miércoles, 9 de marzo de 2011

Mi biblioteca de libros de microrrelatos

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El microrrelato es un texto narrativo brevísimo que cuenta una historia. Y no es, en cambio, un poema en prosa, ni un cuento, ni una fábula; aunque a veces se valga de alguna de las características de estos géneros literarios consolidados por la tradición. La conciencia por parte de los escritores de que posee más intensidad y precisión aún que el cuento, y más narratividad que la del poema en prosa, junto con el hecho de que todo ello podría dar lugar a un género literario distinto es reciente, pues sólo ha aparecido y adquirido pleno desarrollo en las últimas décadas. Así, han surgido libros exclusivamente de microrrelatos, antologías del género, y se han empezado a delimitar sus peculiaridades distintivas, a trazar su historia que no es la propia del cuento, ni tampoco la del poema en prosa, quizá sus parientes cercanos. Hoy en día, por fin, puede decirse que numerosos escritores de las dos orillas del Atlántico tienen plena conciencia de estar cultivando una forma literaria distinta, un género narrativo nuevo.
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Cuando a comienzos de los años noventa del pasado siglo empecé a interesarme por la historia del microrrelato español, apenas si se había trabajado nada al respecto, entre nosotros. Conocíamos mejor, sin duda, el hispanoamericano, quizá debido al interés que venía suscitando la obra de Augusto Monterroso. Empezó a despertar mi curiosidad la antología de Antonio Fernández Ferrer, La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (1990); los volúmenes de Javier Tomeo, Historias mínimas (1988), donde convivía la narrativa con el teatro brevísimo, y de Luis Mateo Díez, Los males menores (1993), compuesto por cuentos y microrrelatos; así como los primeros trabajos de investigación, de Irene Andres-Suárez, publicados en 1994, a los que luego se añadieron, aunque fueran anteriores en el tiempo, los que la profesora Francisca Noguerol venía dedicándole al microrrelato hispanoamericano.
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Pero quizá debió de ser en abril del 2002, a raíz del II Congreso Internacional de Minificción, celebrado en Salamanca, cuando pude conocer y tratar a numerosos escritores e investigadores interesados en el género, como los argentinos Ana María Shua, David Lagmanovich y Raúl Brasca, el mexicano Guillermo Samperio, el chileno Juan Armando Epple, y los venezolanos Gabriel Jiménez Emán y Armando José Sequera, entre otros. La amistad con el mexicano Lauro Zavala viene de antes. A ellos habría que añadir los invitados españoles, como Julia Otxoa y Andrés Neuman, por no repetir otros nombres ya citados. De este trato surgirían, en los años siguientes, un sinfín de colaboraciones; acogidas, primero, en la revista Quimera, en los años en que fui su responsable (2001-2006), antologadas en Ciempiés. Los microrrelatos de `Quimera´ (2005), volumen que llevé a cabo en colaboración con Neus Rotger; luego en dos colecciones de la editorial Menoscuarto; en mi bitácora La nave de los locos, que ha propiciado la aparición de la antología Velas al viento. Los microrrelatos de `La nave de los locos´ (2010); y, por último, en el libro Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español (2008).
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En lo que llevamos de siglo, el microrrelato ha recorrido un largo trecho, pues ya empezamos a tener una cierta idea sobre la historia del género, de modo que los autores pueden alimentarse de una fecunda tradición que arranca, por lo que sabemos hasta ahora, con la evolución del poema en prosa, en las postrimerías del Romanticismo, y empieza a desarrollarse durante el Modernismo, para llegar crecida hasta nuestros días, donde destacan nombres, además de los ya recordados, y ahora me limito a los españoles, como Luciano G. Egido (Cuentos del lejano oeste, 2003), José María Merino (La glorieta de los fugitivos, 2007), Juan Pedro Aparicio (La mitad del diablo, 2006), Pedro Ugarte (Materiales para una expedición, 2002), Julia Otxoa (Un extraño envío, 2006), Hipólito G. Navarro (Los últimos percances, 2005), Ángel Olgoso (La máquina de languidecer, 2009), Rubén Abella (No habría sido igual sin la lluvia, 2008), Juan Gracia Armendáriz (Cuentos del jíbaro, 2008) y Andrés Neuman, quien baraja en sus libros cuentos y microrrelatos y que junto a José María Merino, son los que han teorizado sobre el tema con especial lucidez. Pero en la red puede rastrearse asimismo la aparición de numerosos nuevos narradores que han apreciado en el género algunos de los valores que comparte con la poesía y el cuento, tales como la intensidad, la precisión y las posibilidades de experimentación que propicia su brevedad.
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1. De entre las varias antologías de que disponemos sobre las formas narrativas brevísimas, destacaría cuatro. Cito siempre la fecha de la primera edición. La pionera de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, Cuentos breves y extraordinarios, de 1955, sin distinción de épocas, ni países, en la que conviven el texto completo con el fragmento, el aforismo y la fábula con el microrrelato, y donde se recoge el seminal “El sueño de Chuang Tzu”. La antología del mexicano Edmundo Valadés (El libro de la imaginación, 1970), cuyas características son similares a la anterior, aunque se halle organizada por temas y motivos. La recopilación del argentino David Lagmanovich, La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico (2005), el primero y más completo panorama histórico, de Rubén Darío hasta nuestros días, por lo que se refiere a los cultivadores del género en castellano. Mientras que las dos primeras citadas nos alertaron sobre la singularidad y el valor de las formas breves; la tercera contribuyó a sintetizar la tradición, poniendo énfasis en los autores y libros más destacados. Por último, quiero recordar tres compilaciones singulares. Primero, la del mexicano Lauro Zavala, El dinosaurio anotado (2002), en la que se recogen numerosas variantes del celebérrimo texto de Monterroso, además de su historia y los mejores estudios que se le han dedicado. En segundo lugar, la del chileno Juan Armando Epple, MicroQuijotes (2005), que compila lúcidas relecturas de distintos episodios de la novela de Cervantes. Y, por último, la de Enrique Turpin, Fábula rasa (2005), centrada en el género de la fábula, que a menudo adopta la dimensión y las hechuras propias del microrrelato, arrancando con Rubén Darío para concluir con una pieza de la argentina Ana María Shua. Por lo que se refiere tanto a la reflexión teórica como a la trayectoria histórica de esta narrativa brevísima, existe un libro imprescindible de David Lagmanovich, El microrrelato. Teoría e historia (2006).
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2. Si nos centramos en los clásicos españoles que han cultivado el género, habría que leer los siguientes libros y autores: Cuentos largos y otras prosas narrativas breves (2008), de Juan Ramón Jiménez; Disparates y otros caprichos (2005), de Ramón Gómez de la Serna; Pez, astro y gafas. Prosa narrativa breve (2007), de Federico García Lorca; Los niños tontos (1956), de Ana María Matute; Crímenes ejemplares (1957), de Max Aub; y Neutral corner (1962), de Ignacio Aldecoa.

