miércoles, 2 de noviembre de 2011

GABRIEL de BIURRUN, 1


EL PRIMO CARYSTUS WALDTHORBEE

Me ha contado Wurlington la increíble historia de su tía Lady Doomfliddle Waldthorbee, que vivía en una pequeña granja en las afueras de Llandaff junto a su hermano diácono. Al parecer, Lady Waldthorbee tenía dos desmesuradas pasiones: la mitología griega y el pavor a las cabezas de los caballos. Como cualquier otra soltera cincuentona que hubiera sobrevivido a una adolescencia en las riberas del Ayeyarwady, procuraba tener siempre presente el lema birmano de encontrar la felicidad en una vida armoniosamente disciplinada. Así, con los ojos entrecerrados y los puños apretados, paseaba los domingos por la feria de ganado, dando trompicones para no mirar a los caballos a la cara, de modo que sólo su familia, además del resto de habitantes de Llandaff, conocía su particular aversión.
Lady Waldthorbee también temía mirar a la cara a sus propios caballos; tanto que, en un alarde de genialidad, decidió elevar los portones de los establos, haciendo que éstos cubrieran sólo la mitad superior de la apertura. Así, “como los caballos no se agachan” –según sus propias palabras– podía ayudar a su hermano a elegir qué caballo correría cada domingo en la carrera de Cardiff, sin necesidad de verles la cara. Poco imaginaba la pobre Lady Waldthorbee que sus sueños de centauros le iban a llevar a caer enamorada del enorme alazán de nombre Quirón. Y poco imaginaba el veterinario que le llamaría un día el diácono para atender un parto más bien complicado, porque el potro venía de nalgas y su hermana no aguantaba más.





CLOCKWISE

Hoy mi reloj ha jugado a matarme. Ha frenado el paseo del segundero. Cada instante ha sido un poco más largo, hasta que finalmente, con la aguja detenida, sólo había un segundo. El segundo.
Luego, despacio, se ha descontado el tiempo. La aguja del reloj ha viajado en sentido contrario a las agujas del reloj; de otro reloj. Segundos largos hacia atrás. Luego segundos normales, pero negativos.
Todo esto ha sucedido al mismo tiempo en mi corazón. Ha descendido el número de pulsaciones, de ochenta a sesenta, a veinte. Cada salto ha sido como un frenazo, como un susto en el ascensor; hasta que el corazón se me ha parado. La sangre, estancada, reposaba, resbalaba abandonada. Luego, despacio también, mi corazón ha comenzado a latir hacia atrás, succionando la sangre de donde hacía falta, devolviéndola después sin oxígeno. Mareándome y desmareándome.
Por fin, otra vez despacio, el reloj, el corazón y mi triste vida han vuelto a detenerse para demostrarme que harán lo que les venga en gana, sin importarles lo que yo piense. Han retomado su ritmo inconsciente de rutina alcalina y me han dejado pensando, estremecido, sin saber si he estado mejor muerto que vivo.


"En 1973 mi madre sacó un hijo, y Springsteen dos discos. De niño nunca tuve especial  imaginación, ni una particular tendencia a escribir. Mis pasiones fueron los animales, la lectura, escuchar música y dormir. Estudié zoología, me fui a Alemania y volví. Trabajo en un bar y en un laboratorio. La mayoría de las veces sonrío en casa, con mi mujer y mis hijos. De alguna forma, en algún momento, comencé a escribir micros con los concursos de El Mundo, y luego vino ReC. Publico en mi blog Propílogo los microrrelatos, desahogos y otras necesidades básicas que me van surgiendo; mientras recopilo textos junto con tres buenos amigos, con la intención de editarlos algún día. Procuro sorprenderme de cada cosa que veo, darle la vuelta, pensar cómo me ve la cosa a mí. Y de ahí paso a lo divertido, que es escribir cualquier cosa de una manera; o una cosa de cualquier manera". http://propilogo.blogspot.com.

18 comentarios:

Rosana Alonso dijo...

Me alegra y emociona ver aquí a Gabriel. Su escritura muestra esa mirada suya tan particular sobre sí mismo y sobre las cosas.
Del primero texto, que entra dentro de lo que yo llamo sus series british destaco el humor,la fina ironía y el lenguaje.

Y del segundo, el ritmo y lo conseguido de la imagen: nos muestra, no nos dice y el mazazo final; la reflexión del personaje que nos atañe a todos.

Una alegría empezar así un lunes.

Un abrazo a navegante y Capitán

No Comments dijo...

Olé Gabriel. ¡qué sorpresa verte por aquí! Me alegra, por supuesto.

Los dos micros tienen lo suyo. Me inclino por el segundo, personalmente, porque los que tratan sobre las agujas del reloj, del paso o retroceso del tiempo, me apasionan sobremanera.

Un saludo indio

AGUS dijo...

