sábado, 23 de marzo de 2013

Luces argentinas en `Insula´, con Ricardo Piglia

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UNA PROPUESTA  PARA EL PRÓXIMO MILENIO
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En 1985 el escritor italiano Italo Calvino preparó una serie de  conferencias para ser leídas en Harvard con el  título de  Seis propuestas para el próximo milenio. Las propuestas de Calvino tenían que ver con la pregunta: ¿Qué va a pasar con la literatura en el porvenir? Mi fe en la literatura del futuro, señalaba Calvino, consiste en saber que hay cosas que sólo la literatura con sus medios específicos puede dar. Entonces, enumeraba algunos valores o algunas cualidades propias de la literatura que era necesario conservar o que sería deseable que persistieran. Para hacer posible  una mejor percepción de la realidad, una mejor experiencia  con el lenguaje. Y para Calvino esas proposiciones eran la levedad, la rapidez, la exactitud, la visibilidad, la multiplicidad; en realidad las seis propuestas previstas, quedaron reducidas a cinco, que son las que se encontraron escritas después de la muerte de Calvino.
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Pensé que quizá se podría escribir esa propuesta que falta. ¿Cuál sería la sexta propuesta no escrita para el próximo milenio?  ¿Y cuál sería esa propuesta escrita  desde Buenos Aires, escrita desde este suburbio del mundo? ¿Cómo veríamos nosotros el futuro de la literatura o la literatura del futuro y de su función?
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Nos planteamos entonces ese problema desde el margen, desde el borde de las tradiciones centrales,  mirando  al sesgo. Y este mirar al sesgo nos daría  una percepción, quizás, diferente, específica. Hay cierta ventaja, a veces, en no estar en el centro. Mirar las cosas desde un lugar levemente marginal. Cómo vería ese problema un escritor argentino, cómo podríamos imaginar ese valor suplementario que puede persistir. El intento de imaginar qué valor podría  persistir es, por supuesto,  una ficción especulativa, una suerte de versión utópica de "Pierre Menard, autor del Quijote". No tanto cómo reescribiríamos literalmente una obra maestra del pasado sino como reescribiríamos imaginariamente la obra maestra futura. O para decirlo así, cómo describiríamos las posibilidades de una literatura futura, de una literatura potencial. Imaginar las condiciones de la literatura en el porvenir supone también  por supuesto inferir la realidad que esa literatura postula. La literatura imagina una realidad posible, dice cómo decir bien el porvenir, cómo imaginar una vida posible, un mundo alternativo.  
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Hay entonces en esta idea de propuesta la noción implícita de comienzo, no solo de final, los finales de la historia, de los grandes relatos, los cierres como se dice, sino algo que empieza, que se abre paso. Propuesta entonces como consigna, puntos de partida de un debate futuro o si se prefiere de un debate sobre el futuro, emprendido desde otro lugar. Pero también es una pregunta sobre el límite. Tal vez el hecho de escribir desde la Argentina nos enfrenta con los límites de la literatura y nos permite reflexionar sobre los límites. La experiencia del horror puro de la represión clandestina,  una experiencia que a menudo parece estar más allá de lenguaje quizá define nuestro uso del lenguaje y nuestra relación con la memoria y por lo tanto  con el futuro y el sentido.  Hay un punto extremo, un lugar –digamos– al que parece imposible acercarse con el lenguaje. Como si el lenguaje tuviera un borde, como si el lenguaje fuera un territorio con una frontera, después del cual está el silencio. ¿Cómo narrar el horror? ¿Cómo trasmitir la experiencia del horror y no sólo informar sobre él? Muchos escritores del siglo XX han enfrentado esta cuestión: Beckett, Kafka, Primo Levi, Ana Ajmatova, Marina Tzvetaieva, Paul Celan. La experiencia de los campos de concentración, la experiencia del Gulag, la experiencia del genocidio. La literatura prueba que hay acontecimientos que son muy difíciles, casi imposibles, de trasmitir, supone una relación nueva con el lenguaje de los límites.
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Quisiera poner el ejemplo del escritor argentino Rodolfo Walsh, analizar el  modo que tiene un gran escritor de contar una experiencia extrema y trasmitir un acontecimiento imposible. Quisiera recordar  el modo en que Walsh cuenta la muerte de su hija y escribe lo que se conoce como la  “Carta a Vicky”. Luego de reconstruir el momento en que se entera de la muerte y el gesto que acompaña esa revelación ("Escuché tu nombre mal pronunciado, y tardé un segundo en asimilarlo. Maquinalmente empecé a santiguarme como cuando era chico"), escribe: “Anoche tuve una pesadilla torrencial en la que había una columna de fuego, poderosa, pero contenida en sus límites que brotaba de alguna profundidad”. Una pesadilla casi sin contenido, condensada en una imagen casi abstracta. Y después escribe: “Hoy en el tren un hombre decía “Sufro mucho, quisiera acostarme a dormir y despertarme dentro de un año”. Y concluye Walsh: “Hablaba por él pero también por mí”. Me parece que ese movimiento, ese desplazamiento,  darle la palabra al otro que habla de su dolor,  un desconocido en un tren, un desconocido que está ahí, que dice “Sufro, quisiera despertarme dentro de un año”, ese desplazamiento, casi una elipsis, una pequeña toma de distancia respecto a lo que está tratando de decir, es casi una metáfora, alguien habla por él y expresa el dolor de un modo sobrio y directo y muy conmovedor. Hace un pequeñísimo movimiento para lograr que alguien por él pueda decir lo que él quiere decir. Un pequeño desplazamiento, entonces, y ahí está todo, el dolor,  la compasión, una lección de estilo.  Un gesto que me parece muy importante para entender  cómo se puede llegar a contar ese punto ciego de la experiencia, que casi no se puede trasmitir.