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3. La fértil tradición mexicana comienza en una fecha temprana, con Julio Torri (Ensayos y poemas, 1917), pero tiene sus eslabones principales en Juan José Arreola (Confabulario, 1952), y Augusto Monterroso (Obras completas (y otros cuentos), 1959; y La Oveja negra y demás fábulas, 1969). Otros nombres también importantes serían los de Edmundo Valadés (Sólo los sueños y los deseos son inmortales, Palomita, 1986), fundador de la prestigiosa revista El cuento. Revista de imaginación (1939 y 1964-1999), que tanto hizo por la difusión inicial del género, y René Avilés Fabila. Con todo, para hacerse una idea de conjunto sobre lo que ha sido y es el microrrelato mexicano deben leerse las antologías de Lauro Zavala (Minificción mexicana, 2003) y Javier Perucho (El cuento jíbaro, 2006).
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4. No menos rica resulta la tradición argentina, que cuenta entre sus autores más destacados con Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar, quienes lo cultivarían esporádicamente, si bien dejándonos piezas de grandísima calidad. O Enrique Anderson Imbert y Marco Denevi, cuyo libro Falsificaciones (1966) sigue siendo uno de los grandes clásicos del género. El volumen de Laura Pollastri, El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo (2007), nos proporciona, en este sentido, un panorama de los autores más recientes.
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5. Disponemos también de antologías de microrrelatos por países, como son las de Henry González (La minificción en Colombia, 2002), Enrique Jaramillo Levi (La minificción en Panamá, 2003) y Violeta Rojo (La minificción en Venezuela, 2004), todas ellas publicadas en Bogotá, por la Universidad Pedagógica Nacional, y la de Víctor Manuel Ramos (La minificción en Honduras, 2007). Hay otras peruanas, como la de Giovanna Minardi (Breves, brevísimos. Antología de la minificción peruana, 2006 ), guatemaltecas, nicaragüenses….
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6. Respecto a la fortuna del microrrelato en nuestros días, digamos que en lo relativo a las dos últimas décadas, es necesario recordar los siguientes autores y obras: los españoles, evito repetir a los ya citados, Antonio F. Molina (Las huellas del equilibrista, 2005), Rafael Pérez Estrada (La sombra del obelisco, 1993; y El domador, 1995), José Jiménez Lozano (Un dedo en los labios, 1996) y José de la Colina (Portarrelatos, 2007, quien nació en Santander, pero ha pasado toda su vida en México); los mexicanos Guillermo Samperio (La cochinilla y otras ficciones breves, 1999) y Rogelio Guedea (Cruce de vías, 2010); los argentinos Luisa Valenzuela (Juego de villanos, 2008), Ana María Shua (Cazadores de letras, 2009), David Lagmanovich (Los cuatro elementos, 2007, y Por elección ajena, 2010) y Raúl Brasca (Todo tiempo futuro fue peor, 2004); los venezolanos Luis Britto García (Andanada, 2004) y Gabriel Jiménez Emán (El hombre de los pies perdidos, 2005); y los chilenos Pía Barros (Llamadas perdidas, 2006), Juan Armando Epple (Con tinta sangre, 2004), Diego Muñoz Valenzuela (Ángeles y verdugos, 2002) y Lilian Elphick (Ojo travieso, 2007). Al mismo Epple le debemos también dos antolologías no menos imprescindibles: Brevísima relación. Nueva antología del microcuento hispanoamericano (1999) y Cien microrrelatos chilenos (2002), así como la coordinación de un monográfico temprano de la Revista Interamericana de Bibliografía (XLVI, 1-4, 1996), editada por la OEA.
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Si usted ha hecho gran parte de estas lecturas, podrá presumir de ser un experto en el microrrelato hispánico, un género que han cultivado con fortuna autores tan imprescindibles como Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gómez de la Serna, Vicente Huidobro, Federico García Lorca, Max Aub, Macedonio Fernández, Juan José Arreola, Adolfo Bioy Casares, Marco Denevi, Augusto Monterroso y Luis Mateo Díez.
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* Este trabajo fue un encargo de la revista El Ciervo (LX, 720, marzo del 2011, pp. 40 y 41) , en la que que acaba de aparecer con el título de “Lectores y lecturas. Fernando Valls. Mi biblioteca de libros de microrrelatos”. En la foto aparece Augusto Monterroso.
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44 comentarios:

