lunes, 31 de marzo de 2008

La isla de Chelo. Un documental sobre los maquis, la guerrilla antifranquista

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Entre las muestras prácticas, reales, de lo que podría suponer la recuperación de la llamada memoria histórica, el documental de Odette Martínez Maler, Laetitia Puertas e Ismaël Cobo, titulada La isla de Chelo, es un ejemplo modélico. Todavía inacabado, he podido ver sin embargo una primera versión en el Congreso dedicado al tema, celebrado recientemente en la Universidad de Grenoble. En cincuenta minutos se recoge el testimonio de la guerrillera Consuelo Rodríguez López, conocida como Chelo.
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¿Quién fue esta mujer? Nació en 1919 en Soulecín, en la comarca de El Barco de Valdeorras (Orense), en una familia acomodada, compuesta por siete hermanos, en la que el padre había hecho una cierta fortuna en Cuba. Al comenzar la guerra civil, Consuelo tenía 17 años. Pero quizás esta historia, en realidad, empezara en octubre de 1937, cuando su hermano Rogelio regresa a la casa familiar, tras la caída de Asturias, con la intención de esconderse, ya que había sido llamado a filas por el ejército sublevado, pero se pasaría al bando republicano. Por su parte, Sebastián, otro de los hermanos, también obligado a unirse al ejército franquista, tras regresar herido del frente del Ebro en 1938, se ocultaría en su casa. Así, cuando la guardia civil fue a buscarlo, en 1939, se produce un tiroteo en el que muere un guardia y otro resulta herido, hecho por el que ambos hermanos deciden huir al monte, uniéndose a la guerrilla.

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El día en que Chelo cumplía 20 años, en 1939, se presentó en el pueblo un contingente de legionarios que torturó y mató finalmente a sus padres, ante los vecinos, para que sirviera de escarmiento general. Así, sus otros dos hermanos, Alfonso (gemelo de Chelo) y Domingo, pero también Consuelo y su hermana Antonia, terminarían por unirse a los maquis. Ellas actuaban como enlace de la Federación de Guerrillas de León y Galicia, fundada en 1942, actividad por la que fueron detenidas en varias ocasiones, permaneciendo presas en las cárceles de Valdeorras, Ponferrada y León. No debe olvidarse que el cuarenta por ciento de los maquis, aproximadamente, eran mujeres, quienes solían actuar en labores imprescindibles de intendencia, abastecimiento y propaganda.

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En julio de 1946 murió el comunista Arcadio Ríos, compañero sentimental de Chelo; su amor, como ella lo llama. “El tiro que acabó con su vida, también me mató a mí”, recuerda, hasta el punto de que, para no quitarse la vida, tuvieron que despojarla de la pistola que solía llevar. Su casa gallega, conocida como La Fortaleza, siempre estuvo abierta a los maquis. Chelo permaneció tres años en la clandestinidad, hasta que en 1949, fecha en que ya habían muerto sus cuatro hermanos guerrilleros, consiguió atravesar la frontera. Al llegar a Francia pensó que gozaría de libertad, pero no pudo evitar pensar que para qué la quería, con todo lo que había dejado atrás... Primero trabajó cuidando huertos y en el servicio doméstico, hasta que se trasladó a París, donde fue rehaciendo su vida. Se casó en 1953 con el guerrillero asturiano Marino Montes y en 1971 se instaló en la isla de Ré, cercana a La Rochelle, donde ha residido hasta hoy con sus hijos. En la actualidad cuenta con 88 años.
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Estos sólo son los datos fríos, ¿objetivos?, de una vida; pero lo que me resulta impresionante es el testimonio de esta mujer, su presencia, la forma en que toma la palabra en la película. Y quizá de aquí parta la pregunta que se hicieron los autores del documental: ¿cómo se pone en escena un testimonio sobre la guerrilla antifranquista? A la vista del resultado, con sobriedad y discreción, para que pese la misma palabra, la historia, el relato, y se imponga la imagen de la protagonista del testimonio, pero también sus silencios, las canciones que entona, el espacio en el que transcurrieron aquellos años, el pueblo, El Barco de Valdeorras, el monte, los lobos; la verdad, en suma, de una existencia valiente y trágica.
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Chelo defiende con firmeza sus acciones, su lucha, puesto que pelearon y mataron (en ningún momento lo esconde) por la libertad; pero también su amor por Arcadio, en un ambiente en que tan mal visto estaba mostrar los sentimientos. En el documental cuenta cómo se fija en él y lo elige, por su buen porte, por su valentía, y nos cuenta, con discreción, con las mínimas palabras posibles, sus noches de amor en un chozo del monte. De la misma forma que reivindica el llevar pistola, le enseñó a utilizarla Arcadio, para poder usarla en su defensa, para defenderse y no morir como perros, según recuerda que mataron a sus padres.
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El deseo de Chelo es que su testimonio permanezca y sirva para que quede en la memoria, para que no se olvide que aquellos maquis lucharon por una sociedad más justa, libre y democrática, por defender su dignidad, y que no fueron ni bandoleros, ni ladrones, ni forajidos, ni mucho menos aún, putas, como las denominaba la propaganda franquista, sino guerrilleros.
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Chelo es una de esas voces dormidas a las que se refiere Dulce Chacón en su novela, que ahora, al disponer de una interlocutora válida, alguien que le merezca confianza, según afirma en la película (Odette Martínez Maler es hija de Francisco Martínez López, Quico, y en la actualidad trabaja en la Biblioteca de Documentación Internacional Contemporánea, BDIC, de Nanterre); toma la palabra para contar su historia, explicando y reivindicando su actuación y la de sus compañeros. No menos imprescindible resulta reivindicar su memoria, como se hizo en el Congreso de los Diputados, el 17 de mayo del 2001, y en el 2007, la Xunta de Galicia.
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6 comentarios:

Nocturna dijo...

Buena noches, Fernando...

Estas historias son imprescindibles, y albergan siempre la esperanza de un mañana mejor.

¡En Argentina hay tantas similares!


Te sigo todas las noches, tranquilo...
:)

Anónimo dijo...

Enhorabuena por su blog, Señor Valls.

Extraordinario.

(Magnífica historia, la que aquí cuenta hoy...)

Un lector

P.D. Conozco bien los lugares en los que se desarrollaron esos acontecimientos...

Abel dijo...

Acabo de ver este documental. Tenian que proyectar documentales como este en cada uno de los pueblos y ciudades del estado y sobre todo, donde ocurrio esto, en León y en Galicia.
Las heridas no se pueden cerrar si no son curadas

Fdo.: un leones en el mundo

Anónimo dijo...

Me encanto el documental y el blog refleja muy bien lo que en él se habla, en cuanto al comentario de Abel, decirle que el documental se ha proyectado en varios sitios, en Leon, en la universidad de Ponferrada, en la casa de la cultura de Cabañas Raras y si no recuerdo mal en el Barco de Valdeorras tambie, quizas no te llego la informacion por la falta de escasez de recursos para publicitar estos actos.Me alegro de que hayas podido verlo!
un saludo camaradas

Anónimo dijo...

Me encanto el documental y el blog refleja muy bien lo que en él se habla, en cuanto al comentario de Abel, decirle que el documental se ha proyectado en varios sitios, en Leon, en la universidad de Ponferrada, en la casa de la cultura de Cabañas Raras y si no recuerdo mal en el Barco de Valdeorras tambie, quizas no te llego la informacion por la falta de escasez de recursos para publicitar estos actos.Me alegro de que hayas podido verlo!
un saludo camaradas

Señorita Sunshine dijo...

Muy buenas a todos.
Veo que hace tiempo de esta entrada. Hoy mismo hablando con mi padre de la historia de esta familia (una vez más, pues en repetidas veces he oído la historia de su boca)me dio por investigar un poco más y así he llegado hasta aquí.
Por desgracia, cuando se proyectó el documental, yo me encontraba estudiando en otro país así que me lo perdí.
¿Alguién podría informarme de cómo conseguirlo? Estaría muy agradecida, pues mi familia paterna estaba muy unida a la familia de Chelo. Eran vecinos y buenos amigos, y estoy segura de que a mi padre le haría ilusión poder verlo.
Muchísimas gracias. Les dejo un correo electrónico de contacto: jennyafreijo@gmail.com