miércoles, 4 de mayo de 2011

ORLANDO VAN BREDAM, y 2


"Baile"

El odio, a diferencia del amor, siempre es recíproco. El bailarín de tango y la bailarina se despreciaban con la misma tenacidad con que alguna vez se quisieron. Sólo los unía la fama y contratos envidiables. Cada baile era un desafío a los mecanismos más profundos del rencor. Se deleitaban en esa humillación mutua más cercana a la perversidad que al oficio. Cuanto más se odiaban, más los aplaudían. Ella incorporó al vestuario inconsulto, dos largas trenzas criollas, vivaces y relampagueantes bajo la luz de los reflectores. Las agitaba como cadenas, como látigos, como sables. Él soñaba con quebrarla sobre sus rodillas como una caña hueca. Se miraban siempre a los ojos, no dejaban de mirarse nunca en esa guerra bailada, en ese combate florido. La noche que más los aplaudieron fue la última, cuando ella, después de tantos ensayos, logró enredar sus trenzas en el cuello del bailarín y siguió girando y girando hasta el último compás.


"Hombre desconfiado"

`Por las dudas´ dijo mi abuelo Pablo y se llevó la escopeta a la iglesia. No desconfiaba del cura ni del monaguillo, sino de mi padre. Se sentó en el primer banco, muy cerca del altar, colocó el arma entre sus piernas y de vez en cuando acariciaba el gatillo. Así, durante toda la ceremonia, Después, la guardó en su funda y salió al atrio donde mis padres eran recibidos por una lluvia de arroz.

* Diego Santillán es el autor de la caricatura.

2 comentarios:

kynikos dijo...

fantásticos dos relatos. precisión casi matemática -más contundente en el segundo caso- en la que una última imagen desenreda la imaginación con un par de gotas ácidas.
gracias.
un saludo, sincero

orlando Van Bredam dijo...

gracias, Fernando, por la publicación de estos microrrelatos, veo que la caricatura de mi amigo Santillán es mucho más fiel que mi retrato. Un abrazo