Daniel Sánchez dijo...

Muchísimas gracias, Fernando.
Si bien me gustaría puntualizar dos aspectos.

Falta Miguel Ángel Zapata (Granada), sobre todo, con su libro Revelaciones y Magias (la primera parte).

Y bueno, es sólo mi opinión, veo necesario incluir un hecho evidente y palpable: algunos microrrelatos (sólo algunos) que se publican en internet gratuitamente (creo que algunos escritores deberían empezar a dejar de hacer tales regalos) "superan" a muchos que aparecen ya publicados en libros físicos.
Es una modesta opinión, si bien, muchos de esos libros citados ya han pasado por mis manos.

Fernando Valls dijo...

Daniel, me alegro que lo digas porque yo había decidido, a partir de ahora, pagar 100 euros por microrrelato publicado en esta nave. No en vano, Google me abona 1000 euros por entrada y creo que deberíamos beneficiarnos todos de tan boyante negocio. Saludos.

manuespada dijo...

Me ha hecho gracia el comentario de Daniel. El que escriba microrrelatos por pasta más vale que se vaya a Lourdes para ver si publica el primer best-seller de microrrelatos de la historia, con ciento cincuenta pequeños "Códigos Da Vinci" o cien diminutos "Sombras del viento", o doscientas versiones de la biblia en verso. Se me ocurre. Muy buen artículo, Fernando, creo que el gran agujero de los escritores contemporáneos es que muchas veces solo nos leemos entre nosotros y dejamos de lado a los que estaban antes, o incluso, mucho, o muchísimo antes, es decir, los clásicos.

Fernando Valls dijo...

Manu, has puesto el dedo en una de las llagas más sangrantes. No se puede ser escritor de hoy, sin partir del conocimiento de la tradición literaria, de los maestros. Esto parecía obvio, hasta hace poco, pero visto lo visto, habrá que seguir recordándolo, una y otra vez. Saludos.

Juan Carlos Márquez dijo...

¿Google solo te abona mil euros por entrada, Fernando?

AGUS dijo...

