miércoles, 8 de julio de 2009

En el dentista con Marina Abramovic

....
Voy al dentista, como tantos otros. Durante mi infancia, la imagen que se nos daba en la familia, en los tebeos y chistes era siempre de auténtico terror, con un hombre, siempre un hombre, con un pañuelo que le rodeaba toda la cabeza y con la mano en la mejilla para mitigar el daño. Así, con estas perspectivas, casi todos los niños nos convertimos en compulsivos limpiadores de dientes, cepillo en ristre, mañana, tarde y noche.
.....

....
Hoy, los dentistas, han logrado acabar con el dolor, pero no con las incomodidades durante la intervención, y tampoco con las molestias posteriores, una vez se ha pasado la anestesia local, a pesar de los analgésicos. En fin, debemos ser unos quejicas, pero tener la boca abierta cinco minutos, con los dedos enguantados de un desconocido dentro, urgándote; ver que entran y salen de la propia boca instrumentos punzantes, notar cómo te dejan sobre el pecho una especie de tenaza, no parece plato de gusto para nadie.
.....

.....
La artista de performance Marina Abramovic (Belgrado, 1946), famosa por llevar su cuerpo hasta los extremos de lo soportable, "una performance -apunta- consiste en vivir aquí y ahora", ha afirmado que "el dolor es una herramienta, no un fin", y prosigue: "es como una puerta secreta que hay que abrir para llegar a otras partes de uno mismo". De acuerdo, pero antes de empezar, voy a por un analgésico...
....

4 comentarios:

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Magnífica entrada Fernando. ¡Si sólo fueran cinco minutos!

Un abrazo.

June dijo...

Me has hecho sonreir...Gracias y un saludo.

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

Fernando, un post encantador. Homenaje que pincela a todos los artistas de nuestras sonrisas descuidadas ( sin querer.. quizá por imperativos del género delicado, recordé a los ginecólogos .... )

Saludos cordiales.

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

y claro... una performance es nacer, y morir, cada una de ellas en su escenario, con su ritual de quirófano o de cementerio. Entonces cómo llamar a lo que hace Abramovic: ganarse la vida, igual que un dentista