jueves, 11 de noviembre de 2010

Mi Ory

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......Ha muerto de leucemia el escritor gaditano Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923- Thezy-Glimont, Francia, 2010), hijo del poeta modernista Eduardo de Ory. Cultivó la poesía, el aforismo (él los llamó aerolitos), la narrativa y el memorialismo. En 1942 había abandonado Cádiz para instalarse en Madrid, donde pronto encontraría espíritus afines al suyo, como fueron Eduardo Chicharro, Silvano Sernesi, Ángel Crespo y Francisco Nieva, con los que formó el movimiento postista. Pero, pronto, en 1955, se traslada a Francia, donde vivirá el resto de su vida, creando en 1968 el APO (Atelier de Poésie Ouverte), en el que se cultiva la poesía como creación colectiva. Con su primera esposa, Denisse, tuvo su única hija, la artista Solveig de Ory, creadora de espacios electroacústicos. Y en 1967, Ory se instala en Amiens y trabaja como bibliotecario hasta su jubilación....
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Durante todos estos años, no sólo cultivó la poesía, actividad por la que, sobre todo, se le ha reconocido, sino también la prosa narrativa, que en parte recogió en el volumen titulado Cuentos sin hadas (2001). A raíz de la publicación en Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, de Música de lobo. Antología poética (1941-2001), en edición de Jaume Pont, quizás el mejor conocedor de su obra (2003), declaró que en su literatura había dos temas principales: “Lo único que me fascina es el amor y el dolor. Como hombre, he de decir que todo se resume en eso, en el amor a los seres humanos afines, a la naturaleza, a la música, a la poesía; y en el dolor de la visión que revelan los versos de Rubén Darío: «Muchedumbre de color,/ millones de circuncisos,/ casas de cincuenta pisos/ y dolor, dolor, dolor...». Porque van pasando los años y cuando se llega a mi edad se lleva con gran peso una cartilla cada vez más amplia de muertos muy queridos”. En el 2006, la misma editorial publicó El desenterrador de vivos, con prólogo de Francisco Nieva. El volumen, además, iba acompañado por un CD en el que Luis Eduardo Aute y Fernando Polavieja musicaban 14 poemas de Ory; y de un DVD con el documental Apuntes de un encuentro con Carlos Edmundo de Ory, de Álvaro Forqué.....


En fin, otro gran escritor, Carlos Edmundo de Ory, ha fallecido sin que se le prestara la atención que el valor de su obra merecía, y desde luego sin obtener ninguno de los grandes premios españoles que un autor de mérito puede obtener, como son el Nacional de Poesía, el de la Crítica, el de las Letras Españolas, el Príncipe de Asturias, el Reina Sofía, el García Lorca, y el Cervantes. ¿Tanta diferencia había entre la poesía de, por ejemplo, Ángel González, pongamos por caso, y sin restarle mérito alguno, y la de Ory, para que aquel obtuviera casi todos los premios y este, ninguno?
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Hace muy poco, estando de viaje en Bogotá, ciudad que me consta que él apreciaba, le escribí a través del correo electrónica de Laure Lachéroy, su mujer, porque pretendía localizar a su sobrino, el diplomático José Antonio Ory, que había estado destinado en la capital de Colombia, pero ya no me contestó. Mi Ory pasa, claro, por la lectura de su obra, pero también por los veranos en Calaceite, donde coincidimos en varias ocasiones, invitados por Pilar, la viuda de Ángel Crespo; pero también por diversos encuentros en Barcelona, cuando iba a presentar sus libros o a leer sus versos. De una de esas ocasiones, se me quedó la imagen del cantante y compositor Pau Riba, nieto del poeta Carles Riba, manifestándole su fascinación tras la lectura de sus poemas. En otra ocasión en la que presentaba yo en CaixaForum a Caballero Bonald, apareció Ory entre el público, acompañado por Jesús Fernández Palacios, y al final del acto se entabló un inesperado y sabroso diálogo público entre ambos escritores andaluces.
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Todos los que alguna vez lo tratamos, percibíamos de inmediato que se trataba de un hombre especial, distinto, cordial e irónico, pero con algo de mágico. Había logrado, además, que el adulto no acabara enguyendo al niño juguetón que había en él, cuyo don más preciado era el lenguaje, sacándole el máximo partido en todo momento, como si de un juguete se tratara.
Ahora, en el momento de su muerte, me gusta recordarlo en el comedor de la casa de Pilar en Calaceite, escribiendo, con los pelos todavía revueltos y la cabeza hundida en las cuartillas, esperando que le sirvieran el desayuno; o en ese mismo lugar, tras la cena, rodeado por unos cuantos amigos (las dos Pilares, Sira, Gemma, su mujer Laura, Juanjo y los dos Fernandos), sentados todos alrededor de la mesa, improvisando una sesión de magia, con un vaso de vino en la mano, rendidos de antemano a sus encantos. Querido Carlos, amigo patafísico, descansa en paz.........