Estoy de acuerdo con lo que dice Manu. Supongo que la ambición de cualquier microrrelatista - y artista en general - es decir cosas nuevas con formas nuevas. Y para poder hacerlo, debemos conocer lo que antes otros hicieron. Creo que sólo desde el conocimiento de la tradición, se puede innovar y contribuir al progreso de éste y de cualquier otro género.

Gracias por la bibliografía.

Abrazos.

Víctor dijo...

Fernando: excelente el repaso bibliográfico. Me alegre tener (y haber leído) muchos de los que citas y me apena no poder conseguir (o conseguirlos a precios desorbitados: los portes por cruzar el atlántico son muy elevados) otros que apuntas. Y sí, para poder escribir micros "aceptables" hay que haber leído (entendido, asimilado, comprendido...) toda (o gran parte de) esa tradición que citas.

Por otro lado, coincido con Manu y contigo en eso de no pretender hacerse rico con micros. ¿Cuántos libros de micros se compran? Pocos, ¿verdad? Entonces... ¿cómo puede el microrrelatista sacar beneficio de ello, si apenas se costean las ediciones con las ventas? Nada, que escribir es escribir, y cobrar por ello, otra cosa distinta.

Sin embargo, creo que Daniel tiene razón en eso de que se leen (a veces) mejores micros en la red que en libros. Pero bueno, eso depende de en qué libros, porque se publican antologías de micros que, como bien decías por aquí hace poco) hacen más daño que bien al género.

Un abrazo, Fernando, y repito: buen artículo, imprescindible para cualquier principiante en esto de la escritura de micros.

Javier Puche dijo...

Esclarecedor texto, Fernando. Yo también creo que la mayoría de quienes practican hoy el microrrelato (y son legión), están demasiado anclados al mero presente y con frecuencia olvidan que existe una tradición insoslayable. Ignorar a los maestros revela a mi parecer un desprecio profundo hacia la literatura, una negligencia total en la practica del oficio. Quizá la realidad virtual esté haciendo más daño del que parece.

Fernando Valls dijo...

Juan Carlos, ¿a ti te pagan más, seguro? Dímelo, para reclamar a Google. Estos capitalistas son feroces, nos tienen siempre en vilo.
¿Sabéis que hay blog en los que la gente da un número de cuenta para que les ingresen dinero, para así ayudar a mantenerlo? Hace tiempo que me pregunto si alguien les ingresará alguna cantidad.
Gracias a todos (Daniel, Manu, Juan Carlos, Agus) por vuestros comentarios.

Anónimo dijo...

Gracias por el artículo. Imprescindible bibliografía y comentario para poder hablar con propiedad sobre los microrrelatos.
Y de acuerdo con la reflexión sobre la necesidad de leer a los autores que te preceden para escribir. Nadie innova de la nada, nadie puede ser tan necio de pensar que lo suyo sí es original.
Más de un poeta modernísimo se espanta cuando descubre que ya los griegos jugaban con caligramas. ¿tan antiguos son? preguntan. Estás de coña, siempre viendo cosas clásicas donde no las hay.
Literal.
Pilar Galán

Propílogo dijo...

Gracias, Fernando, por el aporte. Estos son posts que nos vienen muy bien a los principiantes.
Por otro lado, creo que quien ama escribir, ama leer (Irazoki dijo el otro día "quien ama un idioma ama todos los idiomas"). Por tanto, el deficiente bagaje lector puede -confío- no ser una negligencia, sino tal vez una tarea pendiente de fácil solución; y tal vez más dependiente del IVA o del IPC que de la intención lectora.
Por tanto, absolutamente de acuerdo en que la lectura del género es parte fundamental en la formación de un escritor; pero el que escribe puede no salvarse, a pesar de la lectura.
Y ya sé que la que te paga 1000 euros por entrada es la Fundación del Buen Criterio, por no poner publicidad.
Saludos
Gabriel

Rosana Alonso dijo...

Yo creo que hay que leer(con los ojos y la mente bien abiertos) mucho, efectivamente.
Y también creo, en la linea de lo que dice Javier Puche, que si en los blogs caemos en una especie de autocomplacencia respecto a nuestro trabajo no favorecemos en nada al género. Muchas lecturas, mucha reflexión y mucho trabajo de artesano creo yo hace falta y honestidad y exigencia con uno mismo.
También estoy de acuerdo con Victor en la existencia de concursos(como setas oíga) que casi hacen más daño que bien
y en los que pasan al jurado micros con faltas de ortografía(y digo uno: el de SM de hiperbreves) porque el jurado valora los 20 o los que sean más votados por el público( o sea que el que tiene 3000 amigos en Facebook consigue 3000 votos auqnue el micro sea un truño-con perdón-).

