sábado, 12 de marzo de 2011

¿A qué saben los besos de sirena? Cunqueriana, 1

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El próximo 22 de diciembre se cumplen 100 años del nacimiento en la lucense Mondoñedo del gran escritor Álvaro Cunqueiro, por lo que ya se anuncian congresos y homenajes en varias ciudades gallegas, pero también en Barcelona y Madrid. Como he tenido la fortuna de ser invitado a los de Santiago de Compostela y Barcelona, me he puesto a releer al gran escritor mindoniense.
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Pero no es eso lo que, en realidad, quería contaros. ¿Sabíais que Cunqueiro, como Mariño de Lobeira que era, descendía de sirenas? El caso es que Roldán, muerto en Roncesvalles, dejó preñada a una sirena, que fue a dar a luz a la playa de Arosa. Algunos pescadores, atraídos por su canto, recogieron al niño y le pusieron por nombre Palatinus, como hijo del paladín Roldán. Y sigue contando Cunqueiro que, por corrupción, Palatinus vino a Paadin, Padin. Así, los Padin son la otra familia gallega que también desciende de las sirenas. Lo que nunca se ha sabido es cómo se las arregló don Roldán para dejarla preñada, ni como logró dar a luz la sirena.
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En un artículo que Cunqueiro publicó en la revista Vida gallega, me he encontrado con una frase que ha logrado captar especialmente mi
atención, pues me parece que haría las delicias de mi buen amigo mexicano, Javier Perucho, sirenólogo por vocación. Allí afirma Cunqueiro que a lo que más se parecen los besos de las sirenas es al sabor de la lamprea. Ahora falta saber si en México se conoce la lamprea y si la experiencia de un reputado sirenólogo, como es Javier, coincide con la de Cunqueiro.
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Lo que tampoco quizá sepáis todos es que las sirenas de estirpe griega son mitad mujer y mitad pájaro, con alas, claro; pero las que provienen de los países nórdicos tienen cola de pez. Eso sí, la parte femenina, la cabeza y el torso, en ambas especies es siempre muy hermosa, con larga caballera y pechos bien formados, turgentes. Respecto a sus cabellos, sabemos que siguen siendo muy apreciados porque impiden que salgan las canas y previenen la calvicie, tras frotar con ellos el pelo de los desdichados humanos. Es sabido, en cambio, que las sirenas encantaban a los marinos con sus siempre ininteligibles cantos, prometiéndoles la eterna juventud. Y Cunqueiro nos cuenta con todo lujo de detalles, en su artículo “Abundancia de sirenas” (Fábulas y leyendas de la mar, Tusquets), al que remito a los curiosos, cómo conquistaban a los marinos.
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En Almería, la ciudad donde nací, en el Cabo de Gata, existe un lugar llamado el Arrecife de las sirenas, que he visitado en numerosas ocasiones. Cuando éramos jóvenes y disfrutábamos de los primeros amores, solíamos bañarnos cerca, en la playa que hay delante de las salinas. El sol nos achicharraba pero entre los pocos años, que todo lo soportan, la correspondiente sombrilla, y una gran sandía que enterrábamos en la orilla, y que nos comíamos cuando estaba fresquita, lográbamos sobrevivir. Pero, la verdad, es que nunca tuve trato alguno con sirenas; ni carnal, ni de ningún otro tipo, por lo que no sé si tienen ombligo o no, o si su carne es comestible. En estas cuestiones, que tanto inquietaban a Cunqueiro, siento no poder ayudarlo.
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9 comentarios:

Bel M. dijo...

Para mí Cunqueiro fue un descubrimiento tardío y maravillado.
Mis mejores deseos para esos homenajes.

Javier Perucho dijo...

Fernando,
no conociendo la palabra, corro al diccionario, leo y entiendo "lamprea". Por los ritos iniciáticos a que me llevó Agustín Monsreal, un beso de sirena sabe más a manatí que a pescao, aparte de que forman la misma familia, los sirénidos.
¿Recuerdas el cuento de Lampedusa, Lighea? Carnalidades, fluidos y otros intercambios hallarás.
La sirenología, ciencia literaria sobre las sirenas, agradece tu colaboración para su enriquecimiento.

Un abrazo desde Chilangotitlan.

