martes, 5 de abril de 2011

JULIA OTXOA


"Biblioteca"

En las estanterías ocupadas antes por los libros, se colocan ahora las chuletas, los costillares, las ristras de morcillas, los grandes y rosados cortes de tocino, las sangrecillas, las doradas pechugas de gallina, las piernas de cordero, los conejos, las orejas y morros de cerdo, las tripas de ternera, los riñones de cordero, el hígado de ternera... También en la gran sala de los clásicos se muestran en todo su esplendor los embutidos: los chorizos picantes y los dulces, los salchichones, las mortadelas, las butifarras, los morcillones, pitarros y bandujos, los tripotes y morcones. Toda clase de menudencias y chacinería cuya sola visión deslumbra a los bibliotecarios hasta el extremo de afectarles seriamente la consciencia y dejarles como ingrávidos levitando dulcemente sobre un tiempo de matanza. ¡Ah, estos días de mondonguería y casquería, en los que brilla la gente de cuchilla, matarifes y jiferos, iletrados y alegres, fuertes como uñas de vaca, maestros del degüello y la tajadura!

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"Cajitas"

Construyo cajitas de madera para enterrar los sueños rotos. Todos aquellos que quieren olvidar definitivamente lo que pudo haber sido y no fue, contratan mis servicios, entonces me presento en el lugar que me citan con una de mis cajitas, son todas iguales, de madera de pino sin pintar, sus medidas también son siempre las mismas 7 x 7 centímetros, me gusta el número 7, todo el mundo lo asocia con la sabiduría. Una vez en el lugar de enterramiento, coloco la cajita abierta en el suelo y mi cliente relata en voz alta el sueño roto que quiere enterrar, para que éste pueda introducirse por entero en la cajita, luego le pongo la tapa y la sello con siete clavos y la entierro. A partir de este momento mis clientes se sienten más aliviados, más ligeros sin el lastre del pesado recuerdo, hasta el punto de que una vez un señor de Valladolid tras el rito de enterramiento echó a volar como un feliz pajarillo hacia su casa. A menudo, de las cajitas enterradas surge una rica flora de exóticas plantas, entre ellas destaca por su altura y salvaje belleza la Tritonia planta arbustiva, que puede alcanzar gran altura y cuyos frutos alivian la aerofagia.
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* Julia Otxoa (San Sebastián, 1953) es poeta, narradora y artista gráfica. Su obra narrativa ha sido traducida a varios idiomas y recogida en diversas antologías de microrrelatos. Entre sus últimos libros destacan Un extraño envío (Menoscuarto), microrrelatos que acaban de aparecer traducidos al árabe, La lentitud de la luz, Un lugar en el parque y el libro de poesía infantil Poemas de un ratón. Me cuenta la autora que el microrrelato titulado "Biblioteca" surge como visión dantesca ante la lamentable falta de sensibilidad y pobreza moral de una sociedad, que en medio de esta noche turbia de identidades ciegas, en la que rara vez se contempla el dolor del otro, ha elevado a la categoría de divinidad la gastronomía. En el lugar del cerebro centellea ahora como corona de un rey, el estómago agradecido. www.juliaotxoa.net Estos microrrelatos son inéditos.

** El cuadro es de Miquel Barceló.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

El primero es fenomenal, conecta con la entrevista a Jordi Llovet que publicó ayer La Vanguardia; el segundo es más imaginativo y tierno. Una autora de la que se puede aprender mucho.
Saludos

Susana Camps

Gemma dijo...

Me encanta el humor sarcástico que la autora emplea en ambas piezas.
Un tono, el suyo, de lo más necesario en estos tiempos revueltos
Un abrazo

Julia Otxoa dijo...

Muchas gracias Gemma, Susana, por vuestras palabras sobre mis dos micros, que os hayan gustado es el mejor de los regalos.
un abrazo
Julia Otxoa

Pedro Herrero dijo...

Son dos textos de una textura diferenciada. En un plano visual, me atrevo a plantear que el primero pasaría por un acrílico y el segundo por una acuarela (género que a mí me resuelta más poético). Este segundo relato presenta el reto de continuar la narración tras una primera frase que vale por toda la historia. Y deja la sensación (siempre subjetiva) de que lo más cercano y concreto es esa cajita, cuyo interior nunca se desvanece tanto como el cliente que ha encargado su construcción.

Abrazos para Julia.

carmen peire dijo...

Muy bonitos ambos, el primero, con esas estanterías charcuteras para acabar con la consciencia. ¡qué bien puesta la palabra! El segundo, para mi gusto, tiene un tinte machadiano, los sueños que pudieron ser y no fueron, como "esa España que pasó y no ha sido".
Me encanta Julia Otxoa.

María dijo...

Antes de leer el comentario de la autora a "Biblioteca" pensé en un "hambre" metafórica que busca ansiosa en las estanterías cómo saciarse, una crítica al "mercado" literario. Luego he recordado a Finkielkraut, y su derrota del pensamiento, cuando decía aquello de "un par de botas equivale a Shakespeare siempre que sea de marca".
Me gusta mucho que, de los sueños rotos, nazca esa planta arbustiva tan alta, muy práctico el uso de sus frutos. También esa vinculación, algo escéptica por parte del narrador, de las medidas de la cajita con la sabiduría ¿la de enterrarlos a tiempo? ¿La de abrirlos a otra posibilidad?
Muy sugerentes los dos cuentos y con un agudo sentido del humor.
Un abrazo

hugo dijo...

Hola Fernando:

Traer a Julia Otxoa a LaNave es un lujo y, además, con un par de inéditos doble lujo.