PD Oye Fernando eso que dices de los anuncios: a mí me repatea que google adsense me cuelE anuncios sin mi permiso y siempre que intento ponerme en contacto con ellos para protestar no hay forma. Y hay gente a la que se supone que sí, que si lo pide le oponen los anuncios y le ingresan dinerito en una cuenta (¡!).

Araceli Esteves dijo...

"Ningún día te acostarás sin certificar una ignorancia más"
El refrán, versionado para la ocasión, se ajusta a lo que siento después de leerte y comprobar todo lo que aún no he leído.
Gracias por aumentar de forma escandalosa mi lista de libros pendientes.

Fernando Valls dijo...

Pues, ya que Gabriel me ha descubierto, confieso que los 1000 euros por entrada, en efecto, me los abona la FBC, por llevar tres años con una nave majareta, pero impoluta.

Daniel Sánchez dijo...

Veo que sonó utópico lo que dije. Sólo intentaba transmitir la idea de que igual que la música, la escritura debería probar y abarcar todas sus posibilidades. No creo que sea el único en este mundo que pagaría 15 euros por un libro de microrrelatos.

Existe una editorial, muy recién, que pretende publicar en formato web microrrelatos para poder descargarlos a 0,10, 0,25 o 0,50 cada uno. Tipo las canciones en ITunes. Quizá sea un camino...

Por otro lado, quisiera añadir otro libro de micros a esta lista, lo estoy leyendo y es muy muy bueno. Lo aconsejo. Pronto lo reseñaré en la Internacional Microcuentista.

Es de CARLOS ALMIRA, se titula FUEGO ENEMIGO de la editorial NOWEVOLUTION, seguramente sea por eso, que la editorial es chica, por lo que no se conoce. Fernando sino lo has leído, te lo recomiendo y a los demás también.

Francesc Cornadó dijo...

Muy buen artículo. Efectivamente un microrrelato no es un poema en prosa, tampoco una fábula y tampoco es un chiste, algunos de los que he leído conducen al lector hacia un final chistoso.
De todas maneras creo que hay un buen plantel de microrrelatistas.
Salud
Francesc Cornadó

Fernando Valls dijo...

Daniel, el libro de Almira, de quien he publicado aquí microrrelatos, lo recomendé en su momento.
En mi trabajo he tratado de llamar la atención sobre libros imprescindibles de todo el ámbito hispánico. Sin dudar de su calidad, no creo que lo sean todavía los micros de Miguel Ángel Zapata, ni los de Carlos Almira, y aprecio los que ambos escriben. Pero, por favor, pongamos el listón aún más alto. Saludos.

hombredebarro dijo...

He de confesar aquí y ahora que no creo mucho en el microrrelato como género, entre otras cosas porque ese prefijo micro me parece insuficiente para particularizarlo. Yo escribo relatos de diversa extensión, eso es todo. En algunas páginas de internet he visto que se acepta como microrrelatos a aquellos textos de menos de, pongamos por caso 300 palabras, que no es el caso de La nave de los locos, donde mis textos siempre las han superado y han sido aceptados. Pero es verdad que a veces en ciertos libros de poesía o en ciertos libros de cuentos hay determinados textos que resultan especiales, que destacan por su composición o brevedad del resto.
Quiero poner un ejemplo, dos textos de Javier Egea sobre los que he trabajado hace poco.
Pero voy a ponerlos en un comentario aparte porque creo que se lo merecen, son como dos micorrelatos que aparecen en su libro Paseo de los tristes (1982).
A ver que te parecen,Fernando.

hombredebarro dijo...

Eran tiempos muy duros. No era fácil vivir./

Por eso madrugué por los despachos,/
volví mañana, les expuse el caso/
y conseguí un empleo para ella:/
tras mirarla a los ojos -al menos eso me dijo-/
le entregaron la llave más preciada, /
pusieron a su cargo el alumbrado. /

Yo hice lo que pude, lo que en mimano estaba./

Y no la he vuelto a ver:/
aquella misma noche me cortaron la luz.

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-¿Sabe quién mató al señor Egea?/

-Lo sé./

-¡Pues dígamelo inmediatamente!/

-Yo me arrojé al vacío/
desde la estrella muerta/
y ya no tengo miedo de morir.

