martes, 1 de noviembre de 2011

Natacha Seseña en Calaceite

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De las gratas estancias en Calaceite (Teruel) a lo largo de muchos años, siempre recordaré la amistad con Natacha Seseña, quien acaba de morir de cáncer, en Madrid, a los 80 años y, por lo que sé, con una vida cumplida. Natacha estudió Historia en la Complutense y se doctoró con una tesis sobre cerámica popular (a las mujeres, comentaba, siempre les atribuían temas de investigación que entonces se consideraban menores), una de las grandes pasiones de su vida. Ella se reconocía como discípula de Diego Ángulo. Vivió en Estados Unidos, donde se casó en 1959 para luego divorciarse cuando esto era infrecuente. Allí enseñó en el Smith College (Northampton, Massachussets) y conoció a los intelectuales españoles exiliados, como Francisco García Lorca, Laura de los Ríos, Joaquín Casalduero y María de Unamuno, quienes lograron cambiar sus ideas sobre la historia de España. Tras contratarla como profesora en Wellesley College, donde enseñaba Jorge Guillén, decidió renunciar y volver a España, tres años después de su llegada a Norteamérica. Y entre sus recuerdos más queridos guardó siempre la relación que mantuvo con uno de los grandes expertos en la historia del teatro español, hombre sabio y apuesto. Al regresar a España fue nombrada subdirectora de los cursos de la Universidad de Nueva York en Madrid, cargo que le permitió enseñar arte español a numerosas promociones de estudiantes americanos. Se ocupó de las artes plásticas en la ahora extinta Fundación Banco Exterior, y trajo a España exposiciones de Remedios Varo y Esteban Vicente, entre otras. Pero su gran pasión fue Goya, sus personajes femeninos, a quien dedicó numerosos trabajos. Aunque parece que siempre cultivó la poesía, no publicó su primer libro hasta hace pocos años: Falso curandero fue recibido por sus amigos en el 2004 con sorpresa y admiración.
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Natacha estudió la afición a "comer búcaro", barro, de las mujeres españolas. Así, apuntaba que en "Las Meninas", de Velázquez, a la infanta Margarita, le están ofreciendo un búcaro, que después de la limpieza del cuadro, bien rojo se ve... Lo que las ponía así debía de ser la mezcla del barro con el agua, a la que siempre añadían algo, azahar, rosas, y el famoso hipocrás que contenía canela, ámbar, azúcar de pilón, almizcle y vino añejo... Y era partidaria de la tesis de que el rostro de la "Maja desnuda", de Goya, no era el de la duquesa de Alba, aunque el cuerpo tenía, hasta donde se sabe, las mismas proporciones. Y, sin embargo, estaba convencida de que siendo los pintores entonces meros criados de sus señores, no debió de pasar la cosa de un mero coqueteo. Como también estaba convencida de que Goya había mantenido con Martín Zapater una relación homoerótica, llegando a ser el afecto más importante de su vida (estas últimas opiniones las saco de la entrevista que en el 2006 le hizo Alfredo Valenzuela para el ABC de Sevilla).
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De izqda. a dcha., Ángel González, Isabel García Lorca,
Natacha Seseña, Vicente Molina Foix y Jaime Gil de Biedma. Detrás, el galerista Fernando Vijande, Gloria García Lorca y Julio Caro Baroja.
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Asocio a Natacha Seseña con Calaceite, a las vacaciones de verano y Semana Santa, cuando solíamos coincidir en el pequeño pueblo del Matarraña. Era una conversadora extraordinaria, divertida y amena, que se expresaba con todo el cuerpo, barajando a la perfección la inteligencia y una madura coquetería. Me imagino que de joven debió de ser una mujer irresistible, muy atractiva. Había cultivado la amistad de los escritores de la facción madrileña de la llamada generación del 50, pero también de Gil de Biedma y Gabriel Ferrater, aunque a mí me parece que su gran devoción fue Juan Benet, don Juan, cuya casa en Pisuerga frecuentaba, participando en las peculiares representaciones que allí se llevaban a cabo.
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Cené en su maravillosa casa de Calaceite en numerosas ocasiones, pero Natacha ganaba cuando los compañeros de tertulia eran pocos. Por eso recuerdo ahora una ocasión en Semana Santa, era media tarde, en que me acerqué a su casa para hacer un recado por encargo de Pilar Gómez Bedate. Natacha había invitado a unas amigas de Madrid y la conversación, con la merienda y el vino, alargó la visita, que en vez de un instante pasó a ser de varias horas. También la recuerdo comiendo en la fonda del pueblo; invitados en casa del escultor aragonés Fernando Navarro; en las diversas casas que han tenido en el pueblo Sira y Juanjo Flores; o en la ermita de san Hipólito, donde siempre llevábamos tortilla de patata, y desde luego en la casa de los Crespo, en esas cenas que organizaba Pilar en la última planta, en su maravillosa terraza abierta al paisaje toscano de la zona.
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Con Natacha se hablaba de todo, de arte y literatura, pero también de cine (se sentía muy orgullosa de que su sobrina Nathalie hubiera triunfado como actriz) o asuntos de la vida cotidiana y diaria. Cantaba y bailaba, utilizaba el abanico con un arte que debió de aprender en los cuadros de Goya, y tenía una voz y unos ojos que siempre acompañaban, valiéndose de distintas modulaciones mientras aventaba el aire con sus explicaciones y razonamientos. Ahora la oigo dando una conferencia sobre Goya para la gente del pueblo. Comentando los cuadros que proyectaba, fijándose en los detalles, explicándonos todo aquello que se encontraba en el lienzo pero que sólo captaba la mirada de quien conocía muy bien su obra. La sala estaba llena de gente de toda condición, que seguía las explicaciones de Natacha guardando un respetuoso silencio, pero en un clima en donde podía captarse la curiosidad. Pensé entonces en que las Misiones Pedagógicas debieron de ser algo parecido. 
Se ha ido Natacha, en los últimos años padeció mucho debido a la deformación que la enfermedad le produjo en el rostro, ella que fue siempre tan coqueta decía haberse convertido en un retrato cubista de Picasso, pero quizá lo más importante que pueda decirse de esta mujer es que fue una de esas pocas personas que han querido todos aquellos que llegaron a conocerla y tratarla. 
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5 comentarios:

Beatriz AA dijo...

Me ha gustado mucho este homenaje, gracias por acercarnos a una personalidad tan interesante. Un abrazo

Beatriz

Julia U dijo...

Muy buen retrato, Fernando. Es objetivo y emocionado.

Alfredo J. Ramos dijo...

Excelente semblanza y justo homenaje a una mujer que, desde su saber y comprensión de la complejidad de ciertas expresiones artísticas, tanto hizo por extender una apreciación más justa de las artesanías del barro (esa gran metáfora de nuestra condición).

Anónimo dijo...

Me ha encantado el retrato que haces de Natacha, ella era así, irrepetible, la vamos a echar mucho de menos en Madrid y en Calaceite.
Elena S.

MADOLA dijo...

Gracias Natacha por el amor que diste a la cerámica.
MADOLA