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El mismo desplazamiento utiliza Walsh en la carta donde cuenta la circunstancias en las que muere Vicky, “Carta a mis amigos”. Narra el cerco, la resistencia, el combate, los militares que rodean la casa. Y para narrar lo que ha sucedido otra vez le da la voz a otro. Dice: “Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto”. Y transcribe el relato del que estaba ahí sitiando el lugar. "El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba. Nos llamó la atención la muchacha, porque cada vez que tiraba una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía". La risa está ahí, narrada por otro, la extrema juventud, el asombro, todo se condensa. La impersonalidad del relato y la admiración de sus propios enemigos, refuerzan  el heroísmo de la escena. Los que van a matarla son los primeros que reconocen su valor, según la mejor tradición de la épica. Al mismo tiempo el testigo certifica la verdad y permite que el que escribe vea la escena  y pueda narrarla, como si fuera otro. Igual que en el caso del hombre en el tren, acá también hace un desplazamiento y  le da la voz a otro que condensa lo que quiere decir y entonces es el soldado el que cuenta. Ir hacia otro, hacer que el otro diga la verdad de lo que siente o de lo que ha sucedido, ese desplazamiento, este cambio  funciona como un condensador de la experiencia.
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Quizá ese soldado nunca existió, como quizá nunca existió ese hombre en el tren,  lo que importa es que están ahí para poder narrar el punto ciego de la experiencia. Puede entenderse como una ficción, tiene por supuesto la forma de una ficción destinada a decir la verdad,  el relato se desplaza hacia una situación concreta donde hay otro,  inolvidable, que permite fijar  y hacer visible lo que  se quiere decir.
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Es algo que el propio Walsh había hecho muchos años antes, cuando trataba de contar el modo en que había sido arrastrado por la historia. En el prólogo de 1968 a la tercera edición de Operación masacre, Walsh narra una escena inicial, narra digamos el origen, una escena que condensa la entrada de la historia y de la política en su vida. Está en  un bar en La Plata, un bar al que va siempre a hablar de literatura y a jugar al ajedrez y una noche de enero del 56 se oye  un tiroteo, hay corridas, un grupo de peronistas y de militares rebeldes asalta al comando de la segunda división, es el comienzo de la fracasada revolución de Valle que va a concluir en la represión clandestina y en los fusilamientos de José León Suárez. Y esa noche Walsh sale del bar, corre por las calles arboladas y por fin se refugia en su casa que está cerca del lugar de los enfrentamientos. Y entonces narra. "Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: Viva la patria, sino que dijo: No me dejen solo, hijos de puta". Una lección de historia pero también una lección de estilo. Otra vez un desplazamiento que condensa un sentido múltiple en una sola escena y en una voz. Este otro conscripto que está ahí aterrado, que está por morir, es el que condensa toda la verdad de la historia.  Un desplazamiento hacia el otro, un movimiento ficcional, diría yo, hacia una escena que condensa y cristaliza una red múltiple de sentido. Así se trasmite la experiencia, algo que está mucho más allá de la simple información.  Un movimiento que es interno al relato, una elipsis podríamos decir, que desplaza hacia el otro la verdad de la historia.
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Walsh había experimentado esas formas en sus extraordinarios textos narrativos.
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Me parece que la propuesta para el próximo milenio que yo agregaría a las de Calvino sería esta idea de desplazamiento. El estilo es ese movimiento hacia otra enunciación, es una toma de distancia respecto a la palabra propia. Hay otro que dice eso que, quizás,  de otro modo no se puede decir. Un lugar de condensación, una escena única  que permite condensar el sentido en una imagen. Walsh hace ver de qué manera podemos mostrar lo que parece casi imposible de decir. Podemos decir si encontramos otra voz, otra enunciación que ayuda a narrar. Son sujetos anónimos que están ahí para señalar y hacer ver. La verdad tiene la estructura de una ficción donde otro habla. Hacer en el lenguaje un lugar para que el otro pueda hablar.  La literatura sería el lugar en el que siempre es otro el que viene a decir. "Yo soy otro", como decía Rimbaud. Siempre hay otro ahí. Ese otro es el que hay que saber oír para que eso que se cuenta no sea una mera información y tenga la forma de la experiencia. Me parece entonces que podríamos imaginar que hay una sexta propuesta. La propuesta que yo llamaría, entonces, la distancia, el desplazamiento, el cambio de lugar. Salir del centro, dejar que el lenguaje hable también en el borde, en lo que se oye, en lo que llega de otro.
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En el año 2100, cuando el nombre de todos los autores se haya perdido y la literatura sea intemporal y sea anónima,  esta  pequeña propuesta sobre el desplazamiento y la distancia, será, tal vez, un apéndice o una intercalación apócrifa en un  web.site  llamado Las seis propuestas que para ese entonces serán leídas como si fueran consignas en un antiguo manual de estrategia usado para sobrevivir en tiempos difíciles.
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* El número de Ínsula793-794, correspondiente a enero y febrero del 2013, se completa con artículos de Aurora Egido, coordinadora del monográfico, Juan Antonio Frago, Selena Millares, Rosa Pellicer, Daniel Mesa Gancedo, Teodosio Fernández, Vicente Cervera Salinas, Ana Gallego Cuiñas, Gloria Chicote, Melchora Romanos y Andrés Neuman. Para suscripciones y números sueltos, véase la web de la revista.
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* En las fotos, Ricardo Piglia, Italo Calvino y Rodolfo Walsh.
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12 comentarios:

Iván Teruel dijo...

Lo poco que he leído de Piglia ha sido en su faceta teórica. Me basta esa pequeña porción de su producción y un artículo como este para constatar el grado altísimo de clarividencia que tienen todos sus análisis sobre la realidad literaria. No he leído a nadie que explique tan bien como él, en su ensayo Formas breves las diferencias entre el cuento clásico y el cuento contemporáneo: la célebre teoría de "las dos historias" (una superficial y una subterránea) y la relación que traban entre ellas.

Pues bien, leo este artículo y me detengo en una afirmación que bien pudiera condensar todo el planteamiento: "La verdad tiene la estructura de una ficción donde otro habla". Y pienso en que la observación es muy lúcida. Porque da con la expresión textual de una intuición que supongo que habíamos tenido muchos: en esas experiencias límite a las que hace frente el hombre, en las que el lenguaje entre en quiebra porque se enfrenta a lo que no se puede nombrar, todo resulta siempre mucho más desgarrador si lo cuenta otro.

En definitiva: siempre es un placer leer a Piglia cuando reflexiona sobre la literatura, sobre su proceso creativo. Tengo como cuenta pendiente leer al Piglia novelista. He leído muy buenas críticas de Blanco nocturno, por ejemplo.

Saludos.

Fernando Valls dijo...

Iván, la novela `Blanco nocturno´ me parece muy buena elección para empezar a conocer la obra de ficción de Piglia. Además, tuvo el Premio de la Crítica española. Saludos.

Iván Teruel dijo...

Gracias, Fernando, por la sugerencia. Fíjate que hasta tengo el ejemplar, así que igual le hinco el diente pronto. Saludos.

Isabel Mercadé dijo...

Lo he leído con mucho interés. Tampoco yo conozco mucho a Ricardo Piglia y sí, dan muchas ganas de continuar esa acercanza a su obra.
Gracias y un abrazo.

Portorosa dijo...

He venido a leer este artículo como parte de los "deberes" que me ha puesto mi profe, Lara Moreno, y me ha parecido muy interesante.
Tampoco yo he leído nunca nada de ficción de Piglia. No sé por qué, temo decepcionarme después de haberle visto teorizar tanto y tan bien.
Y ya que estoy, aprovecho para comentarte que escuché hace meses (¿o años?) tu programa en Radio Clásica, Juego de espejos, y disfruté mucho. Soy amigo de David Ruiz (Manual para coyotes) y eso me hizo fijame.

Un saludo.

Julia Otxoa dijo...

Magnífico el artículo de Piglia, la idea de marginalidad, de narrar el horror, el dolor, lograr la expresión de todo aquello que por su crueldad o extremo dolor nos sobrepasa , a traves de viajar al lugar del otro....Me haré sin duda alguna con este número de Insula.
Gracias Fernando por visibilizar su existencia,Julia

Fernando Valls dijo...

Portorosa (siento no poder llamarte por tu nombre), si eres alumno de Lara y amigo de David Ruiz tienes ya mucho adelantado en estas cosas de la buena literatura.
Gracias a todos por vuestros comentarios y saludos.

Portorosa dijo...