Son los dos poemas de Javier Egea. Si pasamos esos versos a renglón seguido creo que tenemos algo así como un par de microrrelatos, género, no obstante, que me cuesta diferenciar desde el punto de vista de la creación del relato en su más amplio sentido. Pero para eso están los estudiosos.

Un saludo a todos.

Fernando Valls dijo...

Antonio, conozco bien ese libro de Javier Egea, Paseo de los tristes, desde su primera edición. Lo que planteas es motivo de discusión entre los estudiosos de la materia. A mí me parece que sí es un género distinto al cuento, y de otros también afines, y hace tiempo que trabajo en un estudio sobre el asunto. Espero poder presentarlo en el próximo Congreso Internacional de Minificción que se celebrará en Berlín, en el 2012.
Por otra parte, hay poemas que pueden prosificarse, y viceversa, pero eso no les resta ni calidad, ni interés. Saludos.

Rocío Romero dijo...

Fernando, un millón de gracias, he leído la entrada con toda la atención que merece, y al principio, he empezado a anotar títulos pensando en añadirlos a mi lista de obras pendientes. Al final he decidido imprimirla entera para ahorrar tiempo. He leído algunos de los que has citado (menos mal) pero he comprobado que me quedan muchísimos kilómetros por recorrer.

Siguiendo un poco con el resto de los comentarios, quería añadir que yo también opino que el microrrelato y el relato son parientes próximos que sólo comparten ciertos rasgos familiares. Espero que con el tiempo tengamos ocasión de leer el estudio que estás preparando.

Y por último, me alegro de que San Google haya decidido premiar la calidad literaria de las entradas... encantadora noticia (jeje). Un abrazo,

Antonio Serrano Cueto dijo...

Fernando, esta entrada es una clase estupenda. He leído algunos de esos libros, incluidos los teóricos tuyos y el de Lagmanovich y, en parte, el de Andres-Suárez. Me alegro de que cites otros nombres, muchos conocidos, otros no, para seguirlos de cerca (y aprender). En mis lecturas e incluso en mi acercamiento al género he observado lo difícil que es mantener un nivel alto en un conjunto de microrrelatos, porque la tensión que de ellos se espera se vuelve tensión creadora. En algunos de los libros que citas, de autores muy reconocidos, he comprobado este hecho: junto a microrrelatos espléndidos, otros de mediano esplendor. Supongo que eso ocurre en cualquier obra de naturaleza colectiva, pero a mí me ha revelado, una vez más, que hacer un microrrelato es fácil, pero hacer un buen microrrelato ya es otro cantar. Un abrazo.

Daniel Sánchez dijo...

No pretendo entrar en polémicas pero anteponer los "microrrelatos" de Rogelio Guedea a los de Almira.... no cuela, eso sí, en mi humilde opinión.

Los de Zapata no son imprescindibles, en eso estoy de acuerdo.

Fernando Valls dijo...

Me rindo, Daniel. Para ti la perra gorda.

Daniel Sánchez dijo...

Vale Fernando, ni para ti ni para mí.
Los dos son excelentes escritores de microrrelatos y los dos son libros muy recomendables para quien sea apasionado del género.
Para los interesados, que seguro que nos están escuchando, decir que el de Almira esta en la editorial nowevolution y el de Guedea en la editorial Menoscuarto.

Buenas noches.

sergio astorga dijo...

Fernando, esplendido.
Gracias.
Abrazo de seis letras.
Sergio Astorga

Antonio dijo...

Fernando. Te agradezco de manera sincera el artículo. Leerlo con atención y después recorrer los comentarios me sirvió para darme cuenta de que muchas veces nuestra opinión supera a nuestros merecimientos. Hasta esta noche (que descubrí este post tuyo gracias a Ma. Fabiana calderari) creía que había alcanzado al menos "dos tiras" en el escalafón... Lamentablemente (para mí... felizmente para los grandes) he llegado a la colclusión de que no llego todavía a las infrarquías. ¿Cómo se puede escribir y opinar sobre un género sin haber leído a los que marcaron el camino?... Creía haber leído muchísimo y me doy cuenta que recién estoy despegando. Gracias por tu contribución permanente. Un cálido saludo desde Santiago del Estero.

Rogelio Guedea dijo...

Querido Fernando: excelente recorrido (crítico y sentimental) por la carretera del microrrelato hispánico. Un gusto saberme incluido en "tu" biblioteca personal, aunque a Daniel Sánchez no lo insinúe inmerecido. Tal vez haya que recordarle que en el libro de los gustos todas las páginas están en blanco.../ Abrazos desde las antípodas.

