lunes, 29 de octubre de 2012

En la muerte del profesor Santos Alonso

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Esta mañana ha fallecido Santos Alonso, profesor, crítico literario y sobre todo amigo, quien había nacido en León, en 1949, aunque pronto se trasladó a Madrid, en cuya Universidad Complutense se doctoró en Filosofía y Letras con una tesis sobre Gracián, dirigida por don Rafael Lapesa. Era catedrático de Instituto de Bachillerato, profesor en la Complutense y había cultivado la crítica literaria en periódicos (El País y Diario 16) y diversas revistas literarias (Ínsula, Reseña y Revista de libros). Entre sus libros destacan La novela en la transición (1975-1981) (1983), libro pionero, Literatura leonesa actual. Estudio y antología (1986) y La novela española en el fin de siglo (1975-2001) (2003). Pero, además, editó textos de Gracián (El Criticón), Lorca (Antología poética), Eugenio de Nora (Días y sueños), José María Merino (Cuentos) y Luis Mateo Díez (La fuente de la edad), uno de los mejores trabajos que se le han dedicado a este imprescindible autor. Y desde 1985 dirigía la compañía `Oráculo Teatro´.
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Santos Alonso era uno de los mayores expertos en la narrativa española de las últimas décadas, conocedor sobre todo de la obra narrativa de excelentes escritores leoneses, como Antonio Pereira, Juan Pedro Aparicio y Julio Llamazares, además de los ya citados. A todos ellos los apoyó desde el comienzo de su trayectoria literaria, con tanta lucidez crítica como generosidad. Pero también le debemos un libro temprano, de 1988, sobre La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza. Hace un par de años me dejó un manuscrito para el que buscaba editor. Llevaba el modesto título de Textos literarios comentados, aunque estaba compuesto por una serie de comentarios modélicos a textos canónicos, desde Pío Baroja y Antonio Machado hasta Merino y Luis Mateo Díez, me imagino que producto de su dilatada experiencia como profesor de Bachillerato. Creo que no debería permanecer inédito. 
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A Santos lo conocía desde hace casi treinta años, lo recuerdo ahora bailando en una discoteca de Guardamar del Segura, cubierto de espuma, en una noche de juerga, éramos mucho más jóvenes, tras dar nuestras clases en un  curso de verano en el que tuvimos como invitados de lujo a Vázquez Montalbán, Luis Goytisolo o José María Merino, entre otros. Había compartido con él innumerables viajes, congresos, conferencias y jurados de premios. Pero coincidimos sobre todo en el Premio de la Crítica, en donde nos encontramos por primera vez en 1991. Ambos solíamos apostar a favor de una narrativa exigente estructuralmente, de lenguaje cuidado y crítica con la realidad. Santos era un hombre amable y cordial, tenía un excelente sentido del humor, y no carecía de ideas propias y firmes sobre la literatura española actual, que conocía tan bien como quien más. Descansa en paz, querido amigo, te echaremos de menos.

14 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Hola Fernando:

Siento mucho la muerte de tu amigo, y de una figura capital de nuestra cultura.
Un beso para tí

Inés Mendoza

Pilar Blanco dijo...

Ay, por dios, me he quedado de piedra al leerte, Fernando. Porque mis recuerdos sobre él son los mismos que relatas tú, en aquel curso, en aquellas horas de palabras y risas. Aún guardo los apuntes sobre novela que nos dictó, yo no sabía nada de los nuevos narradores y a partir de entonces me lo leí todo, porque ese entusiasmo suyo al comunicar no podía sino despertar la pasión por aprender.
He buscado mi certificado y leído las palabras que me escribió en el reverso. Ahí están, cuando él ya no está. Lo siento muchísimo.

Anónimo dijo...

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento.
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irán a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


Miguel Hernández


Gracias por descubrirme el mundo de la literatura.

Sebo dijo...

Muy triste noticia, como muchos otros me he estremecido al leerla...
Sé que somos muchos los que le admiramos y que nos encantaría colaborar para que ese manuscrito no quede inédito. ¿Os parece que nos organicemos para publicarlo entre tantos alumnos y amigos que ha tenido?

Eulogio Miguel Cuesta dijo...

Mi vida hubiera sido muy diferente si no hubiera conocido a Santos. Mucho más pobre sin duda.

Cada vez que cojo un libro su voz retumba en mi cabeza. Los años no han limado ,en lo más mímino ,la intensidad del recuerdo de aquello que compartimos. No se trata de gestas de intensidad épica. Sin más que el recogimiento de su casa o de algún bar con enaguillas, experimenté algunos de los momentos de mayor gozo intelectual de toda mi vida.

