martes, 29 de noviembre de 2011

La lucidez de Cristina Lafont

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Discípula de Habermas, la española Cristina Lafont, filósofa, preconiza la democracia deliberativa
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"Tengo 48 años: con la edad crees entender mejor el mundo, pero también asumes lo difícil que es cambiarlo. Nací en Valencia; me fui a Alemania enamorada de sus filósofos, pero descubrí sus fallos. Habermas ya profetizó gobiernos de eurotecnócratas".
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¿Qué piensa de los indignados?

Más ruido que nueces.
A los indignados se les reprocha que no precisen las reformas concretas, pero yo diría que en el fondo son realistas, porque ¿a quién las pedirían?


A sus gobiernos.
¿Tienen poder real esos gobiernos? Los gobiernos o partidos nacionales ya no pueden solucionar por sí solos nuestros problemas más graves, como la sumisión de la economía productiva a la especulativa o la degradación del Estado de bienestar.

Entonces... ¿qué sugiere?
Nuestros gobiernos no tienen poder para regular los mercados de capitales, porque quienes mandan en ellos no obedecen ni tienen prisa en obedecer a ningún gobierno.

Por ejemplo.
La tasa Tobin sobre el flujo de capitales en cualquiera de sus versiones ha sido defendida por Alemania y por Francia.

Merkel y Sarkozy quieren imponerla.
Son los dos grandes líderes europeos, pero no lo consiguen. Está claro que existe un déficit democrático. Yo no pido un gobierno mundial, pero sí cierta gobernanza transnacional capaz de imponer algunas reglas a los agentes de los mercados globales.

¿Por eso los nacionalismos son la única fuente de seguridad?
Están en auge y si aceptan su realidad demográfica –si aman a su país tal como es y no como les gustaría que fuera–, asumirán que en sus calles conviven diversas culturas.



¿Y si prefieren su ideal a su realidad?
Se recrearán en la nación primigenia y homogénea de un pasado que no existió y querrán volver a esa nación ideal en el futuro.

Toda pureza es una mezcla olvidada.
Una fantasía, pero con herederos reales: esa mayoría histórica de nacionales "de toda la vida", auténticos, que tuvieron la suerte de nacer allí, y, por ello, se consideran superiores a los recién llegados y legitimados para imponerles sus condiciones.

Los recién llegados dejarán de serlo.
No para los nacionalistas excluyentes. En Alemania y Francia se llama "inmigrantes" incluso a hijos y nietos de quienes lo fueron.

¿Qué alternativa propone?
Un pacto de convivencia entre iguales. No eres tu origen, ya que no lo elegiste, sino lo que puedes y quieres hacer por el país que sí has elegido. Si cumples, eres ciudadano.

Resumiendo...
El patriotismo constitucional de Habermas: su aportación para que Alemania superara el nazismo. Todo ciudadano lo es venga de donde venga si decide cumplir deberes con sus derechos: los de la Constitución. Y después asumes la identidad cultural que quiera o varias. Así también se supera la pugna de la financiación interterritorial.

¿En qué sentido?
Es otro mecanismo excluyente de otras regiones: esa suposición de que los alemanes del oeste pagan más que los del este...

Al fin y al cabo, es cierto.
Si el oeste se independizara, los del sur también dirían que pagan más que el norte y, al final, los barrios ricos de Munich dirían que pagan más que los de los barrios pobres...

Pero la solidaridad tiene límites.
El límite es que tal vez debas pagar más según tus ingresos, pero nunca recibir menos servicios e inversiones que los demás.

Sirve también entre países europeos.
Pero hay muchos alemanes que creen gozar del monopolio de la razón práctica y que los europeos del sur tendemos de forma innata hacia el desorden y la pereza.

Usted vivió y estudió en Alemania.
La idealicé hasta comprobar que muchos alemanes son tan rígidos al cumplir la norma que la ponen por encima de los fines que persigue. A veces, Alemania pone la norma por encima del sentido común.

La obediencia ciega ciega.
Un código de circulación no es un fin en sí mismo, sino un medio para optimizarla. Alemania fue durante años el país con mayor mortalidad infantil por atropello de Europa, porque el código permitía altas velocidades dentro de la ciudad... Y corrían mucho.

Rigidez cognitiva.
Si lee El proceso de Kafka, verá que es una descripción realista de ese ethos obsesivo. Tu vecino llama a la policía si aparcas en sentido contrario al de la calle.

¿Cree que la canciller Merkel es hoy prisionera de esa rigidez?
Las instituciones rígidas tienden a propiciar gobernantes rígidos. En el fondo, ella cree que los países periféricos no trabajan.

Trabajamos más horas que ellos.
Estadísticamente cierto. Pero los alemanes dicen ser más eficientes. En realidad, se benefician de ser exportadores al mercado europeo protegido para ellos. Si pudiéramos comprar coches asiáticos sin pagar arancel europeo, ¿compraríamos tantos alemanes?

¿Por eso deberían compensarnos?
Merkel cree que la mayoría alemana quiere que penalice a los indisciplinados periféricos hasta que hagamos los deberes sin que tengan que pagar nuestros derroches.

Si aprieta mucho, nos hundimos todos.
Lo que va descubriendo es que los alemanes son más europeístas y realistas que ella, como demuestran las elecciones regionales que ha perdido y la progresiva recuperación de la oposición que es más europeísta.

Esperemos que rectifique a tiempo.
Es un juego peligroso, porque antes puede arruinarnos a todos por su exceso de celo. Y el todos incluye a Alemania.
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EL PODER DE GOLDMAN
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Habermas anunció ya en los setenta que las instituciones financieras globales acabarían por imponer a sus propios tecnócratas como gobernantes a los ciudadanos sin molestarse en financiar partidos políticos ni campañas electorales: a dedo. Y parece que su predicción se cumple en los primeros ministros de Italia, Grecia... Y ya veremos si en ministros de otros países con problemas. Su discípula, la profesora Lafont, me apunta que tanto esos nuevos primeros ministros no electos, Monti y Papadimos, como los más influyentes asesores económicos de Obama, todos trabajaron para la poderosa Goldman Sachs. "Huyo de las teorías conspiro-paranoides –puntualiza–, pero el dato es esclarecedor".

* Esta entrevista de Lluís Amiguet ha aparecido hoy en la sección "La contra", del diario La Vanguardia. En la primera foto aparece Cristina Lafont y en la segunda Habermas.
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3 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Creo que Cristina Lafont tiene mucha más razón de la que me gustaría. Y algo habrá que hacer porque, no sé los demás, yo no me siento en crisis, me siento estafado, pisoteado y esclavizado por un sistema insostenible dirigido por los bancos, en el que los dirigentes políticos no son más que marionetas con cada día menos margen de maniobra.

La Contra es la mejor sección fija de La Vanguardia.

Gracias, Fernando, de no ser por ti hoy me la habría perdido.

Odys 2.0 dijo...

Encuentro en las reflexiones de Cristina tanta claridad de ideas como se echa en falta en el discurso, y las obras, de quienes nos gobiernan. Me refiero a los gobiernos formales, claro.

Antonio Jiménez Paz dijo...

Gracias por traerla a tu blog, Fernando. Me ha resultado muy interesante y esclarecedora... Me la habría perdido.