miércoles, 10 de diciembre de 2008

Todos los cuentos, de Cristina Fernández Cubas

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A los profesores, a los críticos, nos toca hacer a veces muchos tipos de trabajo distintos, y en ello estriba -en parte- la gracia de la profesión. Los encargos no siempre resultan apetecibles, de ahí que procuremos elegir, en la medida de lo posible, sobre aquello de lo que vamos a escribir. Con todo, a veces, le adivinan a uno el pensamiento y le encargan lo que le hubiera gustado hacer, como ha ocurrido, en esta ocasión, con el prólogo a los cuentos de Cristina Fernández Cubas. Conocía toda su obra, que había ido leyendo al ritmo que aparecía; su primer libro de cuentos, Mi hermana Elba, data de 1980, y había escrito en bastantes ocasiones sobre sus textos, dedicándole incluso largos trabajos al análisis de alguno de sus cuentos, como "La ventana del jardín" o "Mundo". Pero nunca, hasta ahora, había leído toda su obra seguida, siguiendo la cronología, y todos los estudios críticos que se le han dedicado, o al menos, todos los que conozco, con el fin de poder escribir un prólogo sobre el conjunto de su obra narrativa breve. Quizá sea ésta la única manera posible de conocer bien una obra literaria, en conjunto. Y puedo decir que he disfratado mucho con esta nueva lectura.
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Cristina Fernández Cubas es una escritora que ha ido siempre por libre, que se resiste a ser encasillada, pues posee un mundo singular propio, cuya tradición literaria no siempre es fácil de rastrear, aun cuando pueda parecer al contrario. En cualquier caso, no me cabe la menor duda de que es uno de los autores de cuentos más importantes dentro de todo el ámbito español e hispanoamericano.
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En este volumen (reproduzco a partir de ahora las líneas que escribí a petición de Masacre en los jardines), que acaba de parecer en la editorial Tusquets, se recogen todos los cuentos que la autora había incluido en los cinco libros que ha publicado, de Mi hermana Elba (1980) a Parientes pobres del diablo (2006), con una propina extraordinaria: la continuación del cuento que Poe dejó sólo empezado, “El faro”. Pero lo llamativo, en esta ocasión, es el modo en que la autora, partiendo de una historia apenas esbozada, acaba asumiéndola como propia, sin subvertir ni el estilo ni las propuestas estéticas del escritor norteamericano, trasformándola y enriqueciéndola, hasta sacarle el máximo partido posible.
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Como decía, el lector se va a encontrar además con cuentos tan logrados como “Lúnula y Violeta”, “La ventana del jardín”, “Mi hermana Elba”, “El reloj de Bagdad”, “Los altillos de Brumal”, “La noche de Jezabel”, “Helicón”, “El ángulo del horror”, “Mundo”, “La mujer de verde”, “Ausencia” y bastantes más. Todos estos relatos, en suma, aparecen plagados de situaciones inquietantes, de vueltas de tuerca y sueños convulsos que a veces se convierten en pesadillas. Y en esos mundos de límites imprecisos, varias son las fuentes de inquietud: entre otras, la visión de la realidad desde perspectivas insólitas; el trastocamiento del tiempo y del espacio; la fatalidad; el viaje (o el desplazamiento) iniciático; pero también los espacios cerrados; el conflicto entre lo inexplicable y la razón; la otredad; los silencios tensos y agobiantes; las obsesiones y la duda sobre la identidad.
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Por cierto, el libro ha sido recibido, por parte de entrevistadores y críticos, con generosas alabanzas. Y, sin embargo, sólo en una de esas reseñas, me limito a los comentarios que he podido ver, se hace referencia al prólogo de pasada, sin que ello sea ni para bien ni para mal. En contrapartida, en varios de esos escritos, se utiliza lo que se apunta en las doce páginas que costituyen el prólogo. En fin, que no deja de ser una forma de reconocimiento... algo silencioso, es cierto. Quizá yo también haya inventado un nuevo género: el prólogo invisible.
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-Cristina Fernández Cubas con Juan Antonio Masoliver, en el festival Hay, de Segovia, 2008
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* La foto del Hay es de Miguel Sanfeliu.
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8 comentarios:

M dijo...

La impronta invisible pero a la vez repetible en boca ajena quizá sea la mejor de todas.

Confieso que los cuentos de F. Cubas están pendientes en mi larga lista de "debe", en lugar de la del "haber". Pero es de sabios procurarle remedio o arrepentimiento a la falta.

A ver si me pego un chute pronto, del prólogo y de los diferentes ángulos del horror de esta señora.

Ada dijo...

Ya sabes que hay silencios atronadores, algo parecido a las sentencias, no se dejan de oir nunca.
Besos.

Tomás Rodríguez dijo...

Gracias miles, Fernando. te lo pedí porque hbía leído el libro y tus palabras liminares...¡qué efectividad! Saludos.
Tomás
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Fernando Valls dijo...

Bueno, Tomás, si has leído el libro, prólogo incluído, esto te sabrá a poco. Gracias, por la mínima parte que me toca.

Tomás Rodríguez dijo...

Me interesaba rescatar alguna impresión o algún juicio que se qudara fuera de ese prólogo. Nada más lejos. Gracias de nuevo.

Miguel Sanfeliu dijo...

Usted disculpe, querido Fernando, pero esa foto, o el tal X. González estaba sentado encima de mis rodillas o mucho me temo que es mía (está en mi blog). No tiene importancia, no se preocupe, tan sólo es que me sorprendió el dato. Por cierto, fue una charla muy interesante y aproveché la oportunidad para traerme un libro de Masóliver Ródenas titulado "Beatriz
Miami", que él muy amablemente me firmó.
Fernández Cubas es una gran narradora, sin duda alguna. Y su charla demostró su pasión por las historias.
Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

La verdad, Miguel, es que no lo recuerdo, la tengo desde hace unos meses, pero es muy posible que la sacara de tu blog, puesto que lo visito con frecuencia.
Te ruego que me disculpes por el error, que rectifico inmediatamente, y gracias por el aviso.

Miguel Sanfeliu dijo...

Gracias. Por supuesto que la disculpa ya estaba presente en mi anterior comentario, faltaba más.
También yo visito esta nave con frecuencia.
Un abrazo.