* Las fotos antiguas, todas ellas desconocidas, me las regaló el autor de las mismas, el escritor Juan Eduardo Zúñiga, quien incluso aparece fotografíado en los Jardines de Luxemburgo, de París, en septiembre de 1955. En otra de las tomadas en la capital francesa está Carlos con Emilia, entonces su novia, quien debió tirar la foto de los dos escritores. Las restantes están hechas en Madrid, en la casa de su madre, de un jovencísimo Carlos, quien mantiene diversas poses de artista, entre espejos, tabaco y libros. Por último, he reproducido la dedicatoria que le puso a mi ejemplar de Cuentos sin hadas, compuesta al alimón con su mujer que es pintora.


17 comentarios:

Jesús Ortega dijo...

Hola, Fernando.

Hermosa y emocionante tu nota sobre Ory.

Ni un solo premio, sí, pero Ory asumía (al menos en los textos) su orgullosa condición de hereje y heterodoxo.

Las fotos de Juan Eduardo Zúñiga son increíbles. Ory es ahí la encarnación del artista bohemio. Parecen fotos de finales del XIX, salvo por el cartel de Porgy & Bess.

abrazos

Miguel A. Zapata dijo...

"Los aerolitos", ¡ah, qué delicia esa edición de Calambur!. Los textos de Ory ¿no son como osamentas líricas de microrrelatos, originales híbridos de aforismo, epigrama y haiku? Un ejemplo ejemplar: "Un ángel volaba en el cielo de mala gana" o "Es una vergüenza que vivamos todos los días".
Ya no habrá más días de Ory, volvamos a los restos pequeños, enormes de su pasado.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Preciosa entrada, Fernando, que me ha conmovido. Y sí, Ory es de los grandes olvidados.

José Antonio Fernández dijo...

Gracias por compartir. Siento la pérdida.

Pablo Jauralde Pou dijo...

Yo estaba ensartando una serie de poetas españoles en la que él iba a ser el próximo (doy clase de esas cosas)..., y lo que quería subrayar es algo impensable para quien suponga su trayectoria poética a partir de los descartes vitales: siempre encontraba en sus versos un "taller" poético extraordinario, un fondo de trabajo fuera de lo común, en aspectos no tan evidentes, como el de la métrica, por ejemplo. Y lo de los premios... mejor no comentarlo.

Julia Uceda dijo...

Lo siento, lo siento muchísimo. Pero no se ha ido porque su palabra queda entre nosotros, solo es que no lo vemos. ¿En qué se transformará?
Los premios... pudo tener uno pero siendo como era no quiso esperarlo: se fue y los dejó pequeños.

Pepo Paz Saz dijo...

Fernando, conmovedoras tus palabras de recuerdo sobre Ory. El silencio oficial de los premios públicos suele posarse sobre aquellos poetas que eligen ser ellos mismos, pese a las tentaciones. A día de hoy no gozar de ninguno es, además de un acto heroico, un acicate para los lectores de su poesía.

Ginés S. Cutillas dijo...

