martes, 5 de julio de 2011

`Brillan monedas oxidadas´, de Juan Eduardo Zúñiga

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De rebeldías y pasiones
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Este nuevo libro de cuentos de Zúñiga, compuesto por quince piezas, podría definirse con la misma frase de cierre de “El molino de Santa Bárbara”: “historias de orgullosa pasión, de rebeldías y locos amores desgraciados”. Como ya ocurría en Flores de plomo, aquí vuelve a valerse del oxímoron para titular por medio de la imposible convivencia del brillo y el óxido. Según el autor, se alude así al fluir del tiempo, que suele erosionar la memoria, aunque su fulgor haga que, al fin y a la postre, perdure. El volumen aparece dividido en tres apartados con largos títulos entresacados de los mismos cuentos. En la cubierta se reproduce un cuadro de Vilhelm Hammershoi, de 1905, en el que simbólicamente se anticipa el contenido del libro, con sus luces y sombras, sus contrastes, lo evidente y misterioso. Arranca con uno de los cuentos más afortunados, “El festín y la lluvia”, en el que un grupo de personajes parecen atrapados en un albergue debido a un aguacero, amenazados, además, por un río a punto de desbordarse. Podría leerse como una variante singular de El ángel exterminador, de Buñuel, donde una fuerza metafísica parecía haber encerrado a los personajes en una habitación.  
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En “Jazz Session” se contrapone de manera simbólica lo que hay dentro de la cava de jazz con la vida en el exterior; los músicos negros y el camarero emigrante, con los clientes. Así, el bar se nos presenta como lugar de quimeras y sueños inasequibles, donde los músicos ayudan a olvidar ciertos secretos, proporcionándoles a los espectadores la ilusión de saborear una vida asombrosa. En “Agonía bajo el manto de oro”, relato que aun guardando la apariencia de lo onírico transcurre en la realidad, aparece la avaricia personificada en una anciana agonizante, desvanecida finalmente entre sus insaciables deseos de riqueza. Con el cuento anterior comparte, además de los rasgos buñuelescos, el contraste entre el mundo abierto y el cerrado, lo que ocurre en los interiores y lo externo. “Has de cruzar la ciudad” es, sin embargo, el relato que prefiero. Resulta una buena muestra de cómo un cuento realista, con un inicio extraordinario, sobre una joven y atractiva repartidora nocturna de pizzas, llamada Carmela, acaba transformándose en un relato simbólico, “el viaje de la noche”, remedando la leyenda de Lady Godiva. El recuento de las calles que va recorriendo la chica, junto a la descripción de los tipos y situaciones con las que se encuentra, con la truncada entrega en el inexistente 108 de la calle del Tesoro y los dos simbólicos anuncios que recibe, además de la copla que oye cantar en Pozas y el comentario de un joven estudiante, la llevan finalmente a atravesar desnuda la ciudad, como una princesa que condujera una modesta moto, hasta penetrar en “el tranquilo reino de los dioses del sueño”, en un nuevo viaje al fin de la noche.
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La segunda parte del libro empieza con un relato titulado “La mujer del chalán”, en donde el operario de una talabartería, narrador de la historia, cuenta cómo la visita de una hermosa mujer, de origen morisco y nombre desconocido, acaba trayendo la desgracia a todo aquel que intima con ella. Así le sucede a Pascual Solano, su patrón. También aquí, la misteriosa mujer, en el desenlace, como si de un sueño se tratara, se presenta desnuda ante el talabartero, montada a caballo, a horcajadas, como la Carmela de “Has de cruzar la ciudad”.
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En “Conjuro de marzo” un matarife es contratado para matar a un “un hombre de posibles”, pero una vez que ha llevado a cabo su misión, quien tenía que pagarle desaparece. La protagonista del cuento, sin embargo, es su amante, la morisca Pascuala, quien intenta convencer al atrevido Cortado para que no arriesgue su vida, aunque resulte en vano. También aquí, una canción que cantan dos viejas, el conjuro al que se refiere el título, anuncia la desgracia. La acción de “Interminable noche de miedos” se sitúa en el siglo XVI, cuando una familia de conversos teme ser descubierta, al llegar una mujer morisca a su casa pidiendo asilo. El caso es que nunca llegarán a verla, aun cuando oigan su misterioso canto.
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En dos de las piezas de la tercera parte, se le rinde homenaje a los desarraigados Kafka y Mário de Sá-Carneiro. Nos referimos a “No llegará el sobrino de Praga”, donde el anciano Alfredo Loewy, director general de los Ferrocarriles del Oeste de España, teme la llegada de su sobrino, pues vive con una mujer joven, “mi último amor”, y ha abjurado de las costumbres y la ley de sus antepasados judíos. Hasta que una carta le comunica que Kafka está desahuciado, de modo que ni podrá llegar a Madrid, ni cambiar de vida y convertirse en escritor, como deseaba. “Lejano amor soñado” trata de las expectativas que ponemos en la felicidad, en el amor, y lo difícil que resulta ver cumplidas nuestras ilusiones. Se vale de la misma estructura que “No llegará el sobrino de Praga”, pues en ambos la inesperada muerte del ausente, sea Kafka o Lydia, poeta solitaria de provincias, acaba con las cuitas o anhelos del resto de los personajes. El volumen se cierra con “París: última decisión”, en donde se proporciona algunas claves para entender el suicidio del poeta portugués Sá-Carneiro. Alude, al parecer, a razones más económicas que sentimentales, aunque tampoco estas fueran del todo ajenas. Así, dos hechos condicionan la existencia del escritor: el nuevo matrimonio de su padre y el fin de la ayuda económica que le prestaba; y la relación del poeta con Hélène, cocotte que no puede mantener. Hélène y Mario resultan tan iguales en su indolencia que necesitan un protector que se ocupe de ellos. Por lo que, en 1916, cuando el poeta se queda sin apenas expectativas vitales, se suicida.
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La mayoría de los personajes de estos relatos tienen que fingir lo que no son, ocultar su auténtica condición (moriscos, judíos o gitanos) para poder sobrevivir. Suelen ser personajes fracasados, solitarios, que no han logrado cumplir sus deseos o ilusiones; atrapados en alguna relación que los lleva al desastre; o que temen perder lo que tanto les costó conseguir. La pasión, el placer, el miedo y la muerte, están omnipresentes, pero lo significativo es el modo en que trabaja el autor los símbolos y el misterio, y se vale de motivos fantásticos o simbólicos, como los cantos premonitorios o los umbrales, para presentarnos una realidad compleja. Los ambientes suelen ser cerrados, opresivos, y los personajes, que se debaten entre la lujuria, la avaricia, la ostentación del poder o el miedo, a menudo no encuentran una salida digna para su existencia. Los finales suelen ser abiertos y, a menudo, simbólicos, a fin de que el lector pueda participar de la historia. Como suele ser habitual, el estilo de Zúñiga ha ido simplificándose con el paso del tiempo, y en este último libro se ha hecho más conciso, evitando toda retórica innecesaria, en aras de la transparencia y de un casi silencioso ritmo del lenguaje.
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Zúñiga, es más que sabido, es un profundo conocedor de la narrativa rusa y portuguesa, en las que educó la sensibilidad, aprendió una concepción ética del vivir y la capacidad para iluminarnos, junto con diversos aspectos de la vida cotidiana que suelen permanecer en la sombra. Quizá por ello estos cuentos partan de una situación realista para ir adoptando motivos propios de la estética simbolista o de la tradición del relato fantástico. Y en esta hibridez, Zúñiga se desenvuelve como pez en el agua. 
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* Esta reseña del libro de Juan Eduardo Zúñiga, Brillan monedas oxidadas (Círculo de Lectores, Barcelona, 2010), ha aparecido en el número 99 de la revista Turia, correspondiente a junio-octubre del 2011, pp. 410-412
** Las fotos son de Gemma Pellicer y están hechas en Madrid, en casa del escritor, que aparece junto con su esposa, Felicidad Orquín.
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7 comentarios:

