miércoles, 3 de marzo de 2010

Juan Cruz, melancólico

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En 1973 llegué a Barcelona con la intención de convertirme en periodista, pero aunque nunca lo logré, debió de quedarme el gusanillo porque, de vez en cuando, me gusta ejercer de cronista de salones, como si fuera un proust cualquiera... Hoy me ha dado por relatar la presentación en Barcelona del último libro del periodista y escritor Juan Cruz, Egos revueltos, con el que ha ganado el Premio Comillas, de la editorial Tusquets. En el piso de arriba de la librería Laie, pasillo, cafetería y dos salones, no cabía ni un alfiler, incluso había gente de pie. El autor logró congregar a escritores, editores y agentes literarios, desde Joan Manuel Serrat, Juan y Berta Marsé, José Carlos Cataño, Rodrigo Fresán, Juan Gabriel Vázquez, hasta un Vila-Matas que ha cambiado tanto que no llegué a ver. Estaban las agentes Isabel Monteagudo y Gloria Gutiérrez, la editora Elena Ramírez, de Seix Barral, los periodistas Lluís Bassets y Antonio Franco, etc. Quienes logramos sentarnos oíamos lo que se decía pero no conseguíamos verle el pelo al protagonista.
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Según la periodista Juby Bustamante, Juan Cruz es un "bienqueda". Como suele ser habitual en él, habló de todo un poco, enlazando una anécdota con otra, sin dejar de dedicarle un largo elogio al editor de Tusquets José María Ventosa, quien -por lo visto- logró con sus consejos sosegar tanto la materia del libro como al propio autor, hazaña que resulta sólo comporable a lo que suposo e su momento poner una pica en Flandes... ¡Bravo, José María! Pero quizá los momentos más sobresalientes fueron el recuerdo emocionado de Azcona y el relato de cómo Juan consiguió la insignia del Barça que lleva siempre puesta en la solapa, regalo del mismísimo Laporta, cuyo mérito mayor, más allá de copas y ligas, estriba en haber logrado que algunos nos borremos como seguidores del club. Contó el origen del título de su libro y diversas anécdotas sobre la vanidad de los escritores, como aquellos que tienen la creencia de que los editores están a su servicio. El caso de la chilena Marcela Serrano resulta proverbial, pues un día comiendo pescado en un restaurante de Isla Negra, se quejó a su editor de que no tenían limón...; o la voluntad de servicio de otro editor, que abandonó un restaurante de Montevideo para buscarle, en una confitería cercana, el postre que le apetecía a Pérez Reverte.
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Todavía no he leído el libro. Nada más verme, a la entrada del local, Juan Cruz me comentó que aparecía en el volumen, recordando el penoso episodio de la Feria del Libro de Guadalajara (México) en el que Juan Manuel de Prada, Fernando Sánchez Dragó y Juan José Armas Marcelo, trío calaveras, me dedicaron todo tipo de improperios porque había cometido el grave pecado de no citarlos en un artículo sobre la narrativa española de entonces. Un caso de manual de egos mal revueltos y desmesurados. También me cuenta Juan Cruz que hace unos días, Sánchez Dragó le había confesado que en aquella ocasión se equivocaron. Y yo, por mi parte le expliqué que años atrás, también Juancho Armas vino a decirme más o menos lo mismo, reconociendo que, en aquella ocasión, anduvo en las peores compañías posibles... En estos casos, el tiempo es implacable y pone a cada uno en su sitio, sin que ninguno de aquellos tres mosqueteros de My Lady Vanidad haya logrado mejorar su modesta obra literaria, con y sin premios.
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Por su parte, Juan Cruz, quien lleva unos cuantos libros mirando al pasado, con una cierta melancolía, acabó la presentación triunfante, recordándonos que no sólo tenían el ego inflado los escritores, sino también los editores y los agentes (de los críticos, nada dijo), aunque recordó que el ego más desarrollado que había conocido era el de Susan Sontag, aunque me imagino que con permiso de Cela, Umbral y Juan Goytisolo. El caso es que quizá no haya otra persona en el periodismo cultural español de las últimas décadas que haya tenido una presencia tan dilatada y constante, sobre todo desde una tribuna tan influyente y privilegiada como es la del diario El País. Y ello sin olvidar que Juan Cruz ha ejercido de periodista, autor y editor, pero también en ese nuevo oficio, cuando ni siquiera tenía nombre, que hoy conocemos como gestor cultural. Juan Cruz ha cumplido 61 años, todos nos estamos haciendo demasiado mayores, y sigue siendo un todo terreno; pero, al fin y a la postre, no se podrá escribir la historia de la literatura española e hispanoamerica de estas últimas décadas sin sus crónicas y entrevistas. Y aunque todavía no haya llegado la hora de hacer balance, creo que ha cumplido de sobra con su misión. Su maestro, el gran crítico Domingo Pérez Minik, me parece que no estaría descontento del todo.
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9 comentarios:

Citopensis dijo...

