miércoles, 12 de enero de 2011

El cementerio de los ingleses en Roma

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Lo mejor que puede hacerse en Roma durante un día de sol invernal es pasear por el Gianicolo; tomar el Viale de la Trinità del Monti y el del Belvedere, con sus extraordinarias vistas de la ciudad; o visitar el cementerio protestante, oficialmente llamado Cimitero acattolico, pero más conocido como cementerio de los ingleses o de los poetas. Este camposanto está situado en el Testaccio, barrio en el que hoy se concentran los emigrantes eslavos. En la Via di Caio Cestio, muy cerca de la Porta San Paolo, y apoyado, literalmente, en la Pirámide de Cayo Cestio, construida en el año 30 a. C. como la caprichosa tumba del magistrado romano, se encuentra el camposanto.
P.B. Shelley
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J. Keats
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....J. Keats
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Hoy, tanto la pirámide como el cementerio aparecen incorporados a la sección de la muralla Aureliana que rodea las tumbas. En este peculiar recinto, en cuya puerta de entrada se lee RESVRRECTVRIS, se entierra a los habitantes de la ciudad que no son católicos, pero tampoco italianos, a no ser que tengan parentesco con algún no católico extranjero. El espacio que ocupa es pequeño, pero debe ser uno de los cementerios más hermosos del mundo, pues rebosa de flores y plantas, de bancos para descansar entre las tumbas, donde innumerables gatos retozan calentándose al sol, hasta que advierten una presencia extraña y huyen, y resulta más parecido a los del norte de Europa, que a los típicos cementerios mediterráneos.
Otra de sus singularidades estriba en que se trata de un recinto privado que se mantiene mediante cuotas y donaciones. La tumba más antigua data de 1738 y la ocupa un estudiante de la Universidad de Oxford llamado Langton, de quien apenas nada se sabe. Las más famosas, y supongo que las más visitadas, deben ser las de los poetas ingleses John Keats (1795–1821) y P. B. Shelley (1792–1822). Keats murió en Roma de tuberculosis, tras una breve estancia en la ciudad. El epitafio, que no lo menciona por su nombre, se debe a sus amigos Joseph Severn, pintor y cónsul en Roma, y Charles Brown: “This grave contains all that was mortal, of a YOUNG ENGLISH POET, Who on his Death Bed, in the Bitterness of his Heart, at the Malicious Power of his Enemies, Desired these Words to be engraven on his Tomb Stone: Here lies One Whose Name was writ in Water” (“Esta tumba contiene todo cuanto fue mortal de un JOVEN POETA INGLÉS, quien en su lecho de muerte, en la amargura de su corazón, en el poder malicioso de sus enemigos, deseó que grabaran estas palabras en su sepultura: ‘Aquí yace aquel cuyo nombre fue escrito en el agua’ ”). Shelley, por su parte, se ahogó en la Riviera italiana y fue incinerado cerca de Viareggio, pero sus cenizas reposan en este lugar....
Antonio Labriola
.... Antonio Gramsci
... Juan Rodolfo Wilcock
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C. E. Gadda

Axel Munthe
....Gregory Corso
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Pero no sólo de poetas ingleses se alimenta la leyenda de este hermoso lugar. Aquí se encuentra también la sepultura del narrador italiano Carlo Emilio Gadda (1893–1973), autor de El zafarrancho aquel de via Merulana (1957), novela traducida al castellano por Juan Ramón Masoliver, que fue muchos años corresponsal de La Vanguardia y es autor de una célebre, pero hace mucho tiempo inencontrable, Guía de Roma; la del poeta italiano Dario Bellezza, muerto en 1996; la de Gregory Corso (1930–2001), poeta de la generación beat estadounidense, muerto en Minnesota, y en cuyo epitafio se lee: "Espíritu/ Es vida/ Fluye a través de mí/ Interminablemente/ Como un río/ Sin miedo/ A llegar a ser/ El mar”; y la Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978), poeta, crítico y traductor argentino, autor de La sinagoga de los iconoclastas, quien vivió las dos últimas décadas de su vida en Italia.




A los que nos educamos en la cultura del materialismo histórico y leímos en la juventud con devoción a Antonio Gramsci (1891–1937), líder del Partido Comunista Italiano y quizás el más original y heterodoxo de los pensadores marxistas, no puede sino emocionarnos su presencia en este cementerio, el respeto y la devoción con que los visitantes se acercan a su tumba. No demasiado lejos se encuentra la de Antonio Labriola (1843-1904), filósofo y teórico del marxismo, quien tanto influyó en el pensamiento de Gramsci. Capítulo aparte merece Axel Munthe (1857–1949), médico y escritor sueco, por quien tanta devoción sintieron Álvaro Cunqueiro y Juan Perucho, autor de La historia de San Michele (1929), su casa en Capri, cuya familia más cercana, descansa casi al completo en este camposanto. Durante un tiempo, Munthe ocupó las habitaciones en las que murió Keats, en la Plaza de España, al comienzo de la escalinata, a la derecha, donde hoy está la Casa Museo de Keats y Shelley. Otra tumba no menos visitada es la del pintor ruso Karl Briullóv (1799-1852), cuya obra se encuentra a caballo entre el Neoclasicismo y el Romanticismo. En este mismo cementerio descansan también dos hijos de ilustres personajes alemanes: el de Goethe, cuyo monumento se adorna con un medallón del escultor Thorvaldsen, y el de Wilhelm von Humboldt, el célebre diplomático y lingüista alemán, quien le ha dado nombre a una de las universidades berlinesas..
W.W. Story


