viernes, 11 de marzo de 2011

Los cuentos del mudo

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Hace unos días me preguntaba cómo llegué a los cuentos del narrador peruano Julio Ramón Ribeyro, y me parece que debió de ser por recomendación de Alfredo Bryce Echenique, quien seleccionaría y prologaría la antología de relatos Silvio en el rosedal (Tusquets, 1989). Aunque lo primero que leí de él fueron sus extraordinarias Prosas apátridas, en la edición de Tusquets, que vio la luz en 1975, libro que recomiendo fervientemente. Después, conforme fueron apareciendo en Tusquets, a finales de los ochenta, leí sus novelas: Crónica de San Gabriel, Los geniecillos dominicales y, en 1994, Cambio de guardia. Todo ello me rondaba porque ese día había quedado para charlar un rato con Paloma, quien está preparado una tesis sobre la obra narrativa breve del peruano. También recordé que el año pasado Seix Barral tuvo el acierto de editar en un solo volumen los cuentos completos de Ribeyro, con el título de La palabra del mudo, encabezados por un sustancioso prólogo que concluye con un decálogo, fechado en 1994, algunos de cuyos consejos me parece que deberían seguirse a rajatabla. Así, nos recuerda que, dado que el cuento debe contar una historia, debe "entretener, conmover, intrigar o sorprender", y en el caso de que sea real, debe parecer inventada, mientras que si es inventada, debe resultar real. El estilo tiene que ser directo, sencillo, y cada palabra ser absolutamente imprescindible. Su historia sólo debe mostrar, no enseñar, y debe partir de situaciones en las que los personajes vivan un conflicto que los obligue a tomar una decisión que ponga en juego su destino. Y debe concluir con un solo desenlace, que en caso de no ser aceptado por el lector, hará fracasar al cuento. Pero Ribeyro nos advierte también de que el cumplimiento de las observaciones anteriores no garantizan la escritura de un buen cuento, de modo que lo más sensato sea transgredirlas o inventar un nuevo decálogo.
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* Julio Ramón Ribeyro estudió Letras y Derecho en la Universidad Católica de Lima, pero en 1960 emigró a París, donde trabajó como periodista en France Presse y, posteriormente, como consejero cultural y embajador ante la UNESCO. Sus obras han obtenido, entre otros, el Premio Juan Rulfo, en 1994. Entre sus volúmenes de colecciones de relatos figuran Los gallinazos sin plumas (1954), Cuentos de circunstancias (1958), Las botellas y los hombres (1964), Tres historias sublevantes (1964), Los cautivos (1972), El próximo mes me nivelo (1972), Silvio en El Rosedal (1977), Sólo para fumadores (1987) y Relatos santacrucinos (1992). Su narrativa breve ha sido reunida en La palabra del mudo (1973), La juventud en la otra ribera (1983) y, claro, en Cuentos completos (1994). También ha publicado varias novelas: Crónica de San Gabriel (1960), Los geniecillos dominicales (1965) y Cambio de guardia (1976); una recopilación de ensayos y artículos literarios, La caza sutil (1975); los textos aforísticos Dichos de Luder (1989); sus diarios, La tentación del fracaso (1992-1995; Seix Barral, 2003); y las piezas teatrales recogidas en Teatro (1975) y Atusparia (1981).
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6 comentarios:

Guillermo dijo...

Estoy triste. Acabo de terminar de leer los casi cien cuentos de "La palabra del mudo". No creo que pueda volver a leer algo como esto. Esos olvidados, licenciados en la universidad de la calle son la vida. Son de verdad. No se qué decir. Alguien dijo que podría pasarse la vida leyendo a Philip K. Dick. A mí me pasa lo mismo con este libro. No necesito más.
Y pensar que le dieron el Nobel a otro peruano...
Ya se: empezaré con la "Introducción" o con "Garduño" de Anatole France o "Bola de sebo" de Maupassant...

Fernando Valls dijo...

Guillermo, vete, sin dudarlo, a sus `Prosas apátridas´, o a sus novelas. Saludos.

alberto zelada garcía dijo...

Julio Ramón es sin duda un escritor muy inteligente y perspicaz.
Recomiendo ver la enrtevista meses antes de su muerte en 1994.

http://www.youtube.com/watch?v=dtLGN-mSyec

PD. Su diario "la tentación del fracaso" está lleno de comentarios, trucos y confesiones.
Saludos

Javier Puche dijo...

Ribeyro es un escritor admirable. Jamás me cansaré de releerlo. Cuánto me alegra encontrar aquí sus lúcidas recomendaciones para cuentistas. Permíteme recomendar, Fernando, a quien no lo conozca, su diario "La tentación del fracaso" (entre otras cosas, Ribeyro era un maestro poniendo títulos). Si no me equivoco, precisamente de su diario extrajo Ribeyro las inteligentes y emocionantes "Prosas apátridas". Recomiendo también el librito "Dichos de Luder", de inclasificable género, compuesto por piezas brevísimas que se mueven entre el aforismo, la anécdota ingeniosa y el microrrelato, sin ser exactamente ninguna de esas cosas. He aquí una muestra:
"Hay autores que fracasan majestuosamente -dice Luder-. Son como un trasatlantico que se va a pique en plena tempestad, con todas sus luces encendidas, entre el ulular de las sirenas. Otros, en cambio, son como el tipo que se ahoga en un estanque fangoso, sin que nadie lo vea, agarrado al
mango de una escoba podrida".

Ada dijo...

Hace tiempo que ya no puedo dejar de leerle. Nunca me cansa y siempre le redescubro, aunque sean historias que ya había leído, hay algo nuevo en esa siempre penúltima lectura.
Saludos

Propílogo dijo...

Me pasó con Ribeyro como con Quiroga. Me causó una extraña impresión, profunda. Y sólo leí una colección de cuentos en Cátedra. Recuerdo aquel de las azoteas... Como dice Puche, una magnífica relectura.
Saludos
Gabriel