jueves, 6 de agosto de 2009

Sobre los títulos, 1

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El mismo mar de todos los veranos (1978), primera novela de Esther Tusquets, hasta el último momento, antes de publicarse, se titulaba Y Wendy creció, pero un colaborador de Lumen convenció a la autora para que lo cambiara. Así, el primer título del libro acabó convirtiéndose en la cita inicial. .....
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Soldados de Cataluña fue el título inicial de La verdad sobre el caso Savolta (1975), de Eduardo Mendoza.
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Ronda del Guinardó (1984), novela corta de Juan Marsé, se tituló en sus orígenes Rosita y el cadáver. Marsé ha anunciado que su nueva novela, en la que sigue trabajando, se titulará Aquel muchacho, aquella sombra. Veremos a ver con qué título aparece finalmente.
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Pero el rey de los cambios me parece que ha sido Álvaro Pombo, quien tiene en su haber algunos títulos magníficos, otros horribles (como Telepena de Celia Cecilia Villalobos), y otros tan soprendentes e imposibles de recordar (sólo lo hemos podido memorizar Ernesto Calabuig, quien me refresca la memoria, y yo, me temo que ni siquiera el autor), como Aparición del eterno femenino contada por Su Majestad el Rey, deliciosa novela cuyo título fue cosa de Herralde, pues el autor la había llamado simplemente Don Rodolfo y el vencejo. Don Rodolfo era, recuerden, el profesor falangista de boxeo del niño de la casa, personaje basado en un ser real, y los vencejos, sus vuelos sobre la terraza de la casa, tenían un cierto protagonismo en la obra. Donde las mujeres, otro título que puso Herralde, sustituyó a los dos que Pombo había pensado: La propietaria del significado perfecto y La expropiación, pues, la niña protagonista padece una expropiación sentimental por parte de su familia.
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Pero el título quizá más sorprendente de toda la historia del teatro español es el de Miguel Romero Esteo, quien tituló una de sus obras Pizzicato irrisorio y gran pavana de lechuzos.
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9 comentarios:

Ramiro Rosón dijo...

A mí me sucedió algo curioso con el título de uno de mis dos libros. Se trata de un poemario al que primero di el título de “Tratado de la luz”, que luego cambié, a última hora, por el de “Primera luz”. Sin embargo, debido a un error de la editorial, el libro salió publicado como “Tratado de la luz”. Ahora, me doy cuenta de que el segundo título es menos original y sugerente que el primero. Sin duda, el error fue providencial.

Un saludo.

Araceli Esteves dijo...

Titular me parece una de las cosas más difíciles. Condiciona demasiado.

hugo dijo...

hola Fernando:

Nuevamente a vueltas con el asunto del nombre y de nombrar. El lunes te planteabas la pregunta "¿Cómo se le pone nombre a un campo de fútbol?" (Respesto a esa especie de horfandad que aqueja al nuevo campo de los pericos)
Y hoy casi, casi lo mismo , pero respecto a una obra literaria. El acto de nombrar es, sin duda, el más peliagudo para cualquier creador (los pintores corren con ventaja: "Sin título" y comienzan a numerar obras). En el caso de un texto (poema, cuenta, novela, ensayo, etc.etc. etc.)pienso que antes del nombre la obra es cero, es decir, una referencia donde antes sólo había nada, ponerle nombre es situar esa obra en el mundo. A partir del nombre ese texto queda hipotecado a él (perdón por nombrar la bicha)y pertenece menos al autor que lo parió. El problema se agrava cuando comenzamos a cambiarle el nombre por pura insatisfacción egocéntrica. El texto, desde ese momento,parece interrogarte:
"¿Pero no habíamos quedado que me llamaba...?" Y uno, cual padre impaciente y energúmeno le dice:"Niño deja ya de joder con la pelota, Estás en el mundo gracias gracias a una presión en frío de este magín que te contempla y hago contigo lo que se me da la gana". Generalmente al texto que le cambias el nombre una vez, estarás cambiándoselo hasta un minuto antes de darlo a conocer.

Y al final, llega el editor independiente con las rebajas y te dice:"¡Pero adonde vas, chaval, que ese nombre no vende!". Los inéditos, más o menos irredentos, podemos hablar de esa experiencia.

Como siempre, he acabado hablando más de la cuenta.

salut,
hugo

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Buena entra Fernando.

Citopensis dijo...

Titular es complejo.

Complejísimo.

Lo que yo hago es tomar una frase o palabra del texto y utilizarla como "anzuelo" mental para el que luego lee el relato/poema/o lo que sea.

De ahí saqué "El tipo que escucha" por ejemplo.

lologuit dijo...

En ocasiones titular es meter la llave de contacto para arrancar un relato. He dado con un titulo y el relato ha surgido con facilidad. Con los cuentos se tiene que hilar fino, es uno de los ingredientes básicos. Creo. Un saludo

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Titular es bautizar. El nombre es la esencia. Nos miramos y vemos un rostro unido a un nombre. Antes, al bautizar, el cura párroco incluía en el registro su nombre y el de del santo patrón de la parroquia. El Editor viene a ser como el párroco, pero peor, porque obliga a que prevalezca el título vendedor por encima del esencial. Por eso, cuando esto ocurre, el autor siempre ve su obra con otro nombre y no la renoce como legítima, aunque esté santificada con el agua bendita de las cifras de ventas.

Fernando Valls dijo...

Me parece que, en todos los casos que cito, los cambios mejoraron el título que había pensado el autor. Desde luego, `Ronda del Guinardo´, que creo ahora recordar que se le ocurrió a Mario Lacruz, es mucho mejor título que `Rosita y el cadáver´, sin que por ello sea más comercial. Pues, no siempre que el editor propone un título distinto se debe a motivos comerciales.
Gracias a todos por vuestros comentarios.

mi nombre es Alma dijo...

Mi caso es algo raro, o ¿no?, a veces cuando escribo algo se me ocurre antes el título que el poema, como un flash, lo apunto porque enseguida se me olvida y a partir de él construyo un texto. Lo que hay que ver.

Saludos