miércoles, 13 de abril de 2011

Cuestión de letras o alfabeto para Carmen Peire


Resulta difícil saber cuántas cármenes conviven en Carmen Peire. Yo, que no puedo presumir de conocerla bien, nos vimos por primera vez el año pasado, he visto aflorar en alguna ocasión a la descendiente de exilados españoles en Venezuela, a la convincente vendedora de libros y a la productora musical, pero también he tenido tratos, reales y electrónicos, aunque sean siempre un poco menos ciertos, con la editora de la obra de Max Aub y con la escritora, hasta ahora de formas narrativas breves, cuentos y microrrelatos. En fin. A ver si a través de un breve alfabeto tramposo, conseguimos saber un poco más de ella y de su obra.

A de alfabeto, la manera más perezosa y más práctica posible de ordenar ideas, pero quizá también una de las más insólitas para presentar un libro. Y A también de Arcas, su editor, atento, fiel y con ojo de lince.

C de ciencia, de cómo armar una literatura a partir de una metáfora científica, sin que Sokal la tache de intrusa, no en vano se atreve a titular sus narraciones “Relatividad”, “Teoría del caos” o “Planetas enanos”. C también de corazón y de cabeza, pues Carmen ha confesado en alguna ocasión que escribe con el corazón y corrige con la cabeza. Y C, claro, de cuento, pues es en la intensidad de lo breve donde se maneja a la perfección, como reconocida admiradora de Chéjov, Kafka, Poe (¿por qué los cita siempre en este orden?), y de los actuales Alice Munro y Poli Navarro. No parecen malos santos a los que encomendarse.

E de escribir, pues Carmen ha confesado escribir desde siempre, quizá para ahorrarse el psiquiatra; pero sobre todo una E grande y gorda, como las de Joan Brossa, porque su insólito objetivo -en estos tiempos que corren- más que publicar es escribir. Buena prueba de ello es que éste es su segundo libro; el anterior data del 2006.

F de Filosofía y de Física, que en las narraciones de Carmen siempre van de la mano. Pero, también F de Feria del Libro de Madrid, donde la conocí en la minicaseta de Cuadernos del Vigía, donde no faltaron el vino, la buena música y unos excelentes vecinos, y donde pude admirar su don de gentes y sus milagrosas dotes de vendedora. Nunca antes había visto engatusar a los lectores con artimañas tan elegantes y convincentes.

I de incertidumbre, la que presidía las narraciones de su primer libro, titulado precisamente Principio de incertidumbre.

L de Labordeta, el abuelo entrañáble y lúcido, con quien trabajó veinte años, como productora musical, y de quien aprendió tantas cosas.

M de microrrelato, pues la precisión y la elipsis presiden sus piezas mejores. 10 piezas del género, casi todas excelentes, aparecen en este libro.



Y, por último, en un triple salto mortal alfabético, H y S de Horizonte de sucesos, el libro que estamos presentando. En Física, el horizonte de sucesos es un territorio fronterizo entre el universo en expansión y los agujeros negros. Pero en nuestra existencia cotidiana, aclara la autora, el universo en expansión podría situarse en el llamado estado del bienestar, mientras que habitando los agujeros negros aparecen los países del tercer mundo.

Las historias de Carmen Peire, quien -para empezar- tiene un mundo literario propio y una voz personal, distinta, aparecen marcadas por el caos del universo y ocurren en ese territorio intermedio entre el universo en expansión y los agujeros negros. Queda claro en la primera narración del libro, que da título al conjunto, “Horizonte de sucesos”, en la que Nuria, una mujer enferma, le pide ayuda a una amiga. Ella ha decidido partir, pues “todos los lugares son de acero y tormenta”, y aunque ella tiende a los agujeros negros, la amiga intenta inclinarla hacía los horizontes en expansión. Pero, al fin, Nuria se duerme, muere, quizá para intentar alcanzar “un lugar en el espacio […] donde el sueño está exento de pesadillas”, pues la muerte resulta una liberación.

El libro está compuesto por 26 relatos, de los cuales 10 son microrrelatos y el resto, cuentos. Los personajes de Carmen Peire suelen ser seres inquietos, insatisfechos que hurgan en el pasado, en la memoria, para reencontrarse con ella o librarse definitivamente de su opresión. A mí me han gustado especialmente, además del que da título al libro, “Cuestión de números” y “En la siesta”, ambos se ocupan del sexo, en el primer caso de un cura y en el segundo de una mujer, pero no me han interesado por lo que cuentan, sino por la manera y el orden en que se relata la historia.

Me quedo también con los entusiasmos devoradores de “Amor reo” que convierten al protagonista en un hombre nuevo, a pesar de que a la amada le cuesta la visión, la lengua y el corazón. Y con dos microrrelatos más: “Falta de reflejos” y “Cuestión de pareceres”. El primero es un compendio de cómo estar rodeado, sin salidas, ni posibilidad alguna de plantarle cara al interlocutor, pues desde fuera, dentro, arriba y abajo, le advierten de que no se escapará, que no despertará, ni se saldrá con la suya, y que tampoco sabrá siquiera el suelo que pisa. Y en “Cuestión de pareceres” observamos a un optimista y un realista enfrentándose a la realidad.

Quiero acabar destacando dos cuentos: “Matilda” y “¿Seducción? Olor a menta”. En el primero se cuenta un viaje al origen, a Grecia, donde una mujer encuentra sus ancestros, los molinillos de viento de diversos colores que tanto la habían fascinado, el origen del sueño, de la historia de la que forma parte. Pero si tuviera que escoger un único cuento del volumen me decantaría por “¿Seducción? Olor a menta”, en el que Marta, una niña, que odia a los mayores, a la familia, encuentra su igual en su tío Vicente, gay, por más señas, otro ser peculiar, su igual.

En fin, Carmen Peire se mueve muy bien en dos distancias tan complejas como son el cuento y el microrrelato, que están más cerca de la poesía que de la novela. Carmen tiene cosas interesantes que contarnos y sabe cómo hacerlo. Lo único que tenemos que pedirle es que no demore tanto la publicación de su próximo libro. Entre tantos escritores que publican un libro nuevo al año y publicar un volumen cada cinco, hay términos y yo, como seguidor de la ilustración en estos tiempos posmodernos, sigo siendo partidario del justo medio.

3 comentarios:

Ginés S. Cutillas dijo...

Bonita noche, hacía tiempo que no me reía tanto.

Y eso que los chistes de Miguel Ángel me los sé de memoria.

Mucha buena gente en la misma mesa. Eso lo consigue Carmen.

Abrazos,
Ginés

Clara Obligado dijo...

Bien, Carmen, todo el taller se alegra contigo. Un abrazo, Clara

Isabel dijo...

Comparto mucho de lo que se dice en la crítica, pero sobre todo el placer de disfrutar de los cuentos de Peire. Un libro magnífico. Una mujer magnífica. ¡Qué lástima no haber estado en Barcelona!, pero que me quiten lo de Granada...