lunes, 19 de agosto de 2013

LOLA SANABRIA en Palermo

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En la primera comida en Palermo yo habría tirado del Padrino para que le diera una lección a los dueños de la casa de comidas (restaurante sería mucho decir) que nos sopló una pasta por pasta (valga la redundancia) y pollo seco como mojama.
Mención aparte lo del atraco a mano armada de la bebida. Habría sido fantástico que con un golpe de pestañas hubiera aparecido un justiciero y con un brillo azul de ojos y una sonrisa de hipar, dejara derramado otro líquido más rojo que el vino por los distintos restaurantes, bares, hoteles y kioscos en los que acuciados por una sed de espanto, caíamos rendidos ante la botella de agua o la cerveza. (Agua, unos cuatro euros. Cerveza, de tres a ocho euros, según bandido siciliano).
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La primera cena caímos por casualidad en la mesa de la trabajadora del Congreso de nuestros “amadísimos” diputados, su marido, prejubilado por agotamiento de curro en un taller mecánico, una farmacéutica de ochenta y cuatro años que se resiste a jubilarse y su hijo que le lleva lo relacionado con la informática, además de cantar en un grupo musical. Arrimarse a la del Congreso era una buena elección porque nunca sabes de qué líos te puede sacar, pero cuando la farmacéutica nos dijo que llevaba un bolso lleno de medicamentos, tuvimos claro que de ella no había que separarse en ningún momento. Enseguida comenzamos a contarnos nuestros achaques las tres mujeres. Que si la tensión, que si el colesterol… Tengo de todo, dijo ella mientras paseábamos por la calle Libertad y arrimamos la cara a los escaparates de las grandes firmas como Gucci o Armani.......
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¡Plín, plón! ¡Bueeeeenos diiiiiiías!, fue el saludo de la guía por la mañana. Y ahí se desató en explicaciones que escuchábamos a ratos mientras otros dábamos una cabezadita. Al inicio muchos se colocaron en los asientos delanteros, pero pronto comenzaron a ocupar el fondo para que no los descubriera cuando pasaban de fenicios, griegos, normandos, bizantinos, Borbones y otras hierbas.
Era un buen grupo, sufrido y puntual. Había dos argentinas buenas y una pareja, no tanto; la Señorita solitaria; la asturiana imbatible; dos doctoras valencianas que nos tranquilizaron conminándonos a la resignación cuando, unas más, otras menos, todas acabamos con extremidades como patas de elefante; la farmacéutica (con zapatos de tacón, bajo pero tacón a fin de cuentas) y su hijo; unas galleguiñas muy apañadas; y el sevillano, simpático él, que acabó llamándome Lola de España, su mujer y sus amigos; y la del Congreso y su marido. Un señor del que supe que hablaba cuando se despidió y su mujer de origen francés. Había más, pero no recuerdo nada por lo que destacaran. Señorita solitaria hizo muy buenas migas con las argentinas buenas y cuidó de una de ellas todo el rato. La otra, muy simpática, estuvo disputándose al Papa con la guía delante de la catedral de Palermo, bajo una única palmera, apelotonados bajo su sombra. Les dijimos que podían quedarse con él y de paso, con unos Borbones y un Urdangarín de regalo. Luego pasamos al interior donde me quedé con las ganas de hacerme con un trocito de la plata de la urna de Santa Rosalía......
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En Monreale, dentro de la catedral normanda, la guía peleona dijo que allí los franceses no tuvieron nada que hacer y preguntó si había alguna persona que tuviera algo que ver con el país de los gabachos. Yo, se identificó, la mujer del que creí mudo, y añadió que no era para nada chouvinista, así que no hubo disputa. El argentino no tan bueno había comenzado a dárselas de entendido y no dejaba escapar momento para demostrarlo. Ni caso. Nadie.
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Antes de visitar el Palacio Real, la guía nos informó de que sólo podríamos visitar la Capilla Palatina porque aseguraban que los congresistas seguían trabajando aunque estaban de vacaciones. A lo largo del viaje hizo muchos comentarios cargados con metralla de ironía, aunque, eso sí, aclaró desde el principio que no hablaría de políticos pero sí de lo que hacían. El teatro Garibaldi, al que tildó de mercenario, estaba lleno de pancartas. La crisis, dijo, como en España, no da para subvencionar la cultura, pero sí para otras cosas. Del teatro Máximo nos dijo que ese verano tampoco acogería conciertos como otros años. Aquí, a las puertas, rodaron la última escena de El padrino, informó de pasada, con un punto de desprecio porque la saga americana mostraba la mafia casi como algo bueno. Nadie del grupo, a menos que no quisiera confesarlo, visitó las catacumbas de los Capuchinos con sus muertos en las paredes, un parque temático del terror en toda regla.......
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Cuando dejábamos Palermo pasamos por la casa del juez Falcone, con el árbol cargado de mensajes populares, y, ya en carretera, el lugar donde lo hicieron saltar por los aires dejando un gran socavón en la autopista. Seguimos de camino a Segesta donde nos esperaba un templo en una loma bajo un sol de justicia y unas chicharras enloquecidas.
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** ESPERO QUE ME MANDÉIS CRÓNICAS DE VIAJES O COMENTARIOS SOBRE UNA CIUDAD QUE OS GUSTARÍA VISITAR.
 

9 comentarios:

Lola Sanabria dijo...

Gracias, Fernando, por darle un sitio a mi Palermo en tu Nave.

Abrazos flojitos por la calor.

Miguelángel Flores dijo...

Encantado de leer esta crónica rebosante de humor sanabrio, me quedo.
Un abrazo, Lola. Y Fernando.

Dominique Vernay Juillet dijo...

El Palermo de Lola como telón de fondo para un magnífico trabajo sobre dinámica de grupo... y con risas... genial!

AGUS dijo...

Estupenda crónica que, como no podía ser de otra manera, incluye fauna y flora. Palermo a golpe de bisturi. Un placer leer a Lola, gracias Fernando. Abrazos.

manuespada dijo...

Muy divertido, Lola, me he echado unas risas.

Lola Sanabria dijo...

Miguel Ángel, Dominique, Agus, Manu, mil gracias por comentar. Me alegro de os haya divertido.

Besos a puñados.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Llego tarde, pero llego. Me alegro de no habérmela perdido, Lola; porque además de ser una crónica divertida, destila esa ironía con la que desgajas la realidad.

Un abrazo para ti y otro para el anfitrión.

Patricia Nasello dijo...

Palermo era la tierra de mis abuelos paternos, Lola, Fernando, gracias por permitirme viajar y conocerla.

Dos afectuosos abrazos

Lola Sanabria dijo...

Más vale tarde que nunca, Pedro.

Había muchos argentinos viajando por Sicilia, Patricia. Me alegro de que la crónica te haya acercado a esa tierra.

Abrazos a pares.