jueves, 25 de noviembre de 2010

Casi todas las Matutes posibles

.......
Pocos premios me han alegrado tanto, en lo literario y en lo personal, como este Cervantes que le acaban de otorgar a Ana María Matute. Lo sorprendente, y habrá que darle la razón a las feministas, en esta ocasión y sin que sirva de precedente, es que sólo sea la tercera mujer distinguida con este galardón, tras María Zambrano, en 1988, y Dulce María Loynaz, en 1992. Y la escritora cubana es una de las que emborrona la historia del galardón.
......
........
Ana María Matute tiene 85 años, nació en Barcelona, en 1925, y ha escrito novelas, cuentos y ese extraordinario libro de microrrelatos que es Los niños tontos. Sus cuentos completos acaban de aparecer en Destino, con el título de La puerta de la Luna, al cuidado de mi vieja amiga Mari Paz Ortuño, profunda conocedora de su literatura, aunque no he visto todavía la edición. Hace sólo unos días, ante los rumores que la daban ganadora, declaraba: "Si me dan el Cervantes daré saltos de alegría, saltos de alegría espirituales". Desde luego porque, la Matute, como suelen llamarla sus amigos (yo siempre la llamo Ana María), es una de esas personas con una mala salud de hierro, pero que hace ya tiempo que necesita usar una muleta para andar.
........

.....
Durante años, fue seria candidata al Nobel, antes de que se lo dieran a Cela, pero los académicos suecos debieron olvidarse de ella durante los muchos años que estuvo sin publicar. De todas formas creo que Ana María Matute ha obtenido todos los premios importantes que se conceden en este país, tanto los privados como los institucionales, como el de las Letras Españolas (2007); el Nacional de Literatura; el Premio de la Crítica, por Los hijos muertos; dos nacionales de Literatura Infantil; el Planeta, por Pequeño teatro, en 1954; el Nadal, de 1959, por Primera memoria; y el Ciudad de Barcelona por El verdadero final de la Bella Durmiente, en 1966.
.......
.............
De su amplia obra, que me parece que conozco bien, me quedaría con una antología de sus mejores cuentos, con Los niños tontos, uno de sus grandes libros, y las novelas Fiesta al noroeste (1952), La torre vigía (1971) y la extraordinaria Olvidado Rey Gudú (1996), su libro preferido y el que más ha vendido. Este es, además, el libro que más me ha vinculado personalmente a ella, pues, cuando apareció, tras presentarlo en Barcelona ante un numeroso grupo de profesores de Instituto, Ana María me pidió que la acompañara presentando el libro en diversos lugares. El acto consistía en
una conversación sobre el conjunto de su obra, y sobre ese libro en particular, que improvisábamos sobre la marcha. Nunca era la misma, pero siempre salíamos bien parados, porque Ana María le imprimía siempre una dosis de hapenning que hacía disfrutar mucho a los presentes. Al final, cuando acababa el acto, se agolpaban frente a ella para que les firmara alguno de sus libros, o simplemente para manifestarle su aprecio. Pocas veces he disfrutado tanto como con el trato, la conversación y el discreto cariño que siempre desprendía la Matute. El único peligro de aquellos encuentros es que, como yo sólo era un discreto bebedor, y ella un auténtico cosaco (cuando era joven, sus amigos la llamaban "el pequeño cosaco", por lo mismo), no sólo no podía seguirla, sino tampoco acompañarla en la ingestión de whisky, bebida que ella solía tomar con hielo. En este terreno, me dejaba k.o. casi a las primeras de cambio.
........
........
En otra ocasión, unos años antes, en 1990, por encargo del diario El Mundo, le hice una entrevista en su casa de Barcelona. Tenía una especie de carrito de madera en el que guardaba el gigantesco manuscrito de Olvidado rey Gudú, que empezaba con el dibujo de los personajes. Este libro, de cuya existencia se dudaba, por el que yo le pregunté entonces, tardaría seis años en aparecer publicado, pero ella, con discreción y con la excelente excusa de ir a por otra botella de whisky, tras acabarnos la que tenía empezada, abandonó la sala y me dejó sólo un rato, con el manuscrito, para que pudiera verlo a gusto, con tranquilidad. Creo que pasamos un par de horas a gusto, charlando sobre sus libros y sobre su complicada existencia privada. En aquella época, aunque acaba de pasar por el quirófano, todavía vivía su segundo marido, “el bueno”. Al final, cuando nos despedimos, se empeñó en regalarme todos sus libros dedicados, y cuando digo todos son muchos y casi todos los que había publicado hasta entonces, a pesar de que yo le advertía de que los tenía. Los guardo, con su peculiar caligrafía, como se guarda el paño en el arca.
Así ha sido siempre Ana María, gran escritora pero también una de las personas más atentas y cariñosas que he tenido la fortuna de conocer. Nuestros jóvenes narradores deberían de conocer mucho mejor su obra, se llevarían una grata sorpresa y entenderían que ser cosmopolita, como ellos tanto desean, empieza por conocer lo propio, y en este caso a narradoras tan importantes y tan a mano como la Matute.
........

.........

8 comentarios:

Rosana Alonso dijo...

Como he dicho en la Bitácora de Sergi que me alegro infinito y que ya era hora.

Un saludo cordial

Isabel González González dijo...

'Los niños tontos' es una auténtica joya. Yo guardo como oro en paño la preciosa edición de Media Vaca ilustrada por Javier Olivares. Dentro de este volumen, 'El niño al que se le murió el amigo' es mi debilidad. Además, este premio me pilla leyendo su novela 'Primera memoria', que empieza con la descripción de una anciana. ¡Dios Santo, dirán algunos, la descripción de una anciana es el peor comienzo del mundo! No. No lo es. Ana María Matute posee no las palabras sino la magia de las palabras.
Sí, Fernando. Que este premio sirva de precedente.
Un abrazo.

Freia dijo...

Comparto contigo la alegría por el Cervantes a Ana María Matute.
Creo que fue mi primera referencia literaria, después los Grimm, Andersen o Perrault. Y fue con 11 años y gracias a que en mi libro de lengua de 2º de bachiller de SM venía un cuento suyo: "La rama seca".
Desde entonces la sigo fielmente como escritora y como persona continúo admirándola.

Un abrazo para Vd. y otro para die Zauberin.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Sencillamente, una gran alegría. Un abrazo.

Julia U dijo...

Sí, Fernando: una gran escritora y una estupenda persona.

Anónimo dijo...

Yo también me alegro muchísimo. Conocí sus cuentos cuando era pequeña (El árbol de oro, La rama seca, El niño al que le murió el amigo, los cuentos de Algunos muchachos...) y le debo el placer de muchas lecturas. Utilizo sus cuentos en mis clases, contra la sequedad enorme de las lecturas obligatorias sugeridas que no pasan de Tiempo de silencio o La colmena, y silencian a una gran narradora o la citan de pasada.
Pilar Galán

LUISA M. dijo...

Muchas gracias, Fernando, por mantenernos informados de la actualidad literaria. Y en este caso, felicidades por este sensacional artículo sobre Ana Mª Matute, a mitad de camino entre lo literario y lo personal.
¡Qué suerte conocer de cerca a esta fantástica escritora!
Yo (conociéndola nada más que a través de alguna obra) también me alegré al enterarme de la noticia, pero, claro, ¡no hay color!
Saludos.

Elisa dijo...

Y gracias por la galería de fotos. Ana María está bella desde la última hasta la primera.