Daniel Sánchez dijo...

Vaya, hablando de Roma...

Rogelio yo pretendo insinuar eso, simplemente decir que hay escritores de microrrelatos que me gustan más que otros, nada más.

He leído su último libro (que obviamente lo recomiendo), lo que ocurre es que nuestra percepción del microrrelato es más lejana que la que tengo con otros escritores como Almira.
Eché en falta más giros sorpresivos en sus textos. Por contra el dominio de los tiempos narrativos y la originalidad de cada uno de los temas me parece excelente.

Y apostillar que bueno, que estamos todos en la misma NAVE.

Jesus Esnaola dijo...

Excelente guía de lectura, Fernando. Difícilmente se puede escribir sin tener un buen poso de lecturas. El problema que tiene el microrrelato es precísamente una de sus características principales: su brevedad. Todos podemos escribir un buen puñado de microrrelatos en poco tiempo, microrrelatos en cuanto a textos breves. Pero escribir un gran micro entraña un buen número de dificultades. Todos nosotros somos capaces de correr los cien metros, pero a ninguno se nos ocurriría decir después que somos velocistas. Escribir un micro, es fácil. Escribir uno bueno es muy complicado. Hace unos días me encontraba esta cita del escritor belga Jacques Sternberg donde decía "Escribir 270 cuentos, en su mayoría breves, es otra historia (el lo comparaba con escribir una novela). No se trata de un asunto de ritmo, sino de inspiración: hacen falta 270 ideas. Y eso es mucho. No se las tiene en un mes, ni siquiera en un año.” Se refiere a los cuentos breves que componen sus "Cuentos Glaciales". Tardó veinte años en escribirlos. Ahora cualquier novato, yo por ejemplo, escribe un centenar en un año y se extraña de que no haya nadie interesado en publicarle. Será que nos queda mucho por aprender.

Gracias, Fernando.

Fernando Valls dijo...

Jesús, ¿dónde están publicados los `Cuentos glaciales´?
Gracias a todos por vuestros comentarios.

Jesus Esnaola dijo...

Los publicó la editorial de Eduardo Berti, "La compañía", en Argentina. Me dijo que sobre estas fechas era posible que lo hiciera Páginas de Espuma, gracias a un acuerdo que tienen. Pero no sé nada seguro.

ÁNGEL dijo...

Hola, Fernando. Lo que está claro es que en pocas páginas y de una manera tan desinteresada se dé publicidad y se publique a autores noveles de micros como en la tuya (y Los Microrrelatos de la Nave de los Locos es buen ejemplo también en papel, donde cohabitan autores consagrados con otros que intentan abrirse camino entre la vorágine). Yo llevo unos meses publicando los míos ("Basura espacial") en la página rockthebestmusic, por si a alguien le interesa.

Un saludo, y a seguir en la brecha.

manuespada dijo...

Al hilo de lo que dice Jesus y de lo que apunta alguno más, me da la impresión que el mundo blog ha dado vida a un género que estaba algo moribundo. Es cierto que escribir un micro bueno te puede llevar veinte minutos o un mes, pero quizá se tiene demasiada prisa o ansiedad por publicar, en parte, por culpa de ese formato blog, que alimenta de manera inmediata (con comentarios elogiosos) las expectativas sobre la propia obra, y es, en cierto modo, un espejismo que muchas veces acaba en frustación cuando las editoriales no lo ven de la misma manera que los lectores del blog. En mi caso, acabo de publicar mi primer libro de microrrelatos después de trece años leyendo miles de microrrelatos para escribir tan solo los 170 micros que componen el libro (¡en trece años!), y hasta ahora ninguna editorial había mostrado el más mínimo interés, lo que genera frustación, como señala Jesus, pero se trata de tener paciencia y trabajar mucho sin tirar la toalla, trabajo gratis, por cierto, esto es más que nada, vocacional.

Jesus Esnaola dijo...