"Querido Carlos, amigo patafísico, descansa en paz."

Bonita entrada Fernando.

Abrazos.

Pilar Blanco dijo...

Los premios lo que demuestran, generalmente, es cuántos e importantes amigos tienes.
Los "herejes y heterodoxos" tienen amigos de su misma insurgencia, similares "pelaos". Pero qué hondura y riesgo. Lo que debe ser siempre la poesía.

César Romero dijo...

Tampoco los premios suponen gran cosa. Si no fuera por la ESO ¿quién leería hoy a Cela, pese a sus muchos premios? El único, el verdadero, el mejor premio son los lectores. Y sí, tal vez Ory no tenga suficientes porque las editoriales no lo han puesto, no lo ponen al alcance de ellos.
Pienso en los excelentes relatos de Ory, tan bien editados en su día por la Fundación Municipal de Cultura de Cádiz en su colección Calembé y que, como tantas ediciones institucionales, no alcanzó la difución merecida. Qué bien encajarían esos "Cuentos sin hadas" en la editorial Menoscuarto, junto a las recopilaciones de Delibes, Laforet, compañeros de generación con mejor destino editorial.
Quede ahi la idea. Hacerlo llegar a más lectores quizá el mejor homenaje.
Un cordial saludo

Fernando Valls dijo...

Te aseguro, César, que yo hubiera publicado con gusto cualquier libro de Ory, si él me hubiera dado permiso. Pero en este terreno no resultaba fácil entenderse con él. Me consta que una gran editorial quiso publicar su poesía, pero al final no se pusieron de acuerdo.
Gracias a todos por vuestros comentarios.

AGUS dijo...

Hola Fernando. Hoy en La Vanguardia (Pág.43) sale una nota en Obituarios. La firma Óscar Caballero y se titula "Una profecía paterna". Me ha llamado mucho la atención el acto de guardar dos "cilindros de cartón" ( Depositados en una caja en el Instituto Cervantes el 6 de Noviembre de 2007) que contienen "el legado personal del poeta" y cuya apertura está prevista para el año 2002.

Un abrazo.

Fernando Valls dijo...

Agustín, he visto esa necrológica, muy bien hecha. La Vanguardia siempre ha tenido grandes corresponsales y Óscar Caballero está entre los mejores.
Cuando Ory entregó ese legado al Cervantes lo comentó la prensa. Todos los que dejan sus manuscritos, correspondencia, etc., al instituto, dejan también un legado personal con una fecha remota de apertura, generando una cierta intriga. Saludos.

AGUS dijo...

Disculpa la errata, la apertura esta prevista para el año 2022.

Un abrazo.

Angeles dijo...

El grueso de su legado, salvo el pequeño misterio del Cervantes, se quedará en Cádiz, en el Reina Sofía, justo frente a la Alameda Apodaca donde nació y se crió. Y a dos pasos de la facultad de filosofía y letras: algo haremos con ello.

mm dijo...

Gracias, Fernando, por tu entrada. El paso de Ory por las arcadas institucionles ha sido ciertamente silencioso,sí,pero es de los pocos que tenía risa en los huesos,como hubiera dicho Bergamín. Un grande.

Alfredo J. Ramos dijo...

Emotivo (por lo personal) y justo (justicia poética) homenaje. Recuerdo bien la fascinación que me produjo lo primero que leí de Ory, su Diario («A veces escribo algo tan hermoso que me horrorizo de saberme desconocido»); las sugerencias tan lautremontianas que despertaban sus alusiones a Mephiboset, personaje que no dudé en poner al lado de Maldoror; y el deslumbramiento de la antología preparada por Félix Grande. La buena antología de Galaxia-Círculo que mencionas fue un retorno a su obra, ya muchos años después. La fotos de Zúñiga, excepcionales; gracias por compartirlas. En mi blog le he dedicado un sencillo homenaje, tomando pie del hecho de que Ory, entre otras muchas cosas, fue también un sonetista original. Un saludo.