..........La primera vez que visité el cementerio judío de Prenzlauerberg, en Berlín, al salir, una señora alemana me preguntó por la tumba del pintor Max Libermann, y yo tuve el placer de indicarle dónde se hallaba, pues acababa de descubrirla. En este cementerio romano, mientras estaba sentado en un banco consultando mis guías, otra señora me preguntó en ruso por la tumba del pintor Briullóv. Lo único que entendí fue el nombre, el resto me lo imaginé, pero me dí el gustazo de indicarle en el plano dónde estaba situada exactamente. Ella quizá debió de suponer que yo era el sepulturero. Desde entonces, espero que otra señora, en cualquier otro cementerio del mundo, vuelva a preguntarme por la tumba de un nuevo pintor........ .....

La pirámide de Caio Cestio
........."Roma: en la pirámide de Cestio,
cerca de las tumbas de Keats y Shelley"
........¿Quién fue, pues, este Cestio,
y quién es para mí?
Entre mil remembranzas y vagos pensamientos,
uno solo me trae.
.......No recuerdo ni el eco
de nada que él hiciera.
Para mí es sólo un hombre que murió y fue enterrado
y dejó una pirámide
.......cuyo fin se expresó
no en su plan primigenio,
sino cuando andando el tiempo dos compatriotas míos
junto allí reposaron.
........Vivo, Cestio quizá
dio muerte, amenazó.
No lo sé. Sólo sé esto: en silencio y ya muerto,
hace algo más noble,
........guiar al peregrino
con un dedo de mármol
junto al umbroso muro y calles centenarias
donde estos bardos yacen.
........Di que vivió y murió
por que su nombre en piedra
con el tiempo señalara dos inmortales sombras.
Le bastará esa fama.
........THOMAS HARDY(Traducción de Antonio Rivero Taravillo, quien le dedicó una excelente crónica en el diario El País, recogida ahora en su libro Macedonia de rutas, Paréntesis, Sevilla, 2010).........*Las fotos son de Gemma Pellicer.............

18 comentarios:

Maria Elena Lorenzin dijo...

Magnífica crónica, Fernando y como siempre con el apoyo de Gema en las fotografías. Ustedes sí que son buenos turistas culturales.

Joaquín dijo...

Excepcional guía de visita. Gracias por el regalo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

¡Cuántos buenos, recuerdos! Gracias por el texto y las imágenes, Fernando y Gemma.
Hay un hermoso poema de Thomas Hardy sobre la pirámide y el cementerio, que traduje hace unos años.

http://fuegoconnieve.blogspot.com/2008/01/un-poema-de-thomas-hardy.html

Abrazos.

Fernando Valls dijo...

Muchas gracias, Antonio, subo tu versión del poema de Hardy a la entrada. Espero que el resto de las traducciones no sean descabelladas.
Y gracias también a María Elena, en la lejanísma Australia, y a Joaquín, por vuestros amables comentarios.

Francesc Cornadó dijo...

Muy buen relato, gracias.

Debajo de estas lápidas, puñaditos de polvo, por encima de ellas quedaron lñas obras.

Salud

Francesc Cornadó

Miguel A. Zapata dijo...

El mausoleo de W.W.Story, con ese pathos romántico fabuloso, ha servido de inspiración a grupos de metal gótico como Nightwish (ver portada de su album "Once"). Gracias por esta información estimulante y luctuosa, Fernando, me puede servir como material complementario para las clases que abordaré en breve sobre las revoluciones burguesas del XIX.

Ginés S. Cutillas dijo...

Preciosa entrada. Lo que se enterró de Shelley fue su corazón creo recordar. Lo demás se perdió en las playas de Viareggio.

Un abrazo,
Ginés

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Gracias por poner mi traducción, Fernando. Tiene razón Ginés en lo del corazón, pero no en lo del cuerpo: éste fue incinerado.
Escribí hace años un poema sobre esto:

http://fuegoconnieve.blogspot.com/2009/03/la-muerte-en-lerici.html

Saludos a todos.

Fernando Valls dijo...

Ginés, Antonio, he leído en una carta de Mary Shelley que en el cementerio romano sólo se enterraron las cenizas de su marido. Gracias a los dos y abrazos.

Fernando Valls dijo...

Para los perezosos, traigo aquí el poema de ANTONIO RIVERO TARAVILLO, y su comentario final.

