lunes, 12 de enero de 2009

La narrativa española en el 2008, 1

Unos se pirran por las listas y a otros les parecen injustas, sobre todo a los escritores, y especialmente cuando no aparecen en ellas. Pasa algo semejante con los premios literarios. En las última semanas, el cronista Manolo Rodríguez Rivero ha defendido las listas, no es la primera vez que lo hace; mientras que Maruja Torres, reciente ganadora del Premio Nadal, las ha denostado en la revista Mercurio, aunque con unos argumentos tan débiles que hasta un escolar se los desmontaría. De todas formas, parece que todo el mundo está de acuerdo en que las mal llamadas listas tienen algo de juego y son siempre una apuesta. Rodríguez Rivero dice que no son fiables, pero a mí me parece que hay grados de fiabilidad. Cuando no sabemos quiénes son los que opinan, como ocurre a menudo en diarios y revistas, quienes se amparan en los críticos o en los miembros de la redacción, me parece que carecen de valor, siendo los resultados peregrinos. Pero cuando los que opinan sustentan las conclusiones con sus lecturas y criterio, con sus conocimientos de la materia (quien más me parece que se acerca a esta fómula es El Cultural de El Mundo, donde se nos dan los nombres de los críticos y los libros que cada uno ha escogido), en suma, suelen resultar algo menos arbitrarias y bastante más fiables. Claro que hay quienes prefieren el todo vale lo mismo, o la regulación del mercado, pura y dura, mediante las ventas, no en vano ésa es la filosofía que padecemos, predominante en estos tiempos.
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Lo que sigue, por tanto, no es una lista, sino la opinión de unos cuantos críticos literarios, especialistas en literatura española, en narrativa contemporánea, por lo que su opinión, con todos los peros que queramos, debería tener valor. Si se mojan o no, de verdad, por seguir con el razonamiento de Rodríguez Rivero, es cosa de cada uno. Aquí me parece que están casi todos los mejores críticos literarios actuales (unos pocos no han podido o querido contestar), por lo que sus recomendaciones, en un año que varios de ellos han calificado de literariamente flojo, deberían de servir de orientación a los lectores. He intentado, además, contar con la opinión de críticos que no residan sólo en Madrid o Barcelona. De todas formas, espero que los que hayáis leído libros suficientes como para poder haceros una idea general del panorama, deis vuestra opinión y añadáis aquellos libros que os parezcan de mérito similar a los que aquí se destacan.
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José Luis Argüelles (La Nueva España, Oviedo) recomienda:
Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla (Alfaguara)
Ricardo Menéndez Salmón, Derrumbe (Seix Barral)
Manuel Vilas, España (DVD)
Juan Goytisolo, El exiliado de aquí y allá (Círculo de Lectores)
Miguel Barrero, Los últimos días de Michi Panero (DVD)
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Ángel Basanta (El Cultural. El Mundo):
David Trueba, Saber perder (Anagrama)
Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla
Ignacio Martínez de Pisón, Dientes de leche
(Seix Barral)
José María Merino, Las puertas de lo posible (Páginas de Espuma)
Berta Vias Mahou, Los pozos de la nieve (Acantilado)
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Javier Goñi (El País):
Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla
José Antonio Garriga Vela, Pacífico (Anagrama)
Ricardo Menéndez Salmón, Derrumbe
Cristina Fernández Cubas, Todos los cuentos (Tusquets)
Isaac Rosa, El país del miedo (Seix Barral)
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Jordi Gracia (El País):
Gonzalo Hidalgo Bayal, Campo de amapolas blancas (Tusquets)
David Trueba, Saber perder
Enrique Vila-Matas, Dietario voluble (Anagrama)
Isaac Rosa, El país del miedo
Ricardo Menéndez Salmón, Derrumbe
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Ramón Jiménez Madrid (La Opinión, Murcia):
Isaac Rosa, El país del miedo
José María Merino, Las puertas de lo posible
Manuel Moyano, El experimento Wolberg (Menoscuarto)
José Antonio Garriga Vela, Pacífico
David Trueba, Saber perder
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Juan Antonio Masoliver Ródenas (La Vanguardia):
Cristina Fernández Cubas, Todos los cuentos
Ignacio Martínez de Pisón, Dientes de leche
Enrique Vila-Matas, Dietario voluble
Isaac Rosa, El pais del miedo
Eduardo Lago, Ladrón de mapas
(Destino)
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José María Pozuelo (ABC):
Cristina Fernández Cubas, Todos los cuentos
Enrique Vila-Matas, Dietario voluble
Berta Vias Mahou, Los pozos de la nieve
Isaac Rosa, El país del miedo
Luis Mateo Diez, Los frutos de la niebla
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Domingo Ródenas de Moya (El Periódico de Cataluña):
Cristina Grande, Naturaleza infiel (RBA).
Marta Sanz, Lección de anatomía (RBA)
Ricardo Menéndez Salmón, Derrumbe
Isaac Rosa, El país del miedo
Ana María Matute, Paraíso inhabitado
(Destino)
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Ana Rodríguez-Fischer (Clarín, Letras libres):
Francisco Casavella, Lo que sé de los vampiros (Destino)
Pedro Zarraluki, Esas cosas que tanto nos gustan
(Destino)
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Santos Sanz Villanueva (El Cultural. El Mundo):
Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla
Isaac Rosa, El país del miedo
Rosa Montero, Instrucciones para salvar el mundo (Alfaguara)
Julián Rodríguez, Cultivos (Mondadori)
Manuel Hidalgo, Lo que el aire mueve (Algaida)
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Ricardo Senabre (El Cultural. El Mundo):
David Trueba, Saber perder
Isaac Rosa,
El país del miedo
Pedro Zarraluki,
Todo eso que tanto nos gusta
Juan Gracia Armendáriz, La línea Plimsoll
(Castalia)
Lorenzo Silva, El blog del inquisidor (Destino)

