miércoles, 16 de mayo de 2012

Carlos Fuentes en la última frontera

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A Carlos Fuentes solo lo vi una vez en persona el año pasado, en Barcelona, bajando la escalera de la librería La Central de la calle Mallorca. Pero cuando yo era joven leí casi todos sus libros, como me ocurrió con los demás autores del llamado boom. Me interesaron, sobre todo, algunos de los primeros, como La región más transparente (1958), La muerte de Artemio Cruz (1962; que reeditó la Biblioteca Básica Salvat, con prólogo de José Donoso), Cambio de piel (1967), las recopilaciones de relatos que publicó Alianza y Salvat, con los títulos de Cuerpos y ofrendas (1972), acompañadas por un prólogo de Octavio Paz, y Chaac Mool y otros cuentos (1973), prologado también por Donoso, además del ensayo dedicado a La nueva novela hispanoamericana (1969), que apareció, como otros libros suyos, en la entonces imprescindible editorial Joaquín Mortiz, de México. Después, a finales de los setenta, durante el servicio militar, en interminables y constantes guardias, leí Terra nostra (1975), más por empeño que con satisfacción. Y la verdad es que el resto de sus libros, aquellos que fui leyendo entonces, me interesaron bastante menos. No en vano tengo la impresión de que ha sido uno de los escritores hispánicos más sobrevalorados de estas últimas décadas, pero también uno de los que más poder han ostentado. Y, sin embargo, me parece que no ha sido demasiado apreciado por los narradores que han ido apareciendo a partir de 1980, quienes se han decantado más bien por Juan Rulfo, Juan José Arreola, Augusto Monterroso u Octavio Paz, por no salir de México. A pesar de todo ello obtuvo todos los premios habidos y por haber, e intercambió elogios desmedidos y favores con otros narradores, críticos y periodistas influyentes. En las últimas décadas ese era el terreno en el que mejor se desenvolvía. Alguien que conozca bien la materia debería explicarnos por qué.
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6 comentarios:

MT dijo...

Augusto Monterroso es chapín (hondureño)

Fernando Valls dijo...

Lo sé, MT, pero publicó gran parte de su obra en México, donde vivió casi toda su vida de adulto. Saludos.

César Romero dijo...

Entre tanto incienso por fin lee uno un comentario ajustado a lo que, creo, nos ha pasado a muchos lectores con CF.

Fernando Valls dijo...

MT, me comenta en privado Masoliver, que fue quien primero se ocupó de la obra de Monterroso en España, que Tito Monterroso fue y se consideró siempre guatemalteco, aunque para los mexicanos y para mí -apunta Masoliver- fue siempre mexicano. Y todo ello, apostillo yo, a pesar de haber nacido en Tegucigalpa.
Saludos.

Melquiades Villarreal Castillo dijo...

Fuentes nunca ha sido un autor para mí interesante. Tal vez, por el hecho de haber nacido en Panamá y por haberse referido a mi país en términos como: "Panamá es una bocanada de tierra entre dos océanos" o que "los panameños tienen todos una orquidea a flor de c...o." Aparte de ello, jamás he logrado aprehender lo grandioso de su narrativa. Adquirí la version que publicó la Academia y leí con gusto todos los estudios sobre LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE, pero nunca he podido leer el texto. Fernando, creo que habéis sido notablemente justo y me gustaría pediros permiso para reproducir tu comentario en mi CANTINA DE PANCHA MANCHÁ, puesto que en Panamá hay un boom de y sobre Fuentes, aunque nadie sepa porqué. Saludos desde esta bocanada de tierra entre dos océanos.

Fernando Valls dijo...

Melquiades, desde luego que puedes disponer de la entrada. Te aconsejo, al respecto, un reciente artículo de Antonio Muñoz Molina, "Las afinidaes" (El País, 26 de mayo del 2012), que me parece que encara de manera inteligente el caso Fuentes. Un abrazo.