Me parece genial el afán por intentar descubrir "cómo le miran a uno las cosas". Además, creo que la segunda pieza es un claro exponente. Del primer texto, sin duda, me quedo con la destreza de crear todo un mundo con apenas unas líneas y dos personajes. Un mundo fascinante en el que a uno le gustaría quedarse, permanecer, saber más. Destaco los detalles sutiles que lo construyen, el lenguaje, el ritmo....

El segundo texto es espléndido. Todo un alarde, porque además de la idea uno puede sentir el vértigo de ese segundo bestial. Me parece una pieza muy original, plagada de pequeñas genialidades y muy acertada en el tono, casi aséptico.

Un placer leer a Gabriel. Espero ya la segunda entrega. Gracias Fernando.

Abrazos.

Rosana Alonso dijo...

Una alegría empezar así un miércoles...

Entre el cambio de hora y las fiestas, no sé en qué día vivo..

Jesus Esnaola dijo...

Me alegra un montón encontrar a Gabriel en este blog. La de Gabriel es una de las voces más personales que hay en la red entre los escritores de microrrelatos. Sus textos suelen ser originales, profundos, provistos de un cierto surrealismo que nunca es gratuito y con no poca frecuencia de un lirismo cotidiano. Y sus microrrelatos de Wurlington, como el que hoy nos regala, casi un subgénero en sí mismos.
Me encantan las historias de sus pseudoingleses (sólo por los nombres porque ni siquiera los ingleses son tan... como los personajes de Gabriel), historias en las que no siempre sabes lo que ha pasado y desde luego nunca sabes lo que sucederá.
Y me encanta "Clockwise", esa voluntad de captar el instante, de sentir la inmensidad de la vida en un diminuto segundo.

Enhorabuena, Gabriel; gracias, Fernando.

Odys 2.0 dijo...

La escritura elegante y precisa de Gabriel refleja esa extraña y fascinante mezcla que se produce cuando la mente curiosa del científico y la inquietud espiritual del poeta se alían.

En el primer relato, Gabriel recurre a la hipérbole para contarnos que, cuanto más rígidos, mayor es la propensión de los corsés morales a reventar por las costuras cuando de contener los bajos anhelos se trata.

El segundo es una reflexión, más intimista y contenida, sobre lo poquito que somos, tan poquito que ni siquiera somos dueños de nuestra vida.

Una delicia ambos, y un placer leerlos aquí.

Abrazos.

Elisa dijo...

Propílogo, qué buen lugar para tus micros. Los dos son estupendos, aunque como no me gusta demasiado asomarme a los abismos (por lo menos cuando vengo de trabajar) me quedo con el primero, más divertido y menos acongojante.

Un abrazo.

Susana Camps dijo...

Coincido con Jesus en que es una de las voces más originales del microrrelato electrónico. Me gusta especialmente la extrañeza con que trata los temas, a la que suma la fuerza de una ironía implacable. Pero también el manejo del tiempo y la detención, lo que aquí es más perceptible en el segundo relato.
Además no es un autor que se contente con poco. Su blog no cede a la satisfacción fácil.
Un placer leerlo aquí, abrazos a ambos.

Lola Sanabria dijo...

A Gabriel me lo he cruzado alguna vez en el camino y nos hemos mirado de pasada porque no acabamos de parar ese tiempo que él detiene y vuelve a poner en marcha con una palmada en el culo del reloj, para poder decirnos cuatro cosas, o cinco, ya se verá. Así que tenemos algo pendiente.
Me gustan sus micros en general, no sólo estos dos, porque tiene el atrevimiento de coger la realidad y hacer con ella lo que le viene en gana. Y dando algún puñetazo en el ojo, para obligarnos a mirar con más atención.

Abrazos para anfitrión y besos cortos para el visitante.

Manuel Rebollar Barro dijo...

No conocía a Gabriel y me ha gustado. Más allá de los dos relatos leídos, que te dejan con hambre de cuentos, con ganas de querer leer más, me quedo con la microbiografía, divertida, directa y certera. ¿Para cuándo un libro de microbiografías ficticias?

Manuel Rebollar Barro

Pedro Herrero dijo...

Yo no haría sino abundar en las buenas impresiones que todos habéis comentado, y que no quiero piratear, ya que me identifico con ellas. Celebro conocer a un autor de quien sólo había visto la radiografía de su icono. Y comprobar que por sus venas corre ese humor vital y bien dosificado, con el que encandila al lector. Supongo que no será Saki, uno de los tres amigos con los que espera publicar. Ya imagino que no hubiera sido posible, pero de serlo yo no me habría llevado ninguna sorpresa.

Abrazos a todo el personal.

Araceli Esteves dijo...

Me gusta mucho como escribe Gabriel.Nadie como él para proponer una mirada distinta. El sabor de sus textos es a menudo agridulce, con un puntito de picante y el toque justo de sal.
Me encanta esa "rutina alcalina"

Pablo Gonz dijo...