A mí Juan Cruz me cae bien, ciertamente escucharle en la radio y leerle en la prensa siempre (casi siempre) es recompensa.

Enhorabuena por el premio y por el libro.

PD Médica: de la portada del libro, y creo que no es por arte y gracia del photoshop, me llama la atención la pupila tan dilatada del ojo derecho autor. Como cámara de fotos tomando medidas, enfocando, antes de soltar el disparo... será por eso de que es peridiodista. Nada más.

Elías dijo...

Pues justo antes de leer esta entrada, acabo de verlo en el programa de Buenafuente. A mí Juan Cruz es un tipo que me cae bastante bien. Leí hace tiempo un libro suyo, "Exceso de equipaje" que me gustó. Habrá que ir a por este "Egos revueltos".
¿Se concreta tu viaje a Cáceres, M.A.Lama mediante? ¿Para cuándo?

Un abrazo.
Elías

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

Magnífica crónica, Fernando, como otras que has ido dejando en este blog y que hablan bien a las claras de tus más que notables dotes de periodista vamos a decir cultural en el sentido amplio del término. ¡Qué más da si la vida te llevó por otro lado y en vez de periodista fuiste profesor y un excelente crítico literario, mal que les pese a algunos! La misma melancolía que adviertes en la actitud y las palabras de Juan Cruz, se nota en las tuyas. Es verdad, todos nos hacemos demasiado mayores y demasiado rápido...

No he leído el libro y no creo que lo lea, porque es demasiado fácil, desde la posición de privilegio, en cuanto a las relaciones, que tiene su autor (Alfaguara, El País, la Ser, y tantas más...), tirar de ellas y largarse un libro que nadie que no tenga ese estatus podría escribir. Fácil, demasiado fácil. Como Elías también leí en su día "Exceso de equipaje" y me gustó la fuerza poética de la prosa de Juan Cruz. Pero no es un autor que transite mucho. Prefiero otras crónicas de otro tiempo, como "La Librería de Arana" de Simón de Otaola o "Gente de la Generación del 98" de Ricardo Baroja o "Memorabilia" de Juan Gil-Albert, incluso si me apuras, "De la turba gentil y de los nombres. Apuntes memorables de la vida literaria española" de Dámaso Santos, las veo más auténticas, más literarias, menos mediáticas.
En fin...
Un abrazo, Javier.

Ernesto Calabuig dijo...

¿De verdad hay quien va a buscar pastelitos para los antojos de Pérez Reverte? Un buen eufemismo que lo expreses como "voluntad de servicio".

Fernando Valls dijo...

Pues, parece ser que sí, Ernesto, y ese editor, según contó Juan Cruz, ha hecho carrera en la profesión.

Francis Black dijo...

Es misterio lo del ego de los escritores.

Hiperbreves S.A. dijo...

Juan Cruz debe tener muchas buenas historias qué contar... Habrá que leer esta obra del paisano.

Lluis dijo...

Ignacio Fontes
Momento adecuado para haber citado al que suscribe por la contundente defensa, franco enfrentamiento al status quo y riguroso relato de lo que ocurrió en Guadalajara, todo ello en su sección 'Boquitas radiadas' en el semanario "Cambio 16". Lo que produjo un emocionante correo-e del profesor Valls que éste comentarista imprimió y guarda entre sus papeles proustianos. Las palinodias de los entonces insultadores y hoy arrepentidos, ayer y hoy sólo sólo son deudoras y obedientes de sus particulares intereses y ambiciones: no merecen más que desprecio. Y desinterés, libros como el de Juan Cruz de anecdotitas y gracietas. Siempre, todo, para mí, claro.

libro dijo...

guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro temas muy interesantes.