Somos tocayos, Fernando, pero bueno, en estas cosas de internet ya hace 8 años que soy Portorosa, y la verdad es que ya casi ni un alias me parece.

Muchas gracias. Yo también lo creo.
Saludos.

hugo dijo...

Hola Fernando:

Has traído uno de esos textos que suelen renovar mi confianza en Piglia.

Me acuerdo de él cuando escribía en "Crisis", aquella revista de literatura que nos enseñó a leer y a escribir a unos cuantos allá por 1973, en Argentina. Se podía uno encontrar con textos de Paco Urondo, Onetti, Marco DEnevi etc. etc. Piglia también nos enseñó a leer de otro modo la novela negra americana cuando el asumió la dirección de la colección Serie Negra en la editorial Tiempo Contemporáneo -aún en librerías de viejo suelen encontrarse algunos volúmenes-.

Ahora bien, he observado con atención que más de compañero de blosssofera expone que conoce poco la obra de Piglia. Pues bien, permitidme la pequeña soberbia de sugerir una guía de lectura de Piglia.

Como advertencia previa hay que destacar el protagonismo recurrente de Emilio Renzi una especie de detective privado, periodista, un trasunto de "alter ego" de Piglia o quizá el personaje que Piglia siempre quiso ser y nunca se atrevió a reconocer.

Una de las obras más conocidas de Piglia es "Respiración Artificial", salvo para un lector argentino con cierta formación e información política, esta obra es la menos recomendable para comenzar.

Como inicio, me parecen interesantes los cuatros cuentos de "Prisión Perpetua" que publicara Lengua de TRapo en el año 2000 (creo que se hizo una segunda edición) Sobre todo "Encuentro en Saint Nazaire" y un cuento que es nada menos que de 1975 "El fin del viaje" que es casi, casi la presentación de Emilio REnzi.

Igualmente recomendable es "Nombre falso" (Anagrama)de donde me parecen extraordinarios tres cuentos (El precio del amor, El Laucha Benítez cantaba boleros y Caja de vidrio) y una especie de novela corta que es la que da nombre al libro y que es un gran homenaje a Roberto Arlt (aquel autor que marcó el punto cero de la novela argentina contemporánea) En esta narración está presente una gran sombra cortazariana, aunque la voz es "pigliana" cien por cien.

En la parte Novelas, más allá de una prescindible "Plata Quemada" que escribió Piglia para ganar el Premio Planeta de Buenos Aires por una cuestión pecuniaria y crematística, puedo sugerir dos
"La ciudad ausente" (Six Barral) una novela de lectura nada fácil donde a grandes rasgos se plantea a Buenos Aires como ciudad-novela. El personaje principal, Junior, recorre el texto abriendo puertas de una galería bastante inaudita de personajes que remiten a algunas voces de la literatura argentina.

Y, sin duda, la mejor novela hasta el momento: "Blanco Nocturno" (Anagrama). A modo "rayuelero" sugeriré comenzar la lectura por lás páginas 138, 139 y 140, donde se hace una definición de lo que es un comisario que se pude elevar casi, casi como "El concepto de una infamia y lacra universal: los comisarios". El juego de voces y la estructura de la novela es para seguir pensando que mienten todos aquellos que preconizan "el final de la novela"

Y en cuanto a Crítica, dos textos fundamentales "El último Lector" sobre todo su análisis del Ulyses y el primer texto "¿qué es un lector".

El otro libro imprescindible en Crítica es, precisamente, "Crítica y Ficción"(Seix Barral) cuyo planteo de entrevistas encadenadas a lo largo de una buena parte de la vida de Piglia vuelven muy amena e interesante su lectura. Muy recomendable es su "Conversación en Princenton" que es un texto bastante extenso que cierra el libro.

Y hasta aquí llego, sólo añadir, que yo aún estaba en Argentina cuando mataron a Viky Walsh, pero acaba de iniciar mi exilio cuando a través de el diario El País supe del asesinatode mi muy querido Rodolfo Walsh, a manos de una banda de militares -que se autodenominaban GRupo de Tareas-

Fernando, pido disculpas a tus lectores por la extensión, pero no puedo hacer propósito de enmienda y, además en este caso, Piglia me puede.

salut,
hugo

Fernando Valls dijo...

Muchas gracias, Hugo, por la útil guía de lectura de Ricardo Piglia que nos has proporcionado. Un abrazo.

Portorosa dijo...

Por mi parte, un millón de gracias, Hugo. Copio tu comentario para hacerle todo el caso que pueda.

Saludos.

Anónimo dijo...

Estimado Fernando,
la excelente guía para leer a Piglia hecha por Hugo está incompleta sin el ciclo televiso que realizó el año pasado:"Escenas de la novela argentina".
Está en youtube.
Son 4 programas de visión imprescindible.
Saludos
Ramiro