicada es El mal absoluto (Algaida, 2008), un thriller sobre el Holocausto. Está a punto de aparecer El corazón de Yacaré.
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* Autorretrato del pintor Lucien Freud.
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5 comentarios:

Javier.S.H dijo...

No voy a colmarle de elogios pues nunca leí nada sobre usted, ni tan siquiera voy a mentir en decir que soy un devorador de libros, aunque hubo un tiempo no muy lejano en el que lo fui fervientemente. Simplemente un día me dio por mirar los blogs más importantes en Internet y apareció el suyo entre otros. Debo entonces dar las gracias por encontrarlo. Me informo y aprendo, intentando encontrar la mejor forma de plasmar mi escritura en un blog como si de una obsesión se tratara visitando a otros. Hoy encontré a un escritor de renombre. No todos los días uno puede presumir de eso.

Aïda dijo...

Buenos días, Fernando. Soy Aïda, ex-alumna tuya de la asignatura "Narrativa española del siglo XX", en la UAB, hace un par de años. No me recordarás (soy también de Almería y estudiaba, en aquel entonces, Psicopedagogía, pero cogí Narrativa de libre configuración), pero yo sí recuerdo tus clases, porque me entusiasmaban(siempre quise estudiar Literatura, pero creo que erré el camino).

He llegado a este blog por casualidad, a través de "La soledad del corredor de fondo", que citaba esta entrada tuya, y cuál ha sido mi sorpresa al ver, en primer lugar, que había un blog llamado "La nave de los locos" (adoro a Peri Rossi y justamente estoy leyendo actualmente esa novela) y, poco después, que el creador de éste eras tú.

Aprovecho para mandarte un saludo y darte las gracias por aquel semestre. Me guardo el blog en favoritos. Hasta pronto.

umbral de las voces dijo...

Para personajes tan parcos y atomistas- mejor seria decir epicureistas- como yo, que no han tenido otro horizonte que la serranía azul de los Andes, el autorretrato de José Luis y su propia existencia son francamente estupendos, de mucha aventura y mayor vida, rezuman salud, inteligencia, creatividad y una producción admirable fruto de sus músculos privilegiados, siendo el mejor su cerebro foto sensible

Geles Calderón dijo...

Como dice Javier, del cuál hace tiempo también tuve el honor de recibir su visita en mi blog, dí con este blog por mi ansia de hallar afinidad litararia, al menos, en el día de hoy... Gracias por tu obra, José Luis.

EMILIA LEE dijo...

Hola José Luis, ha sido un placer inmenso encontrarme contigo en una de mis tardes de pesca de blogs desde mi orilla....las descripciones que haces de ti resuenan conmigo, afianzandose una vez mi intimo gusto por las resonancias mórficas.

Abrazo solar desde la isla de Margarita en Venezuela y no desde un locutorio sino por aqui!
Emilia Lee