"La muerte en Lerici"
Cuando Shelley fue incinerado
—aún veo la lámina aquella
en un libro de historia familiar—,
ardió la zarza bíblica, el ateo
fue ave fénix, poesía en alas:
arde el ahogado,
sobre las llamas se alza el humo,
en la playa tirrena, lejos,
cerca de todo cuanto quiso.

Con un libro de Keats en el bolsillo,
con su cuerpo en el seno del mar,
el poeta fue devuelto a la superficie:
regresan con la marea sus versos
en cada relectura, o en la memoria
—depurados como el cuarzo, inútiles como la arena—.
Son señales de humo que nos gritan
que irrumpe en nuestras vidas la muerte
y sólo queda, tras el fuego, el recuerdo
si acaso escapa el arte a las cenizas.

Una pira fugaz es faro, y dura,
aviso a los navegantes: la obra allí
de alguien que cantara a una alondra
y fue hermano de rayas y gaviotas.
El cálido sol, la humedad de las algas
pugnan por corromperlo,
no la tarde que avienta sus cenizas
robando gloria a su romana urna.

(Joven y romántico, escribí este poema cuando aún faltaban algunos años para que acabara el siglo pasado)

Ginés S. Cutillas dijo...

Sí Antonio, quería decir que las cenizas de Shelley se perdieron en la playa.

Shelley fue enterrado de urgencia cuando su cuerpo, devorado por los peces, fue devuelto a la playa una semana después de su desaparición. Fue Byron quien se empeñó en darle un entierro digno, por lo que se desenterró, se le sacó el corazón y se quemó el resto con maderas aromáticas junto a un volumen de poemas de Keats (de quien era tan devoto) en las playas de Viareggio.

En las memorias de E.J. Trelawny (publicadas por Alba editorial: Memorias de los últimos días de Byron y Shelley), amigo común de los dos poetas, se explica esto. Aunque si su mujer dice que fueron las cenizas, serían las cenizas y Trelawny iría por la parte romántica de la historia. Cuenta también que Byron quería el cráneo de Shelley pero Trelawny no le permitió que lo cogiera, pues le había visto beber vino en otros cráneos.

Me apasiona la vida de estos dos poetas. Ahí está la novela inédita que tengo que va sobre ellos. He leído un montón sobre el tema. Aunque el espíritu romántico tiene eso... No sé quien dijo: si tienes que elegir entre la verdad y la leyenda, elige siempre la leyenda.

Y Fernando, si no te molesta, te voy a robar la inscripción de la tumba de Keats para mi blog. Es hermosa.


Abrazos,
Ginés

Melquiades Villarreal Castillo dijo...

Interesante excursión, Fernando. En un Panamá caluroso he podido disfrutar a través de vuestra crónica, la frialdad de un atrayente cementerio en Roma... ¡Oh tempora, oh mores!

Miguel A. Zapata dijo...

Ginés, la frase que refieres es del genial John Ford. La muerte daba a los románticos ese juego morboso y paradójico de alcanzar la inmortalidad a través de la destrucción física (la huida viajera byroniana o, antes incluso del Romanticismo, la muerte trágica y solitaria de Chatterton, o después aún, en el infame abandono vital de Rimbaud). Dejar un bonito cadáver y una leyenda que lo alimente ab eternum. Yo sugiero a quien me quiera enterrar mi epitafio: "Fracasó divinamente". Así, un poco a lo Cansinos Assens.
Abrazos de ultratumba.

Anónimo dijo...

Qué entrada más interesante y qué bellas fotos. Me ha entusiasmado "ver" a Shelley y a Keats.
También a Gramsci.
Por cierto, no sé si sabes que la editorial "27 letras" de Viviana Paletta, ha sacado las cartas Gramsci hace poco.
besos a tí y a Gemma
Inés Mendoza

Fernando Valls dijo...

Gracias, Inés. A ver si Viviana me manda las cartas de Gramsci y les dedico un comentario. Las cartas de la cárcel las leí hace muchos años. En estos tiempos de posmodernidad tontorrona, volver a Gramsci es un alivio.

Ginés S. Cutillas dijo...

Me he estado documentando. Fernando, tenías razón.
En Roma están enterradas las cenizas. El corazón se encuentra en el camposanto de St. Peter en Bournemouth, donde lo depositó el hijo del poeta tras tenerlo toda la vida su madre y exponerlo como parte de las reliquias del santuario que creó para él.
Cuando incineraron el cuerpo, el corazón, milagrosamente intacto, fue sacado de la pira por Trelawny y entregado a su viuda en un pañuelo de seda. En las memorias de Trelawny creo que es éste quien se equivoca y dice que está en Roma.
Un abrazo,
Ginés

Fernando Valls dijo...

Gracias, Ginés, por la aclaración. Esperamos tu novela con infinita curiosidad. Abrazos.

Anónimo dijo...

También es poesía -del corazón- la cercana tumba de Edward Trelawny, quien decidió que sus restos reposaran al lado de su admirado Shelley, con una lápida con texto de aquel, que le canta a la auténtica amistad.