Enrique Turpin (El Periódico de Cataluña y Qué leer):
Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla
Antonio Ferres, El caballo y el hombre y otros relatos
(Gadir)
Ana María Matute, Paraíso inhabitado
Cristina Grande, Naturaleza infiel
David Trueba, Saber perder
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Fernando Valls recomienda:
Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla
Ricardo Menéndez Salmón, Derrumbe
Isaac Rosa, El país del miedo
Eduardo Lago, Ladrón de mapas
David Trueba, Saber perder
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Entre todos los libros citados parecen sobresalir, con claridad, tres novelas y un conjunto de novelas cortas; las nouvelles de un autor consagrado, Luis Mateo Díez, y las novelas de tres narradores jóvenes, ambiciosos, que vienen destacando: Isaac Rosa, David Trueba y Ricardo Menéndez Salmón. Por lo demás, el cuento tiene muy escasa presencia, con José María Merino, Cristina Fernández Cubas, Antonio Ferres y Eduardo Lago, y el microrrelato ninguna. De todo ello nos ocuparemos, sin embargo, en una próxima entrada.
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* Los cuadros son de Kelly Ellsworth, Lybov Popova y Franz Kline.

11 comentarios:

qlibet dijo...

El libro de Antonio Ferres, citado por Enrique Turpin, está compuesto por relatos. Y magníficos, como casi todos los suyos.

Fernando Valls dijo...

Gracias, rectifico el error. La verdad es que no conozco el libro de Ferres.

Tomás Rodríguez dijo...

¿Por qué nunca incluimos en las listas de los mejores libros de un año aquellos que se han reeditado o que se han traducido o que han sido rescatados del fatuo fuego del olvido? Porque cuando hablamos de "mejor libro del año" no entendemos que sea inédito, ¿no? Pongo el ejemplo de Chesterton en Acantilado. Así como la obra de Pla, en Destino. Las obras dispersas y ahora reunidas de Valente en un tomo interesantísimo (G. Gutenberg). Jules Renard en Debolsillo; Cuentos, de Hemingway (Lumen),Vida y destino, de Grossman (Galaxia Gutenberg), La ninfa inconstante, de Cabrera Infante (Galaxia/Gutenberg),etc. En fin, una lista de libros que supera con mucho a ciertos títulos...¡según mi criterio, claro! Aunque a lo mejor estoy mezclándolo. Entonces, ¿el mejor libro del 2008 incluye a los libros editados o a los libros publicados por primera vez en esa fecha? Gracias y saludos. De inmediato comrpo a Ferres

http://tropicodelamancha.blogspot.com

Fernando Valls dijo...

