miércoles, 10 de septiembre de 2008

En el centenario de Pavese

.

.
"A la mañana siguiente Cesare Pavese no pidió el desayuno"

..
Solo bajó del tren,
atravesó solo la ciudad desierta,
solo entró en el hotel vacío,
abrió su solitaria habitación
y escuchó con asombro el silencio.
Dicen que descolgó el teléfono
para llamar a alguien,
pero es falso, completamente falso.
No había nadie a quien llamar,
nadie vivía en la ciudad, nadie en el mundo.
Bebió el vaso, las pequeñas pastillas,
y esperó la llegada del sueño.
Con cierto miedo a su valor
-por primera vez había afirmado su existencia-,
tal vez curioso, con cansado gesto,
sintió el peso de sus párpados caer.
Horas después –una extraña sonrisa dibujaba sus labios-
se anunció a sí mismo, tercamente,
la única certidumbre que al fin había adquirido:
jamás volvería a dormir solo en un cuarto de hotel.
..
JUAN LUIS PANERO, Los trucos de la muerte, 1975
..

Pavese con la actriz norteamericana Constance Dowling, Connie.
....

3 comentarios:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Recuerdo, Fernando, cuando leí por primera vez este poema en Juegos para aplazar la muerte, nada más publicarlo Renacimiento. Entonces la librería/editorial estaba en uno de los extremos del barrio de Santa Cruz, y comencé la lectura de algunos de los poemas en aquellas calles, sin esperar llegar a casa. Aquellos escritores suicidas... Como dijo Nietzsche, pensar en el suicidio ayuda a pasar más de una noche. Un abrazo.

Paseante dijo...

Sin ánimo de “murmurar mucho” (como pedía el autor en su diario), me sumo a este homenaje citando sólo algunos versos. “…Otras mujeres pasan/ sin mirarlo a la cara, pero al menos se quitan la ropa/ con un hombre esta noche. O quizás las mujeres/ aman sólo a quien pierde su tiempo para nada.”

Fernando Valls dijo...

Connie la mujer de la foto, lo abandonó para casarse con otro hombre. Pavese le había pedido que se casara con él, pero ella no aceptó. Cuando escribe, en aquel célebre poema, "Vendrá la muerte y tendrá tus ojos...", parece ser que estaba pensando ella. La primera vez que oí estos versos, el profesor Juan Carlos Rodríguez los recitó de memoria en una conferencia, entonces yo no era mucho más que un adolescente, se me puso la piel de gallina...