En estos dos micros de Gabriel se dejan ver dos de sus múltiples registros, quizás los que mejor le representan. Al primero lo llamaría (parafraseándole a él mismo) lo "muy british" que secunda una tradición que se remonta a Dickens (más allá a Cervantes, claro), Chesterton (algo más ácido que Dickens pero también más miope) y el propio Saki (con ese punto de macarra de las tierras bajas mezclado con el componente birmano). Gabriel se sube (creo yo) a los hombros (o a los lomos) de esos gigantes y grotesquiza su grito para armarse un estilo propio (eso que suele llamarse inconfundible). ¡Inspiración! A la segunda raíz la llamaré lo "científico-partidecúlido" que también podría resumirse en el término "pezpaternal" y supone un estiramiento nada aconsejable (por tanto susceptible de ser considerado materia de artistas) del tono científico al que seguramente está acostumbrado por su trabajo en el mundo de la ciencia. Y así vamos, oscilando entre lo uno y lo otro, entre el bar (quizás pub) y el laboratorio, haciendo literatura de la vida y vida de la literatura.
Un honor poder considerarme amigo de Gabriel y mucha alegría al ver aquí sus escritos.
Abrazos como tú quieras,
PABLO GONZ

manuespada dijo...

Gabriel es uno de los indispensables, tiene una voz propia muy genuina, como demuestran estos dos micros excelentes, con esa pizca de surrealismo que ya se ha comentado.

hugo dijo...

Hola Fernando:

Siempre que sube a la cubierta de LaNave un galeote, los que seguimos remando sentimos el orgullo de ver a uno de los nuestros ahí, viendo como viene de agitada la mar, pero cuando el que sube es además uno de esos galeotes que rema a tu lado además de orgullo se siente un enorme placer. Lo prometedor, en el caso de Gabriel es ese "1" (uno) que aparece al lado de su nombre, señal de que tendremos otra entrega...y vale porque de lo contrario nos quedaremos sin jabón.

En el primer micro, además del archinombrado toque british, a mi me cae más por el lado Cunqueiro, sobre todo,por ese esfuerzo de no abandonar, en ningún momento el ritmo biográfico de la narración.
Dos aspectos interesantes de esta cincuentona Lady Waldthorbee (¿solterona también?).Por una parte, ese pavor (y temor) a las cabezas de los caballos, nos la dejan observando todo el resto del animal. Ello supone plantear una elipsis con una carga erótica nada despreciable. La fobia en realidad supone una parafilia. Por otra parte, la resolución es producto del encuentro de dos "juciosos". Lady Waldthorbee observa las pautas birmanas de la felicidad y Quirón cuya mitología y tradición de centauro prudente, comedido y "juicioso" lo convierten casi en un "anticentauro". Sólo queda imaginar a esta Lady abriendo los ojos y los puños en el momento de la pasión.
El párrafo final es, quizá, lo más cunqueiriano del relato o quizá lo menos "british" porque rescata de forma fantástica un hecho real sin renunciar a su enunciación rabelesiana y grotesca.

Del segundo micro, más allá del juego especulativo de una forma de refutación del tiempo sucesivo, me quedo con dos frases, por un lado, el "frenazo como un susto en el ascensor" y por otro, aquella que resuelve el relato antes del final:
...el reloj, mi corazón y mi triste vida han vuelto a detenerse para demostrarme que harán lo que les venga en gana sin importarles lo que yo piense" (¡¡grande Gabriel!!).

Sin duda,dos micros extraordinarios, de una encomiable ambición en cuanto a temas, composición y resolución, dos micros muy de "factura Propílogo".

Gracias Fernando por traer a LaNave a tremendo galeote

...Gabriel, me voy a tu blosss a ver ese tráfico de trenes hasta que vuelvas a subir a la cubierta de LaNave

salut,
hugo

Propílogo dijo...

Muchas gracias a todos por pasar a dejar huella.
Y muchas gracias, Fernando, por acoger aquí alguno de mis textos.
Abrazos agradecidos
Gabriel

Rocío Romero dijo...

Ay, ha subido a bordo Gabriel y casi me lo pierdo.
Los dos inéditos llevan su firma, hasta el punto de que algunos posiblemente podríamos haber adivinado su autoría. Excelentes.
Me han encantado ambos, sin repetir todo lo que ya se ha dicho, que es mucho y muy merecido.
Enhorabuena a Propílogo y saludos a Fernando (y abrazos para los dos)

Anita Dinamita dijo...

Dejé un comentario primero en y 2 pero repito por aquí: Gabriel tiene un estilo muy diferente, una manera de mirar o de mirar como le miran que me fascina.
Enhorabuena por el 1 y el 2 por aquí, no te marees.
Abrazos repartidos para Fernando y Gabriel