Tomás, damos por sobreentendido que se trata de libros nuevos, editados por primera vez, porque si no, habría que empezar por El Quijote, La metamorfosis, En busca del tiempo perdido, Ficciones, Rayuela, etc., de las que seguro que hay reediciones todos los años. Y así, repetiríamos los mismos libros, los clásicos indiscutibles, un año tras otro.

Tomás Rodríguez dijo...

A lo mejor la literatura está encerrada en ese puñado de libros que se repetiría...Salud.

Fernando Valls dijo...

No lo creo, Tomás; por fortuna siguen apareciendo nuevas ficciones que también pueden interesarnos. Aunque nunca he dejado de leer a los clásicos, como Shakespeare, Goethe, Chejov o Brecht, por recordar a autores a los que me he acercado durante el 2008. Pero, a la vez, disfruto con las obras de nuevos autores. Me parece que todo puede compaginarse.
Saludos, amigo.

oriol dijo...

Veo que aparece mucho el libro de Trueba "Saber perder". A mí me gusto por puro entretenimiento que ya es mucho, pero no me elevó. No entiendo como es posible que esté entre los mejores.

Juan Carlos Márquez dijo...

Oriol: supongo que a los críticos también les gusta que de vez en cuando les entretengan, lo cual, como bien dices, ya es mucho.

Fernando dijo...

El libro de Gonzalo Hidalgo Bayal Campo de amapolas blancas, citado por Jordi Gracia no es una novedad de 2008, sino una reedición. Por cierto, habría que dedicar también una lista a las obras que habían pasado desapercibidas y que han sido reeditadas en 2008 (pienso entre otras, en El comprador de aniversarios, de Adolfo García Ortega, además de la ya citada de Hidalgo Bayal).

oriol dijo...

Hola, sólo comentar que es José Antonio Garriga Vela.
Una excusa para felicitarte por tu fantástico blog que recomiendo a mis amigos y conocidos. Un saludo.
¡Y viva LH!

Javier Cercas Rueda dijo...

SABER PERDER
De la primera novela de David Trueba me llamó la atención el estilo ágil y fresco, la rapidez cinematográfica y la imaginación. Me desagradó el humor macabro, las groserías, lo morboso de algunas situaciones, la ridiculización de la religión y el excesivo peso de las cuestiones sexuales.

La segunda la dejé pasar pues leí que estaba centrada en las correrías sexuales de los protagonistas.

La tercera la he leído hasta la mitad. Tres generaciones de una familia:

- La abuela muriéndose de cáncer. El abuelo -un pianista frustrado- engañándola mientras tanto con una prostituta negra.
- El hijo, abandonado por su mujer, acaba de asesinar a un antiguo socio. Se enamora de una colombiana sin papeles y no para hasta que la lleva al huerto.
- La nieta de 16 años está obsesionada por perder la virginidad. Busca sexo con un compañero al que no quiere y luego se lía con un futbolista argentino.

Todos son patéticos y sufridores. Quieren arreglar sus vidas con el placer y no logran arreglar nada. Trueba insiste en explicar con detalle cada encuentro íntimo y, por si alguien no se ha enterado de cómo funciona, vuelve a explayarse en el siguiente. Los personajes no son malas personas, es sólo que su horizonte moral puede describirse en la mitad de una octavilla.

La novela se lee bien porque, a pesar de todo, quieres saber qué pasa a los personajes. El estilo es de frases breves y cortas, visual, con diálogos creíbles y destellos de ingenio. Tiene bastante gracia a veces y muchos detalles circunstanciales son reales y cercanos.

Desisto porque quedan trescientas páginas y esto no me aporta nada ni me entretiene.