sábado, 15 de junio de 2013

LORENA ESCUDERO, y 2

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LOTERÍA
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Recojo uno de los billetes de lotería del suelo. Son antiguos, reconozco el formato de antes,casi tan grande como una cuartilla. Me traen nostalgia porque los conozco bien: mi padre los compraba cada semana. Si le tocaba el premio, prometía, se despedía del trabajo y de nosotros y desaparecía en algún paraíso. Cada semana los compraba y cada semana los perdía. Se los dejaba en el bar, en alguna chaqueta, se los robaban sus compañeros. No sabía cómo pero pocas eran las semanas que podía contrastar su número con el ganador. Siempre creí que los tiraba e inventaba su pérdida porque nunca ganó nada. Ahora hay viejos boletos de lotería por todo el suelo del salón, mi hija juega con ellos. Me dice que se los ha dado la abuela, que tenía varias cajas llenas. Algunos son de antes de que yo naciera.
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SECUESTRADOR DE CARACOLAS
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El secuestrador de caracolas no pretende rescates: caracola que le arrebata a un mar la devuelve en otro. Con su mochila llena de conchas va persiguiendo el rastro del verano. Su nombre está conservado en sal.
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* En la bañera, la autora, pelo y pies.
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6 comentarios:

checha dijo...

No me gustan los juegos de azar.
Einstein afirmaba que Dios no juega a los dados, pero sea cierto o no, la verdad, es que si todo tuviera una causa,ésta es y será inaccesible a nuestro conocimiento, y es lo que denominamos azar.
Un puñado de esos boletos, que no sirven ni para jugar a las cartas, hubiera sido suficiente para comprar una barra de buen pan o regalar a tu abuela un precioso girasol.

Miguelángel Pegarz dijo...

Estupendos los dos micros, con un sabor totalmente distinto.

elf dijo...

Un micro-relato lleno de nostalgias. Me recuerda un poco, en esos de los ueños irrealizables, a la obra The Iceman COmeth de Eugene O'Neill. Los juegos de azar como portadores de los únicos sueños posibles en la vida de muchos.

Pedro Herrero dijo...

En "Lotería" lo que parece pender de un hilo, o de un billete que tienta a la suerte, es la espada de Damocles de un personaje (papá) atrapado entre el calor de su familia y el anhelo de irse lejos, bien lejos. El rastro de ese dilema serían los billetes caducados, como si fueran las imágenes de un álbum de fotos de vacaciones, en las que siempre aparecen todos menos el fotógrafo, y que pasados los años demuestran que el hombre siempre quiso a los suyos, pero que siempre quedaba al margen.

No sabía nada de la autora. Grata tarea pendiente.

Aurora García Rivas dijo...

Nostalgias en algo tan aparentemente baladí. Pero detrás hay una historia profundamente humana.
Un abrazo.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

No conocía a Lorena, Fernando y -una vez más- he de agradecerte que nos la hayas traído hasta la Nave.

Excelentes todas sus piezas.

Un abrazo,