domingo, 28 de septiembre de 2008

Chejoviana, 1

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En marzo de 1886, Chéjov le escribió una carta a su hermano Nikolái compuesta por un principio general y siete preceptos, para ver si lograba encauzar su complicada existencia, en los que podemos hacernos una idea precisa de los valores que manejaba el autor de Tío Vania. Su hermano era un pintor de talento, había ilustrado varios de sus primeros relatos, aunque llevaba una existencia de tarambana y estaba alcoholizado.
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Las personas civilizadas respetan a los seres humanos como individuos.
Sienten compasión por los demás.
Respetan la propiedad ajena.
No mienten, ni siquiera en cosas banales.
No se humillan a sí mismos para despertar compasión en los demás.
No son vanidosos.
Valoran su talento si lo tienen.
Se esfuerzan por desarrollar su sensibilidad estética.
Son maniáticos de sus costumbres.
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Estas sugerencias -digamos- morales no son pura palabrería sino que, por lo que sabemos -que no es poco- la vida del escritor ruso se rigió siempre por unos principios éticos semejantes. Su hermano Nikolái, al igual que Antón, padecía de tuberculosis, de ahí que muriera en 1888, a la edad de 33 años.

* La información procede del excelente libro de Rosamund Bartlett, Chéjov. Escenas de una vida, Siglo XXI, Madrid, 2007. Traducción de Esther Gómez Parro.

* En la foto aparece Antón y Nicolái Chéjov.

3 comentarios:

Martín Garrido dijo...

Es curioso que un escritor/artista se guie por normas estrictas, aunque Chéjov, como buen ruso, era muy metódico en todo, tanto en la vida como en la escritura. Gran autor, desde luego.

Un saludo.

Pedro Herrero dijo...

Si algún/una amante de la literatura de Chéjov aún no ha visto la película “Ojos Negros”, de Nikita Mikhalkov, protagonizada por Marcello Mastroianni, debe poner remedio de inmediato a esa anómala situación.

hombredebarro dijo...

Martín, creo que si un escritor no tiene normas estrictas no llega muy lejos.
El plan de Chéjov es impecable.