Es cierto, Manu, esa retroalimentación que se produce en los blogs puede ser muy positiva, pero también puede ser una nube de la que la caída resulte terrible. Recuerdo que al principio, sorprendido de las entradas periódicas que hacían algunos blogueros, a uno de ellos le pregunté si no le parecía perjudicial someterse a la presión de publicar en días señalados. Me contestó, un poco molesto, que él se debía a sus lectores y al respeto que estos le merecían.
Seamos honestos. En un blog veinte comentarios son muchísimos. Normalmente, los comentarios son elogiosos, si a uno no le gusta lo que lee no lo dice, se va sin comentar. Esto se puede ver de dos modos: puedes pensar que le gustas a todo el mundo o puedes pensar que les gustas a veinte personas. ¡Veinte! De los 400 millones de lectores potenciales en castellano, gusto a veinte. Claro que respeto a mis lectores, ¡pero son veinte! ¿Condiciono mis entradas a veinte lectores o lo hago lo mejor que pueda y sepa y los lectores ya llegarán, con un poco de suerte?
Sólo hay un camino y este es leer mucho y lo mejor posible, esta entrada es una guía excelente, desarrollar una lectura crítica que no sólo ayudará a las personas que comentemos, esto dependerá de nuestra generosidad, sino que será fundamental para nuestra propia obra y, por último amar la palabra, nuestra herramienta de trabajo, escribir cien para quedarnos con una.
Buff, perdón por el rollo que os he soltado. No suelo hacerlo.

Un abrazo y gracias por el espacio.

Esteban Dublín dijo...

No deja de parecerme paradójico que sea precisamente Internet donde se cuelan autores que a leguas se ve que en su vida han leído un microrrelato.

Lo dijiste en el Congreso, Fernando, y lo reafirmaste ahora: para escribir microrrelatos lo más lógico es saber la historia literaria que antecede al género. Aún no entiendo como pueden existir escritores que se jactan de no ser lectores.

Me has dado un luz enorme con respecto a muchos imprescindibles que aún no están en mi biblioteca, aunque me gustaría sumar un par que me parecen excepcionales: Temporada de Fantasmas, de Ana María Shua, y Ajuar Funerario, de Fernando Iwasaki.

Un saludo desde Colombia.

Fernando Valls dijo...

Esteban, de Shua cito sus microrrelatos completos, donde se recoge `Temporada de fantasmas´.
Saludos a todos y gracias por vuestros comentarios.

ÁNGEL dijo...

De Shua yo creo que el imprescindible es La sueñera. Iwasaky también me parece bueno (atractivo, sobre todo) en ese libro.

Creo que además hay dos recopilaciones que recogen micros o hiperbreves buenísimos, que no son otros que los publicados por el Círculo Cultural Faroni: Quince líneas (1996) y Galería de hiperbreves (2001). Algunos son memorables y no suele haber antología que no recurra a ellos para nutrirse.

Un saludo.

Fernando Valls dijo...

Ángel, a mi las antologías del Círculo Cultural Faroni me parecen bastante malas, la verdad. `Quince líneas´ apareció en 1996 y de todos los autores el único que ha hecho una obra de interés es Juan Gracia Armendáriz. Incluye, además, otros micros que me gustan, como los de Luis Landero (Faroni), José María Cabañes y Juan Ignacio Iglesias. Y de la `Galería de hiperbreves´, del 2001, me gustan las piezas de Landero, y otros tres grandes: Mandrini, Julia Otxoa y Norberto Luis Romero. Del resto, nada más se supo. En fin, no parece un gran balance. Saludos.

ÁNGEL dijo...

Gracia Armendáriz me encanta. Las piezas de Mandrine son sobresalientes. Pero te quisiera citar una que creo que te ha pasado desapercibida (de 2001). Se titula "Un feliz regreso", de un tal Francisco Corrales. La creo de antología, pero corrígeme si me equivoco. Encontré otros relatos de este autor a través de la Red, y me parecieron muy, muy buenos. En fin.

Un saludo.

Fernando Valls dijo...

Ángel, tienes razón, ese microrrelato de FRANCiSCO CORRALES HERNÁNDEZ está muy bien. Lo había pasado por alto. A ver si damos con el autor y le pedimos colaboración. Gracias por la advertencia y saludos.

ÁNGEL dijo...

Te envío un enlace para que conozcas algunos de sus relatos. Si lo hago, es porque lo creo de una sutileza poco común y de una pulcritud envidiable. Y que conste que no soy nadie para recomendarte a ti nada.

http://www.artecomunicarte.com/ArtistaDatosPAD2_L.php?Arp=137

(No es necesario que publiques este comentario). Saludos de nuevo.

Fernando Valls dijo...

Ángel, aquí todas las recomendaciones son bienvenidas. Uno u otro las aprovecha. Saludos.

Hiperbreves S.A. dijo...

Otro viaje por el universo del microrrelato gracias a la nave de Valls. Práctico y didáctico. Genial.