Fernando Valls dijo...

Javier, ahora sabemos que si las sirenas gallegas dejaban sabor de lamprea en sus besos, las mexicanas nos dejan gusto a manatí, mamíferos a los que nosotros llamamos -de manera menos afortunada- vaca marina. En fin, Javier, que hay que viajar para gozar de todos los sabores. Abrazos.

Angeles Prieto Barba dijo...

Creo que Antón Castro, también amante de las sirenas, y por supuesto de las lampreas, nos podría sacar del entuerto y resolvernos la duda. Me da esperanzas la historia de Roldán, una alegría, pues sabido es que a las pobres sirenas mediterráneas, la descortesía de Ulises las dejó mudas.

mariajesusparadela dijo...

¡Qué difícil,para alguien que no haya probado la lamprea, entender lo que Cunqueiro quiere decir!¡ Qué difícil, no siendo gallego , comprender la relación entre los besos y la buena mesa!
Venid, venid, comprendereis mejor al hombre que, antes de García Márquez, creó el realismo mágico.
Quizá algún día lo conozca el mundo.

Araceli Esteves dijo...

De lo que estoy segura, aunque no puedo citar fuentes, es de que las sirenas no tienen ombligo.

Fernando Valls dijo...

Araceli, cuenta Cunqueiro, en su novela `Cuando el viejo Simbad vuelve a las islas´, que en las islas Molucas el marino tuvo amores con la sirena Venadita y que cuando le vio el ombligo se río mucho y le gustaba meter en él el dedo meñique, e incluso una vez la sirena le besó el ombligo. Y cuando Simbad decidió regresar a Basora, durante la triste despedida, Venadita le comentó que echaría mucho de menos aquellos juegos. En fin.

hugo dijo...

Hola Fernando:

Llego tarde, como casi siempre, pero como cunqueriano irredento sé que tenía que pasarme por aquí y comentar algo.

Hablar de sirenas era uno de esos temas interminables en las tertulias de "el viejo", hablar de lampreas en "temporada de caza" era casi de lo único que hablaba desde enero a mayo.

Aunque siempre sostuvo que los besos de las sirenas sólo podían saber a lamprea, lo que cabe preguntarse es si se refería a la lamprea en la naturaleza o a la lamprea pasada por la cocina. La respuesta o quizá una parte de la respuesta la encontraríamos en un artículo aparecido en Primera Plana de mayo del 77 -recogido por César Antonio Molina en "La Bella del Dragón" (Tusquets)-, donde nos dice que la lamprea siempre ha de ser guisada en su sangre, bien a la bordelesa o bien con arroz -a "la moda de Monzón"-,que es como se come en la orilla portuguesa del Miño. Si así se hiciera la lamprea se convierte en un gran afrodisíaco, tal como la entendían los romanos -si se cuece o se toma en consomé se vuelve un poderoso somnífero-. En ese mismo artículo concluye que "la saliva de las sirenas" tiene el sabor de la lamprea guisada "porque quien la prueba en la boca de esas anabolenas de la mar ya no puede dejarla de apetecer"

Y hasta aquí llego,

María Jesús, no sé si Cunqueiro creó el realismo mágico -término que utiliza y desarrolla por primera vez el profesor y crítico Angel Flores allá por 1950, término con el que no estoy muy de acuerdo-, el problema es que cuando aparece "Merlín y Familia" en 1955 casi nadie cayó en la cuenta que aquel hombre iniciaba algo distinto en la literatura española de la época.
Mi pregunta es ¿quienes leen hoy a Cunqueiro? ¿Cuantos lectores no gallegos han leído en su vida un sólo libro de Cunqueiro?

Fernando, una de la cosas más alentadoras de tu texto es ese 1. que sigue a tu Cunqueriana, porque supone que vendrán algunas más.

Prometo no quedar indiferente y no volver a llegar tarde,

salut,
hugo

Ramón L. dijo...

Muchas gracias, Fernando, por este texto, naturalmente magnífico.
Es una hermosa isla en medio de un mar que no se deja navegar fácilmente.
Estoy seguro de que a Don Álvaro, allí en lo alto, le ha encantado leerlo.
Un fuerte abrazo para ti y para todos los lectores de tu blog.