Dos micros en los que la muerte organiza tanto la narración, como la distancia irónica de su retórica.

Decía Borges que quien ordena una binblioteca ordena un mundo -¡qué otra cosa podía decir él!-. Si traigo las palabras de "el viejo" es porque me parece observar que algo de aquello hay en el primer micro. El orden del mundo que antes configuraban los libros ha sido sustituído por el mundo de la carne muerta. La posibilidad de abrir la imaginación queda trocada por la realidad cerrada de la muerte.

Es interesante que la "sala de clásicos" haya sido destinada al embutido que siempre necesita maceración y estacionamiento. Eso sí, echo en falta la presencia de jamones y perniles.

La resolución del texto remata de forma excelente la ametáfora que lo alimenta, con ese estado de perplejidad de los bibliotecarios que contrasta con el triunfo de los matarifes "fuertes como uña de vaca" (¡grande!.

Finalmente hay en el micro una evidente cuestión plástica donde pienso que se cruzan el último Max Ernst y la pintura de ese carnicero frustrado que fuera Francis Bacon.

Respecto a "Cajitas" la muerte pasa a ser el rito de la muerte y el enterramiento. Los muertos son los sueños rotos o "aquello que pudo haber sido y no fue" -Machin dixit, por supuesto- que definitivamente se netierran en esos microataúdes.

La resolución es casi Cunqueriana con el señor levitando hasta su casa y el nacimiento de la Tritonia -esa planta de la que si cada año se guardan los bulbos puede ser una planta infinita- cuya raíz remite a Tritón, la versión masculina de la sirena.

Y hasta aqui llego. Pido disculpas por la extensión del comentario, aunque ya sabes, Fernando, que los propósitos de enmienda están para ser transgredidos.

Y claro, Julia, perdóname la carnicería que acabo de hacer con estos dos micrazos, de todos modos te los dejo enteritos, porque es evidente que me gustaron ¿no?

salut,

hugo

Esteban Dublín dijo...

Una verdadera maravilla ambos microrrelatos de Julia Otxoa. Su crítica a través del sarcasmo me encanta. Tuvimos el honor de tenerla en el Breviario de autores de La Internacional, donde nos dejó este magnífico microrrelato:

Palomeras de San Roque - por Julia Otxoa
“Palomeras de San Roque" es uno de esos lugares estratégicos de montaña donde los cazadores escondidos en casetas camufladas, cazan a red la paloma torcaz que emigra en el otoño hacia África.
Pervive en el lugar todavía, un rito de matanza ancestral, un impresionante espectáculo que mueve cada año miles de curiosos. El acto consiste en que los cazadores una vez que tienen a los cientos de palomas atontadas bajo la red, las van sacando una a una degollándolas con certeros mordiscos.
Una vez terminada dicha ceremonia de muerte, el rito continúa y esos cazadores con los labios aún chorreando sangre, besan en la boca a las mozas que quieren buscar novio. Ya que dice la leyenda, que los besos mojados en sangre de paloma son los mejores aliados del amor.
No obstante, también se cuenta que durante las noches de luna llena, los cazadores incendiados de pasión amorosa , desenfrenadamente, acarician con los dientes el cuello de sus amedrantadas esposas.

Propílogo dijo...

Qué bueno es ver que uno no puede añadir mucho más porque Hugo ha pasado antes.
Casi lloro con el segundo micro, lo reconozco; por lo común que hay en lo que pudo haber sido; y porque siempre he pensado que las cosas importantes se guardan en caja de madera.
El final me ha recordado al árbol que surge de la madera verde de la pierna ortopédica del cojo Baudilio en "Los Hijos de León Armendiaguirre".
Y ese detalle último de la aerofagia, que es una mezcla entre un "no es tan serio el micro" y un "me da la gana".
Geniales, ambos.
Saludos

Julia Otxoa dijo...

Gracias de todo corazón a Pedro, Carmen, María,Hugo,Esteban,Propilogo,
vosotros sí que sois lectores de lujo para mí, vuestras opiniones, verdaderos análisis literarios sobre mis dos micros, análisis no solo literario sino también de estética comparada con sus aspectos visuales y plásticos, con los que me identifico totalmente me han sorprendido muy gratamente. Habláis de expresionismo de Bacon, dadaísmo, surrealismo...referencias tras su lectura de Borges, Cunqueiro, todo ellos autores admirados por mí como lectora y también como autora que trabaja también la poesía visual y la obra gráfica...guardaré vuestras opiniones como un tesoro en mis carpetas, ya que tocan y muy acertadamente, aspectos profundos y esenciales de mi narrativa.
Os aseguro que ha sido un placer leeros, haber impactado en vuestra emoción establece un hermoso puente, esencial entre los lectores y el autor. Gracias de nuevo
un abrazo
Julia

Isabel González González dijo...

Comparto el rechazo de Julia hacia el endiosamiento de las 'artes' culinarias. Me enerva ver a los grandes 'gurús' de la 'nouvelle cuisine' copando páginas y más páginas de las secciones culturales. Su denuncia es un acierto narrativo y moral. Un abrazo.

Rosana Alonso dijo...

Me identifico con el comentario de Propílogo. Me gustan los dos micros pero especialmente me conmueven las cajitas para enterrar sueños y ese final que le da la gana a Julia Otxoa como dice Propi.

Un saludo cordial

Jesus Esnaola dijo...

Dos micros estupendos, bien distintos, de una escritora fabulosa, y no lo digo sólo porque sea paisana mía, que también. A veces, tras leer un buen microrrelato te preguntas por qué no se te ha ocurrido a ti, de fácil que parece después de hecho. Qué hermoso misterio.

Muxu bat, Julia!