jueves, 2 de julio de 2009

Mi Onetti

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Un amigo me pide que escriba sobre Juan Carlos Onetti, en los siguientes términos:
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"Querido Fernando:
Abusando de nuestra amistad me atrevo en este primero de julio, con toda la osadía, a formular una petición para La nave de los locos.
Hoy, hace cien años, nació en Montevideo quizás el mayor escritor en español del siglo veinte, Juan Carlos Onetti. Escribo quizá porque para mí, y hasta donde conozco, es el más grande, pero esa es una afirmación que, como toda afirmación que tiene que ver con el mundo del arte, no puedo probar, sino que sólo puedo testimoniar desde el corazón y desde la emoción.
Así que me atrevo a pedirte una entrada en homenaje para el maestro de tantos de nosotros, como él faulknerianos confesos, con una frase para su recuerdo, frase que creo define sobradamente su obra y su actitud ante la literatura y, por extensión, ante la vida. Dice así:
`Escribir bien no es algo que el auténtico escritor se proponga. Le es tan inevitable como su cara y su conducta´".
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A ver si consigo complacerlo:
No me atrevo a ratificar, como hace mi buen amigo, que Onetti sea el más grande, pero sí que es, junto a Juan Rulfo ("extraño mudo", lo llamó Juan Luis Panero en un poema memorable), el otro gran silencioso de la narrativa hispanoamericana, en contraposición a los conversadores Cortázar, García Márquez y Vargas Llosa. Y siguiendo con las comparaciones, no siempre odiosas, podría decirse que si el peruano es disciplinado; Onetti sólo escribe cuando siente necesidad y le apetece; y si García Márquez corrige una y otra vez sus textos, Cortázar y el narrador uruguayo no suelen pulir lo escrito. Onetti contó en varias ocasiones que componía sus textos de un tirón, sin retocarlos, porque no sabía escribir mal... Y en estos pocos nombres que ya han ido saliendo, al hilo de la conversación con el amigo, han aparecido casi todos los grandes de la segunda mitad del XX. En fin, tampoco sabría decir cuál es su libro más afortunado, ¿Los adioses, La vida breve o El astillero?, aunque su preferido fuera el primero, pero el segundo le parece más importante; ni siquiera su mejor cuento: ¿"Tan triste como ella", "La cara de la desgracia" o "El infierno tan temido"? El segundo y el tercer cuento citado son los favoritos de Muñoz Molina y Vargas Llosa, respectivamente. O qué personaje, entre los suyos, es el más inovidable: ¿el macarra Larsen, Eladio Linacero, Juan María Brausen, o su reconocido alter ego Díaz Grey? Y eso contando con que mi memoria no me juegue una mala pasada y me olvide de algún título imprescindible.
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Leí varias obras de Onetti de muy joven, cuando todavía andaba dando guerra por Almería, antes de empezar la Universidad, y recuerdo que -para comprendelo mejor- me sirvió de guía un libro de Fernando Ainsa, a quien mucho años después tuve el placer de tratar, titulado Las trampas de Onetti, publicado por la editorial uruguaya Alfa, en 1970. Por ejemplo, leí El astillero en la inolvidable colección RTV, 1970, que llevaba un prólogo de José Donoso. Hace unos pocos años estuve en Montevideo, siguiendo las sabias indicaciones que me había proporcionado Cristina Peri Rossi. Eran días de lluvia y sol, y recorriendo la ciudad, sus alrededores, pateando las calles que desembocan en el puerto, durante las brumosas noches tenuamente iluminadas, asomándome a algún que otro cafetín angosto -hasta que un individuo me advirtiera que era una temeridad andar por aquellos andurriales en horas intempestivas-, tuve la impresión de que me había perdido en un relato de Onetti.
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No podría decir mucho más. Soy un simple lector. Sí puedo recomendaros el libro de Ramón Chao, Un posible Onetti (Ronsel, Barcelona, 1994), de conversaciones con el escritor, y el reciente monográfico de Ínsula (750, junio del 2009), coordinado por la experta en la materia e hiperactiva Ana Gallego, por no insistir sólo en el obvio ensayo de Vargas Llosa (El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, Alfaguara, 2008). Y sólo me queda decir que los recuerdos que guardo de la lecturas de sus libros, cuentos y novelas, son inmejorables, y que despues de tantos comentarios empalagosos como he leído sobre él últimamente, me produce un poco de respeto volver a sus obras. Quizá sea mejor esperar a que acaben los festejos, para volver a las obras del narrador uruguayo, al periodista que fue secretario de redacción -léase chico para todo- de la mítica revista Marcha de Carlos Quijano, en la que -por cierto- tanto colaboró nuestro Álvaro Fernánez Suárez. En fin, a veces tengo la impresión de que soy el único onettiano que no lo visitó en su casa de Madrid, que no vio nunca a Dolly ("antes de conocerla -confesó Onetti- yo era un burro hinchado"), y al que, por tanto, no recibió echado en la cama, con el rostro si afeitar, fumando sin mesura, con un whisquicito en una mano y una novela policiaca esperando en la mesilla de noche, preferiblemente de Hammet, Simenon o Chandler. Quizá fui el único que no lo trató, pero sí he soñado con Santa María, esa posible síntesis de Buenos Aires, la provincia de Entre Ríos y Montevideo, que tuvo que fundar, inventar y reinventar porque Roberto Arlt ya había creado el alma de la capital porteña, pero sí recuerdo con nitidez haberlo leído siempre con turbación y placer.
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9 comentarios:

Anónimo dijo...

Me has complacido, amigo. Y con creces.

Si con esta "entrada invitada" has logrado ganar un solo lector (o relector, qué importa) de Onetti, creo que podemos dar por buenos los fastos.

Un abrazo

Natalia C.V. dijo...

Onetti ha hecho de lo inefable, la contención y la inferencia un arte; y la ausencia.
Magnífico. La emoción y la imparcialidad me pueden, Fernando. Y él ha sido muy grande. Se merece el reconocimiento. Y la adoración.

Un abrazo,
Natalia

Marcos R. Barnatán dijo...

te olvidaste de Borges? o fué adrede.

Fernando Valls dijo...

Marcos, de Borges no me olvido nunca, ¡sólo faltaría!. Pero recuerda que yo hablaba de "casi todos los grandes de la segunda mitad del XX". Para que el `casi todos´ se convirtiera en `todos´, habría que añadir, primero, a Borges, pero también a Carpentier, Bioy Casares, Sábato, Cabrera Infante... El que me parece, en cambio, muy sobrevalorado, es Carlos Fuentes, cuyos primeros libros me siguen pareciendo los mejores.

Ana Rodríguez Fischer dijo...

O se es escritor o se es diplomático, y Carlos Fuentes ha decidido inversamente: ser en el quiebro último.

Anónimo dijo...

Comparar a Borges con Onetti es como comparar un maravilloso fuego pirotécnico con el incendio de un orfanato. Dos maestros absolutos.

Juan Gracia Armendáriz

Fernando Valls dijo...

Juan, me parece que nadie los ha comparado, pero tu simil está muy bien traído.

Isabel dijo...

Invitas a leerlo de nuevo, el Astillero que yo tengo es de la biblioteca básica Salvat de 1983 y el prólogo también es de José Donoso.

Saludos

Carolus dijo...

Aquí os dejo abrir un e-libro muy útil para que lo miréis, se llama “Manual y espejo de cortesanos”, de C. Martín Pérez.

http://www.personal.able.es/cm.perez/comentarioslibros.html
http://www.personal.able.es/cm.perez/Manual_y_espejo_de_cortesanos.pdf


Simula, disimula, no ofendas a nadie y de todos desconfía: antiguo consejo para un joven Rey Sol que te servirá para desenvolverte y medrar en la Corte en la que todos sobrevivimos. Donde hay un grupo de personas, existirá una lucha por el poder, alguien lo conseguirá y a su sombra crecerán los cortesanos que conspirarán para quitárselo o para agarrarse a una porción de poder dentro de su Corte. Tal vez aún no te hayan contado cómo funciona todo esto. Te guste o no, ya estás metido de lleno en la Corte y es mejor que domines sus reglas. Despierta, otros ya te llevan ventaja. Es hora de medrar.

Saludos