José M. Martínez dijo...

Por lo que cuentas, parece tan bueno (y tan pesimista) como 'Flores de plomo'. Saludos.

Elysa dijo...

He terminado los dos primeros cuentos y creo que no voy a perder la pista de Zúñiga. El título me atrajo y ahora a leer su post entiendo porque.

Saludos

Antonio Serrano Cueto dijo...

Lo leí hace un par de meses y me gustó mucho. Puse una nota en mi blog, aunque no tan enjundiosa como tu crítica. Abrazos.

Miguel A. Zapata dijo...

"El festín y la lluvia" es uno de los cuentos más estremecedores sobre el inmovilismo y la parálisis social, aun en forma de alegoría. Ahí late Gregor Samsa y ese cuento de Buzzati, "Y sin embargo, llaman a la puerta". Magnífico.

Jesus Esnaola dijo...

Un libro soberbio, lo leí hace unos tres meses tras tu recomendación. Poco que añadir tras tu reseña.

Me has dado ganas de echarle un vistazo de nuevo.

Abrazos

Rosana Alonso dijo...

Me lo apunto a la lista de la compra libresca.


Saludos

Fernando Barroso Gamero dijo...

Por fin me decido a leerlo. me ha costado entrar ne la forma de escribir de Zuñiga,pero creo que cada vez me gusta más. Sigo leyendo, pero de momento me quedo con las historias de Carmela y de la mujer del chalán, especialmente esta última.