Un abrazo muy fuerte Santos.

Eulogio

MANUEL MOYA dijo...

Me sumo, Fernando, a tu tristeza por la desaparición de este hijo de la mar, tan querido, tan admirado por su honestidad. Echaremos de menos su criterio, su perspicacia y su sensatez. Un abrazo a todos los suyos.

Alfredo J. Ramos dijo...

(... Repico mi comentario anterior, corregido de erratas, siempre tan ominosas...)

Muy triste, sorprendente noticia. Era un crítico inteligente y «gracianiano», en el sentido más exigente de la palabra. También un buen profesor, capaz de despertar en sus alumnos el amor por la literatura. Hace un par de años compartí con él la presentación en el Círculo de Bellas Artes de un libro de relatos de Pablo Sanz, y una divertida y larga charla posterior entre amigos. Una gran pérdida.

Anónimo dijo...

Me sumo a la tristeza, el dolor y la desolación que transparentan las palabras de Fernando. Hemos perdido un crítico excelente y un hombre de cultura. Sin Santos Alonso, esta sociedad, esta época cada día más oscuras, lo son todavía un poco más.
Que la tierra te sea leve, compañero.

Ángel Zapata

Juan Ceada dijo...

Hola Fernando, la siguiente poesía está escrita por un cuñado de Santos:

ELEGÍA A SANTOS ALONSO

En estas horas lentas
de lentitud letal,
he conversado solo,
solo contigo mismo
Santos Alonso.
De la vida y la muerte,
de los cambios que fluyen
del cuerpo y del espíritu.

Y comprendí, narrador
que quien narra, no muere

Nos revelamos todos
los que amamos el arte.
Encendimos antorchas
con las ideas prestadas
que antaño escribiste.

Buscamos rebuscando
en arsenales líricos
de tu lírica dulce.

Y mil citas surgieron.
Poetas, literatos,
cantores de la pluma,
cantamos tus ideas,
cantamos tus encantos.

El que narra no muere

Te siento más cercano
compañero del alma.
Recuerdas aquel día
que bajaste al Sur.
Y hablamos… conversamos…
junto a un mar
que yo adoro.
El Atlántico loco

Y pisamos las tierras
donde escribir se pudo
la historia de dos mundos,
que cambió nuestro mundo.
Verdad que tú recuerdas
Urbano de mi alma.
Ante el testigo dulce
de tu querida hermana,
la conjunción que hicimos
de tu tierra leonesa:
La armonía de tus gentes,
y la pasión apasionada
del creativo Sur.

El que narra no muere
profesor de las letras.

Levitará tu espíritu
en el polvoriento hueco
de un armario con libros

Volarás en la mente
de alumnos egresados.

Cantarán los poetas
tus rimas estampadas.

Tu sutil veredicto
de generoso crítico,
añorarán de nuevo
escritores del Sur y Norte
desde el Este al Oeste.

Urbano del alma, Urbano
Tú no has muerto,
¡Vive! ¡Vive! ¡Vive!
En el corazón del arte

Juan Ceada
Escritor
León 03-11-2012

otrocristal dijo...

Me sumo a la tristeza y al pesar colectivo.
Tuve el placer de ser alumna de Santos y lo recuerdo como uno de los mejores profesores que he tenido. Era alguien que te marcaba y de quien se aprendía de verdad. Sin duda se ha ido uno de los grandes.

Juan Bote dijo...

Yo No le escribiré un poema, ni disfruté con él ninguna noche de farra, sólo se que que fui muy feliz un semestre, hace ya algunos años, mientras me daba clases de Teoría de la Literatura de la Complutense. Era un gran Profesor y mejor Crítico, al cual casi avasallé para que leyera un poemario mío, me consta que lo leyó en su azarosa vida y me felicitó por ello. Por eso ahora yo escribo esta reseña para dejar constancia que este gran hombre forma parte de mis más bellos recuerdos.

Anónimo dijo...

Hoy, tras leer unos poemas de Pedro Salinas, me acordé del profesor, la persona, que hace ya tantos años me hizo entender y amar esos versos, como tantos otros, y, al azar y sin mucha esperanza, he buscado en internet el nombre de "Santos profesor de literatura"... mi sorpresa y alegría al ver, en la primera fotografía, su cara, que ya casi había olvidado, y mi tristeza al descubrir su fallecimiento. Solo me queda darle las gracias, allá donde esté.

Anónimo dijo...

Si no me equivoco de profesor, Santos me dio clase en el -instituto San Juan Bautista de Madrid. Siempre le recordaré con cariño, pues era un profesor de los que dejan huella. Descanse en paz.